Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

miércoles, 23 de mayo de 2018

Los PAPA 2018: Segunda Fase


A las buenas noches. Como os prometí la semana pasada, hoy vengo a traeros los finalistas que optan al Premio al Anuncio más Pesadillesco del Año, edición 2018.

Debo decir que este año habéis estado de lo más vaguetes.  He recibido un total de siete votos, lo cual dista mucho de la participación masiva (bueno, tampoco masiva, para qué nos vamos a engañar) de hace años. No sé si es que ya estáis cansados de tanto PAPA (que si lo estáis lo podéis decir con total libertad y hacemos de ésta la última entrega) o si es parte de la desidia general que noto en los blogs últimamente. Ya ni de lejos tengo tantas entradas diarias para leer como tenía antes. Hasta yo me cojo más vacaciones de lo que solía hacer. O nos estamos volviendo viejos o nos estamos volviendo unos dejados, una de dos.

Bueno, a lo que iba. De los siete votos hay dos anuncios que han empatado con un total de dos votos cada uno y, pese a que lo suyo en una final es que haya tres finalistas. Pues lo vamos a dejar en dos y que se maten entre ellos.

Y los finalistas son…

De app de restaurantes: Cliqui cliqui

De comida rápida: El pollo como nuevo fetiche

En vuestras manos está que desvelemos cuál de los dos se alzará con la victoria. Podéis votar en esta misma entrada desde ya mismito hasta el próximo martes 29 de mayo a las 23:59 (hora española peninsular).

No seáis vagos, que la pereza es la madre de todos los vicios (y de todos los Pérez).

lunes, 21 de mayo de 2018

Crónicas Felinas CCLIV: Sin sutilezas


Marrameowww!!!

Pues ya me tenéis por aquí de nuevo. Tengo que confesar que me ha gustado esto de escribir dos posts seguidos. Intentaré convencer a la bruja de repetir esta dinámica alguna otra vez, a ver si de a poco se despista y termino haciéndome con el control absoluto del blog.

El protagonista del post de hoy también va a ser Munchkin. Está que lo tira el imberbe últimamente.

Como ya se encargó de anunciaros la bruja, el lunes de la semana pasada fue su cumpleaños. Cuarenta castañas le han caído. Ella intenta restarle importancia pero creo que a todas luces se ve que está hecha una vieja pelleja.

El caso es que, como el martes era fiesta en Madrid, había compañeras que decidieron tomar el lunes libre, así que la bruja planificó para ir el miércoles tras la jornada laboral a tomar algo con sus compis más allegadas. La necesidad de aceptación social de este infraser ya empieza a ser algo preocupante.

Pues eso, que de festejo se fueron (un ratito, porque no todo el mundo vive como si fuese un adolescente y hay gente con hijos que atender y esas cosas que hace la gente madura y responsable). Aun a pesar de que no estuvieron ahí horas, evidentemente llegó a casa más tarde de lo normal. Ya en el autobús (según me ha contado), la bruja venía comentando con un par de compañeras que, probablemente, nosotros estaríamos muertos de hambre, ya que no habíamos ingerido alimento alguno desde las cinco de la mañana.

De manera que ya venía predispuesta a que le saltásemos a la yugular según traspasase el umbral. Con lo que no contaba era con que, al abrir la puerta, lo primero que iba a escuchar era un sonido de algo arrastrándose. Miró hacia el recodo del pasillo y vio aparecer un platito de comida, seguido del hocico del jovenzuelo, que venía arrastrándolo por toda la casa, en un claro mensaje de “Mira las horas que son y esto está vacío. Danos de comer YA”.  

La bruja lamenta no haber tenido a mano el móvil para grabar la escena, ya que cualquier excusa le parece bien para intentar conseguir  un vídeo viral que le termine reportando algún rédito económico. Lo malo es que carece de cualquier tipo de talento y nosotros somos demasiado impredecibles como para estar persiguiéndonos todo el día cámara en ristre por si se nos ocurre alguna genialidad.

Así que la bruja sigue igual de pobre pero nosotros conseguimos el tan preciado alimento. Tal vez penséis que, al no haber documento gráfico de lo que aquí relato, esto no es más que fruto de mi poderosa y brillante imaginación pero bien sabéis que no me invento nunca nada y que todo lo que aquí relato obedece al más estricto rigor periodístico.

Si es que hasta en eso soy mejor que ella. El título me lo tenían que haber dado a mí y ahora tal vez estaría de corresponsal en algún sitio con mucho pienso.

Prrrrrr.

P.S. La bruja, que es una cansina, dice que os sacudáis la pereza y votéis por el anuncio más pesadillesco del año. Tenéis tiempo hasta las 23:59 (hora española) de mañana 22 de mayo pinchando aquí

jueves, 17 de mayo de 2018

Crónicas Felinas CCLIII: El campeón del escondite


Marrameowww!!!

Se me hace muy raro esto de estar publicando un jueves, como si mis entradas no merecieran inaugurar la semana pero como la bruja insistió tanto en publicar el día de su cumpleaños (y me sobornó con una latita), opté por transigir, aun sabiendo que, quienes la felicitaseis, no sería más que por educación o cierta condescendencia.

No obstante, me ha gustado esto de publicar hoy porque el lunes volveré a publicar, lo que hará que disfrutéis de ración doble de mis entradas. Me viene muy bien para mis fines de lavado de cerebro humano.

Os contaré que la bruja y el consorte, dado que se quedaron en Madrid haciendo el menso todas las vacaciones, se dedicaron a comprar cosas y hacer trámites de esos que se postergan por aquello de no tener tiempo y/o ganas para llevar a cabo. El tema es que decidieron que el colchón de su lecho conyugal (no es conyugal porque viven en pecado y van a ir de cabeza al infierno pero ya me entendéis) estaba muy viejo y había que cambiarlo, por lo que fueron a comprar otro. Hasta aquí no habría mayor problema porque siempre es bien recibida una nueva pieza de mobiliario que arañar a gusto, con todo su olorcito a nuevo.

El problema viene a continuación: Nosotros, como sabéis, salimos huyendo cada vez que suena el timbre y nos escondemos debajo de la cama hasta que la visita indeseada se ha ido con viento fresco. El día en que trajeron el colchón, la bruja intentó que, al sonar el timbre, nos quedásemos en el salón. Así lo hice yo (no por obediencia sino porque el placaje de la bruja fue extremadamente efectivo; está mejorando la técnica, la condenada) pero Munchkin consiguió escapar y esconderse en su sitio preferido. No contaba con que, de repente, iban a aparecer ahí dos hombres grandotes (bueno, sólo era grandote uno pero a nosotros cualquier humano nos parece grande) que, de repente, retiraron el colchón que cumplía la función de techo sobre su cabeza, dejándolo indefenso, a la vista de todos. Le faltaron patas para correr en busca de otro escondite, el cual encontró en el baño pequeñito, donde tenemos nuestro cajón de arena. Podía haberse escondido detrás del WC o, ya puestos, dentro del propio cajón, que para eso tiene una puertecita pero, en lugar de eso, optó por subirse al lavabo y hacerse una rosquilla ahí, con las patas apoyadas en el alféizar de la ventana. Luego se pregunta por qué siempre pierde jugando al escondite.

Al final los hombres se fueron pero él se quedó ahí durante aproximadamente una hora, sin hacer caso a los intentos de la bruja de tranquilizarlo, diciendo cosas como “No pasa nada, ya se han ido”. No se bajó de ahí hasta que me vio a mí, que me aparecí en el baño con la intención de hacer pis tras haberme echado una siesta, ajeno al drama personal que estaba viviendo el imberbe.

Soy todo un referente.

Prrrrrr.

P.S. Dice la bruja que os recuerde que ya podéis votar por el Anuncio más Pesadillesco del Año en su entrada de ayer. Lo que me falta. Ser su recadero...

miércoles, 16 de mayo de 2018

Los PAPA 2018: Primera Fase


Ahhhhh, que os pensabais que este año me había olvidado de traeros el evento del año. ¿Qué Eurovisión ni Eurovisión? Aquí lo que mola es el Premio al Anuncio más Pesadillesco del Año, cariñosamente conocido como PAPA.

Para quienes no hayáis participado nunca, os cuento muy brevemente las reglas: La elección de nuestro anuncio insignia de este año se realiza en dos etapas. La primera etapa, que es la que hoy da comienzo y que durará hasta el martes 22 de mayo a las 23:59 (hora española), consiste en votar con un comentario en este post cuál es el anuncio que más horror os ha causado en el último año. De ahí sacaré los tres o cuatro más votados, si es que hay empate, y esos serán los que pasarán a la segunda fase, donde tendréis otra semana para votar entre los finalistas y de ahí, por fin, saldrá el gran triunfador. De todas formas, ya explicaré la segunda fase con más detalle llegado el momento.

Este año no va a haber premio internacional porque confieso que he estado muy vaga con los anuncios que traspasan las fronteras españolas (vaya, que sólo he publicado dos y se pierde bastante la emoción) y porque el año pasado os hicisteis un poco de lío con el voto a los internacionales, así que nos quedamos sólo con los nacionales.

Sólo me queda aclarar que si hay bilogías o trilogías se votan en conjunto porque si no es un guirigay y pediros por favor que seáis claros con el voto. Me vuelvo loca a veces con comentarios del tipo “es que me gusta este pero también me gusta mucho el otro” porque no sé a cuál zamparle el voto, así que explicádmelo como para tontos, porfaplís.

Y ya sin más dilación, conozcamos la lista de los anuncios que optan al PAPA 2018:


De app financiera (bilogía): Los pavos macarras (I)  y Los pavos macarras (II) 

De compañía de suministro energético: La sangre no es agua 

De coches: Topicazos 


De suavizante para la ropa: ¿Cómo osa ese oso?

De after-shave: Muy machotes peeeero… 

De champú infantil: Corto pero inquietante 

De desengrasante: Rigor científico 

De comida rápida: El pollo como nuevo fetiche 

De vaqueros: Me han hecho los deberes 

De complemento energético: Qué engañados nos tenía 


De tienda de telefonía: ¿Cuál es peor? 

De buscador de hoteles: El búho sabihondo 

De leche sin lactosa: ¿Qué le ha pasado a esa madre? 


De snack de chocolate: Mi madre colapsaría 

De catálogo de juguetes: Ya habrá tiempo

De tienda de productos electrónicos: WC Surfer


De ambientadores: Yo no rememoro nada


De app de restaurantes: Cliqui cliqui


De centro de soluciones auditivas: ¿Este es nuestro futuro?



De desinfectante para heridas: La caída más falsa del mundo

De casino online: ¿Pero esto qué es?




De tienda de artículos deportivos: La boda más glamourosa“ever”

De detergente para la ropa: Ni yo soy tan torpe


Pues hala, lo dicho. Tenéis una semanita para rememorarlos y volver a vivir el infierno. A votar todo el mundo y suerte al peor.

lunes, 14 de mayo de 2018

Ya soy “ona”


Ya sé que se supone que hoy, por ser lunes, le tocaba a Forlán avisar que ya hemos vuelto de las vacaciones y demás pero, dado que fue él quien se despidió, vamos a continuar en esta senda de anarquía y me voy a dedicar yo a retomar esto.

Hoy es mi cumple. Cuarenta tacos. Cuarenta, que se dice pronto. Hoy es el día en que paso de ser “añera” a ser “tona” y el día en que empiezo a sentir que estoy más cerca del medio siglo que del cuarto de siglo. Oh, my God… 

Tener cuarenta tiene tanta enjundia que hasta pasas de década bisílaba a década trisílaba porque se ve que dos sílabas no son suficientes para soportar el peso de tantos años.

CUA

                               REN

                                                               TA.

¿Os dais cuenta? Las sílabas caen como losas una encima de otra. Otra cosa curiosa es que se pasa de la treintena, que suena bastante guay, a la cuarentena, lo cual ya no suena tan guay porque parece que una está enferma de algo. Estoy en la cuarentena, qué fuerte.

Dicen ahora que los cuarenta son los nuevos treinta porque los treinta son los nuevos veinte. No sé si esto realmente me consuela porque caigo en la cuenta de que no me ha pasado la treintena saliendo de fiesta y haciendo el chorra con mis amigos. Eso estoy empezando a hacerlo ahora, se ve que para recuperar el tiempo perdido pero se supone que ya no me sirve de nada porque ahora que estoy en los nuevos treinta tendría que pensar en sentar la cabeza y esas cosas. No sé, es todo muy confuso.

Pero bueno, yo me siento una jovenzuela y me congratula ver cómo hay gente que se asombra cuando le digo mi edad. Se ve que tan mal no me conservo. Si no me pasase el día comiendo guarradas y sentada delante de un ordenador viendo cómo me crece el culo, seguro que estaría hecha un pibón. Pero es que la vida es muy corta y los snacks son muchos. Si me despisto llevando una vida saludable seguro que no me da tiempo a comer tanto. Es una cuestión de administración del tiempo.

La cara tampoco la tengo tan mal. Alguna arruguilla atrevida junto a los ojos pero son más bien por haberme reído mucho en esta vida y os puedo asegurar que no estoy dispuesta a pagar el precio de dejar de reírme de cuanta chorrada se me cruce en el camino a cambio de un cutis terso. Los años no vienen solos, por suerte. Traen arruguitas y kilitos de más pero también traen experiencias y alegrías y cosas buenas que disfrutamos y cosas malas que nos enseñan algo.

No es tan mal negocio esto de cumplir años, la verdad. Y si alguno de vosotros se tira el rollo y me regala, un suponer, una caja de bombones para que podamos apostar cuándo se me va a salir el culo de España, pues ya ni os cuento.

miércoles, 25 de abril de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLV: Conmigo no existiría historia que contar


Hoy le toca el turno a una cadena de supermercados. Creo que es la primera vez que traigo un spot de un supermercado pero oye, en la variedad está el gusto y si algo tienen de bueno los anuncios pesadillescos es que no son nada clasistas. Se pueden encontrar cosas raras en todos los rubros. Me va a quedar más largo de lo habitual pero no soy capaz de resumir esto menos palabras. De todas formas, como el lunes Forlán escribió menos y os pensamos dejar abandonados hasta el 14 de mayo aproximadamente, compensamos una cosa con otra.

La gracia del anuncio consiste en que, en un principio, vemos a un hombre oliendo con deleite una bandeja de horno que contiene una musaka. El plano se abre y vemos una cocina hecha un auténtico desastre (se podría conocer con la del detergente de la semana pasada) y, entonces, las imágenes comienzan a ir hacia atrás, para mostrarnos cómo hemos llegado a ese resultado. Yo lo contaré al derecho porque contarlo al revés va a ser un lío absoluto.

El protagonista va al supermercado en cuestión y ve unas berenjenas. Las berenjenas le dan la idea de cocinar por lo que, ya en su casa, sube al desván y , encaramado a una escalera, alcanza un libro, cayéndose posteriormente con escalera y todo porque si los protagonistas de los anuncios no son algo torpes parece que no tienen gracia.

Vemos que el libro que ha cogido de la estantería es el libro de recetas de su madre pero, como se ve que hay algo de la receta que no entiende, opta por llamarla. La madre no atiende el teléfono porque en ese momento está muy ocupada partiendo tablas a patadas en su clase de artes marciales.

Eso no va a ser impedimento para que nuestro héroe termine cocinando su musaka. Se dirige a un restaurante griego donde un hombre que tiene de griego lo mismo que yo de bielorrusa le explica cómo debe prepararla. Él apunta la receta con un boli de estos de cuatro colores que pensé que habían quedado relegados a los años ochenta pero, al parecer, continúan vivos. Al irse, tropieza y rompe una estatua en su caída (¿ya he dicho que si la gente no es torpe en los anuncios no tiene gracia?).

Luego (o antes, ya me pierdo) vemos la bolsa del súper sobre la encimera y cómo de ella salen todos los ingredientes. Desconozco si es que no ha ido a comprarlos hasta asegurarse de tener la receta o si los propios publicistas se han liado con el orden de los acontecimientos porque si primero estaba en el súper, lo segundo debería ser la bolsa y después el desván, así que para verlo el orden debería ser: Desván – bolsa – berenjenas en el súper.

Lo siguiente en la reconstrucción de los hechos sería cuando ralla las cebollas llorando a moco tendido y cómo pone unos tomates en la batidora, olvidando colocar la tapa y salpicando todo de salsa de tomate que, se ve que de tan densa que es, tira en su salpicadura el reloj de gato Félix de la pared (en serio, quiero un reloj de esos desde que tengo memoria).

Y, por último (o al principio del todo del anuncio porque este bucle temporal me está matando), ya veríamos cómo pone una berenjena entera en la sartén (con su rabito y todo), la sartén se prende fuego, él grita desesperado pero, finalmente, consigue montar su musaka y cocinarla en el horno con el resultado final (o inicial) que ya hemos visto.

 Mucho “Regreso al Futuro” han visto estos…  En fin, el caso es que yo, siendo como soy, seguro que vería las berenjenas y diría “Me apetece musaka” y lo siguiente sería pillar una de la sección de congelados o llamar a un restaurante griego para que me la traigan.

No habría mucho que relatar pero no veáis lo que simplifica la vida.

P.S. Forlán ya se despidió de vosotros el lunes pero ahora me toca a mí. Sed felices y nos leemos a la vuelta de nuestro/vuestro reposo.

lunes, 23 de abril de 2018

Crónicas Felinas CCLII: Nos ausentamos

Marrameowww!!!

Esta vez el turno me lo he pedido yo. Normalmente es la bruja la encargada de decir que nos vamos de vacaciones y yo soy el que tiene que ocuparse de barrer y quitar las telarañas a la vuelta. Pero esta vez me he negado porque también quiero ser portador de buenas noticias de vez en cuando y permitirme el lujo de escribir un post de menor longitud.

No obstante, como la bruja ya tenía escrito el anuncio pesadillesco de esta semana, os informo que éste será publicado en tiempo y forma el próximo miércoles, por lo que yo me despido pero a ella la dejamos currando un par de días más. El jueves no publicará nada porque está hecha una vaga y porque su vida últimamente es un aburrimiento.

Parece que los humanos no se van a ninguna parte. Tenían intención de huir de los Madriles (y de nosotros, que les adivino las intenciones) pero por motivos ajenos a su voluntad, al final no va a poder ser, así que aquí tendremos que sufrirlos. Aprovecharemos, por tanto, a hacerles la vida imposible estos días. Ya que tenemos que aguantarlos, al menos que se sientan culpables por ello.

En cuanto a la fecha prevista de regreso, en principio será el próximo lunes 14 de mayo. Si tardamos más, pues será porque estamos más vagos de lo habitual y, si tardamos menos, será que estamos aburridos.

Sed malos, no hagáis nada que yo no haría (es decir, no os portéis bien nunca) y podréis disfrutar de mi peludita piel al regreso.

Prrrrrr.

jueves, 19 de abril de 2018

Estoy preciosa


Estoy vieja. Bien dice un dicho que los años no vienen solos (a lo mejor no es un dicho pero mi madre lo decía mucho y supongo que de algún lado lo sacaría). No es que me sienta vieja, sigo haciendo las mismas chorradas que cuando tenía 20 años (tal vez con algo más de visión de futuro pero básicamente sigo estando igual de loca) pero mi cuerpo no opina lo mismo. Me he pasado desde el fin de semana con unos dolores de ciática que van y vienen. Un momento estoy andando como una persona medianamente normal y al momento siguiente noto un latigazo entre la espalda y el punto donde pierde su casto nombre y me transformo en Robocop. A esto hay que sumarle que llevo también un par de días en los que siento como que me está por atacar la gripe pero no me ataca, así que ni siquiera experimento el placer de poder dar penita y andar quejándome por las esquinas mientras continúo con mis quehaceres habituales, que es mi más importante actividad cuando estoy enferma. Creo que siento una especie de placer morboso en autotorturarme yendo a trabajar y planchando la ropa cuando estoy volando de fiebre. Tal vez deberían estudiarme o mejor no, no sea cosa que termine dándole nombre a un síndrome.

Así que ahí sigo. Hecha una patata pero no una patata entera, no. Una especie de puré de patatas caducado que es lo que uno debe parecer para declararse oficialmente enfermo. 
No es agradable, no obstante. Sobre todo ahora que parece que el buen tiempo asoma tímidamente y debería lucir mi mejor sonrisa en vez de caminar como un muñeco articulado mientras me tomo la temperatura cada dos horas porque a cada rato tengo la sensación de que estoy ardiendo de fiebre.

Lo dicho, que anímicamente me siento una adolescente pero mi cuerpo se empeña en recordarme que no me cuezo en el primer hervor.

Encima, se me ha inflamado un ganglio. Uno del cuello, para más señas. Aunque ayer empecé a notar también un dolor sospechoso en la axila por lo que puede que más ganglios quieran venir a inflamarse para que el del cuello no se sienta el gordito del grupo. Lo que me faltaba, pillar paperas a estas alturas de mi vida.  Recuerdo que mi tía las pilló de adulta y recordaba aquello como la peor experiencia de su vida.

Eso sí, parece que mi anatomía también quiere recordarme la (no) tan lejana adolescencia porque, para rematar este aspecto de cadáver ambulante que luzco últimamente, me salió un grano del tamaño de un volcán en mitad de la mejilla. Cuando vi que medianamente podía reventarse, me puse a la tarea con tanta fruición que ahora no tengo volcán pero tengo un cráter.

Pensaré, siendo optimista, que eso es que la naturaleza quiere que pase todas las penurias juntas acabando la treintena para inaugurar mi cuarta década fresca como una lechuga.


No se consuela el que no quiere.

miércoles, 18 de abril de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLIV: Ni yo soy tan torpe

Los anuncios de detergente para la ropa suelen ser todos más o menos iguales. O sea, nos muestran una ropa, generalmente blanca,  que se engorrina con alguna sustancia (cuanto más pegajosa y colorida, mejor) y luego nos muestran cómo consiguen que, tras el uso del detergente que nos quieran vender, la prenda recupera su blancura original y vuelve a lucir impoluta para que podamos seguir engorrinándola a gusto.

Dado que, como digo, suelen ser todos iguales, raras son las ocasiones en las que traigo este tipo de productos a esta sección (aunque alguna vez, ha habido, no nos vamos a engañar) y ésta, sin duda, es una de esas ocasiones.

Es un anuncio de un jabón para lavar la ropa muy conocido aquí en las Españas. De hecho, recuerdo ver un spot allá por los ochenta (así de vieja soy) que se convirtió en uno de los anuncios más recordados de la publicidad española. Hablo del famoso anuncio de la chica que preguntaba dónde estaba su kimono. Pues bien, como ahora parece que practicar artes marciales ya  no está tan de moda como en mi infancia y estamos en la época donde todo el mundo quiere ser chef, en este caso vemos a una mujer poniéndose un delantal y comenzando a preparar deliciosos platos. No sé qué tal será como cocinera pero torpe es un rato largo. Ni yo con mis dos manos izquierdas consigo ensuciarme tanto. Le salpica el jugo de un tomate al cortarlo, un poco de salsa que prepara como en un molinillo (desconozco el nombre del utensilio y, como podéis imaginar, me importa más bien poco saber cómo se llama), adereza el delantal con unas pocas gotas de aceite que saltan de la sartén y, para rematar, se limpia las manos llenas de pesto en el mismo.

Como no cocino, tal vez esté equivocada pero, las pocas veces que lo he hecho no me limpio las manos llenas de porquería en el delantal. Me las lavo con agua en el fregadero y, como mucho, uso el delantal para secarme (aunque  suelo tener un paño de cocina para tal propósito). El caso es que se ve que a esta le da igual haber dejado el delantal como una obra de Pollock porque tiene su magnífico detergente, que le va a permitir tener un delantal impecable para poder llenarlo nuevamente de porquería en la próxima ocasión.

Y más o menos esto es todo. No es que haya mucha más tela que cortar pero, en serio, tenéis que verlo para entender el nivel de porquería que acumula ese delantal. Dudo que sea científicamente posible ensuciarse tanto.

Bonus track: Gracias a Naar he visto con otros ojos un anuncio de otro detergente, al que no había prestado ninguna atención porque los de esta marca siempre consisten en echar una prenda en un tanque de agua, removerla con un montón de porquería y después sacar la prenda impecable tras haber usado el antimanchas ese. Pero este tweet de mi querida amiga me hizo percatarme de algo:


En la versión de Internet lo han corregido y dicen “yodo” pero, en la versión televisada, se continúa diciendo “chocolate”.

Bienvenidos a la nave del misterio.

lunes, 16 de abril de 2018

Crónicas Felinas CCLI: Es un por una buena causa

Marrameowww!!!

Bienvenidos una semana más a vuestra sección favorita, donde las miserias de la bruja salen a la luz. Soy plenamente consciente de que os encanta que os cuente las maldades que le hago y, haciendo memoria, creo recordar que nunca os hablé de la estratagema que utilizamos el imberbe y yo para conseguir que la bruja no sea capaz de dormir bien una sola noche.

Sí os he contado, por ejemplo, que la despertamos a horas intempestivas los fines de semana para que nos dé de comer pero no sé si os he llegado a hablar del hecho de dormir en sí mismo. De haberlo hecho, ruego que me disculpéis, que uno ya tiene ocho años (los cumplí el uno de abril pero nadie, absolutamente nadie, me felicitó) y a veces se le olvidan cosas.

A lo que iba: A la hora de dormir adoptamos posiciones muy específicas, con la clara intención de que la bruja duerma lo más incómoda posible. No sucede así con el consorte, al que permitimos dormir a pierna suelta porque nos cae mejor.

Pues bien, Munchkin se acomoda a sus pies. Y diréis “pues no es para tanto; muchos gatos duermen a los pies de sus humanos”. Y sí, eso es cierto pero Munchkin tiene la feliz idea de considerar “pies” a la última cuarta parte de la cama, lo que obliga a la bruja a dormir con las piernas encogidas porque no tiene espacio para estirarlas. Con esto conseguimos que se levante a diario con dolor de piernas.

Pero, claro está, no iba a quedar así la cosa, porque si nos esforzamos para que tenga dolores en el hemisferio inferior de su cuerpo, también tendremos que hacer algo para conseguir incomodidades en el superior y ahí es donde entro yo, que me posiciono sobre la almohada junto a la cabeza de la bruja pero intentando arrinconarla lo más posible contra el borde de la cama. No es cuestión de ponerme al centro y que ella esté medianamente cómoda, no. Lo interesante de todo esto es ocupar toda su zona para que a ella sólo le quede disponible una esquinita y se vea forzada a dormir con el cuello torcido. De esta manera, consigo que viva en una tortícolis permanente.

Y así queda de guapa: con las piernas encorvadas y el cuello torcido se presenta todos los días en el trabajo como si fuera el Jorobado de Notre Dame. El objetivo, básicamente, es que la gente rehúya de ella pensando que es un engendro del averno y así sólo esté pendiente de darnos de comer a nosotros. A menos simpatías provocadas en la gente, menos posibilidad de vida social y, por tanto, menos oportunidades de dejarnos abandonados a nuestra suerte los fines de semana esperando el alimento.

Hay que atar todos los cabos sin dejar nada al azar. A ver si pensáis que dormimos pegados a ella por capricho, con el asquito que da. Todas nuestras acciones están pensadas en pro de un bien mayor.

Prrrrrr.

jueves, 12 de abril de 2018

¿Heavy o hippie?


Mi trabajo es una auténtica mina de conversaciones absurdas. Sobre todo en la zona donde me siento yo, donde nos sentamos las más escandalosas. Creo que ya se han cansado de separarnos como en el cole (ha pasado ya varias veces; no os creáis que exagero) y al final han optado por dejarnos todas juntas, supongo que con la vana esperanza de que nos terminemos agotando entre nosotras.

El caso es que esta situación provoca que haya conversaciones dignas de ser grabadas, como la que tuvo lugar el pasado viernes. No la grabé pero la retuve en mi memoria y por eso hoy vengo a reproducirla.

Las protagonistas fueron dos compañeras, a quienes llamaremos Juanita y Pepita. Suelo dar iniciales pero no sé quién va a entrar a leer esto y no quiero despertar suspicacias.

El caso es que Juanita estaba hablando con otra gente de sus planes para el puente de mayo (como andamos prácticamente todos a estas alturas; yo no veo la hora de que llegue y salir un poco de Madrid si puedo). Pepita, que se sienta a mi lado, un poco lejos de Juanita, oyó (o creyó oír) algo acerca de Granada y comenzó la siguiente conversación, que no tiene desperdicio (pondremos a Pepita en color rosa y a Juanita en color azul, por ningún motivo en especial):

—¿Te vas a Granada?

—¿Quién se va a Granada?

—Tú.

—No, yo no me voy a Granada.

—Ah, había oído algo de Granada.

—Pues no me voy a Granada. Me voy a Águilas y, si puedo, iré también a Mojácar.

—¿Y qué vas a ir a hacer a Mojácar?

—Hay un festival.

—¿Hay un festival en Mojácar?

—Sí, un festival hippie.

—Sí, no va a ser un festival heavy.

—¿Por?

—Porque no pega.

—¿A mí no me pega Mojácar?

—No, el heavy no le pega a Mojácar.

—Ah, ya.

—Yo, si puedo también me iré en el puente.

Y ahí ya no me pude resistir y pregunté “¿A Granada?” con claras intenciones de entrar en un bucle conversacional preguntando si en Granada había heavies o hippies pero la cosa no prosperó, por lo que me puse a hablar con otra compañera de no sé qué otro tema que tampoco era el colmo de la seriedad, luego de haber comentado con otra más que la conversación que acabábamos de presenciar era de lo más surrealista. A todo esto, Pepita se había puesto los cascos y, de repente, mirando por la ventana, exclamó “¡Un relámpago!”, ajena completamente a lo que nos habíamos reído con su conversación.  Ella es así.

La pena es que, por haberse puesto los cascos, se perdió el sonido del trueno, del cual le avisamos pertinentemente, claro está, porque, ante todo, somos buenas compañeras.

Comprobar que me junto con gente que está igual que yo en cuanto a salud mental, me hace plantearme qué tipo de parámetros se siguieron en las entrevistas de trabajo. No sé si creer que es casualidad o si buscar ayuda profesional urgente.

miércoles, 11 de abril de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLIII: La boda más glamourosa “ever”

Carpanta en chándal
Carpanta en chándal (¡¡Gracias, Chema!!)
Creo (sólo creo, porque llevamos ya más de doscientos cuarenta anuncios y mi memoria no da para tanto) que nunca había traído un anuncio de una tienda deportiva. No es que en términos generales me parezcan la panacea pero, hasta el momento, me parece que ninguno había hecho saltar mi radar detector de pesadillas.

Pero, recalco, eso ha sido hasta el momento porque la racha de sequía de indumentaria deportiva ha terminado y, por fin, podemos sufrir con algo de este rubro.

Vemos una boda. El novio y la novia se miran embelesados frente al altar donde un cura los contempla entre sonriente y beatífico. Del lado izquierdo de nuestra pantalla, los “damos de honor” o como se llamen los acompañantes del novio (nunca lo he sabido y me da pereza buscarlo, así que quien me quiera sacar de la ignorancia será bien recibido). Del lado derecho, las damas de honor (ahora sí que sí). Ni unos ni otras merecerían mención alguna si no fuera porque he observado que una de las damas de honor lleva en su mano el bolso. No es que sea yo una gran experta en bodas ni nada parecido pero no he visto jamás a una dama de honor con bolso. Me da que debe ser una antigua compañera de instituto de la novia y se han reencontrado por Facebook. La dama de honor no conoce mucho a la familia y teme por sus pertenencias (o le han llegado rumores de que los allegados del novio son un poco mangantes). Sea como fuere, la muchacha se aferra a su bolso como Sofía, la de las Chicas de Oro.

El caso es que la voz en off nos dice que se supone que tu boda es el día más feliz de mi vida (y yo aquí, perdiéndomelo) y por ello nos animan a imaginárnoslo en chándal. Y de repente vemos a los novios e invitados haciendo cabriolas en indumentaria deportiva. La novia sigue llevando velo pero sujeto con una diadema de estas que usan los tenistas (tendrán un nombre, pero no soy aficionada al tenis y sigo con la misma pereza para buscarlo). El novio mantiene su pajarita pero, en lugar de chaqueta de traje, lleva una de chándal. La de toda la vida, con rayas blancas longitudinales. Un cuadro, los dos.

Los invitados tampoco se quedan atrás, aunque por lo menos llevan un look menos ecléctico. Van en ropa deportiva de pies a cabeza, de no ser por las joyas que lucen las abuelas sobre sus camisetas rosas.

Nos informan que la vida es mejor en chándal y ahí queda la cosa. No es que haya mucho más que contar pero sentí la imperiosa necesidad de compartir esto con vosotros.

La única duda que me queda es si la dama de honor seguirá aferrada al bolso a pesar del cambio de atuendo. Le he perdido la pista entre la multitud y la intriga me está carcomiendo.

Lo mismo se lo han birlado en el vestuario.

lunes, 9 de abril de 2018

Crónicas Felinas CCL: Se nos vuelve más loca


Marrameowww!!!

Para cualquiera que haya tenido contacto con gatos o que, al menos, nos haya visto en algún documental de animales, es sabido que somos una especie friolera  pero la ventaja que tenemos los gatos caseros es que podemos acurrucarnos junto al radiador y no movernos de ahí en todo el día, quedándonos en casa de lo más calentitos. Llevamos peor el verano porque en esta casa hace mucho calor y nos toca pasar tres meses desparramados en el suelo como vulgares babosas, con lo poco que nos gusta eso porque nos hace perder todo el glamour y la elegancia inherente a nuestra naturaleza. Sobre todo el imberbe, que se tumba boca arriba con las patas abiertas, enseñando todas las vergüenzas, sin dejar nada al erotismo ni a la imaginación.

La bruja no corre con tanta suerte como nosotros en lo que se refiere a salvaguardarse del frío y de la lluvia (ni en prácticamente ningún otro aspecto de la vida, si nos ponemos a analizar exhaustivamente su existencia, la verdad), por lo que todas las mañanas (o noches, no sé muy bien cómo describir la franja del día en que la bruja abandona el hogar) tiene que salir a la calle a fin de dirigirse a su puesto de trabajo para ganar un dinerillo con el que comprarnos pienso, juguetes y pagarnos las vacunas y el antiparasitario.

Y, friolera como es (el único aspecto en el que se parece en algo a nosotros, salvando las distancias), dice que está hartita de frío y de lluvia y que está deseando que llegue la primavera de una buena vez porque, de momento, sólo ha llegado al calendario y a los grandes almacenes. Que no sabemos la suerte que tenemos de poder quedarnos en casa todo el día. Y creo que se nos está empezando a deprimir por cosas tan absurdas como que el otro día se compró una chaqueta (monísima, según ella; a mí únicamente me ha parecido que está fabricada en una tela muy ideal para clavar en ella las uñas) y que no ha tenido ocasión de estrenarla y que seguro que cualquier día nos levantaremos con cuarenta grados y entonces la chaqueta ya no tendrá sentido y que no entiende cómo sigue sin escarmentar y continúa comprando ropa de entretiempo año tras año si al final apenas tiene ocasión de usarla y que es todo una desgracia y que...  No sé; mucho escándalo está montando por una simple chaqueta. A ver si va a ser que se está volviendo más loca de lo habitual y va a empezar a olvidarse de darnos de comer o de limpiarnos el cajón de arena.

Por suerte, tenemos nuestras técnicas recordatorias y, ante el hambre, Munchkin le clavará las uñas en la rabadilla cuando esté sentada en la silla del comedor y yo haré pis en algún objeto preciado para ella a fin de recordarle que debe preservar la higiene de nuestra bandeja sanitaria.

Aun así, tendremos que estar atentos a su evolución.

Prrrrrr.

jueves, 5 de abril de 2018

La hipotermia


Tal vez os hayáis percatado de que la semana pasada estuve bastante desaparecida. O tal vez no os hayáis percatado de nada porque la mayoría estabais de vacaciones y andabais tan desaparecidos como yo.

El tema fue que, entre la visita del casero que salió bien pese a los intentos de boicot de Forlán que contó el pasado lunes, las salidas a hacer recados para preparar la visita antedicha y diversos eventos sociales que tuve los días festivos, al final ni me pasé a visitar a nadie ni pude publicar post el jueves. De hecho, hasta tuve que sacar tiempo de debajo de las piedras para publicar y responder vuestros comentarios. Así que, mis disculpas si os  habéis sentido ultrajados por mi desaparición.

Pero no venía a hablar de esto. Lo que quiero comentar es que, entre los múltiples eventos sociales que tuve, uno de ellos fue quedar a tomar algo con Naar y Chema.

De más está decir que nos lo pasamos muy bien y nos reímos mucho de canciones horribles que se te pegan y de gente que usa emoticonos que no se entienden pero el problema fue que, pese a que unos días atrás el tiempo parecía querer mejorar y la primavera hizo un leve amago de entrada, el viernes pasado la temperatura volvió a bajar y, al viento huracanado que amenazaba con volar la carpa en la que estábamos, se sumó una lluvia torrencial (bueno, no era tan torrencial pero quiero darle dramatismo al asunto), lo que provocó que, pese a que en la carpa habían encendido las estufitas, yo me pasé congelada las más de cuatro horas que estuvimos ahí (que nos gusta darle a la sin hueso). Cuando nos íbamos, yo me percaté de que no sentía los dedos de los pies y llegué a mi casa al borde de la hipotermia, preguntándome si habría que amputar.  Menos mal que Naar me acercó en su coche muy amablemente, porque si encima me tocaba andar hasta y desde el Metro, creo que no hubiese vivido para contarlo.

Cuando llegué a casa, me puse mi ropa calentita de hacer el oso en el sofá pero ni así. Para cuando me fui a la cama todavía tenía las piernas frías y un tembleque de cuerpo generalizado. ¿Cómo es posible que me cueste tanto recuperar el calor?

Eso sí, la experiencia me sirvió para ver que no estoy sola en este mundo con respecto a algo que pensé que sólo me pasaba a mí porque siempre que lo comento la gente me mira como si estuviera loca: Cuando se me enfrían los pies, me duele la barriga. Nunca había conocido a nadie más a quien le pasara esto pero, al comentárselo a Naar, resulta que a ella también le pasa y siempre es agradable saber que una no está sola en su locura y sus múltiples disfunciones.

Me lo pasé muy bien pero pasé mucho frío. He sacado quinientas palabras de algo que se resumía en media línea.

miércoles, 4 de abril de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLII: De haberlo sabido…


Una parejita se está dando el lote sobre la cama del dormitorio de la chica. Imagino que es el dormitorio de la chica porque, de repente, alguien toca con los nudillos a la puerta, llama a la chica por su nombre y ella, aterrada, susurra “Mi padre”; por lo que supongo que los padres de ella no van a irrumpir de repente en la casa del chico, que eso es allanamiento de morada y está muy mal visto. Aunque vete a saber porque, si el anuncio original es americano (que no lo sé, esto sólo es parte de mi fructífera imaginación), lo mismo sí han entrado a la casa del chico con esa manía que tienen de dejar las puertas abiertas a todas horas.

Bueno, que me disperso. Se levantan de la cama y empiezan a recuperar su ropa a toda prisa. El chico le pide a la muchacha que le pase sus vaqueros; suponemos que para ponérselos a toda prisa y que no le pillen en calzoncillos pero suponemos mal. Lo único que hace es rebuscar en uno de los bolsillos de la prenda y extraer de su interior un paquete de chicles para llevarse uno a la boca.

A todo esto, ella, que parece tener un poco más de sentido común, ya ha terminado de vestirse (aunque sigue descalza y no sé qué excusa va a inventarse para justificar este hecho) y la puerta se abre. Al otro lado del umbral vemos a una pareja que, sinceramente, más que los padres de la chica parecen sus abuelos. No tanto por la edad (que sería raro de ver pero no imposible) sino por el estilismo que me llevan. Sobre todo la madre. No hay más que ver esa blusa con lazada al frente, esa chaquetita marrón con bolsito de cadena colgando de uno de sus hombros, esos pendientes de perlita y, sobre todo, ese corte de pelo ligeramente ondulado. Es el famoso “granny look”. Le falta llevar el pelo teñido de rosa o de lila para dar imagen de abuela, completamente. Bueno, eso y la bolsa del supermercado en la cabeza los días de lluvia.

Ay, que me vuelvo a dispersar. Los padres miran estupefactos y bajan la mirada para comprobar que el chico les ha abierto la puerta en calzoncillos tipo bóxer holgado con diseño de corazoncitos de colores. Una monada absoluta. Pero no pasa nada porque el chaval sonríe, saluda y se presenta. El padre le estrecha efusivamente la mano y la madre/abuela levanta una ceja, en actitud claramente picarona.

Vamos, que parece ser que porque el muchacho tiene buen aliento y carece de dientes picados ya no existe problema alguno con el tema de que ande paseándose por su casa en paños menores, mancillando el honor de su princesita. Muy creíble todo.

Si hubiésemos sabido esto en nuestra juventud no hubiésemos tenido que inventar mil quinientas excusas ni andar escondiéndonos. Con llevar un paquete de chicles siempre encima, todo en nuestra vida hubiese resultado más sencillo.

lunes, 2 de abril de 2018

Crónicas Felinas CCXLIX: El broche de oro


Marrameowww!!!

La semana pasada escuché el rumor de que iba a venir el casero a firmar no sé qué y, por tanto, mis humanos andaban de lo más alborotados adecentando la casa para dar la sensación de ser personas cívicas y responsables.

Adecentar la casa incluye, entre otras, tareas destinadas a cubrir nuestro rastro de destrucción, motivo por el que tuvieron que salir a comprar una funda nueva para el sofá (ya que la anterior había sido convenientemente arañada) y una cortina de ducha (porque la sustituida había sido mordida; por algún motivo me gusta más morder la cortina de ducha que arañarla). Hay que aclarar que el casero sólo les alquila el continente. El contenido es de mis humanos pero la bruja tiene la teoría de que, si el contenido está cuidadito, das mejor imagen.

Pues hete aquí que estaban el día anterior muy atareados, como digo, eliminando pruebas del crimen e intentando dar la imagen de que no vivimos como pordioseros. Y ya sabéis que yo soy fanático de colarme en la habitación de invitados. El caso es que me colé y, como la bruja no tenía tiempo de estar peleando conmigo para que saliese de detrás del sofá-cama, decidió dejarme ahí un momento, cerrar la puerta para que no se colase también el imberbe, irse a hacer unas cosas y, cuando nos pusieron la comida, abrir la puerta para que yo saliese corriendo a recibir la pitanza, volviendo a cerrar la puerta. Hasta aquí, todo correcto.

Un rato más tarde, la bruja entró a la habitación de invitados y notó un olor sospechoso, por lo que preguntó al consorte si había sacado basura a la terraza o algo (la ventana de esa habitación da a la terraza). Ante la respuesta negativa, pensó que eran paranoias suyas y siguió a la tarea. Al día siguiente tenía que ir a trabajar, por lo que volvió a entrar a la habitación para coger su bolso y prepararlo para el día siguiente y allí fue cuando me descubrió.

Sí, habéis adivinado, me había hecho pis dentro de su bolso. Digo “dentro” porque, la muy incauta, lo había dejado abierto. Esto fue el martes pasado por la tarde. Lo comento porque probablemente hayáis escuchado aullidos cuya procedencia desconocíais. Era la bruja al percatarse de que tenía que lavar el bolso con todo su contenido, abrir de par en par la ventana y poner un ambientador eléctrico a máxima potencia para eliminar cualquier rastro de mi acción vandálica.

A día de hoy se andan preguntando por qué lo hice. Nunca confesaré que tenía que poner un broche de oro a la ola de caos que sembré allá por el verano pasado (lo relaté aquí con mi gracia y salero habituales).

Pese a los nervios que les hice pasar, os comunico que la visita fue todo un éxito y el casero no se dio cuenta de nada. Incluso comentó lo cuidadito que estaba el sofá pese a habitar gatos en la vivienda.

Yo me parto.

Prrrrrr.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLI: Parece que va de un perfume


Ay, los anuncios de perfumes… cuántos momentos de destripe nos proporcionan. Hay veces en que quieren hacer algo tan artístico que al final no sabemos qué es lo que nos quieren vender y éste, precisamente, es uno de esos.

En la tele había visto cortes donde no entendía nada. Por suerte, he podido ver en TúTubo que, en realidad, esos cortes pertenecen a un vídeo de tres minutos de duración donde… tampoco he entendido nada pero he flipado durante más tiempo.

La cosa va así: Una chica está sentada a una mesa en lo que parece ser una gala o una entrega de premios. Todo el mundo disfruta mucho menos ella, que tiene una cara de angustia y de aburrimiento mortífero que no puede con ella. Se excusa con la mujer que tiene al lado (o eso supongo, porque no hay diálogo) y sale al descansillo. Allí se pasea con paso cansado y parece a punto de romper a llorar pero, de repente, empieza a sonar una música y no sé si la posee un ser del inframundo o si le da un ataque o qué pero empieza a poner caras muy raras y a hacer movimientos que se asemejan a convulsiones. Sale del descansillo dando patadas e, incluso, en un momento dado se muerde una mano como  si fuese un bocadillo de panceta, así porque sí. Pasa haciendo el baile del gorila delante de un espejo, hace la araña al mejor estilo “El exorcista” frente al espejo siguiente y se pone a discutir con el busto de algún señor muy importante (supongo, porque si no, no le erigirían un busto). Una vez terminada la discusión, le da un lametón en la frente. Muy normal, todo.

Sube unas escaleras a toda carrera y, al llegar a la planta superior, se acerca por detrás a un hombre que habla por el móvil (no sé si es el vigilante de seguridad o uno que también se aburría soberanamente en la cena) y lo mata con sus propias manos, sintiéndose muy poderosa.  Aquí ya la cosa toma un cariz todavía más raro y se adentra en un pasillo disparando rayos láser con los dedos. Caen cachos de revoque del techo y un jarrón con pinta de caro vuela en  pedacitos.

Se sube a una mesita donde intenta sin éxito detener el movimiento de sus brazos y piernas y, al no conseguirlo, se deja llevar hasta el escenario de un teatro sin público (afortunadamente para ellos) donde ejecuta un par de pasos de baile y del que termina dejándose caer.

Sin fracturas a la vista, sale del edificio y se dirige dando saltos y volteretas en el aire hasta un ojo gigantesco hecho con flores o con papel maché o no sé con qué. Levanta los brazos delante del ojo y, finalmente, atraviesa el iris flotando por el aire. Se da golpes en el pecho como un orangután y nos muestran, por fin, el frasco de perfume.

No le encuentro el sentido a todo esto, así que os dejo a vosotros la tarea de intentar interpretarlo. He visto en Internet varios intentos de explicación hablando de los Iluminati, los masones y el ojo de Horus pero yo destripo los anuncios por las risas, no para alimentar teorías conspiranoicas.

lunes, 26 de marzo de 2018

Crónicas Felinas CCXLVIII: Conclusiones del experimento


Marrameowww!!!

Como os contaba en la ducentésimo cuadragésimo quinta parte de Crónicas Felinas (vamos, en la que podéis leer pinchando aquí , si no se os dan muy bien las nomenclaturas de los números ordinales), la bruja y el consorte me habían comprado un montón de delicatesen mientras que al  imberbe sólo le habían comprado una mousse para hacer el experimento de si le gustaba o no. Tengo que incluir aquí una fe de erratas (errar también es felino, a ver si os vais a querer adjudicar en exclusividad la capacidad de equivocarse) y decir que, en realidad, a Munchkin le habían comprado dos latas. A saber: una mousse y un soufflé. No había reparado en la existencia del soufflé porque estos humanos nuestros compran de forma compulsiva y después ya nadie sabe qué corchos hay en la alacena.

Bueno, pues una vez probadas ambas latas por parte del jovenzuelo, os voy a relatar el resultado del experimento. La primera en ser catada fue la mousse, que empezó lamiendo, como siempre, con cierto reparo. Después se ve que la cosa le empezó a gustar y comenzó a darle tímidos bocaditos. Bocaditos que dejaron de ser tímidos y empezaron a convertirse en auténticos mordiscos cargados de fruición al constatar que, efectivamente, aquello estaba rico. Dejó el plato limpio, así que podemos aseverar, sin temor a equivocarnos, que fue un completo y rotundo éxito.

El soufflé fue un éxito parcial. Me explico. La mousse es, como su propio nombre indica, una mousse. Es decir, no tiene tropezones de ningún tipo pero el soufflé tiene cachitos de carne (de salmón, en el caso que nos ocupa) incrustados. Pues el imberbe, que para lo que quiere es muy paciente, se ocupó de comerse todo el soufflé dejando los cuadraditos de salmón abandonados a su suerte. Un rato más tarde se los terminó comiendo también pero tiene pinta de haberlo hecho porque se estaba quedando con hambre y eso es algo que él no puede consentir. Creo que un día puede haber un incendio en casa que él no sale por patas hasta haber terminado de comer porque para huir se necesitan energías.

Así que ya han determinado que, al parecer, el único premio (o plato de fiesta) que se le puede dar al imberbe es mousse. Vaya, lo más barato de todas estas cosas. Si es que para haber nacido en barrio rico es demasiado proletario.

Por mi parte, yo seguiré disfrutando de mis manjares de gato rico porque uno tiene un nivel. Y Munchkin tendrá que esperar a una nueva visita al veterinario para que le vuelvan a dar mousse porque la bruja ha determinado que, ahora que saben que le gusta, se apuntan el dato pero no van a permitir que se le vuelva costumbre porque no es cuestión de que se ande saltando la dieta a cada rato.

Si es que no gana para disgustos, el pobre. Ahora que ha descubierto algo diferente al pienso y que le gusta, se lo prohíben.

Prrrrrr.

jueves, 22 de marzo de 2018

Se le fue de las manos


Las madres suelen aleccionar a sus hijos en materia de responsabilidad. La cosa empieza con la típica retahíla de “ordena tu habitación”, “recoge tu ropa”, “¿a dónde te crees que vas si no has terminado de estudiar para el examen?”… ese tipo de cosas.

Y mi madre lo hizo porque yo de pequeña y hasta bastante avanzada la adolescencia era un desastre. Estudiar, estudiaba, porque siempre fui buena estudiante y en esa materia no di quebraderos de cabeza. Pero en lo que tenía que ver con el orden o con recordar cosas que tenía que hacer para cumplir con mis responsabilidades, eso ya era otro cantar. Yo era un espíritu libre y no iba a estar ocupando mi soñadora cabecita en banalidades como limpiar o ir a comprar unas cartulinas.

Como digo, me aleccionó. Y lo hizo tan pero tan bien que terminé convirtiéndome en una obsesa del control y la planificación. Tengo las tareas estrictamente divididas por días, horarios y tipos, distinguiendo operativamente entre aquellas que pueden ser realizadas de forma simultánea y las que no. A tal punto que, si quedo con alguien un fin de semana, un suponer, dedico toda la semana anterior a planificar cómo cumplir entre semana con las tareas que tengo asignadas para el día de la semana en que haya quedado con esa persona. Es decir, no soy capaz de disfrutar del tiempo libre si no he cumplido previamente con mis obligaciones. Obligaciones que, según el churri, a veces hasta me invento yo sola.

Lo contradictorio de tener una madre hippie como la mía es que, igual que te dice una cosa, te dice otra. Digo esto porque hace un tiempo hablaba con ella por Skype y le estaba contando mis planes para el fin de semana siguiente. Se percató de que los planes de diversión eran en realidad como un “metaplan” que englobaba otros múltiples planes de limpieza de muebles y planchado de ropa.

Así que mi progenitora dedicó tiempo a destejer esa maraña de responsabilidades que había tejido con primor años ha en mi cabecita. Me decía “Ay, m´hijita (expresión muy popular usada en el Río de la Plata), por una semana que se te queden los muebles sin limpiar no se va a acabar el mundo; tienes que disfrutar del tiempo libre; es que te veo como agobiada”. Y yo, presa del pánico y casi con lágrimas en los ojos, le respondía “¡¿Pero cómo voy a dejar los muebles polvorientos una semana?! No, no, no. De alguna forma me apañaré”.

Creo que por un lado tiene que haber quedado orgullosa de lo bien preparada que me dejó para la vida y las responsabilidades diarias pero por otro debe pensar que ha creado un monstruo. A veces no hay que insistir tanto en eso de inculcar valores porque, en ocasiones, al final nos lo tomamos en serio. Le preguntaré al respecto cuando vuelva a hablar con ella por Skype.

El domingo a las siete de la tarde, como tiene que ser.