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miércoles, 11 de julio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLI: ¿Nos están llamando loros?


Los tiempos cambian. Ya van quedando atrás los años de destripar anuncios de detergente. Hoy le toca al asistente virtual de una compañía de Telecomunicaciones. El futuro ya está aquí, y yo con estos pelos.

He visto la versión larga porque la corta  me pareció tan surrealista que supuse que la larga me iba a aclarar algo acerca de la historia… ilusa.

La cámara se interna en lo más profundo de la selva, donde nos encontramos con un loro (o papagayo, o lo que sea; se me da fatal reconocer aves… lamento mis escasos conocimientos de ornitología).

Sin tener un motivo especial, el loro emprende el vuelo, seguido de otro montón de pajarracos selváticos de diferentes especies. Atraviesan glaciares, tormentas marinas, y llegan en bandada a una ciudad donde una niña con trenzas, de la mano de su madre, los ve pasar con cara de asombro. La ciudad tiene pinta de ser New York pero, teniendo en cuenta que la compañía es española, no sé por qué motivo tendrían interés las aves en llegar a New York. Si hay alguna ciudad española que se parezca en algo a New York, suplico me lo hagáis saber.

Toda la pandilla se mete por la ventana de un apartamento. El loro dice “Hola” y una voz salida de una tablet le responde “Hola” y a continuación se presenta con su nombre de pila. El loro le pregunta a la asistente qué le recomienda y, tirando de tópicos, la asistente le pone en la tele una famosa película de dibujitos donde los protagonistas son pájaros amazónicos.

Una cacatúa dice “Uauuuu”, al encontrarse de frente con una lechuza de peluche (no sé si porque le gusta, le asombra, le da miedo o qué… habrán supuesto que esto era un golpe de humor sin precedentes). Otros dos loros enloquecen a la asistente pidiéndole alternativamente que ponga coches y motos en la tele.

Vemos nuevamente  a la cacatúa pidiendo a la asistente que ponga una película romántica y entendemos el “Uauuuu” de antes. Ha sacado a la lechuza de peluche en una primera cita y le pasa el ala sobre los ¿hombros? Las aves no tienen hombros, no sé cómo se diría pero ya me entendéis.

Finalmente, le piden una fiesta a la asistente, quien pone música y todas las aves empiezan a correrse la juerga padre hasta que irrumpe la dueña de casa con las bolsas de la compra en las manos. Bolsas de papel, de las que dan en Estados Unidos; no de las de asa que dan aquí y por ese motivo se le caen, tras el shock sufrido, rompiéndose las botellas en el proceso. Eso con bolsas de asa o con el típico carrito de la compra, no hubiese sucedido. Las botellas hubiesen quedado intactas aun tras la impresión de ver su salón invadido de aves tropicales, bebiéndose sus refrescos, comiendo su fruta y balanceándose en sus lámparas.

No quiero saber en qué situación comprometida podría estar la cacatúa. De verdad, no quiero saberlo. 

lunes, 9 de julio de 2018

Crónicas Felinas CCLXI: El camino a la locura


Marrameowww!!!

Una forma de poner nerviosa a la bruja, como he contado alguna vez, es hacer que se levante a darnos de comer a horas intempestivas en fin de semana. Sobre todo porque, una vez que se levanta de la cama, ya no es capaz de volver a ella, así que mola eso de conseguir que no pueda dormir ni siquiera los días destinados a ello. Tengo que reconocer que, este fin de semana pasado, la cosa no me salió demasiado bien. El sábado la hice levantarse a las ocho y media, lo cual estuvo bastante bien pero el domingo, la verdad sea dicha, se me fue la pata. Empecé a molestar a las seis y media de la mañana y, por lo visto, a esas horas no estaba dispuesta  a levantarse por nada en el mundo. Al final se levantó el consorte, nos dio de comer y se volvió a acostar (porque el consorte sí que no tiene problemas para conciliar el sueño). A las nueve empecé a molestar otra vez y ahí sí se levantó la bruja. Fue un pequeño triunfo pero igual pienso que no estuve fino del todo en la ejecución de mi plan. Todo buen líder estratégico debe ser capaz de aprender de sus errores. Lo dijo Maquiavelo, o Sun Tzu o tal vez lo leí en un sobre de azúcar.

Pero todo esto no importa porque esta semana ya me había marcado un buen tanto en mi misión de desquiciarla. Una de estas tardes, la bruja volvió de trabajar, nos saludó como hace siempre (como si a nosotros nos importara) y se fue a cambiarse los ropajes y quitarse las cuatro capas de revoque que se echa en la cara, dejando a la vista el monstruo del inframundo que realmente es. Para cuando salió del baño, me buscó y no me encontró. Dio vueltas por la casa, mirando primero en las habitaciones que estaban abiertas. Al no hallarme, pasó a revisar las que estaban cerradas, por si me hubiese yo colado en un despiste. Como seguía sin encontrarme, repitió el proceso con los pasos (y la respiración) cada vez más acelerados, mirando también dentro de los armarios porque conoce mi afición a arañarle la ropa y demás pertenencias. Yo no aparecía por ningún lado y yo la oía farfullar “Tiene que estar en casa porque lo he visto al entrar y la puerta la he cerrado. Porque lo he visto, de eso estoy segura. Lo he visto, ¿verdad?, ¡¡¿¿verdad??!!”.  Entre frase y frase de su soliloquio, intercalaba “Pequeeeeeee” y “pspspspspspsps” (dicho sea de paso, no sé para qué hacéis ese sonido los humanos, si nunca hacemos ni caso).

Finalmente, me descubrió al asomarse a la estantería de la entradita y encontrarme agazapado tras los libros, los cuales había sido yo capaz de saltar sin descolocar ni uno.

Una vez descubierto y viendo que la bruja ya estaba tranquila, ya no tuve tanto cuidado y los descoloqué al salir, que así la tenía otro ratito entretenida.

Prrrrrr.

jueves, 5 de julio de 2018

Sin uñas pero dando señales de vida

Supongo que os lo imagináis pero igualmente os informo que sigo con la fiebre mundialista. El pasado sábado Uruguay se enfrentó a Portugal en el partido de octavos de final y, con gran alegría por mi parte, ganó. He de decir que no pude verlo porque justamente ese día había quedado yo para hacer el pingo con mis amigos y no era plan de dejarlos tirados. Aunque tengo que admitir que hasta último momento tuve un angelito en el hombro derecho repitiendo “Son tus amigos; no puedes hacerles eso y abandonarlos por ver cómo unos que ni conoces dan patadas a un balón” y en el izquierdo un demonio ondeando una bandera al grito de “Soy Celesteeeeee, soy Celesteeeeee. Celesteeee soy yoooo”. Ganó el angelito porque en el fondo soy una buena persona. El sitio al que fuimos no tenía pantalla plana (ni de ninguna otra clase), así que no me quedó otra que poner la radio porque una cosa es estar con mis amigos y otra cosa es no enterarme de lo que pasa con mi Cavani.

El caso es que ganaron (con algunas lágrimas de emoción fugándose de mis ojitos, aunque haya gente que no entienda cómo se puede uno emocionar tanto por algo así; yo sí lo entiendo) y me hizo mucha gracia y mucha ilusión haber recibido tantos mensajes de españoles alegrándose por la victoria. Tengo que decir también que me dio mucha penita que los españoles hayan vuelto ya a casita, aunque un posible encuentro entre España  y Uruguay me diera tanto miedo.

También me dio pena Argentina, porque parte de mi familia es argentina, y Colombia, porque tengo una amiga colombiana. Yo quiero que la copa se quede en América y se van reduciendo las posibilidades. Al día siguiente del partido de Colombia vi que mi vecino de abajo, que es colombiano, había quitado ya su bandera y me dio un dolor de corazón… soy una sentimental en el fondo.

Pero lo que más gracia me hizo fue que ayer me encontré en el trabajo con alguien que es de mi empresa pero no trabaja en mi centro, por lo que lo veo de pascuas a ramos y, según me vio, me dio la enhorabuena. Es curioso cómo alguien puede darte la enhorabuena por algo en lo que no has participado ni has tenido ningún mérito. Iba a decirle que yo no había jugado ni había marcado ningún gol pero me dio miedo que pensase que me había tomado a mal el comentario. Para nada. Fue muy de agradecer pero me pareció gracioso cómo los triunfos futbolísticos tienden a asociarse directamente con los aficionados. También tenemos una cierta tendencia a decir “ganamos” cuando nuestro equipo gana. Debo decir en mi defensa que yo, además, uso el “perdimos”, no como otra gente que en estas circunstancias sí usa la tercera persona del plural.

Mañana toca el partido de cuartos contra Francia. Veremos qué tal “nos” sale el asunto… yo por aquí sigo, comiéndome las uñas.

P.S. Por si os apetece verlo, os dejo un pequeño vídeo de cómo se vivió el triunfo del pasado sábado en la explanada de la Intendencia de Montevideo.



P.S.2. En la vista previa el vídeo se me sale del margen. No sé si luego realmente quedará así pero no he sido capaz de arreglarlo. Si queda así de chapucero, mis disculpas, y si alguien me desasna y me enseña cómo modificar el ancho del vídeo, le estaré eternamente agradecida.

miércoles, 4 de julio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCL: No soy tan moderna


Venga, hoy toca uno de coches, que sabemos que los anuncios de la industria automovilística nunca defraudan.

Vaya por delante que creo que en este anuncio han utilizado cosas demasiado Millenial, como virales de Internet o situaciones que se ven en videojuegos de moda y, como una es más bien “Generación EGB”, creo que me he perdido un poco (o un mucho). A lo mejor el anuncio no es tan pesadillesco como pienso y lo único que me pasa es que estoy fuera de onda. Sabréis disculpar los más jovenzuelos, que lo mismo pensáis que ya estoy más para comentar películas de “Cine de Barrio” que anuncios de la tele.

Al lío. La cosa empieza con una señora mayor (sí, más mayor que yo), haciendo girar una botella en el aire y logrando que caiga de pie. La voz en off comenta algo de una abuela haciendo un bottle flip terminado en “¿¿??”. No he sido capaz de entender lo que dice al final. ¿No os digo que estoy mayor? La palabra que dice al final creo que hace referencia a un gesto que hace la abuelilla, consistente en colocar el brazo izquierdo extendido de forma transversal al cuerpo y el brazo derecho doblado, con la mano apoyada sobre el brazo izquierdo. Desconozco el propósito ni el origen de ese gesto. Tal vez podría averiguar algo si entendiese qué leches dicen. Bueno, el caso es que, según dicen, esa abuela viene a representar que está en la edad del “insértese modelo de coche aquí”.

Nos dan más ejemplos: Una familia entera “mamá, papá, chico y chica”, haciéndose un selfie con orejitas y hociquitos animales (virtuales, por supuesto, no es cuestión de usar implementos palpables; eso no mola en el siglo XXI).

Después sale uno corriendo en bañador hacia una piscina. Parece que se va a tirar de bomba, salpicando agua por doquier… pero no. Mete el dedo gordo del pie, le parece que el agua está demasiado fría y se arrepiente, quedándose en el borde de la piscina con cara de circunstancias. Me solidarizo con este chico. Primero porque nunca me tiro de bomba y segundo porque odio el agua fría. Mis respetos.

Luego vemos a un grupo de gente disfrazada jugando un juego de rol de mesa. Esto ya no es tan Millenial, por más que nos lo quieran vender así. Las nuevas generaciones han heredado estos juegos, que ya disfrutábamos los de la Generación X, que no se piensen que han descubierto la pólvora con esto.

Y, ya por último, nos muestran a uno jugando al ping-pong con dos paletas, gafas de sol y bailando acompañado de una bola de espejos mientras devuelve pelotas a lo loco.

Todo esto viene a… no sé a qué viene, la verdad. Se supone que si haces estas cosas estás en la edad de ese modelo de coche y no te quedan más narices que comprarlo.

Pues va a ser que al final me quedo sin él. No soy lo suficientemente moderna.

lunes, 2 de julio de 2018

Crónicas Felinas CCLX: ¿Dónde queda mi privacidad?


Marrameowww!!!

El otro día caí en la cuenta de algo. Dándome una vuelta por la blogosfera, me percaté de que casi todos los bloggers usan un pseudónimo. Incluida la bruja, que no os vayáis a creer que se llama Álter, aunque haya por aquí gente que ha empezado a llamarla así incluso en el mundo 1.0.

Y yo no. Yo he dado mi nombre real desde el principio, quedando expuesto a que algún día me persigan los fans y los paparazzi. Por todos es sabido que yo soy mucho más famoso que la bruja y, sin embargo, ella preserva su anonimato mientras que yo quedo a merced de posibles acosadores, con el riesgo que eso supone.

Claro, como el perfil me lo abrió la bruja, no pensó en que tal vez yo quisiera preservar mi verdadera identidad para poder tener una vida tranquila. Si hasta Superman lo hace. De una forma cutre, consistente sólo en cambiarse de ropa y ponerse unas gafas pero lo hace, al fin y al cabo. Y ya me diréis para qué necesita Superman conservar su anonimato; si, total, tiene superpoderes y, en caso de que lo acosen mucho, siempre puede salir volando o tirar encima de sus stalkers un vagón de tren o un autobús del Imserso que pase por allí, camino de Benidorm.

Pues yo no tengo superpoderes y ni siquiera tengo un nombre falso tras el que escudarme. Estoy expuesto a las masas enfervorizadas. Y no diré que tengo miedo porque los gatos no conocemos esa palabra (salvo el imberbe que, como he dicho varias veces, es la vergüenza de la especie) pero sí me parece un acto claramente discriminatorio el no haberme provisto de un nombre en clave, como un agente secreto. Y los gatos no tenemos ningún Ministerio de Igualdad ante el que interponer una queja. Estamos a merced de las veleidades de nuestros humanos. Esta sociedad está muy mal pensada. Hay que terminar con el “humanorcado”.

Ahora como que ya es tarde para intentar deshacer el mal que ya está hecho pero me pregunto qué pseudónimo podría haber utilizado si la bruja hubiese optado por salvaguardar mi privacidad en un primer momento. Queda a vuestra disposición la caja de comentarios para que me digáis qué nombre en clave podría ir en concordancia con mi arrolladora personalidad y mi talento sin igual. Tiene que ser algo que refleje mi forma de ser y pueda convertirse fácilmente en una marca registrada; un nombre que pudiera ponerse en una botella de perfume (porque ya hay que ir pensando en el merchandising).

Quedan descartados los nombres cursis como “Pelusita”, “Pompón” o “Bolita”. Tal vez algo agresivo, que dé mucho miedo y, por tanto, le quite las ganas a cualquiera de acosarme: “Gato del Infierno”, “Político” o “Fisco”. ¿Será tarde para cambiar el nombre si me tiño el pelo de otro color? De verde manzana, un suponer.

Aunque tener el pelaje verde y llamarse “Gato del Infierno” no pega demasiado pero siempre puedo hacerme llamar “Hulk”.

Prrrrrr.

miércoles, 27 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLIX: El fantasma traidor


Ya había traído en una oportunidad un anuncio de una casa de apuestas. No recuerdo si era la misma porque a la abuelita ludópata no la he vuelto a ver (por suerte, porque la cosa tenía tela marinera) pero, con esto del Mundial de fútbol, las casas de apuestas están haciendo su agosto, aunque estemos en junio, y por tanto no paran de anunciar todas las posibles combinaciones de acontecimientos estrambóticos por los que se puede apostar. Me apuesto lo que sea, valga la redundancia, a que se puede apostar cuál será el próximo peinado de Neymar.

Pues bien, este es muy cortito pero digo yo que se lo podían haber currado un poco más. Vemos a un montón de aficionados sentados a la barra de un bar, con sus bufandas de la Roja, gritando desaforados ante una jugada de  peligro. A juzgar por la reacción de los asistentes, o bien el equipo contrario ha marcado gol o bien el equipo de sus amores ha fallado una posibilidad de gol. Todos ponen cara de fastidio y hacen el típico sonido de “Ohhhhh” que todos (o casi todos) hemos hecho  durante un partido.

Salvo uno.

El “uno” en cuestión, se desliza tumbado de lado sobre la barra, apoyando la cabeza en un brazo y con el móvil en la mano que no sujeta su cabeza canturreando “Gané, gané, gané…” (la letra de la canción sólo consiste en ese palabra; no creo que el protagonista del anuncio haya tenido que invertir demasiado tiempo en aprenderla… o sí, quizás la hicieron así de simple porque ya veían que no iban a obtener buenos resultados con algo más complejo) con la musiquilla de “Power of Love” de Huey Lewis and the News, cuya letra no tiene nada que ver con el fútbol en concreto ni con el deporte en general pero habrá sido la primera que les ocurrió o alguna para la que no tenían que pagar derechos de autor.

Un letrero sobreimpreso en la pantalla nos informa que lo mejor de ganar es contarlo. O sea, que no sólo eres un traidor que apuesta contra su propio equipo sino que, encima, te recochineas delante de la afición porque te has llevado unos eurillos a cambio de tu deslealtad.

Le desearía que se piñe al llegar al otro extremo de la barra y no haya nadie para sujetarlo pero creo que no me va a hacer ni falta porque, a juzgar por las caras de los concurrentes en el bar, tiene pinta de que no le va a quedar un solo hueso sano al acabar la jornada. Oye, apuesta lo que te dé la gana pero no te mofes delante de los sufridos espectadores del partido, que son unos soñadores que aún piensan que su mayor recompensa es ver los colores de su equipo alzarse con la Copa tras ganar la final.

No es que esté a favor de la violencia en los deportes pero es que tampoco estoy a favor de los fantasmones.

lunes, 25 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLIX: La curiosidad purificó al gato


Marrameowww!!!

El consorte ha estado de vacaciones esta semana  pasada. Y, por si acaso os lo estáis preguntando, la respuesta es no. No ha aprovechado los días de ocio para comprarme un platito nuevo. Creo que voy a tener que aceptar la realidad con madurez y entereza y asumir que voy a seguir comiendo en un plato desportillado por el resto de mis días. Cuando un gato se queja de la vagancia de un ser de otra especie es porque el caso es grave y seguramente digno de estudio.

Lo malo de que haya algún humano de vacaciones (a la bruja le tocó currar como la pringada que siempre ha sido) es que tenemos vigilancia constante y así, claro está, no hay oportunidad de hacer maldades ni de trazar planes para la dominación mundial.

Para colmo de males, también decidió que el fin de semana era un momento ideal para ir a casa de sus padres, dejándonos cuarenta y ocho horas, con todos sus minutos y todos sus segundos (ciento setenta y dos mil ochocientos, para ser exactos; lo pongo en letra porque se ve mucho más impactante) y, como os podréis imaginar, soportar a la bruja en exclusividad durante dos días seguidos es toda una tortura. Máxime cuando es una vaga y no sale a la calle ni para que le dé un poco el aire.

Pero la cosa no termina aquí; esperad que os cuento más. Ha estado por medio la noche de San Juan, así que el consorte tuvo a bien recordarle a la bruja que dejara una botella con agua en la ventana para lavarse con ella la mañana del domingo 24. Ya veis qué vergüenza de bruja está hecha, que hay que andar recordándole los conjuros a realizar, dando muestras de una falta de profesionalidad proverbial. Pues bien, la bruja siguió las indicaciones del consorte y, según se levantó el domingo por la mañana (tempranito porque, aunque por el día no comemos debido al calor, a partir de las siete de la mañana nos entra un hambre terrible) se metió en la bañera y empezó a echarse agua de esa por encima.

Y bien dicen que la curiosidad mató al gato porque, por andar cotilleando asomado a la bañera a ver qué hacía la loca esta, también me pasó un poco de agua por el lomo y acto seguido, se fue a buscar al imberbe para repetir el proceso con él. Hay que decir que él no recibió el agua de tan buen grado como un servidor (yo es que ya opto por dejarla hacer porque sé que, si se le mete una idea en la cabeza, no va  a parar hasta ver satisfecho su objetivo) y se retorció un poco al sentir que la bruja lo acariciaba con la mano mojada en líquido elemento (en una actitud, a mi juicio, claramente pasivo-agresiva; te acaricio pero te fastidio al mismo tiempo).

Estaría expulsando algún demonio o algo y a eso se debería el retorcimiento, digo yo.

Prrrrrr.

jueves, 21 de junio de 2018

Dando explicaciones


Quizás os estéis preguntando (o no, porque dudo que me deis tanta importancia) que qué pasa últimamente conmigo, que a veces publico, a veces no publico, a veces comento blogs, a veces no comento… Hace un par de semanas, sinceramente, me habían abandonado las musas. Creo que se debió a tanta lluvia y tanto frío y tan hasta las narices que estaba ya.

Ahora ha venido el verano. Así, sin avisar ni nada. Que estoy yo muy contenta porque ya sabéis que, si por mí fuera, no bajaríamos de los 25 grados nunca pero digo yo que podría avisar, en plan “eh, que voy, soy el verano” porque esto de estar con paraguas, chaqueta y camiseta de manga larga a poder dejarse los calcetines en casa y andar luciendo brazos (piernas, de momento, no he lucido; primero porque estoy muy blanca y segundo porque, si bien tengo vestiditos nuevos que estrenar, quiero esperar a que sea julio o agosto, que si no quemo todos los cartuchos en la primera semana) termina volviendo loco a cualquiera. Sobre todo porque cuando estuve de vacaciones allá por mayo, tenía yo intenciones de aprovechar un día para hacer el cambio de armario pero, en vista del panorama invernal que aún estábamos viviendo, no tenía sentido hacerlo. Ahora, por culpa del cambio brusco, he tenido que hacerlo un sábado por la mañana, con lo que me gusta a mí hacer el vago los sábados por la mañana. Y, encima, este año me he esmerado porque me he probado un montón de ropa de esa que hacía lustros que no usaba y, bajo la premisa “si parezco una butifarra, lo aparto para donar”, terminé llenando dos bolsas de ropa que ya no volveré a usar en la vida. Y no me digáis que podía haber intentado adelgazar para poder volver a entrar en ella porque ese planteamiento fue el que me hizo llegar a esta situación de Diógenes profundo en la que me encontraba.

Vale, y ahora diréis “pero el calor empezó ya hace una semana, ¿por qué motivo sigues haciendo apariciones intermitentes, pues?

Pues porque hay Mundial, que todo hay que explicarlo. Mi vida es un caos desde que se pitó el comienzo del primer partido. Con lo organizadita que soy yo y ahora tengo que andar haciendo múltiples cambios de planes para cuadrar mi cotidianeidad con los partidos. Al punto que había pedido cita en la peluquería para ayer miércoles pero en cuanto colgué con mi peluquero me di cuenta de que a esa hora jugaba Uruguay y cambié la cita para el martes, sin importarme pagar más (los miércoles es más barato; se ve que, aparte del día del espectador, es el día del peinado). He tenido que buscar hueco para colgar la bandera uruguaya en la ventana (dos veces, porque la primera la pegamos mal y se cayó, por lo que terminé viendo el partido contra Egipto con la bandera en el suelo) y hasta vi el partido Rusia-Egipto porque están en el grupo de Uruguay y hay que hacer cábalas con los puntos. Por suerte, ya estamos en octavos tras un tediosísimo partido con Arabia Saudí en el que confieso que me costó no dormirme.

Y, por supuesto, también veo los partidos de España que, casualmente, coinciden siempre en día con los de Uruguay así que, cuando me toca fútbol, sé que ya tengo la tarde echada con la tontería.

En fin, que intentaré prodigarme más por aquí si el esférico lo permite. La entrada me ha quedado más larga de lo habitual pero, ¿quién sabe cuándo habrá otra?

miércoles, 20 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLVIII: La vida sana le va a costar cara


Ya los había traído alguna que otra vez pero es que no dejan de sorprenderme , así que lo publico fielmente.

Este anuncio tiene un solo escenario y un solo protagonista, por lo que no voy a liaros intentando explicar los cambios de secuencia como me sucede a veces.

Comenzaré describiendo el escenario. Es un salón en semi-penumbra que no está especialmente desordenado pero que, por obra de la escasa iluminación y porque los muebles son del año de la polka, tenemos la sensación de que el sitio en cuestión hasta debe de oler mal.

En cuanto al protagonista, es un señor más o menos de mi quinta (o algo mayor que yo, porque yo soy una jovenzuela), que está sentado en el sofá viendo la tele mientras se llena la boca de patatas fritas. Me recuerda a mí un domingo por la tarde cualquiera con la salvedad de que yo no bajo la vista para contemplar mi barriga con cara de asco. No porque no  tenga barriga sino porque yo no me siento en el sofá; soy más bien de tumbarme cuan larga soy, por lo que no me hace falta bajar la vista para mirarme la barriga.

Lo dicho, el señor se mira la barriga, que no es lo mismo que mirarse el ombligo, y una voz en off anuncia que hoy es el día en que vas a dejar atrás la vida sedentaria. El hombre, con el pecho lleno de migas de patata (desconozco por qué hay gente que se llena de migas cuando come patatas fritas), desvía la vista de su barriga a unos plátanos de Canarias que tiene en una mesita junto al televisor. ¿Alguien tiene fruta junto a la tele? No conozco absolutamente a nadie que tenga esa costumbre.

Por alguna extraña razón, de repente al protagonista empieza a salirle humo de la nariz y las orejas, como si se hubiese convertido en dragón. La cara se le pone roja mientras sigue echando humo y la voz en off le dice que ha llegado el momento de levantarse del sofá y dirigirse a un lugar donde comerá más sano. Sus pies, de repente, pierden contacto con el suelo y, durante la levitación, las llaves de su bolsillo caen entre los cojines del sofá. Vemos cómo se pone completamente de pie gracias al empuje que le dan los chorros de humo expelidos por su nariz. A continuación coge un plátano de la mesita antedicha y sale de su casa, supongo que a comerse el plátano y a hacer un poco de footing con la ropa llena de migas de patata.

Yo en su lugar me hubiese adecentado un poco antes. Más que nada para que el cerrajero me viese presentable cuando lo tuviera que llamar a la vuelta, debido a que las llaves, como he dicho, se han quedado entre los cojines del sofá.

Por cierto, lo que se anuncia son los plátanos. Porque si no lo digo, no hay quien llegue a esa conclusión.

lunes, 18 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLVIII: Fracaso en las negociaciones


Marrameowww!!!

Pensaréis que, si hoy estoy publicando, es porque finalmente me han cambiado el platito y, por tanto, se ha desconvocado la huelga. Pero no. No tengo platito. Mejor dicho, sí tengo platito pero el mismo platito desportillado de siempre.

A juzgar por vuestros comentarios de la semana pasada, donde casi todos me instabais a declararme en huelga y sólo unos pocos estaban dispuestos a financiar la adquisición de un nuevo platito para vuestro gato preferido, he llegado a la conclusión de que sois unos agarrados que preferís quedaros sin leer mis entradas a soltar un par de eurillos para evitar el conflicto. No tengo palabras para expresar cuán decepcionado me hallo con vuestra actitud tan deleznable.

Así que, en vista y considerando que daba la sensación de que no os importaba en absoluto deshaceros de mí, por aquí me quedo y seguiré publicando al mismo ritmo, sólo por fastidiar. Había pensado hacer una huelga a la japonesa y hacerme con el control absoluto del blog, publicando tres o cinco o incluso siete entradas semanales pero, entre que la bruja no me lo iba a permitir porque quiere espacio para sus porquerías y que, a lo mejor, terminabais tan fascinados de tenerme a diario que al final me ibais a pedir que mantuviera esa actitud para siempre, he decidido no ir por ese camino. Bueno, por los motivos antedichos y porque me da una pereza infinita escribir tantas entradas; que en algún momento del día tengo que echarme mis diecisiete siestas reglamentarias. Que al final, todo hay que explicarlo. 

Así que mis esfuerzos de presión  a la patronal han caído en saco roto y tendré que seguir comiendo en mi plato de indigente hasta que la bruja y el consorte se dignen a comprarme uno nuevo. Ya informaré del avance de la situación.

En otro orden de cosas (y para rellenar un poco porque si levanto la huelga tendré que levantarla en condiciones y trabajar a tiempo completo), os cuento que el imberbe cada vez se comporta de forma más antigatuna. Ya os conté alguna vez que duerme tapándose los ojos con la pata para que la luz no lo moleste. Si viviera en un entorno con depredadores sería la presa ideal. Pues a esto le tenemos que sumar que, dado que, como todos los años, los aviones han anidado sobre nuestra terraza (los aviones de tipo pajarraco, claro está; no tenemos un Boeing en la terraza), pasamos las horas muertas pegados a la ventana viéndolos pasar. Pero resulta que, el otro día, uno de ellos tal vez no vio el cristal y por poco se esmoña contra el mismo (debía estar muy ciego porque la bruja no es que tenga los cristales precisamente limpios). Pues bien; el imberbe, en lugar de relamerse creyendo que la presa se acercaba directamente a sus fauces, se bajó del mueble y se escondió debajo de la ventana, con la esperanza de que el bicho alado no lo encontrara.

Es la vergüenza de la especie.

Prrrrrr.

miércoles, 13 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLVII: La trilogía de la limpieza (parte 3)


Pues vamos hoy con el tercer anuncio de los que conforman esta trilogía. Para mí es el más surrealista de todos, aunque cada uno juzgará una vez que cuente con todos los elementos. Yo os los traigo todos (o todos los que encontré) y cada cual que saque sus propias conclusiones.

Lo que vemos es a un señor que se sube a una estructura metálica de la que desconocemos su propósito. El hombre se arrastra por la parte superior de la estructura, sujetando con la boca algo que, de momento, no alcanzamos a ver muy bien qué es (de hecho, una vez que se pone de pie sobre la estructura, yo pensaba que era un boomerang, pero es que yo hago asociaciones muy extrañas, así que no me hagáis mucho caso).

El plano se abre y vemos a nuestro protagonista saltando acrobáticamente al suelo. Es en este momento cuando sabemos que la famosa estructura metálica sobre la que él reptaba como una lagartija al sol, no era otra cosa que un remolque que, a su vez está enganchado a un coche. Comprendemos también que el extraño objeto que portaba en sus fauces era la boquilla de una aspiradora, con la que se dispone a limpiar el vehículo.

El buen hombre aspira con fruición desde el maletero hasta los asientos, aspirando incluso manchas húmedas cuya procedencia me niego a intentar adivinar. Cuando culmina su tarea, sopla la boquilla de la aspiradora como si la máquina fuese una Mágnum y acabase de abatir a todo un ejército enemigo, posando finalmente frente al coche con las piernas semiabiertas porque esa es la posición de cualquier machote de pro.

Supongo que ya os habréis dado cuenta de por qué éste me parece el más surrealista pero, por si acaso no ha quedado claro únicamente con el análisis, yo os lo explico: Puedo llegar a entender (medianamente) que la gente se cuelgue del techo para limpiar cristales porque de alguna manera hay que llegar a las partes altas (digo “medianamente” porque, desde que existen las escaleras, la vida es mucho más fácil), aunque luego se dediquen a pisotear lo que acaban de limpiar. De alguna manera hay que meter la alusión a Misión Imposible. Pero ya que una persona repte por un remolque para llegar al coche que lo sujeta escapa completamente a mi comprensión. El coche no está bloqueado con nada. Está aparcado enfrente de la casa y nuestro protagonista tiene muchísimo espacio para llegar al vehículo caminando tranquilamente. Es decir, no hay ninguna razón que justifique que este hombre tenga que trepar por la caravana y dar saltos como una vulgar cabra montesa.

Vamos, que si los anteriores me  parecieron traídos de los pelos, este ya se lleva la palma pero, repito, tal vez en los comentarios me sorprendáis y me digáis que os pareció peor alguno de los anteriores, porque con los gustos y las opiniones de la gente nunca se sabe.

Y si hablamos de lectores de este blog, todavía menos.

lunes, 11 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLVII: El ultimátum


Marrameowww!!!

Hoy pensaba declararme en huelga y no escribir nada hasta ver satisfechas las reivindicaciones pertinentes que considero justas como resarcimiento por el daño causado a mi propiedad por ciertos hechos ocurridos recientemente. Pero después pensé que estos humanos inútiles con los que me ha tocado convivir no son capaces de entender el idioma gatuno y no iban a saber el motivo por el que he contemplado la posibilidad de declararme “on strike” (para que veáis que yo domino no uno, sino varios idiomas humanos).

Así que voy a tener que dejar aquí plasmados los hechos, a fin de que la bruja y el consorte los lean y sepan que, a partir de la semana que viene, si en este blog no aparece una sola línea escrita de mi zarpa y letra, será porque no he tenido más remedio que pasar a la acción.

Iré al grano, que es lo que nos caracteriza a todos los que escribimos en este blog: El consorte ha roto mi platito de la comida. Se le cayó un día y ahora tiene unos agujeros en la parte superior que no le restan funcionalidad ni suponen peligro para mis fauces por no tener bordes angulosos pero sí lo hacen de lo más antiestético. Y no os penséis que esto sucedió hace un par de días y ellos, pobres seres sufrientes, no han tenido tiempo de ir a comprarme otro, no. Esto pasó hace semanas y, sin embargo, ahí sigo yo como un indigente comiendo en un plato desportillado. Semejante falta de respeto por la propiedad privada me parece digna de comunistas y yo, claro está, me considero más bien monárquico, que para algo soy el rey de la casa y, en cuanto os descuidéis, lo seré también del mundo. Así que, como comprenderéis, un plato con agujeros no me parece para nada el utensilio que pudiera utilizar un monarca. Ni siquiera un alcalde de pueblucho, ya puestos.

Por tanto, supongo que entenderéis mi indignación y voy a hacer recaer la responsabilidad en vosotros porque es lo que hacemos los monarcas. Ya estáis tardando en presionar a la bruja para que me compre un plato nuevo o me declararé en huelga de patas caídas hasta que se vean satisfechas mis demandas. Os quedaréis sin mis entradas semanales y no tendréis más remedio que leer otros blogs para combatir el tedio o, lo que es peor, tal vez terminéis leyendo las entradas de la bruja.

En vuestras manos está que esta sección tenga continuidad o caigamos en época de sequía hasta que se cumplan mis requerimientos. También me vale si decidís hacer un crowdfunding de esos y comprarme un plato entre todos. Aunque, con todos los que sois, a ver si os estiráis un poco y me regaláis como poco, un plato de cerámica de Talavera, que ya os estoy viendo comprando otra porquería de plástico.

Vosotros veréis cómo lo apañáis pero apañadlo, que uno tiene un caché y no puede andar por la vida como un pordiosero.

Prrrrrr (y ronroneo porque es mi costumbre pero que sepáis que lo hago sin ganas)

jueves, 7 de junio de 2018

La vida es sueño (cuando se duerme)


No sé si alguna vez os he hablado de lo mal que duermo. Tal vez sí, porque en casi siete años hay tiempo para hablar de muchas estupideces y mi memoria ya no es lo que solía ser porque he ido envejeciendo ante vuestros ojos.

El caso es que duermo mal. Desde pequeñita. Me cuesta un horror dormirme y, una vez que me duermo, me despierto varias veces durante la noche. También tengo varios (muchos) momentos durante la noche en los que estoy más en duermevela que otra cosa, por lo que termino en unas poses muy extrañas. La más habitual es apoyar la planta de los pies sobre el colchón, de tal manera que las rodillas me quedan completamente levantadas. Por la mañana me levanto preguntándome por qué será que me despierto tan cansada y con semejante sensación de pesadez en las piernas. No sé, es un misterio…

También hablo en sueños, me siento en la cama y, según el churri, alguna vez hasta me ha pillado cantando (mal, supongo, porque una persona dormida dudo yo que afine mucho). Lo que es dormir, no duermo, pero al menos me lo paso bien.

A esto le tengo que sumar que, dado que me levanto cuando las calles no están puestas, intento irme a la cama a la hora en que se duermen las gallinas. Y las gallinas dormirán pero mi vecina, cuyo salón es colindante con mi dormitorio, no. La pobre señora (debe de ser muy mayor aunque, como es del edificio de al lado nunca la he visto) está sorda como una tapia, supongo, porque pone la televisión a un volumen que permite que yo siga perfectamente el argumento de la película desde mi posición. Para colmo, nunca ve cosas normales. Las películas que ve son o bien thrillers malísimos donde todo el tiempo hay una mujer chillando o bien películas musicales del año de Maricastaña con mucha copla y mucho sentimiento español. A veces se ve que también ve cosas de revoluciones, con turbas enfervorizadas reivindicando a voz en grito sus derechos. Anoche, sin ir más lejos, le dio por el bel canto y escuché enterita “Carmen” de Bizet. Aparte de esto, se ve que no presta toda su atención a la tele, sino que mientras tanto aprovecha para barrer o para bailar la polka o algo, porque junto con la televisión siempre escucho ruido de arrastrar de muebles y unos golpes que no sé a qué se deben.

Y así no hay quien concilie el sueño, claro. No me extraña que, cuando por fin me duermo, sueñe cosas raras, como la otra noche. Soñé que me habían regalado un bolso de una marca muy cara y muy chula (en el sueño no me informaba nadie de que el bolso fuera regalado pero como de normal no me puedo permitir un bolso de esos, hay que ser un poco realistas y presuponer que el bolso era un regalo). El asunto es que iba yo tan contenta paseando con mi bolso, dándomelas de mujer pudiente cuando, por azares del destino, un colgantito muy representativo que llevan todos los bolsos de la marca, se desprendía e iba a parar a un riachuelo de agua que corría junto al bordillo. El bolso debía ser de imitación, para mí que quien me lo haya regalado me dio gato por liebre porque me niego a creer que eso suceda con un bolso auténtico. Total, que yo me veía en el sueño angustiadita perdida, buscando el colgantito en el agua llena de porquerías varias arrastradas de la calle, con la esperanza de encontrarlo antes de que fuera a parar a una alcantarilla para que una rata se hiciese un colgante de rapera con él.

Qué angustia, madre.

P.S. Sí, me ha quedado un poco largo pero me da pereza editar (y tengo mucho sueño). Sabréis disculpar.

miércoles, 6 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLVI: La trilogía de la limpieza (partes 1 y 2)


Ya una vez recuperados de la resaca de la entrega de los PAPA, toca poner el contador a cero y comenzar nuevamente a acumular candidatos para el premio 2019 (esto es un no parar).

Vamos hoy con una trilogía (a lo mejor son más, pero yo he encontrado tres). Se trata de una marca de electrodomésticos que, creo recordar, ya fue protagonista alguna vez en esta sección pero, como continúan haciendo méritos para figurar, no seré yo quien les niegue el privilegio.

La trilogía está basada en Misión Imposible (supongo que porque habrán financiado la película, cosa que está muy de moda últimamente).

En el primero que he visto, un hombre se descuelga por el frontal de un edificio con ventanales, ayudado de un arnés, mientras suena la consabida musiquilla. En su mano lleva un hidrolimpiador (vamos, un cacharro que escupe agua a presión, no tiene más misterio). Va moviéndose por toda la fachada mientras suelta agua a lo loco en las ventanas y en la parte que no tiene ventanas (desconozco si es hormigón, ladrillo o qué, que una no es arquitecta ni constructora ni nada). Lo curioso de todo esto es que, para avanzar por las cristaleras según va limpiando, va apoyando los pies en las ventanas. O sea, que no sé para qué limpia tanto si al final va a ir dejando huellas de zapatillas por toda la fachada. Y a ver cómo explicas a los invitados que tus cristales tienen huellas de pies. Yo prefiero que se vean los churretones de la lluvia (esa que no nos abandona últimamente) porque al menos tiene una explicación fácil: eres una dejada que no limpia nunca los cristales.

En el segundo, lo primero que vemos es a una señora que cuelga del techo cabeza abajo, como si fuese un murciélago. Poco después vemos que va sujeta por la espalda con unos cables que se descuelgan hasta que casi se da de morros contra el suelo. Desconozco por qué se descuelga cabeza abajo si tiene los cables en la espalda; supongo que será una licencia creativa. Luego ya vemos que lleva en la mano una limpiadora de cristales no tan “bestia” como la del anuncio anterior. Esta consiste en una esponjita para enjabonar y una parte de goma que, al mismo tiempo, aspira el exceso de agua. No entiendo el motivo por el que tiene que estar suspendida del techo para limpiar los cristales pero, si sólo viéramos a una señora limpiando los cristales, no habría forma de relacionarla con Misión Imposible, así que había que meter una referencia a la película, aunque fuera con calzador. En un momento dado, se le escapa una lagrimilla (no sé si por el esfuerzo o de la emoción de ver los cristales tan limpios) y la aspira antes de que toque el suelo, no vaya a ser que luego sus lágrima corrosivas dejen marca en el parqué.

El tercero es tremendamente surrealista, por lo que quiero dedicarle atención exclusiva la semana que viene.

lunes, 4 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLVI: De clima y fútbol


Marrameowww!!!

La salud mental de la bruja me preocupa. En lo que me concierne a mí, claro está, no es que me preocupe por su bienestar. De ser así, la salud mental de la que deberíamos preocuparnos sería la mía.
Ya os comenté que todos los años la bruja se queja de que no llega el buen tiempo pero este año, como estamos ya en junio y no quiere parar de llover y cada vez que la temperatura sube un poco, al par de días vuelve a bajar, anda penando por los rincones pensando que ya nunca en la vida volverá a vivir un verano. Sufre porque tiene vestidos nuevos que no ha podido estrenar y porque nunca tiene oportunidad de hacer el cambio de armario a la ropa de verano. Ya sabemos que ella es un ser de lo más organizado (supongo que para intentar disimular el caos que es su vida en realidad; que os tiene muy engañados) y tenía intenciones de dejar completada la tarea durante la semana de vacaciones que se tomó en mayo. Como comprenderéis, el cambio continúa sin realizarse y ella se vuelve loca pensando que ya va a seguir con la ropa de invierno hasta el año que viene. Sobre todo porque no tiene vacaciones a la vista hasta septiembre.

A esto le sumamos que ya está sumergida en plena fiebre del Mundial. Estuvo dando la barrila a su madre para que le mandara una bandera uruguaya, a fin de colgarla en el balcón los días de partido (partidos que terminará escuchando por la radio porque no hay forma de que los pille nunca en la tele ni en los internetes) pero, una vez cumplido su objetivo, se ha dedicado a dar la lata también al consorte para que le ponga dos enganches más, ya que la que compró la madre de la bruja se cuelga en vertical y ella se ha emperejilado en que la quiere horizontal. Suple la falta de talento para cualquier tarea manual con una habilidad innata para molestar hasta que alguien le saca el trabajo. Nació para rica.

De más está decir que, si los uruguayos se vuelven a casa antes que los españoles, empezará a hinchar por España, porque, encima de loca, es una chaquetera y, aparte de dar la lata, otra cosa que se le da muy bien es hacerse odiar a ambos lados del charco. Dice que es porque tiene doble nacionalidad y, gracias a eso, tiene doble oportunidad de festejo. Vamos, que tiene doble nacionalidad cuando le interesa. Lo dicho, es una chaquetera.

Como si eso fuera poco, se está aprendiendo todas las cancioncejas e himnos que se han ido componiendo, para sentirse más a tono con la fiebre futbolística y se pasa el día tocando las narices con los Cuarenta Principales del balompié. Para cuando esto termine, ya se olvidará de que existe el fútbol hasta dentro de cuatro años.

¿Alguien me adopta hasta que venga el buen tiempo y haya terminado el Mundial?

Prrrrrr.

jueves, 31 de mayo de 2018

De trámites y odiseas (parte 2)


Como decía la semana pasada, hoy vamos a continuar hablando de la maravillosa odisea que viví en la comisaría.

Cuando ya por fin está buena mujer ha revisado todos mis papeles me pregunta dónde tengo el impreso de las tasas para pagar. Le digo que no lo tengo y me dice que en el papel con los requisitos pone muy claro que lo tiene que aportar el solicitante. No es cuestión de ponerse a discutir en una comisaría, sobre todo porque la gente va a armada y tal, pero os puedo asegurar que tan, tan, tan claro no venía. Es más, decía algo así como que ni se te ocurriera pagar la tasa antes de que ellos te dijeran que la pagaras,  por lo que di por sentado que no tenía que imprimirla hasta que me dijeran el importe a pagar. Pero no. Tenía que llevarla.

Me dijo que, como estaban hasta la una de la tarde, tenía tiempo de ir a descargar la tasa e imprimirla para llevarla y que me dijeran ese importe misterioso que no me podían decir hasta tener el papel impreso.

En un mundo ideal sí tenía tiempo de sobra pero en un mundo donde no te funciona la impresora primero tenía que pasar por mi casa a descargar y completar el formulario y después irme al locutorio que está junto a la comisaría con un pen drive para imprimirlo.

Elegir la opción correcta en el formulario fue toda una aventura porque había una que no me daba ningún importe y otra que sí. Y no me habían dado pistas, así que elegí la que tenía importe guiándome por la técnica del “pinto-pinto gorgorito”.

La señora del locutorio, al verlo, dijo que creía que tenía que haber elegido el otro. A esas alturas yo ya estaba dispuesta a fiarme más de la señora del locutorio, que debe estar harta a ya de imprimir cosas de esas pero me la jugué y me fui con mi elección inicial y la lengua fuera nuevamente a esperar al banco incómodo de la comisaría.

Cuando me hicieron subir nuevamente, me atendió otro chico (bastante más solícito, todo hay que decirlo) que me confirmó que le tenía que haber hecho caso a la señora del locutorio. Pero nada que un poco de tippex no pudiera arreglar. Tanta tecnología para esto... en fin. Para entonces ya era la una menos diez pero, para mi sorpresa, me dijo que me esperaba hasta la una y media para que me diera tiempo a ir al banco a pagar.  Le hice notar que había puesto mi número de cuenta en el apartado destinado a tal fin para que pudieran pasar el cargo directamente pero me dijo que eso no valía. No sé para qué ponen el apartado, entonces. Total, que fui corriendo al banco no sin correr antes hasta el cajero. Aguanté estoicamente la cola mientras veía impotente cómo pasaban los minutos y me atendió el empleado bancario más simpático y gracioso del mundo. No es que tenga nada en contra de los empleados bancarios simpáticos y graciosos. En circunstancias normales hasta es de agradecer pero cuando llevas prisa lo que buscas es alguien expeditivo.

Finalmente, llegué a la comisaría como a la una y veintisiete al borde del infarto y con una deposición de paloma en el bolso (no era mi día, desde luego) y el chico agradable me dijo que en dos semanas o veinte días me llamarían para avisarme de que podía pasar a buscarla.

A los 17 días más o menos, como no tengo noticias, llamo para informarme. Me dicen que es imposible que me hayan dicho 20 días porque el trámite tarda un mes. Imposible no es porque es lo que me dijeron pero vale, si es un mes, será un mes.

Me llamaron cuatro días más tarde.

Contando el fin de semana.

P.S.  Sé que me he pasado de extensión pero creo que no os haría gracia una tercera parte.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Los PAPA 2018: Desvelamos al ganador (o no)


Bueeeenas, bueeeeenas. Pues, como lo prometido es deuda, venimos hoy a desvelar al ganador de esta edición 2018 del Premio al Anuncio más Pesadillesco del Año.

Como ya comenté la semana pasada (y, por lo que veo releyendo, también el año pasado, la cosa en cuanto a votos está flojita. ¿Es que ya no me queréis? Me duele el corazoncito sólo de pensar que estéis votando en otros blogs y no en el mío, ¡infieles!, así que prefiero pensar que es sólo vagancia y no cuernos virtuales.

Bueno, a lo que iba. Hoy toca hacer recuento de votos y la cosa ha estado fácil porque sólo diez personitas habéis votado por el ganador, que pasamos a anunciar ipso facto.

And the winner is…



De app de restaurantes: Cliqui cliqui

De comida rápida: El pollo como nuevo fetiche

No,  no me he equivocado al copiar y pegar. Cada uno de ellos ha obtenido cinco votos, así que esta edición debe dejarse en tablas y anunciar dos ganadores (o dos que no han llegado a ganar, en realidad, eso depende de vuestra actitud filosófica ante la vida).

Procedo a colgar el premio en ambos y ya veremos si el año que viene repetimos entrega de premios, que me da que estáis un poco cansados (lo someteré a votación, no obstante, porque me gusta que os pronunciéis).

A ser felices y comer perdices… o pollo a domicilio.

lunes, 28 de mayo de 2018

Crónicas Felinas CCLV: Renovarse o morir


Marrameowww!!!

Otra de las cosas que hicieron mis humanos las pasadas vacaciones fue comprar un juego de dormitorio. Por si estáis pensando que he elegido incorrectamente las palabras y que lo que quiero decir es que renovaron el juego de dormitorio, debo informaros que las palabras están perfectamente bien escogidas.

Estos dos dejados, pese a que llevan seis años viviendo en el mismo piso, nunca habían comprado juego de dormitorio porque lo iban dejando, lo iban dejando… y así se han tirado más de un lustro con una cama, un bloque de madera pintada que hacía de mesita para sujetar la lamparilla que usa la bruja para leer y un armario (porque es empotrado, que si no ya la veo guardando la ropa en cajas). Vamos, que vivían al borde de la indigencia.

Como el aburrimiento es un gran aliciente, un día se pusieron las pilas, se acercaron a la tienda de muebles, compraron el juego de dormitorio y se dispusieron a esperar pacientemente veinte días a que llegara.

Los muebles llegaron el pasado jueves pero hasta el viernes no les dio por revisarlos porque, si son dejados para comprar, os podéis imaginar para desembalar. La cosa les ha salido bien a medias, porque resulta que una de las mesitas vino con un golpe importante pero con una protección de cartón sobre el golpe (no sabemos si lo embalaron ya sabiendo que el golpe estaba ahí pero lo taparon con la protección para evitarse la bronca o si estaban tan orgullosos de la leche propinada a la mesita que querían salvaguardarla de todo mal). Llamaron para informar y les dijeron que se la cambian sin problema pero supongo que ahora tendrán que esperar otros veinte días para que el consorte pueda tener mesita (la bruja, rápida ella, ya se ha encargado de agenciarse la que estaba intacta).

Pero lo más divertido de todo no es esto sino que, como son así de torpes, al encargar el juego de dormitorio no tuvieron en cuenta que el cabecero mide más que la distancia existente entre los enchufes de ambos lados de la cama, por lo que ahora van a tener que mover los enchufes si quieren tener cabecero. Yo es que me parto. Como podréis imaginar, el cabecero está ahora escondido tras el sofá del cuarto de invitados y calculo que de aquí a dos años ya estará puesto porque dicen que les corre un poco de prisa.

Los sifonieres (que son como cómodas pero más pequeñas, según me han explicado) sí están ya puestos y, aprovechando que su superficie es blanquita, no perdí tiempo en subirme a dormir encima, intentando pisar lo más posible con las patas llenas de arena del arenero.

A Munchkin lo terminó subiendo el consorte porque, como veis en este documento gráfico, no se atrevía a subir mientras que yo, que soy un valiente, ya estaba echándome una siesta encima.

Gatos estrenando un sifonier
Era un saltito de nada pero a él le pesan las posaderas.

La maderita de atrás parece fácil de arrancar a arañazos.  Me pondré a ello cuando pongan el cabecero.

Prrrrrr.

jueves, 24 de mayo de 2018

De trámites y odiseas (parte 1)

Hacía mucho que no os traía un post donde relatase mis enfrentamientos con la burocracia. Supongo que seguramente será porque he tenido la suerte de no tener que hacer ningún trámite pero la vida no es perfecta y siempre, en algún momento de nuestra vida, nos va a tocar pasar por el aro y enfrentarnos al aparato administrativo estatal.

Hace un par de semanas tuve que ir a la Comisaría de mi zona a pedir un papel (no, no es un certificado de buena conducta, por si acaso os lo estáis preguntando, que os conozco; aunque no lo parezca, soy una ciudadana ejemplar). Fui un día a preguntar qué necesitaba y me dieron una lista de papeles que debía llevar.

Como sólo atienden de diez de la mañana a una de la tarde y una trabaja toda la mañana, aproveché uno de los días de vacaciones para dejar resuelto el asunto. Me levanté tempranito y arrastré al churri para no tener que ir sola (para eso somos  una pareja bien avenida). Lo primero era ir a la Junta de Distrito a buscar mi certificado de empadronamiento, que era el único de los papelajos que no tenía en casa. Ahí tardé muy poquito. Me atendieron enseguida y me lo dieron ipso facto, así que me las prometí muy felices pensando que me iba a quitar el trámite de encima temprano.

Iba con tiempo de sobra (o eso creía), así que fuimos a tomar un café y estuvimos un rato hablando con nuestro peluquero, a quien nos encontramos en la puerta del local. Una vez cumplidas las obligaciones estomacales y sociales, nos encaminamos a casa para sacar copias e imprimir todos los documentos. Pues la primera en la frente. La impresora no quiso funcionar. Decidí que podía sacar fotocopias en la copistería que hay frente a la comisaría (siempre hay una copistería frente a las comisarías). Pero tenían estropeada la fotocopiadora. Maravilloso. Me fui a otra que queda un poco más lejos y, ahí sí, conseguí sacar copias de todo.

Ya con todos los papeluchos convenientemente ordenados en una carpetita, fuimos a la comisaría donde me dijeron “espera en ese banco y ahora te llaman”. El banco era muy incómodo. De a ratos tenía la sensación de que me habían llevado detenida y estaba esperando a que me interrogaran. Estuvimos como media hora sentaditos en el banco portándonos bien hasta que vino un policía a decir que lo que estuviésemos para ese trámite podíamos subir.

Subimos y, como era yo la primera, pasé a hablar con una señora que me hizo mil preguntas (mi sensación de que iba a ser interrogada no era tan desacertada) y revisó todos los papeles que llevaba. Cuando ya pensé que sólo faltaba que me dijera cuánto tenía que pagar, resulta que mi odisea no había hecho más que empezar. Pero os lo termino de contar la semana que viene, que esto me está quedando muy largo.

Hala, a comeros el tarro una semanita (qué mala soy).

P.S. Ya podéis votar por el ganador del PAPA 2018 pinchando aquí (tenéis tiempo hasta el martes 29 a las 23:59). 

miércoles, 23 de mayo de 2018

Los PAPA 2018: Segunda Fase


A las buenas noches. Como os prometí la semana pasada, hoy vengo a traeros los finalistas que optan al Premio al Anuncio más Pesadillesco del Año, edición 2018.

Debo decir que este año habéis estado de lo más vaguetes.  He recibido un total de siete votos, lo cual dista mucho de la participación masiva (bueno, tampoco masiva, para qué nos vamos a engañar) de hace años. No sé si es que ya estáis cansados de tanto PAPA (que si lo estáis lo podéis decir con total libertad y hacemos de ésta la última entrega) o si es parte de la desidia general que noto en los blogs últimamente. Ya ni de lejos tengo tantas entradas diarias para leer como tenía antes. Hasta yo me cojo más vacaciones de lo que solía hacer. O nos estamos volviendo viejos o nos estamos volviendo unos dejados, una de dos.

Bueno, a lo que iba. De los siete votos hay dos anuncios que han empatado con un total de dos votos cada uno y, pese a que lo suyo en una final es que haya tres finalistas. Pues lo vamos a dejar en dos y que se maten entre ellos.

Y los finalistas son…

De app de restaurantes: Cliqui cliqui

De comida rápida: El pollo como nuevo fetiche

En vuestras manos está que desvelemos cuál de los dos se alzará con la victoria. Podéis votar en esta misma entrada desde ya mismito hasta el próximo martes 29 de mayo a las 23:59 (hora española peninsular).

No seáis vagos, que la pereza es la madre de todos los vicios (y de todos los Pérez).

lunes, 21 de mayo de 2018

Crónicas Felinas CCLIV: Sin sutilezas


Marrameowww!!!

Pues ya me tenéis por aquí de nuevo. Tengo que confesar que me ha gustado esto de escribir dos posts seguidos. Intentaré convencer a la bruja de repetir esta dinámica alguna otra vez, a ver si de a poco se despista y termino haciéndome con el control absoluto del blog.

El protagonista del post de hoy también va a ser Munchkin. Está que lo tira el imberbe últimamente.

Como ya se encargó de anunciaros la bruja, el lunes de la semana pasada fue su cumpleaños. Cuarenta castañas le han caído. Ella intenta restarle importancia pero creo que a todas luces se ve que está hecha una vieja pelleja.

El caso es que, como el martes era fiesta en Madrid, había compañeras que decidieron tomar el lunes libre, así que la bruja planificó para ir el miércoles tras la jornada laboral a tomar algo con sus compis más allegadas. La necesidad de aceptación social de este infraser ya empieza a ser algo preocupante.

Pues eso, que de festejo se fueron (un ratito, porque no todo el mundo vive como si fuese un adolescente y hay gente con hijos que atender y esas cosas que hace la gente madura y responsable). Aun a pesar de que no estuvieron ahí horas, evidentemente llegó a casa más tarde de lo normal. Ya en el autobús (según me ha contado), la bruja venía comentando con un par de compañeras que, probablemente, nosotros estaríamos muertos de hambre, ya que no habíamos ingerido alimento alguno desde las cinco de la mañana.

De manera que ya venía predispuesta a que le saltásemos a la yugular según traspasase el umbral. Con lo que no contaba era con que, al abrir la puerta, lo primero que iba a escuchar era un sonido de algo arrastrándose. Miró hacia el recodo del pasillo y vio aparecer un platito de comida, seguido del hocico del jovenzuelo, que venía arrastrándolo por toda la casa, en un claro mensaje de “Mira las horas que son y esto está vacío. Danos de comer YA”.  

La bruja lamenta no haber tenido a mano el móvil para grabar la escena, ya que cualquier excusa le parece bien para intentar conseguir  un vídeo viral que le termine reportando algún rédito económico. Lo malo es que carece de cualquier tipo de talento y nosotros somos demasiado impredecibles como para estar persiguiéndonos todo el día cámara en ristre por si se nos ocurre alguna genialidad.

Así que la bruja sigue igual de pobre pero nosotros conseguimos el tan preciado alimento. Tal vez penséis que, al no haber documento gráfico de lo que aquí relato, esto no es más que fruto de mi poderosa y brillante imaginación pero bien sabéis que no me invento nunca nada y que todo lo que aquí relato obedece al más estricto rigor periodístico.

Si es que hasta en eso soy mejor que ella. El título me lo tenían que haber dado a mí y ahora tal vez estaría de corresponsal en algún sitio con mucho pienso.

Prrrrrr.

P.S. La bruja, que es una cansina, dice que os sacudáis la pereza y votéis por el anuncio más pesadillesco del año. Tenéis tiempo hasta las 23:59 (hora española) de mañana 22 de mayo pinchando aquí

jueves, 17 de mayo de 2018

Crónicas Felinas CCLIII: El campeón del escondite


Marrameowww!!!

Se me hace muy raro esto de estar publicando un jueves, como si mis entradas no merecieran inaugurar la semana pero como la bruja insistió tanto en publicar el día de su cumpleaños (y me sobornó con una latita), opté por transigir, aun sabiendo que, quienes la felicitaseis, no sería más que por educación o cierta condescendencia.

No obstante, me ha gustado esto de publicar hoy porque el lunes volveré a publicar, lo que hará que disfrutéis de ración doble de mis entradas. Me viene muy bien para mis fines de lavado de cerebro humano.

Os contaré que la bruja y el consorte, dado que se quedaron en Madrid haciendo el menso todas las vacaciones, se dedicaron a comprar cosas y hacer trámites de esos que se postergan por aquello de no tener tiempo y/o ganas para llevar a cabo. El tema es que decidieron que el colchón de su lecho conyugal (no es conyugal porque viven en pecado y van a ir de cabeza al infierno pero ya me entendéis) estaba muy viejo y había que cambiarlo, por lo que fueron a comprar otro. Hasta aquí no habría mayor problema porque siempre es bien recibida una nueva pieza de mobiliario que arañar a gusto, con todo su olorcito a nuevo.

El problema viene a continuación: Nosotros, como sabéis, salimos huyendo cada vez que suena el timbre y nos escondemos debajo de la cama hasta que la visita indeseada se ha ido con viento fresco. El día en que trajeron el colchón, la bruja intentó que, al sonar el timbre, nos quedásemos en el salón. Así lo hice yo (no por obediencia sino porque el placaje de la bruja fue extremadamente efectivo; está mejorando la técnica, la condenada) pero Munchkin consiguió escapar y esconderse en su sitio preferido. No contaba con que, de repente, iban a aparecer ahí dos hombres grandotes (bueno, sólo era grandote uno pero a nosotros cualquier humano nos parece grande) que, de repente, retiraron el colchón que cumplía la función de techo sobre su cabeza, dejándolo indefenso, a la vista de todos. Le faltaron patas para correr en busca de otro escondite, el cual encontró en el baño pequeñito, donde tenemos nuestro cajón de arena. Podía haberse escondido detrás del WC o, ya puestos, dentro del propio cajón, que para eso tiene una puertecita pero, en lugar de eso, optó por subirse al lavabo y hacerse una rosquilla ahí, con las patas apoyadas en el alféizar de la ventana. Luego se pregunta por qué siempre pierde jugando al escondite.

Al final los hombres se fueron pero él se quedó ahí durante aproximadamente una hora, sin hacer caso a los intentos de la bruja de tranquilizarlo, diciendo cosas como “No pasa nada, ya se han ido”. No se bajó de ahí hasta que me vio a mí, que me aparecí en el baño con la intención de hacer pis tras haberme echado una siesta, ajeno al drama personal que estaba viviendo el imberbe.

Soy todo un referente.

Prrrrrr.

P.S. Dice la bruja que os recuerde que ya podéis votar por el Anuncio más Pesadillesco del Año en su entrada de ayer. Lo que me falta. Ser su recadero...