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jueves, 30 de agosto de 2018

Volveré… es más amenaza que promesa


Vamos hoy con un post cortito para anunciar que, por fin, me voy de vacaciones. Este año me he tirado trabajando todo el verano por razones que ya explicaré a la vuelta (razones buenas, no os preocupéis por mí, que todo funciona bien en mi vida).

Os diría que no me echéis de menos pero, en realidad, dada la escasez de inspiración que me aqueja últimamente, me da que ni siquiera vais a notar mucho la diferencia… hasta Forlán, que presumía de estar manteniendo vivo el blog, se ha dado a la vagancia y la vida contemplativa que provoca la canícula. Y esta es una clara señal de que necesitamos vacaciones.

No voy a salir de Madrid, así que medianamente estaré leyendo y respondiendo comentarios de vez en cuando pero confío en que el descanso veraniego-otoñal me haga volver con las pilas cargadas y con anécdotas para contar. Como ni siquiera la desconexión provoque la vuelta de las musas, no sé yo ya a qué atenerme.

Pues lo dicho, que nos vemos el 1 de octubre… creo. Ya sabéis que yo para eso de las vueltas soy muy laxa porque tengo que entrenar mi cerebro para la vuelta a la rutina. Resulta que es tan vago como yo y enseguida se acostumbra a eso de vivir mirando las musarañas.

Sed buenecitos y espero que a mi vuelta haya alguien todavía por aquí. Al menos para ayudarme a limpiar el polvo y las telarañas.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLVIII: Dudo que sólo sea calcio


De esta marca de leche ya había traído alguno. No de esta modalidad de leche en concreto (o eso creo recordar) pero sí de la misma compañía.

Y no es que me guste cebarme con marcas o productos pero es que a veces no me dejan más remedio. Si estoy delante de la tele medio adormilada (porque, como tengo sueño atrasado desde el 2016, la única forma en que me muevo por la vida es medio adormilada) y, de repente, veo algo que me hace abrir los ojos como platos y disipa completamente mi somnolencia, ¿cómo voy a dejar de compartirlo con vosotros?

El anuncio empieza con una escena bastante normal. En la mesa de la cocina se encuentran desayunando una abuela y su nieto. La madre de la criatura (que desconozco si es hija o nuera o de la abuela) les sirve leche mientras ellos intercambian sonrisas cómplices. Supongo que se ríen porque, en su fuero interno, están pensando “menuda pringada ésta, que viene a servirnos como si fuéramos marqueses mientras nosotros no tenemos que levantar el culo de la silla”. Y tal vez penséis “bueno, a lo mejor la buena señora está muy mayor e impedida para moverse mucho”. Ja. Esperad y veréis.

La voz en off nos pregunta si sabemos por qué esta leche enriquecida con calcio es súper ideal para todos los integrantes de la familia. En vez de deshacerse en explicaciones, prefieren hacernos una demostración visual por lo que, a continuación, vemos al nieto y a la abuela parados frente a los escalones de entrada a la casa. Intercambian una última mirada, asienten con la cabeza al mismo tiempo y, a continuación, bajan las escaleras dando saltitos con los pies juntos, como si fuesen canguros. Como gracia y muestra de complicidad intergeneracional estaría bien. El tema es que continúan calle abajo con sus saltitos de marsupial, pasando junto a una mujer que lleva en sus manos una montaña de cajas, y a la que casi tiran al suelo en clara actitud gamberra.

Desplazándose a saltos, pasan frente al frutero que sonríe y junto a las señoras de la peluquería que los saludan con la mano. Hacen una breve parada en la cancha de baloncesto, donde el niño, sin parar de dar saltitos, encesta de espaldas mientras su abuela lo observa orgullosa.

Finalmente, el niño sube las escaleras de entrada al colegio (sí, habéis adivinado, dando saltos) mientras su abuela lo despide desde abajo. La abuela se ha quedado quieta, finalmente, para alivio del espectador pero esto sólo le dura mientras se despide de su nieto porque, al darse la vuelta para continuar con sus quehaceres matutinos, que vete a saber cuáles serán, da un último saltito chocando los talones en el aire porque encima parece que se quiere chulear.

La última imagen son las cajas de leche dando saltitos sobre la encimera de la cocina. Y ya si hasta los seres inanimados dan saltitos, miedo me da preguntar qué lleva esa leche aparte de calcio.

jueves, 23 de agosto de 2018

Defensa del lepidóptero


Iba en el autobús la otra mañana rumbo al trabajo con una compañera que, aparte de compañera es vecina. Vive en la esquina de mi casa y se sienta a mi lado en el trabajo; así que yo creo que la veo más horas a la semana que al churri.

En fin, el caso es que íbamos hablando de nuestras cosas (de las cosas que medianamente se pueden hilar a las seis y veinte de la mañana) cuando, en la ventana que llevaba yo a mi izquierda, se posó una polilla. Mi compañera casi entra en estado de pánico y me dice “¡¡¡Ay, tienes al lado una polilla!!!”. Confieso que a mí tampoco me gustan demasiado pero no les tengo ese terror que les tiene otra gente y esto me dio que pensar (repito: lo que se puede pensar a las seis y veinte de la mañana).

¿Por qué las polillas nos producen aversión? La respuesta es simple: Porque son feas. La mayor parte de la gente (no digo toda porque sé de personas que se ponen histéricas hasta con las inocentes y cuquísimas mariquitas) ve una mariposa y dice “Ayyyyy,  mira que mariposa tan bonitaaaaa” y se solazan en ese bucólico momento.

Las polillas son el mismo bicho pero con la diferencia de que son nocturnas, no tienen colores vistosos y son más “peluditas”. Pues ahí tenéis un claro caso de discriminación entomológica basándonos en el aspecto del pobre bicho. Las polillas no pican, no hacen mal a nadie y mis gatos las consideran un manjar sólo comparable a que nosotros viéramos patas de jamón de jabugo volando por los aires y chocándose contra las bombillas. Si a eso le sumamos que a todas luces son unas fiesteras porque se pasan toda la noche de picos pardos, deberían parecernos graciosísimas. Total, por las noches se ven muchos seres poco vistosos y, en ocasiones, muy peluditos y no hacemos tanta alharaca. Pasa lo mismo con las babosas, que yo creo que las discriminamos porque son caracoles homeless.

Tendemos a defender más a los animales que nos parecen bonitos. Sobre todo si son mamíferos porque tenemos una cierta sensación de pertenencia de grupo. No se habla de la defensa del besugo ni se ondea una bandera por los camellos, pese a que son los encargados de traernos regalos en enero (o de surtirnos de sustancias estupefacientes, según de qué clase de camellos estemos hablando).

Así que vaya desde aquí mi defensa y mi solidaridad con las polillas, que también merecen su espacio en el mundo y en los medios de transporte público. Aunque no pagan billete y eso sí me cabrea un poco porque tal vez estemos ante un claro caso de discriminación positiva. Ya que van a usar autobuses, metros (y, a veces, hasta taxis) para desplazarse de un lugar a otro en lugar de usar sus alitas que para eso las tienen, qué menos que exigir que paguen su parte.

Si exigimos igualdad, que sea con todas las consecuencias.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLVII: Aprovechando la coyuntura


¿He traído alguna vez un anuncio de agua? La cosa no me suena, sinceramente, pero siempre hay una primera vez para todo.

Se trata de una marca de agua mineral muy conocida. Una cantante también muy conocida comienza a cantar una versión del “A quién le importa” de Alaska que todos hemos cantado en alguna noche de fiesta, totalmente convencidos de que el resto de la humanidad está preocupadísimo por lo que hacemos o dejamos de hacer en la vida, cuando en realidad probablemente a todos se la traiga con viento fresco.

Las imágenes, mientras suena la cancioncita de marras, nos muestran a mujeres en diferentes situaciones: montando en moto, andando por la calle, una embarazada bailando, una chica boxeando, otras rapeando (supongo, por la vestimenta, aunque tal vez me esté dejando llevar por los prejuicios), otra encabezando una manifestación, una niña montando en bicicleta, una chica jugando a los bolos en silla de ruedas, niñas recibiendo medallas de natación, otra que se rapa la cabeza, una que baila en el supermercado (confieso que me siento identificada; más de una vez el hilo musical me ha hecho marcarme un baile en mitad del pasillo de congelados, para deleite, o sorna, de los encargados de vigilar las cámaras), un equipo de fútbol americano femenino, otras dos que se hacen arrumacos, una señora mayor que baila en la calle, una joven que también baila en la calle… y ahí se ve que se quedaron sin presupuesto para más actrices y vuelven a mostrar más o menos a las mismas, aunque también nos enseñan a una madre dándole el pecho a su bebé en un sitio público y a otra que está sentada mientras un hombre pinta un mural.

Y sí, ese es el único hombre que sale en todo el anuncio. Se ve que beber agua es algo que hacen exclusivamente las mujeres. Los hombres pueden hidratarse a base de cerveza mientras ven el fútbol en la tele con sus amigotes, supongo. Lo malo es que el tema del empoderamiento femenino después les falla con el uso del lenguaje. Dicen que debemos liberarnos del qué dirán para ser nosotros mismos. No dicen “nosotros y nosotras” ni “mismos y mismas”. Ni siquiera usan un “nosotres”, que tan de moda está ahora, con la clara intención de que todos los correctores de texto del mundo colapsen y Garcilaso se revuelva en su tumba. Han fallado estrepitosamente ahí.

Y ya rematan diciendo que es un agua 100% libre de impurezas. ¿100% libre de impurezas? ¿Es agua destilada o qué? Cada vez que en un anuncio se afirma algo así, muere un Ingeniero Químico.

Es todo muy confuso. No entiendo qué tiene que ver la liberación femenina con el agua porque, hasta donde sé, hasta las mujeres oprimidas beben agua. Creo que esto es lo que comúnmente se conoce como “aprovechar la coyuntura”. Tomo un tema que esté de actualidad y lo meto con calzador aunque no venga ni a cuento.

Lo que hay que ver.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLVI: Los alimentos acosadores


Recuerdo que, en mis épocas de estudiante, un profesor nos contó que el nacimiento de la figura del superhéroe coincidió aproximadamente con el nacimiento de la burocracia. La idea de poder tomarte la justicia por tu mano sin tener que pasar por interminables trámites previos resultaba de lo más atrayente a la audiencia.

Pero, al parecer, ya nos han metido tantos superhéroes para solucionar nuestros problemas más importantes (como robos, asesinatos, accidentes y demás) que han decidido buscarles tareas más mundanas. De hecho, a día de hoy, según la publicidad, cualquier objeto inanimado puede convertirse en superhéroe. Ya tuvimos un ejemplo hace algunas semanas con un quesito (creo recordar que hemos tenido algún otro pero llevamos ya más de doscientos anuncios, así que no pretenderéis que tenga memoria a tan largo plazo) y hoy vamos con un gel para las llagas de la boca.

Vamos por partes. El anuncio está hecho en base a animación (por suerte, porque ya ver a un ser humano disfrazado de gel para las llagas me  parece demasiada humillación para el pobre actor que debe ganarse el pan). Lo primero que vemos es a una chica sentada a la mesa del desayuno, tocándose un moflete con cara de sufrimiento  y pensando “Tengo una llaga”. Acto seguido, los alimentos y objetos de la mesa cobran vida y vemos cómo una cafetera, una naranja, un limón y una tostada, se levantan y, caminando hacia ella, corean todos “Tiene una llaga, tiene una llaga, tiene una llaga…”, con ese soniquete de niño repelente que todos hemos oído alguna vez (o hemos hecho, si se da el caso de que fuimos niños repelentes). Hay que decir que la cafetera es una torpe porque, en su avance por la mesa, tira una taza que, por suerte, estaba vacía.

Pues bien, como la muchacha necesita una capa protectora sobre su llaga, una mano sin cuerpo deposita una caja de este producto sobre la mesa. Me encantan esas manos en publicidad, que aparecen de la nada trayendo una solución; en mi casa nunca pasan estas cosas. Un momento, que pruebo…

Necesito un bolso caro.

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Nada. ¿Lo veis?

Me he dispersado. Sigo. La caja da vueltas sobre sí misma y se convierte en un superhéroe de capa morada (y protectora, columbro). Demuestra su acción sobre sí mismo, creando una cúpula invisible sobre su cabeza, de manera que los alimentos no puedan hacerle bullying. Porque sí, será muy superhéroe pero tiene el tamaño de la cajita de gel. Vamos, que lo puedes aplastar con un pie por mucha capa protectora que tenga.

Pues eso, que el gel promete proteger nuestra llaga de los ataques alimentarios al tiempo que nos da un chute de ácido hialurónico que hará que cicatrice mejor y más rápido. No sé si os habéis fijado pero, hace unos años, nadie hablaba del ácido hialurónico y ahora no hay producto que se precie que no lo incluya. Vale para todo.

El ácido hialurónico es la nueva agua de Lourdes.

lunes, 13 de agosto de 2018

Crónicas Felinas CCLXVI: Alguien tiene que decirlo


Marrameowww!!!

Me tenía que haber declarado en huelga cuando amenacé con hacerlo porque, sinceramente, me siento explotado. Veo que la bruja está haciendo lo que le da la real gana. A veces publica, a veces no, y anda con una intermitencia impropia de ella pero a todas luces palpable.

Sin embargo, aquí sigo yo dando el callo cada lunes. No me parece justo que, mientras ella se pega la gran vida y se entrega a los placeres de la anarquía y el desenfreno, yo tenga que fichar aquí cada semana. “Es que me han abandonado las musas”, dice ella. ¿Y a mí? ¿Os da la sensación de que esté relatando algo de lo más emocionante? ¿A que no? Pero aquí estoy, no obstante, dándole a la tecla e intentando rellenar este espacio vacío del lunes para que tengáis unas míseras letras felinas que llevaros al gaznate blogueril. Porque, pese a la fama que me dais todos, yo sí pienso en la audiencia y estoy dando muestras de una profesionalidad mucho mayor que la de la bruja.

Para mí que es la crisis de los cuarenta. La bruja se nos ha puesto vieja y ahora quiere andar por la vida a lo loco, como una adolescente sin obligaciones y negarse a dar explicaciones a nadie. Le falta masticar chicle con la boca abierta y poner los pies encima de la mesa. Esto último no lo hace porque, como digo, ya está mayor y teme no poder recuperar su posición original si pone las piernas encima de la mesa. Pero para lo del chicle dadle tiempo.

Mientras tanto, yo me comporto como el único ser adulto de esta santa casa. Con el imberbe no se puede contar para nada que implique cierto grado de responsabilidad porque para eso es el imberbe y el consorte… en fin, el consorte pasa de todo porque creo que ya nos dejó a todos por imposibles hace tiempo. No entiende el sacrificio bloguero. Para él, estar en casa es sinónimo de tumbarse a la bartola y olvidarse del mundanal ruido. Sumar una actividad más a su vida no entra en sus planes.

Así que, la próxima vez que penséis que soy un ser cruel y despiadado, sin un mínimo atisbo de empatía, recapacitad y daos cuenta de que, si este blog sigue vivo, es gracias a mí. Y no vale decir que los anuncios  se siguen publicando religiosamente. Los anuncios ya se los dan hechos. Ella no hace más que sacarse de la manga un par de chistes traídos de los pelos y con eso tiene el trabajo hecho (esto ya se lo dijeron una vez y, según mi opinión, con más razón que un santo). Es en la entrada de los jueves donde se nota que a la bruja ya se le pasó el cuarto de hora, si es que alguna vez tuvo algo superior a cinco minutos.

Creo que tendría que asumir la derrota y dejarme el blog a mí.

Ella ya es un juguete roto.

Prrrrrr.

jueves, 9 de agosto de 2018

Intrusismo profesional


Hoy vengo como una niña pequeña a enseñar sus juguetes. Me explico. Resulta que mi querida Gladys del blog “Integral Woman” organizó un sorteo para celebrar sus siete añitos de blog.

Y no lo gané. Peeeeero, aparte del sorto “gordo” hizo otro sorteo en secreto donde resulté ser una de las afortunadas. No sabéis qué alegría genera eso de ver que has ganado algo cuando ni siquiera te sabías candidata a ganarlo.

Como el premio era sorpresa, estuve mordiéndome las uñas hasta que, por fin, el lunes de la semana pasada llegó mi paquetito (bueno, le llegó al portero de mi edificio porque el de Correos se lo había dejado a él).

Cuando el churri me hizo entrega del paquete, a su vez entregado por el portero y a su vez entregado por el cartero (la de manos que tocaron mi paquete, qué vulgaridad…) lo abrí rauda y veloz y dentro, aparte de una cartita muy tierna y cariñosa, encontré las siguientes cositas:

Esmalte de uñas, aceite de ducha, máscara de pestañas y labial permanente
La foto no me quedó muy allá. Tengo que mejorar la técnica.

De más está decir que estaba como si fuese Navidad o mi cumple o algo… No voy a hacer una reseña extensa de cada producto porque eso se lo dejo a ella, que es experta en relatarnos con todo lujo de detalles los componentes, los efectos sobre la piel y todo lo demás. Yo voy a hablar desde mi humilde opinión de simple usuaria. Pese a mi política de no nombrar marcas en el blog, esta vez me tocará hacer una excepción…

Esmalte de uñas “Explosiva” de Masglo: Tengo una amiga colombiana (sí, ya lo sé, la nombro mucho) que siempre ha hablado maravillas de esta marca de su tierra natal. Confieso que, pese a las buenas reseñas que había leído en general acerca de estos esmaltes, nunca los había probado. Ahora, gracias a Gladys, me he estrenado con este tono coral de lo más veraniego y he de decir que estoy gratamente sorprendida. Ya lo llevo puesto desde hace más de una semana y ni se mueve, el condenado.

Aceite de ducha “Amande” de L´Occitane: No creo que tenga que hacer mucha introducción sobre la marca porque su fama la precede. En la foto es lo que parece un caramelito (me pareció una monada que viniera envuelto así). Es un aceitito que hace espuma al contacto con el agua, así que te lo embadurnas, te aclaras y sales de la ducha con la piel suavecita y con un olorcito a almendra que pareces un mazapán. Huelga decir que me ha gustado mucho.

Lápiz de labios líquido permanente Vice de Urban Decay en tono Tryst: Lo confieso, me he hecho adicta a los labiales permanentes. Tanto que tengo por ahí un montón de labiales no permanentes que están durmiendo el sueño de los justos en el fondo de mi bolsita de mi maquillaje. Es que no hay comparación con eso de pintarse los morros a las seis de la mañana y volver a las cuatro de la tarde con la boquita intacta, como si no hubieran pasado las horas. Este es un tono coral mate que, he de decir, me probé con cierto recelo porque siempre le he escurrido un poco el bulto a los labiales con tendencia al anaranjado. Creo que era prejuicio porque hice una encuesta entre mis compis de curro y todas coincidieron en que el tono me quedaba bien. Así que, otro acierto por parte de Gladys. Dura muchísimo, no se cuartea, no reseca demasiado y el tono me va bien, ¿qué más puedo pedir?

Máscara de pestañas “Perversion” de Urban Decay: Tengo que decir que este es el único producto que aún no he probado. Estoy esperando a estrenarlo en alguna salida nocturna. ¿El motivo? Suelo usar máscara transparente porque es lo más parecido a no llevar nada (simplemente es algo que te las peina y te las deja colocaditas). Tengo muchas pestañas y muy largas, así que normalmente las máscaras que, como esta, prometen darte mucho volumen (y me da que cumple con lo que promete) hacen que mis pestañas parezcan postizas y me asemeje a Betty Boop, así que, como no es plan de ir así a trabajar, prometo estrenarla para una cena o alguna salida de picos pardos con mis amigotas.

Y eso es todo, que no es poco. Muchas gracias otra vez, Gladys. Y que sepas que no sólo me has hecho unos regalitos estupendos sino que me has regalado un post en esta época de sequía creativa que estoy atravesando. Al final hasta le voy a pillar el gusto a esto de escribir posts de belleza, aun a riesgo de que me acusen de intrusismo…

miércoles, 8 de agosto de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLV: No pasarán (Partes 2 y 3)


Como se ve que os va la marcha y casi todos me dijisteis que queríais continuar con la trilogía de los mosquitos, vamos hoy con el segundo y el tercero.

En el segundo anuncio, también vemos a alguien contemplando a una nube de mosquitos tras la ventana. En esta ocasión, es un niño quien los observa, con ambas manos apoyadas en el cristal y una cara de haber  perdido la fe en la humanidad que dan ganas de decirle que no todo está perdido. A este niño le veo posibilidades para protagonizar la próxima película que se perfile como ganadora absoluta de los Goya.

A lo que iba: la siguiente escena nos sitúa en el interior de la casa. Antes de pasar al diálogo tengo que hacer especial mención a la decoración porque pocas cosas he visto más eclécticas que esta. En ese salón conviven sin complejos un dragón negro, una copa gótica que haría las delicias de Drácula a la hora de tomarse un bloody mary en sentido literal, un conejito de plástico, cochecitos, un pez solitario en una pecera redonda y unos banderines en el techo (que desconozco si se han quedado ahí de algún festejo reciente o si el festejo pasó hace mucho y los banderines se quedaron ahí por pura dejadez). Ahora sí, vayamos al diálogo. La madre les dice a sus tres retoños (se ve que en esta familia todo funciona mediante plenarios) que tienen derecho a jugar sin miedo, como si fuese a soltar un discurso sobre la injusticia que supone que existan niños en situación de guerra pero no, la cosa se banaliza demasiado cuando suelta “recuperemos nuestra piscina”.

La madre decreta que hay que pasar a la acción y hacer frente a los mosquitos. Acto seguido, todos se colocan unas pulseritas (que por los comentarios del post anterior creo que quedó claro que no le funcionan a nadie) y salen todos corriendo al jardín. Uno de ellos ya con las gafas de buceo puestas (no sé yo qué tal se verá con eso para correr) mientras la niña se ha atado al cuello una toalla roja, a modo de capa de superhéroe, porque la hazaña que están realizando al combatir los mosquitos no merece menos.

El tercero es muy cortito pero no por ello menos jugoso. Si eres un despistado o un pasota que ha hecho caso omiso a eso de estar utilizando métodos preventivos contra las picaduras, tampoco pasa nada. Un hombre sentado en una silla en la piscina, ataviado con camisa hawaiana, recibe gustoso el stick que una mano cuyo dueño desconocemos le ofrece. Se lo pasa por su reciente picadura en el brazo y ya puede repantigarse a gusto en la silla, con los brazos detrás de la cabeza y un cóctel sobre la mesita, justo al lado del stick.

Espero que no los confunda porque el cóctel tiene pinta de dulce y no vaya a ser que no sólo atraiga a los mosquitos sino también a las abejas.

lunes, 6 de agosto de 2018

Crónicas Felinas CCLXV: Juegos de verano


Marrameowww!!!

Voy a contaros algo de lo que seguramente no os hayáis enterado porque apenas lo ha comentado nadie: hay ola de calor.

Hasta la bruja, que toda la vida ha sido muy fan del verano, se ha pasado el fin de semana pegadita al ventilador. Sólo salió a la calle por razones de fuerza mayor, dejándose ver en la calle a horas demasiado tempranas para un sábado, a fin de estar recluida en Bruja´s Manor antes de que el calor apretara demasiado.

Nosotros, por supuesto, hemos pasado la mayor parte del tiempo en modo babosa, reptando por el suelo o escondidos debajo de los muebles (porque entendemos que a la sombrita se estará más fresco). No obstante lo anterior, yo he desarrollado una nueva manía que, confieso, está destinada a desorientar a la bruja y acercarla un poquito más a la pérdida del poquito juicio que le queda.

Esto consiste en detectar cuando la bruja está haciendo algo en el portátil (esto puede ir desde escribir alguno de sus posts infames para este blog hasta chatear con algún conocido, pasando por jugar a algo o ver vídeos en TúTubo que nunca confesará haber visto) y, a continuación, tumbarme en el costado izquierdo del mismo. Sí, por donde sale el aire caliente.

Con esto tengo una doble ventaja. Desconcentro a la bruja porque empieza a decirme que me quite de ahí, que me va a dar el sarampión por estar pegado  a esa fuente de calor y, por otra parte, si estiro la cabeza en actitud mimosona fingiendo que me apetece que la bruja me toque con esas manos asquerosas que vete a saber qué habrán tocado, siempre consigo pulsar alguna tecla, lo cual es especialmente molesto para ella si está intentando escribir alguna de sus tonterías.

Así que empieza a empujarme para que me vaya, con la excusa de que me va a dar un golpe de calor, aunque en realidad lo que le pasa es que la estoy molestando sobremanera. Esa es la señal para que yo active el modo lapa, que consiste en hacer fuerza sobre la mesa para que sus empujones no consigan moverme ni un milímetro. Si finalmente se cansa, me coge en volandas y me baja de la mesa, no tengo más que volverme a subir y recuperar el sitio que me acaba de arrebatar.

Y sí, no voy a mentir, paso calor pero os puedo asegurar que merece la pena cuando veo que la bruja empieza a desesperarse porque  no la dejo hacer nada y porque no le apetece salir conmigo al veterinario  a que me traten por un golpe de calor (no os preocupéis que no pienso permitir que me dé realmente uno; a mí tampoco me apetece ir al veterinario pero me gusta coquetear con la  posibilidad para poner de los nervios a la bruja).

¿Y vosotros, animales que me leéis, cómo lleváis la ola de calor? ¿La estáis aprovechando para vuestros oscuros propósitos o estáis permitiendo que la canícula os venza?

Prrrrrr.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLIV: No pasarán (Parte 1)


Madre mía, que me acabo de dar cuenta de que estamos en pleno verano y todavía no os había traído ni un solo anuncio de productos para evitar las picaduras de mosquitos. ¿Cómo es esto posible? Si es que ya no sé ni dónde tengo la cabeza…

Pues eso, que si no os he traído ninguno no ha sido por ausencia de los mismos sino por absoluto despiste por mi parte pero no sufráis que procedo hoy, sin más dilación, a enmendar mi terrible error.

Es una saga de tres anuncios (que yo haya visto), donde la premisa general es armarse como los GEO´s cuando van a desarticular una célula terrorista para evitar que nos ataquen los zancudos.

En el primero de ellos, un hombre mira por la ventana hacia el jardín con cara de estar presenciando un paisaje postapocalíptico. El asunto es que entre los matojos revolotean millones de mosquitos y el hombre sufre ante la perspectiva de no poder disfrutar de su jardín, que sus buenos euros le habrá costado.

Pero, como decían los romanos “Non preocuparum, largum vivirum (est)”, para todo hay solución en esta vida. Convocan una asamblea familiar (porque el asunto a tratar no merece menos) y, una de sus integrantes (que debe ser la “portavoza”), dictamina que no pueden seguir sufriendo. Una de las asistentes a la asamblea, ante estas palabras tan demagógicas, se muerde el labio inferior y niega con la cabeza con una cara de angustia que da hasta ganas de darle un abracito.

A continuación, esta nueva Pasionaria coge a su marido (el hombre aterrado de antes) por la nuca y le dice mirándolo fijamente a los ojos “Recuperemos nuestro jardín”. Ahí ya viene la parte en que arenga a las masas y, diciendo que hay que pasar a la acción, conmina a todos a echarse spray antimosquitos por cuanta parte del cuerpo tengan visible. Grita que hay que hacer frente a esos mosquitos de ahí fuera y salen todos corriendo, con ella a la cabeza, que lleva un spray delante de sí como si fuera un lanzallamas. Se ve que ella  no entendió que el spray es para rociárselo a sí mismo, no para atacar a los bichos directamente; ya me la veo durante toda la barbacoa intentando atinar con el spray a cuanto bicho volador se le acerque. Se ve que como agitadora de masas es muy buena pero como entendedora de prospectos deja bastante que desear. Aunque, bien visto, peores son los otros, que van armados con una ensaladera, una espátula y un bote de kétchup.

No further comments.

Pensaba contaros la trilogía completa pero esto me va a quedar más largo que un día sin pan así que, en base a la acogida que tenga esta primera entrega, ya veo si la semana que viene os traigo el segundo y el tercero (el tercero es muy cortito, así que ese sí que lo puedo ensamblar junto con el otro).

Ya me vais diciendo si os apetece más.

lunes, 30 de julio de 2018

Crónicas Felinas CCLXIV: Que alguien llame a la policía


Marrameowww!!!

Vengo hoy a contaros un relato espeluznante que me tiene preocupado. A ver si vosotros, que me queréis más a mí que a la bruja, me dais la razón y llamáis a la policía o a quien sea que haya que llamar en estos casos.

Recientemente he descubierto una faceta de la bruja que desconocía. Ya sabía que es fea, que no es muy lista que se diga, que es una agarrada y muchas cosas más, todas malas, porque tras más de ocho años de convivencia uno termina conociendo a los humanos que le han tocado en suerte. Lo que no sabía es que también es una psicópata en potencia (o ya psicópata consumada; eso lo juzgaréis vosotros).

Os cuento. El otro día estaba durmiendo apaciblemente una de las múltiples siestas que me echo durante el día (algunas por aburrimiento y otras para evadirme de la realidad que me ha tocado vivir con estos humanos). El imberbe reposaba a mi lado y ahí estábamos, totalmente entregados a los brazos de Morfeo cuando, de repente, fue como que sentí algo. Llamémosle “presencia” o llamémosle “creo que esta cansina está por aquí”. Abrí un ojo y ¿qué me encuentro? Pues a la bruja mirándonos fijamente con esa cara que sólo la gente desquiciada es capaz de poner. La cabeza formando ángulo de cuarenta y cinco grados con su hombro derecho, los ojos brillantes con una mirada ausente y juraría que estaba a punto de dejar escapar un hilillo de baba por la comisura de los labios.

Efectivamente, nos estaba observando mientras dormíamos. Decidme si no es lo más creepy de todas las cosas creepy que habéis visto u oído en vuestras vidas. Imaginaos despertar un día y encontraros a alguien vigilándoos en vuestro sueño. Asusta, ¿verdad que sí? Pues figuraos cómo ando yo, que no sé si dormir con un ojo abierto, si esconderme en algún sitio para echar una cabezadita sin miedo a ser observado o si, directamente, dormir sin hacer uso de la retractilidad de mis zarpas y dejarlas directamente ya sacadas, como si fueran navajas de Albacete. Toda precaución es poca cuando se trata de tu propia seguridad (el imberbe que se ocupe de la suya; no voy a andar yo ejerciendo de guardaespaldas de nadie).

Otra opción sería dormir por turnos y que cada felino vigile que no suceda nada durante el sueño del otro pero esto me supone un doble problema. Primero, no confío en que Munchkin no se vaya a quedar frito en plena guardia, porque él es muy de caer desmayado allí donde le pilla el sueño y, segundo, eso supondría tener dos pares de ojos observándome mientras duermo. Demasiada presión.

¿Huyo de esta casa sin mirar atrás? Y, en caso afirmativo, ¿a dónde? No es cuestión de irme a la calle con una pata delante y otra detrás porque a ver de dónde saco yo el pienso y esas cosas que necesito para tener una vida medianamente confortable.

¿Qué me aconsejáis? Tengo mucho miedo.

Prrrrrr.

jueves, 26 de julio de 2018

¿El surrealismo se toma vacaciones?


Sí, lo sé. El Mundial terminó hace un rato largo y yo sigo a trompicones con el blog. Al final, voy a tener que dejarme de excusas y asumir la triste realidad. Esto es: en mi vida no pasa absolutamente nada interesante y el surrealismo me ha abandonado.

Desconozco si esto me sucede todos los veranos. Por norma general, a estas alturas del año yo debería haber colgado el cartelito de “Cerrado por vacaciones” en el blog y estar disfrutando del dolce far niente hasta que se me ocurriera regresar, en esa actitud anárquica que me caracteriza para los regresos (es que os quiero pillar desprevenidos por si acaso estáis hablando de mí).

Pero este año, por motivos que ya contaré, una servidora no disfrutará de su descanso hasta septiembre, lo que hace que tenga que enfrentarme semana a semana a una página en blanco y un cursor que parpadea, arrogante, desafiándome a llenar el espacio con palabras.

Y en esas ando. No me culparé yo sola, no obstante. Porque, si decimos las cosas como son, tampoco es que pueda afirmarse que el resto de blogs sea a día de hoy un hervidero de producción. Estamos todos como de capa caída. No sé si será el calor aunque, al menos por los Madriles, hay que reconocer que este verano está siendo bastante light en lo que a temperaturas extremas se refiere. No hemos llegado a los cuarenta grados ni un día, y eso es algo que en Madrid debería preocuparnos. Tal vez se deba a que, como este año el verano ha tardado tanto en decidirse a aparecer, quizás en noviembre todavía estemos tomando “relaxing glasses of granizado” en la Plaza Mayor. Qué sé yo. El caso es que nunca se me ocurre de qué escribir y, cuando alguna idea se atreve a revolotear por mi cabecilla, resulta ser una idea como blandurria; inconsistente. Algo que no se puede asir con facilidad y, mucho menos, darle forma. Esto sí debe ser por el calor, que los materiales se reblandecen y no hay manera de que queden como uno quiere. Tengo apuntadas en mi “lista de ideas para el blog” (porque estaré más seca que el Sahara pero sigo siendo organizada) un par de cosas que, en un principio, creo que podrían funcionar pero luego pienso ¿y cómo saco yo quinientas palabras de esta tontada? Y me da un perezónnnnn. Pensar en verano es mucho esfuerzo. Ahora voy entendiendo por qué prefiero cerrar el blog en julio.

Y, claro, liarme a escribir para hacer una mini-entradita de nada, pues me da como cosilla, para qué os voy a mentir. Al final sentiría que os estoy estafando. Como cuando llega un día en que te percatas de que las patatas fritas que siempre comprabas cada vez traen menos cantidad por el mismo precio, y como que paso de que me denunciéis a alguna asociación de consumidores.

Más que nada porque tendría que redactar una carta de alegaciones y, adivinad. Me da pereza.

miércoles, 25 de julio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLIII: Los superquesos


Vamos hoy con un anuncio de quesitos. No de quesitos cortados en triángulo, que ya aparecieron alguna vez por aquí, sino de estos quesos de bola chiquititos tan famosos y que, hasta donde yo recuerdo, nunca han sido protagonistas de esta sección.

Supongo que la idea global de la campaña es conseguir que los niños vean comer queso como algo divertido. Siempre me ha llamado la atención eso de la “diversión” en la comida; la comida es comida y ya, no sé si tiene que considerarse divertida para deglutirla. ¿El entretenimiento está por encima del sabor? ¿Si enseñamos a un plato de lentejas a protagonizar un espectáculo de variedades, los niños se las comerán sin rechistar? A mí hasta me daría pena comerme algo que me ha proporcionado un buen show. Bueno, que me disperso, como es mi costumbre. A lo que iba.

Hace un par de años ya empezaron con esta idea y mostraban un quesito que se transformaba en superhéroe utilizando la cera protectora que lo recubre a modo de capa. Más tarde veíamos a un niño jugando con el quesito, fingiendo que el producto lácteo volaba por los aires al grito de “Soy Superquesoooo”. Dejé pasar el anuncio en su momento porque, aparte de comentar que en estos tiempos de móviles, tablets y consolas portátiles, me extrañaría mucho que un niño encontrase mucha diversión en hacer volar a un queso pero poco más podía añadir, por lo que la cosa me iba a quedar bastante escasa. A la vista está, dado que os he contado ese anuncio en medio párrafo.

Pero este año han vuelto a la carga con los quesos con superpoderes y, retomando aquella idea, han ido un paso más allá y vemos a una madre rebuscando en el mueble de la cocina. Unos quesos espían mediante una cámara desde su cuartel general (no puedo creer siquiera que acabe de escribir esta frase). Se percatan de que la madre no tiene ni idea de qué ponerles de merienda a sus infantes, por lo que los quesos salen volando (literalmente, con el envoltorio convertido en capa) y aterrizan sobre la mesa de la cocina, donde la madre los encuentra y decide que es algo ideal que meter en la mochila de sus hijos. O sea, tú te encuentras comida por arte de magia en la mesa y, sin ningún tipo de duda, se la pones de merienda a tus vástagos, sin dudar ni por un momento que algo surgido de la nada va a ser bueno para ellos.

El quesito va a parar a una bolsita donde vemos, además, una manzana, una botella de agua y un muñequito. Me preguntó quién metería juguetes entre la comida pero no soy madre así que, qué sabré yo.

Los quesos terminan locos de alegría al ver cumplida su misión y vemos a uno de los niños zampándose el quesito en la cocina.

Pues luego para la merienda sólo tendrá agua y una manzana. Que no se ande quejando después.

lunes, 23 de julio de 2018

Crónicas Felinas CCLXIII: La lucha territorial


Como os comentaba en esta entrada la bruja y el consorte se habían decidido a poner algo de mobiliario en el dormitorio (por si estabais siguiendo con interés el devenir de la historia, os adelanto que no, no han puesto todavía el cabecero, aunque ya han comprado los implementos para instalarlo, lo cual es todo un logro).

Dado que ahora tenemos sifoniers, hemos decidido que es un lugar ideal para dormir por las noches. Tiene doble ventaja, ya que, por un lado, quedan justo enfrente de la ventana, por lo que nos da el airecillo nocturno (hay que decir que este verano el tiempo está siendo generoso y, de momento, no hemos sufrido calor asfixiante de ese que nos obliga a estar todo el día arrastrándonos cual babosas por el suelo; la bruja no está tan contenta porque a ella le gusta eso de estar a cuarenta grados. Es lo que tienen los reptiles, que al tener la sangre fría necesitan salir al sol del desierto) y, por otro lado, porque al estar en una posición elevada, nos permite vigilar a los humanos mientras duermen; no sea cosa que se pongan a comer a las tres de la mañana y no inviten a nada, que yo de ellos ya me espero cualquier cosa.

Si bien hay dos sifoniers y debería haber espacio para dormir ambos cómodamente, el sueño nocturno se ha convertido en una disputa territorial en toda regla. Por norma general, el que esté más avispado de los dos, corre al dormitorio media hora antes de la hora humana de dormir (nunca entenderé esa costumbre humana de dormir a ciertas horas que tenéis los humanos; lo suyo es dormirse cuando te pilla el sueño pero una vez le pregunté a la bruja al respecto y me salió con cosas muy raras de que a sus jefes no les hace mucha gracia eso de que se duerma en el trabajo y que, si optan por prescindir de ella, ya me puedo ir despidiendo del pienso de marca) y pillar sitio. Esto no es garantía, no obstante, de que habiendo realizado este hábil movimiento, el gato espabilado vaya a dormir toda la noche en el palco presidencial. Siempre puede venir el gato despistado a morder el cuello de su adversario y sacarlo de malas maneras, haciéndose con el espacio en discordia.

Lo que termina sucediendo finalmente, es que cambiamos de sitio varias veces durante la noche. Uno va y se tumba en los sifoniers, el otro lo echa a mordiscos y arañazos quedándose ahí frito  pero, pasadas unas horas, el gato desterrado ataca por sorpresa al enemigo obligándolo a bajar a la cama (que es algo así como el premio de consuelo, porque en invierno los humanos dan calorcito rico pero en verano dan calorcito asquerosito y sudoroso).

Los humanos, presas del desconcierto, no saben a quién tienen a los pies y tienen miedo de que ese alguien sea Munchkin, con lo amante de arañar pies bajo la sábana que es.

Prrrrrr.

miércoles, 18 de julio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLII: ¿Pesadillesco o ni tanto?


No sé si éste me resulta taaaaan pesadillesco porque el tipo de producto se presta a hacer el chorra, con lo cual lo disculpo pero, como sé de gente a la que los anuncios de esta marca le producen urticaria, pues yo lo traigo y así juzgáis vosotros mismos.

Se trata de un refresco en su versión “cero”; es decir, sin azúcar y, para mi gusto, sin gracia ninguna.

Por tanto, nos van a cantar una cancioncilla destacando las bondades de poder pasárselo bien con “cero”. Lo primero es un chico que pone una canción en una juke-box en un restaurante cincuentero americano. La camarera canta fingiendo que su mano es un micrófono mientras un compañero toca una guitarra invisible. A pesar de todo, dice que su swag llega hasta Japón. Para demostrarlo, nos enseñas a dos japonesas y un japonés vestidos con ropa estridente. Él lleva una visera sin parte de arriba y ellas como unas orejitas de gato. La imagen no es nada estereotípica, como podéis comprobar. Los tres levantan al aire sus mecheros invisibles.

Vemos a unos chicos con pinta de “malotes” (lo pongo entre comillas porque un malote de verdad podría con estos tres en un abrir y cerrar de ojos), que fingen lanzar billetes por el aire. Aclaran que ningún billete es real y un chico despeinado y con gafas (nuevamente no se han dejado llevar por los prejuicios) dice que, entonces, eso es como las criptomonedas. A continuación, mueven las manitos hacia los lados diciendo que, sin volante, pueden vacilar lo mismo. No, chavales, no. Con el gestito ese del volante invisible y los billetes “virtuales” lo único que conseguís es dar pena y algo de vergüenza ajena pero vosotros veréis lo que hacéis.

Muestran una caravana donde repiten la fórmula de micrófono “de mano” pero le suman un solo de batería en el aire.

Esa escena ahí queda y, de repente, nos vemos en las fiestas de un pueblo, donde una chica hace el consabido pasito de intentar atraer un chico hacia sí con una caña de pescar imaginaria. Hace mucho que no salgo pero eso se hacía en tiempos de mi juventud, por lo que imagino que ese gesto habrá quedado en el baúl de los recuerdos de Karina y los millenials no tendrán ni idea de qué narices es eso. Por aquí se prodiga poca gente tan joven pero, si hay alguno en la sala, que se manifieste y comente si saben de qué va el rollo de la caña.

Un chico hace como que baja una escalera tras un mostrador. Vaaaaaale, confieso que esa tontería la he hecho yo alguna vez. Soy de un original que asusto.

Y ya, por último, pasamos al mundo de los deportes donde unos se juegan el saque a piedra, papel o tijera; sale una que pretende ser la que se apoyaba en una caja invisible y unos futbolistas con arcos imaginarios.

La escena final es un brindis donde fingen que sujetan vasos.

Y ya.

lunes, 16 de julio de 2018

Crónicas Felinas CCLXII: Objetivo conseguido


Marrameowww!!!

El que la sigue, la consigue. A veces tardamos en ver cumplidos nuestros objetivos pero, si algo me ha dejado esta experiencia, es la certeza de que en esta vida hay que ser perseverantes y no cejar en el empeño.

Tras más de un mes de duras negociaciones con la patronal (AKA “los humanos”), donde hubo hasta amenaza de huelga, me complace anunciaros que cuento con nuevo platito (si alguien no sabe a qué viene esto porque sea un humano infiel que campa por otros blogs en vez de estar pendiente de mis aventuras y desventuras, puede enterarse del origen del conflicto pinchando aquí).

Ha sido muy difícil, sí, pero no sabéis la satisfacción que me produjo cuando vi llegar un día al consorte portando en su mano un platito lila con dibujos de raspas de pescado en su canto. No sé por qué a los gatos se nos asocia siempre con las raspas de pescado. Cuando nosotros conseguimos que nos den algo del pescado que están comiendo ellos, no nos dan las raspas, sino la mollita más tierna y rica que encuentran, porque son sabedores de que somos el rey y el príncipe de la casa (creo que no hace falta que aclare quién es quién) y, por ende, tienen que darnos lo mejor de lo mejor. No me conformaría con unas espinas de las que únicamente sacaría un pinchazo en mi delicado morrito.

Pero bueno, con raspas o sin ellas, el caso es que tengo plato nuevo. Eso sí, el consorte tuvo la prudencia de comprarlo metálico, supongo que con vistas a evitar nuevas roturas y sus posibles consecuencias conflictivas.

También tengo que decir que lo compró de un tamaño más pequeño, tal vez con la vana esperanza de engañarme y que yo me crea que está más lleno de lo que en realidad está. De sobra está decir que no me engañan porque mi estómago vuelve a rugir pasada la misma cantidad de horas que antes, lo que significa que la cantidad de alimento ingerido sigue siendo la misma. Se piensan que, como uno es un felino y se supone que no sabemos de matemáticas, no me voy a percatar de ese detalle. Pero en fin, eso sí que ya es una batalla perdida. Tampoco me quejo, porque si me pusieran más comida no tendría hambre a las seis de la mañana de un sábado y no podría dar por saco para que se levanten a alimentarme.

Así que, aquí va un Forlán-consejo. No dejéis de luchar por vuestros sueños y manteneos firmes en vuestras reivindicaciones. Hay que mantenerse en la lucha hasta ver satisfechos nuestros requerimientos. Dar la barrila es una técnica, en mi opinión, infravalorada entre los humanos porque a la vista está que ofrece magníficos resultados. Por lo que a partir de mañana ya podéis empezar a ser cansinos con vuestros jefes, con vuestras parejas, con vuestros hijos y con el vecino del quinto que monta fiestas todos los fines de semana.

Resultados garantizados.

Prrrrrr.

miércoles, 11 de julio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCLI: ¿Nos están llamando loros?


Los tiempos cambian. Ya van quedando atrás los años de destripar anuncios de detergente. Hoy le toca al asistente virtual de una compañía de Telecomunicaciones. El futuro ya está aquí, y yo con estos pelos.

He visto la versión larga porque la corta  me pareció tan surrealista que supuse que la larga me iba a aclarar algo acerca de la historia… ilusa.

La cámara se interna en lo más profundo de la selva, donde nos encontramos con un loro (o papagayo, o lo que sea; se me da fatal reconocer aves… lamento mis escasos conocimientos de ornitología).

Sin tener un motivo especial, el loro emprende el vuelo, seguido de otro montón de pajarracos selváticos de diferentes especies. Atraviesan glaciares, tormentas marinas, y llegan en bandada a una ciudad donde una niña con trenzas, de la mano de su madre, los ve pasar con cara de asombro. La ciudad tiene pinta de ser New York pero, teniendo en cuenta que la compañía es española, no sé por qué motivo tendrían interés las aves en llegar a New York. Si hay alguna ciudad española que se parezca en algo a New York, suplico me lo hagáis saber.

Toda la pandilla se mete por la ventana de un apartamento. El loro dice “Hola” y una voz salida de una tablet le responde “Hola” y a continuación se presenta con su nombre de pila. El loro le pregunta a la asistente qué le recomienda y, tirando de tópicos, la asistente le pone en la tele una famosa película de dibujitos donde los protagonistas son pájaros amazónicos.

Una cacatúa dice “Uauuuu”, al encontrarse de frente con una lechuza de peluche (no sé si porque le gusta, le asombra, le da miedo o qué… habrán supuesto que esto era un golpe de humor sin precedentes). Otros dos loros enloquecen a la asistente pidiéndole alternativamente que ponga coches y motos en la tele.

Vemos nuevamente  a la cacatúa pidiendo a la asistente que ponga una película romántica y entendemos el “Uauuuu” de antes. Ha sacado a la lechuza de peluche en una primera cita y le pasa el ala sobre los ¿hombros? Las aves no tienen hombros, no sé cómo se diría pero ya me entendéis.

Finalmente, le piden una fiesta a la asistente, quien pone música y todas las aves empiezan a correrse la juerga padre hasta que irrumpe la dueña de casa con las bolsas de la compra en las manos. Bolsas de papel, de las que dan en Estados Unidos; no de las de asa que dan aquí y por ese motivo se le caen, tras el shock sufrido, rompiéndose las botellas en el proceso. Eso con bolsas de asa o con el típico carrito de la compra, no hubiese sucedido. Las botellas hubiesen quedado intactas aun tras la impresión de ver su salón invadido de aves tropicales, bebiéndose sus refrescos, comiendo su fruta y balanceándose en sus lámparas.

No quiero saber en qué situación comprometida podría estar la cacatúa. De verdad, no quiero saberlo. 

lunes, 9 de julio de 2018

Crónicas Felinas CCLXI: El camino a la locura


Marrameowww!!!

Una forma de poner nerviosa a la bruja, como he contado alguna vez, es hacer que se levante a darnos de comer a horas intempestivas en fin de semana. Sobre todo porque, una vez que se levanta de la cama, ya no es capaz de volver a ella, así que mola eso de conseguir que no pueda dormir ni siquiera los días destinados a ello. Tengo que reconocer que, este fin de semana pasado, la cosa no me salió demasiado bien. El sábado la hice levantarse a las ocho y media, lo cual estuvo bastante bien pero el domingo, la verdad sea dicha, se me fue la pata. Empecé a molestar a las seis y media de la mañana y, por lo visto, a esas horas no estaba dispuesta  a levantarse por nada en el mundo. Al final se levantó el consorte, nos dio de comer y se volvió a acostar (porque el consorte sí que no tiene problemas para conciliar el sueño). A las nueve empecé a molestar otra vez y ahí sí se levantó la bruja. Fue un pequeño triunfo pero igual pienso que no estuve fino del todo en la ejecución de mi plan. Todo buen líder estratégico debe ser capaz de aprender de sus errores. Lo dijo Maquiavelo, o Sun Tzu o tal vez lo leí en un sobre de azúcar.

Pero todo esto no importa porque esta semana ya me había marcado un buen tanto en mi misión de desquiciarla. Una de estas tardes, la bruja volvió de trabajar, nos saludó como hace siempre (como si a nosotros nos importara) y se fue a cambiarse los ropajes y quitarse las cuatro capas de revoque que se echa en la cara, dejando a la vista el monstruo del inframundo que realmente es. Para cuando salió del baño, me buscó y no me encontró. Dio vueltas por la casa, mirando primero en las habitaciones que estaban abiertas. Al no hallarme, pasó a revisar las que estaban cerradas, por si me hubiese yo colado en un despiste. Como seguía sin encontrarme, repitió el proceso con los pasos (y la respiración) cada vez más acelerados, mirando también dentro de los armarios porque conoce mi afición a arañarle la ropa y demás pertenencias. Yo no aparecía por ningún lado y yo la oía farfullar “Tiene que estar en casa porque lo he visto al entrar y la puerta la he cerrado. Porque lo he visto, de eso estoy segura. Lo he visto, ¿verdad?, ¡¡¿¿verdad??!!”.  Entre frase y frase de su soliloquio, intercalaba “Pequeeeeeee” y “pspspspspspsps” (dicho sea de paso, no sé para qué hacéis ese sonido los humanos, si nunca hacemos ni caso).

Finalmente, me descubrió al asomarse a la estantería de la entradita y encontrarme agazapado tras los libros, los cuales había sido yo capaz de saltar sin descolocar ni uno.

Una vez descubierto y viendo que la bruja ya estaba tranquila, ya no tuve tanto cuidado y los descoloqué al salir, que así la tenía otro ratito entretenida.

Prrrrrr.

jueves, 5 de julio de 2018

Sin uñas pero dando señales de vida

Supongo que os lo imagináis pero igualmente os informo que sigo con la fiebre mundialista. El pasado sábado Uruguay se enfrentó a Portugal en el partido de octavos de final y, con gran alegría por mi parte, ganó. He de decir que no pude verlo porque justamente ese día había quedado yo para hacer el pingo con mis amigos y no era plan de dejarlos tirados. Aunque tengo que admitir que hasta último momento tuve un angelito en el hombro derecho repitiendo “Son tus amigos; no puedes hacerles eso y abandonarlos por ver cómo unos que ni conoces dan patadas a un balón” y en el izquierdo un demonio ondeando una bandera al grito de “Soy Celesteeeeee, soy Celesteeeeee. Celesteeee soy yoooo”. Ganó el angelito porque en el fondo soy una buena persona. El sitio al que fuimos no tenía pantalla plana (ni de ninguna otra clase), así que no me quedó otra que poner la radio porque una cosa es estar con mis amigos y otra cosa es no enterarme de lo que pasa con mi Cavani.

El caso es que ganaron (con algunas lágrimas de emoción fugándose de mis ojitos, aunque haya gente que no entienda cómo se puede uno emocionar tanto por algo así; yo sí lo entiendo) y me hizo mucha gracia y mucha ilusión haber recibido tantos mensajes de españoles alegrándose por la victoria. Tengo que decir también que me dio mucha penita que los españoles hayan vuelto ya a casita, aunque un posible encuentro entre España  y Uruguay me diera tanto miedo.

También me dio pena Argentina, porque parte de mi familia es argentina, y Colombia, porque tengo una amiga colombiana. Yo quiero que la copa se quede en América y se van reduciendo las posibilidades. Al día siguiente del partido de Colombia vi que mi vecino de abajo, que es colombiano, había quitado ya su bandera y me dio un dolor de corazón… soy una sentimental en el fondo.

Pero lo que más gracia me hizo fue que ayer me encontré en el trabajo con alguien que es de mi empresa pero no trabaja en mi centro, por lo que lo veo de pascuas a ramos y, según me vio, me dio la enhorabuena. Es curioso cómo alguien puede darte la enhorabuena por algo en lo que no has participado ni has tenido ningún mérito. Iba a decirle que yo no había jugado ni había marcado ningún gol pero me dio miedo que pensase que me había tomado a mal el comentario. Para nada. Fue muy de agradecer pero me pareció gracioso cómo los triunfos futbolísticos tienden a asociarse directamente con los aficionados. También tenemos una cierta tendencia a decir “ganamos” cuando nuestro equipo gana. Debo decir en mi defensa que yo, además, uso el “perdimos”, no como otra gente que en estas circunstancias sí usa la tercera persona del plural.

Mañana toca el partido de cuartos contra Francia. Veremos qué tal “nos” sale el asunto… yo por aquí sigo, comiéndome las uñas.

P.S. Por si os apetece verlo, os dejo un pequeño vídeo de cómo se vivió el triunfo del pasado sábado en la explanada de la Intendencia de Montevideo.



P.S.2. En la vista previa el vídeo se me sale del margen. No sé si luego realmente quedará así pero no he sido capaz de arreglarlo. Si queda así de chapucero, mis disculpas, y si alguien me desasna y me enseña cómo modificar el ancho del vídeo, le estaré eternamente agradecida.

miércoles, 4 de julio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCL: No soy tan moderna


Venga, hoy toca uno de coches, que sabemos que los anuncios de la industria automovilística nunca defraudan.

Vaya por delante que creo que en este anuncio han utilizado cosas demasiado Millenial, como virales de Internet o situaciones que se ven en videojuegos de moda y, como una es más bien “Generación EGB”, creo que me he perdido un poco (o un mucho). A lo mejor el anuncio no es tan pesadillesco como pienso y lo único que me pasa es que estoy fuera de onda. Sabréis disculpar los más jovenzuelos, que lo mismo pensáis que ya estoy más para comentar películas de “Cine de Barrio” que anuncios de la tele.

Al lío. La cosa empieza con una señora mayor (sí, más mayor que yo), haciendo girar una botella en el aire y logrando que caiga de pie. La voz en off comenta algo de una abuela haciendo un bottle flip terminado en “¿¿??”. No he sido capaz de entender lo que dice al final. ¿No os digo que estoy mayor? La palabra que dice al final creo que hace referencia a un gesto que hace la abuelilla, consistente en colocar el brazo izquierdo extendido de forma transversal al cuerpo y el brazo derecho doblado, con la mano apoyada sobre el brazo izquierdo. Desconozco el propósito ni el origen de ese gesto. Tal vez podría averiguar algo si entendiese qué leches dicen. Bueno, el caso es que, según dicen, esa abuela viene a representar que está en la edad del “insértese modelo de coche aquí”.

Nos dan más ejemplos: Una familia entera “mamá, papá, chico y chica”, haciéndose un selfie con orejitas y hociquitos animales (virtuales, por supuesto, no es cuestión de usar implementos palpables; eso no mola en el siglo XXI).

Después sale uno corriendo en bañador hacia una piscina. Parece que se va a tirar de bomba, salpicando agua por doquier… pero no. Mete el dedo gordo del pie, le parece que el agua está demasiado fría y se arrepiente, quedándose en el borde de la piscina con cara de circunstancias. Me solidarizo con este chico. Primero porque nunca me tiro de bomba y segundo porque odio el agua fría. Mis respetos.

Luego vemos a un grupo de gente disfrazada jugando un juego de rol de mesa. Esto ya no es tan Millenial, por más que nos lo quieran vender así. Las nuevas generaciones han heredado estos juegos, que ya disfrutábamos los de la Generación X, que no se piensen que han descubierto la pólvora con esto.

Y, ya por último, nos muestran a uno jugando al ping-pong con dos paletas, gafas de sol y bailando acompañado de una bola de espejos mientras devuelve pelotas a lo loco.

Todo esto viene a… no sé a qué viene, la verdad. Se supone que si haces estas cosas estás en la edad de ese modelo de coche y no te quedan más narices que comprarlo.

Pues va a ser que al final me quedo sin él. No soy lo suficientemente moderna.

lunes, 2 de julio de 2018

Crónicas Felinas CCLX: ¿Dónde queda mi privacidad?


Marrameowww!!!

El otro día caí en la cuenta de algo. Dándome una vuelta por la blogosfera, me percaté de que casi todos los bloggers usan un pseudónimo. Incluida la bruja, que no os vayáis a creer que se llama Álter, aunque haya por aquí gente que ha empezado a llamarla así incluso en el mundo 1.0.

Y yo no. Yo he dado mi nombre real desde el principio, quedando expuesto a que algún día me persigan los fans y los paparazzi. Por todos es sabido que yo soy mucho más famoso que la bruja y, sin embargo, ella preserva su anonimato mientras que yo quedo a merced de posibles acosadores, con el riesgo que eso supone.

Claro, como el perfil me lo abrió la bruja, no pensó en que tal vez yo quisiera preservar mi verdadera identidad para poder tener una vida tranquila. Si hasta Superman lo hace. De una forma cutre, consistente sólo en cambiarse de ropa y ponerse unas gafas pero lo hace, al fin y al cabo. Y ya me diréis para qué necesita Superman conservar su anonimato; si, total, tiene superpoderes y, en caso de que lo acosen mucho, siempre puede salir volando o tirar encima de sus stalkers un vagón de tren o un autobús del Imserso que pase por allí, camino de Benidorm.

Pues yo no tengo superpoderes y ni siquiera tengo un nombre falso tras el que escudarme. Estoy expuesto a las masas enfervorizadas. Y no diré que tengo miedo porque los gatos no conocemos esa palabra (salvo el imberbe que, como he dicho varias veces, es la vergüenza de la especie) pero sí me parece un acto claramente discriminatorio el no haberme provisto de un nombre en clave, como un agente secreto. Y los gatos no tenemos ningún Ministerio de Igualdad ante el que interponer una queja. Estamos a merced de las veleidades de nuestros humanos. Esta sociedad está muy mal pensada. Hay que terminar con el “humanorcado”.

Ahora como que ya es tarde para intentar deshacer el mal que ya está hecho pero me pregunto qué pseudónimo podría haber utilizado si la bruja hubiese optado por salvaguardar mi privacidad en un primer momento. Queda a vuestra disposición la caja de comentarios para que me digáis qué nombre en clave podría ir en concordancia con mi arrolladora personalidad y mi talento sin igual. Tiene que ser algo que refleje mi forma de ser y pueda convertirse fácilmente en una marca registrada; un nombre que pudiera ponerse en una botella de perfume (porque ya hay que ir pensando en el merchandising).

Quedan descartados los nombres cursis como “Pelusita”, “Pompón” o “Bolita”. Tal vez algo agresivo, que dé mucho miedo y, por tanto, le quite las ganas a cualquiera de acosarme: “Gato del Infierno”, “Político” o “Fisco”. ¿Será tarde para cambiar el nombre si me tiño el pelo de otro color? De verde manzana, un suponer.

Aunque tener el pelaje verde y llamarse “Gato del Infierno” no pega demasiado pero siempre puedo hacerme llamar “Hulk”.

Prrrrrr.

miércoles, 27 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLIX: El fantasma traidor


Ya había traído en una oportunidad un anuncio de una casa de apuestas. No recuerdo si era la misma porque a la abuelita ludópata no la he vuelto a ver (por suerte, porque la cosa tenía tela marinera) pero, con esto del Mundial de fútbol, las casas de apuestas están haciendo su agosto, aunque estemos en junio, y por tanto no paran de anunciar todas las posibles combinaciones de acontecimientos estrambóticos por los que se puede apostar. Me apuesto lo que sea, valga la redundancia, a que se puede apostar cuál será el próximo peinado de Neymar.

Pues bien, este es muy cortito pero digo yo que se lo podían haber currado un poco más. Vemos a un montón de aficionados sentados a la barra de un bar, con sus bufandas de la Roja, gritando desaforados ante una jugada de  peligro. A juzgar por la reacción de los asistentes, o bien el equipo contrario ha marcado gol o bien el equipo de sus amores ha fallado una posibilidad de gol. Todos ponen cara de fastidio y hacen el típico sonido de “Ohhhhh” que todos (o casi todos) hemos hecho  durante un partido.

Salvo uno.

El “uno” en cuestión, se desliza tumbado de lado sobre la barra, apoyando la cabeza en un brazo y con el móvil en la mano que no sujeta su cabeza canturreando “Gané, gané, gané…” (la letra de la canción sólo consiste en ese palabra; no creo que el protagonista del anuncio haya tenido que invertir demasiado tiempo en aprenderla… o sí, quizás la hicieron así de simple porque ya veían que no iban a obtener buenos resultados con algo más complejo) con la musiquilla de “Power of Love” de Huey Lewis and the News, cuya letra no tiene nada que ver con el fútbol en concreto ni con el deporte en general pero habrá sido la primera que les ocurrió o alguna para la que no tenían que pagar derechos de autor.

Un letrero sobreimpreso en la pantalla nos informa que lo mejor de ganar es contarlo. O sea, que no sólo eres un traidor que apuesta contra su propio equipo sino que, encima, te recochineas delante de la afición porque te has llevado unos eurillos a cambio de tu deslealtad.

Le desearía que se piñe al llegar al otro extremo de la barra y no haya nadie para sujetarlo pero creo que no me va a hacer ni falta porque, a juzgar por las caras de los concurrentes en el bar, tiene pinta de que no le va a quedar un solo hueso sano al acabar la jornada. Oye, apuesta lo que te dé la gana pero no te mofes delante de los sufridos espectadores del partido, que son unos soñadores que aún piensan que su mayor recompensa es ver los colores de su equipo alzarse con la Copa tras ganar la final.

No es que esté a favor de la violencia en los deportes pero es que tampoco estoy a favor de los fantasmones.

lunes, 25 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLIX: La curiosidad purificó al gato


Marrameowww!!!

El consorte ha estado de vacaciones esta semana  pasada. Y, por si acaso os lo estáis preguntando, la respuesta es no. No ha aprovechado los días de ocio para comprarme un platito nuevo. Creo que voy a tener que aceptar la realidad con madurez y entereza y asumir que voy a seguir comiendo en un plato desportillado por el resto de mis días. Cuando un gato se queja de la vagancia de un ser de otra especie es porque el caso es grave y seguramente digno de estudio.

Lo malo de que haya algún humano de vacaciones (a la bruja le tocó currar como la pringada que siempre ha sido) es que tenemos vigilancia constante y así, claro está, no hay oportunidad de hacer maldades ni de trazar planes para la dominación mundial.

Para colmo de males, también decidió que el fin de semana era un momento ideal para ir a casa de sus padres, dejándonos cuarenta y ocho horas, con todos sus minutos y todos sus segundos (ciento setenta y dos mil ochocientos, para ser exactos; lo pongo en letra porque se ve mucho más impactante) y, como os podréis imaginar, soportar a la bruja en exclusividad durante dos días seguidos es toda una tortura. Máxime cuando es una vaga y no sale a la calle ni para que le dé un poco el aire.

Pero la cosa no termina aquí; esperad que os cuento más. Ha estado por medio la noche de San Juan, así que el consorte tuvo a bien recordarle a la bruja que dejara una botella con agua en la ventana para lavarse con ella la mañana del domingo 24. Ya veis qué vergüenza de bruja está hecha, que hay que andar recordándole los conjuros a realizar, dando muestras de una falta de profesionalidad proverbial. Pues bien, la bruja siguió las indicaciones del consorte y, según se levantó el domingo por la mañana (tempranito porque, aunque por el día no comemos debido al calor, a partir de las siete de la mañana nos entra un hambre terrible) se metió en la bañera y empezó a echarse agua de esa por encima.

Y bien dicen que la curiosidad mató al gato porque, por andar cotilleando asomado a la bañera a ver qué hacía la loca esta, también me pasó un poco de agua por el lomo y acto seguido, se fue a buscar al imberbe para repetir el proceso con él. Hay que decir que él no recibió el agua de tan buen grado como un servidor (yo es que ya opto por dejarla hacer porque sé que, si se le mete una idea en la cabeza, no va  a parar hasta ver satisfecho su objetivo) y se retorció un poco al sentir que la bruja lo acariciaba con la mano mojada en líquido elemento (en una actitud, a mi juicio, claramente pasivo-agresiva; te acaricio pero te fastidio al mismo tiempo).

Estaría expulsando algún demonio o algo y a eso se debería el retorcimiento, digo yo.

Prrrrrr.