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jueves, 28 de mayo de 2015

El ojo

Como os contaba el jueves pasado (y si no lo leísteis vais y os lo leéis), hace casi dos semanas fuimos al Parque Warner y, en el pasaje del terror, se me salieron volando las gafas 3D por culpa de un susto.

Un rato más tarde, cuando estábamos haciendo cola en una atracción, el churri me mira y me dice “Tienes un derrame en un ojo”. Como es un hipocondríaco, me convenció para ir a visitar al médico del parque, a pesar de que yo no tenía molestia alguna. Por el camino hacia el “centro de salud” yo iba atando cabos a ver en qué momento me podía haber hecho eso. Y recordé el momento de las gafas. En cuanto recuperé mis gafas 3D tras su intento de irse a vivir una vida independiente, creo que durante dos segundos tuve la sensación de que veía borroso con el  ojo izquierdo, por lo que tal vez la patilla de las gafas me lo hubiera rozado en su vuelo sin piloto. Digo “tuve la sensación” porque estaba todo muy oscuro y yo estaba demasiado ocupada sacudiéndome muertos vivientes de encima como para preocuparme por nimiedades.

El médico del parque me tomó la tensión por si pudiera deberse a una subida de la misma y luego dijo que, como la tenía bien, podía haberse debido a un movimiento brusco en una atracción. Me preguntó si había subido a bestialidades como el Stunt Fall o Batman. Al decirle yo que a esas burradas no me monto, me preguntó cuál era la atracción más fuerte a la que me había subido. El churri, que le gusta cosa mala reírse de mí, le dijo que a los Carritos de la Mina. Pues sí, y me lo pasé genial, ¿qué pasa?

El médico (muy majo, por cierto; os lo recomiendo si tenéis un incidente en el Parque Warner), me dijo que en principio no era nada y que, si me crecía, me daban mareos o sentía nauseas me fuera a urgencias. Muy halagüeño, el panorama, para no ser nada.

El día continuó sin mayores inconvenientes y, en el viaje de vuelta, el churri me confirmó que aquello crecía (me había sacado una foto, a fin de comparar, y todo). Así que, a pesar de lo cansados que estábamos, a urgencias que nos fuimos.

El médico de urgencias me confirmó que no era nada y que no podía hacer otra cosa que echarle paciencia hasta que se me vaya solo (tengo el ojo de lo más parecido al de un licántropo a estas alturas). El problema fue responder a su pregunta de cómo me lo había hecho:

- Pues verá usted, señor médico. Fui atacada por un cowboy zombi y me rocé con la patilla de unas gafas 3D.

Creo que en los treinta años que debía llevar ese hombre ejerciendo la medicina, jamás había escuchado una explicación semejante. Al día siguiente debo haber sido el tema de conversación en su casa a la hora de la comida. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

Anuncios Pesadillescos CXXXVII: Lama glama texana

Sin previo aviso vemos la cara de una llama que nos mira impasible, como suelen mirar las llamas para que nunca sepas cuándo nos van a soltar un escupitajo y, al abrirse el plano, un cowboy un tanto esmirriadillo nos informa que nos va a contar la historia de cómo montó un rancho de llamas.

Más que contarlo, nos lo canta al ritmo de banjo. Cuánto daño han hecho Disney y Barrio Sésamo. Parece que nada nos entra si no nos lo dan con soniquete. A mí en particular no es que me interese mucho cómo montó este hombre un rancho de llamas pero, ya que estoy frente al televisor, le presto atención para poder venir a contároslo.

En resumen, nos cuenta que tenía una consola de videojuegos tirada debajo de un sofá, juntando polvo sin que nadie sacase beneficio de ella, por lo que aprovechó para venderla en la tienda de objetos de segunda mano que se anuncia. Si ya estamos resueltos a vender porquerías, yo hubiese aprovechado a deshacerme de un montón de elementos decorativos espantosos que se observan en la habitación. A saber: Un leopardo de cerámica a tamaño natural, la cabeza de un rinoceronte de plástico y un mapa enmarcado de la Península Ibérica que me ha recordado con horror mis días de EGB.

Con el dinero que sacó de la venta de la consola, se compró una tablet y le dio por ponerse a ligar por Internet, conociendo de esta manera a una vaquera de nombre Adelle. La vaquera monta un búfalo de esos mecánicos de atracción de feria mientras sonríe mirando embobada el móvil. Así es como se dan luego los accidentes ganaderos. Supongo que lee los mensajes de su amado aunque a lo mejor ha dado con la última colección de Jimmy Choo.

Ya que estaba, el esmirriado aprovechó para comprar en la tienda de segunda mano una bici, un anillo y un GPS y pidió un préstamo para ir a verla. A ver si al final Adelle va a resultar ser Mike, un camionero bigotudo de Wisconsin.

Lo de la bici me descoloca. A ver cómo te vas a Texas en bici. Tal vez la bici era para dar vueltas por el Retiro, a ver si así hacía un poco de piernas y no le parecía tan esmirriado a la vaquera, que debe estar fuertota de dar vueltas en el búfalo falso.

Total, que se planta el esmirriado en Texas y Adelle era real, no como el búfalo. No tiene bigote y no conduce camiones. Algo malo tiene que tener. Me niego a creer que el final vaya a  ser tan idílico.

Y así de fácil es como ahora el muchacho tiene un rancho de llamas. En Texas. Ajá. Desconozco con qué objetivo puedes querer criar llamas en Texas pero se les ve muy felices.

Lo que me deja de lo más intrigada es qué habrá hecho al final con la bicicleta (y con el maravilloso mobiliario de su salón, ya puestos).

lunes, 25 de mayo de 2015

Crónicas Felinas CXXXV: El revolucionario

Marrameowww!!!

Munchkin lleva ocho meses en esta casa y creo que en este tiempo he podido discernir cuál es su vocación en esta vida.

El consorte siempre ha tenido la costumbre de dejar los tickets de la compra sobre una estantería de la cocina según llega con las bolsas. Supongo que porque es vago y pasa de guardarlos. A fin de mes, la bruja y él echan cuentas y reparten gastos. Son como muy democráticos, ellos.

El caso es que, cuando estaba yo solo, ahí se podían quedar durante días los tickets, que yo pasaba olímpicamente del tema. Al fin y al cabo, no me interesa lo que gasten siempre que yo tenga mi plato de pienso y mi cajón de arena limpio pero parece que a Munchkin el tema de la economía le preocupa sobremanera y, en cuanto aparece un ticket nuevo sobre la estantería, allí que se sube él a revisarlo.

Por lo que parece, nunca le gustan demasiado, ya que el siguiente paso suele ser enganchar el ticket con las zarpas y no parar hasta dejarlo bien asquerosito. No sé todavía si lo que le indigna son los precios del supermercado o lo derrochones que son estos humanos. El otro día me comentaba que con ese dinero se pueden comprar un montón de bolsas de pienso del bueno y hasta me empezó a hablar de porcentajes y de fluctuaciones del mercado y de cosas muy raras que no entendí, usando términos como “recesión”, “plusvalía” e “inflación”. Tengo que admitir que no le conocía yo estas habilidades. Pensé que sus actos se debían a un simple afán destructivo pero, por lo visto, cada ticket que destroza es un acto de protesta. Nos ha salido revolucionario y ya lo veo cualquier día en una manifestación enarbolando un cartel con la máxima “La tierra para quien hace pis en ella” (No puede decir “la tierra para quien la trabaja” porque no le tocaría ni un puñado). ¿Hay manifestaciones donde se admitan gatos?

Me da que no se presentó a las elecciones de ayer porque no cumple con la edad mínima requerida (y no pertenece al género humano, lo cual también es un hándicap serio para esos menesteres) pero no me extrañaría verlo un día de estos intentando convencer a los gatos del vecindario para sindicarse o algo similar. Ya lo veo haciéndose llamar “El Pasionario” o “El Che Munchkin”. Le dejaré hacer. Si está ocupado organizando mítines, no tendrá tiempo para venir a robarme la camita o la casita que nos regalaron recientemente. Si me dice algo le rebatiré que tengo derecho a una vivienda digna y a ver si tiene lo que hay que tener para llevarme la contraria, poniendo en riesgo la fiabilidad de su discurso. Un desalojo, otra ocupación, que yo también soy revolucionario si lo que está en juego son mis propios intereses.

El próximo 13 de junio cumple su primer año. Le voy a regalar un pañuelo palestino, que creo que le va a hacer ilusión.

Prrrrrr.

jueves, 21 de mayo de 2015

Un día en tierra de Bugs Bunny

Entrada al Parque
Como os contó Forlán el lunes pasado, estas vacaciones han sido más bien caseras y las hemos dedicado a emprender tareas abandonadas hace tiempo y a resolver urgencias imprevistas.

No obstante, alguna cosilla hicimos. Fuimos al Museo Arqueológico, que siempre está bien hacer algo cultural, pero no es de cultura de lo que vengo a hablar hoy, sino de otra actividad mucho más trivial.

El día 14 fue mi cumpleaños y le pedí de regalo al churri que me llevara a gastos pagados al Parque de la Warner, al que no había ido nunca.

Tengo que decir que me lo pasé muy bien. Fue muy divertido y, pese a que no es un parque muy grande, tiene muchas atracciones entretenidas. También debo admitir que yo a esas salvajadas donde te ponen cabeza abajo no me subo, así que en esas yo esperaba fuera al churri. Esto no fue óbice para que yo disfrutara como una enana. Aunque me haya montado en cosas como las sillas voladoras y los coches de choque. Yo me lo paso pipa en esos sitios. Fuimos al Hotel Embrujado, vimos el espectáculo de Loca Academia de Policía, visitamos la casa de Silvestre y Piolín y hasta dimos vueltas en las tacitas de Scooby Doo como si tuviéramos ocho años.

Al fondo, "La Venganza del Enigma", la atracción más
alta de Europa
A pesar de que no soy muy fan de las atracciones de agua, subimos en unas cuantas. Nos mojamos, nos secamos, nos volvimos a mojar… Y a mí todo me venía bien. Hizo calorcillo así que en el fondo se agradecía.

En las casetas de la Feria pretendí que el churri ganara para mí una rosquilla de peluche enorme. Quería sentirme por una vez como una adolescente orgullosa a la que su hombre le ha ganado un peluche pero sólo nos valió para hacer el ridículo. Qué decepción de hombre.

Old West Territory
También fuimos al Horror West, que es un pasaje del terror con actores y proyecciones en 3D que estuvo muy bien. Unas chicas de unos 17 años (esto según yo; según el churri tenían veintipocos) nos pidieron que entráramos con ellas porque una estaba muertecita de miedo. Accedimos porque somos buena gente aunque la miedosa se aferraba al churri como si fuera un superhéroe. Cada vez que el churri se alejaba le decía “Venga, señor”. Si es que ya tenemos una edad…. Al final no hicieron el recorrido. En la primera sala la miedosa se echó a llorar y ya no hubo manera así que hicimos el tour el churri y yo solitos como unos valientes. En la segunda sala un cowboy zombi me dio tal susto que mis gafas 3D salieron volando del manotazo que pegué. Las posibles consecuencias de esto las cuento el próximo jueves.

Una vista panorámica
El churri se encontró más tarde con ellas en el Stunt Fall, en el que yo no monté. Que le dieran vueltas como una peonza se ve que la asustaba menos. Qué raro es el género humano.

Esperando el autobús al irnos (llegar o irse de allí es una odisea para quienes no tenemos coche) vino una mujer diciendo que tenía cuarenta plazas libres en un supuesto autobús oficial de la Warner que ni siquiera estaba aparcado dentro del recinto, sino fuera. Al churri y a mí la cosa nos olió a chamusquina y no fuimos pero hubo gente que accedió y allá se fueron tras ella. Los perdimos de vista tras una loma. No pude averiguar de qué iba todo aquello.  

En resumen, que disfruté mucho de mi regalo de cumpleaños. Siento haberme enrollado hoy más de la cuenta. Aquí os dejo más fotitos.

Hollywood Boulevard

New York, New York

Yo en el cementerio indio

Haciendo el ganso. Disculpad mis pelos. Es que con tantas veces que me mojé...

Con el Coyote, que siempre ha sido mi preferido

Bugs Buny, desfilando como una estrella

El Batmóvil

Una vista al anochecer



miércoles, 20 de mayo de 2015

Anuncios Pesadillescos CXXXVI: Ya ni disimulan

La acción no es que sea demasiada, ni el texto muy extenso, por lo que creo que me va a costar sacar de esto una entrada con una longitud aceptable pero no puedo dejar pasar la oportunidad de hablaros de esto porque, aunque breve, cumple con todos los requisitos para ser tildado de “pesadillesco” y, como tal, tiene todo el derecho del mundo a aparecer en esta ilustre sección. No por corto iba a ser menos.

Llevamos ya más de ciento treinta anuncios pesadillescos así que, como comprenderéis, a estas alturas ya he visto de todo (o eso creía) y pareciera que ya nada podría sorprenderme tanto pero, con este, me quedé horrorizada al verlo. Con eso os digo todo.

Lo primerito que vemos es el primer plano de la cabeza de una jirafa, que le está metiendo mordiscos a un arcoíris. Ya vamos empezando mal y la situación no tiene pinta de que vaya a mejorar.

El plano desciende y vemos el cuerpo de la jirafa. Sentado cerca de sus ubres, un individuo rastafari está extrayendo algo del interior del animalito. De lejos ni vemos si eso es algo sólido o líquido pero observamos que, lo que sea que sea eso, está cayendo en un cubo puesto debajo para tal fin.

El individuo rastafari le dice a la jirafa “Venga, bonita, dame más caramelitos”. Bueno, no dice “caramelitos”, dice la marca pero ya sabemos que aquí estamos para hablar de publicidad, que no de productos. Ese es todo el “diálogo” del que vamos a disfrutar en este anuncio. No puede decirse que se hayan matado con el guion, precisamente, ni que el actor haya tenido que pasarse noches en vela estudiando muerto de miedo por si se olvida de una parte del texto.

Y ahí es cuando la cámara se acerca al cubo y podemos comprobar (con bastante horror) que lo que el primo de Bob Marley está ordeñándole a la pobre jirafa son un montón de grajeas de colorines.

A continuación, se mete una de dichas grajeas en la boca y se ríe a mandíbula batiente. No sé si porque la situación le hace mucha gracia o directamente se ríe de la cara de panolis que se nos ha quedado a todos viendo semejante invento.

La voz en off nos informa que se trata de unos caramelos con sabor a frutas. Y esto ya me extraña más porque la jirafa parece alimentarse de arcoíris. ¿Significa esto que el arcoíris sabe a frutas? ¿Deberíamos sumar la pregunta “a qué sabe el arcoíris” a la ya consabida “a qué huelen las nubes”? La publicidad últimamente plantea muchas preguntas pero pocas respuestas. Y así vamos, desorientados por la vida sin que nadie nos dé soluciones.

Podría presuponer, dado el aspecto exterior del hombre, que se dedica sistemática y consuetudinariamente al consumo de cierta sustancia verde pero no hay que ser prejuiciosos, oye.

También puede ser que haya creativos publicitarios que no le hagan ascos y ya ni se molesten en disimular.


P.S.  Se lo dedico a Drew, a quien le faltó tiempo para proponérmelo, no fuera cosa que nos quedáramos sin este destripamiento.