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martes, 21 de octubre de 2014

Ustedes Dirán XCIX: El xucu xucu (sugerido por Naar)

Venga, ahora en serio, ¿de dónde os sacáis estas cosas? Yo estoy que no doy crédito. No voy a hacer ni introducción ni nada. Pasamos directamente a analizar la canción que mi querida Naar ha tenido a bien sugerirme:

“El Guararey”

Guararey, guararey, guararey:
la tierra del xucu xucu (Bis)

¿Suena  a eufemismo? Lo es.

En un sillón de vejujo yo de ti me enamoré
En un sillón de vejujo yo de ti me enamoré

No me preguntéis qué es el “vejujo”. No está en la RAE y no he sido capaz de averiguar de ninguna manera su significado pero así venía en la letra y así lo dejo. Que se enamoren de ti en un sillón, sea de “vejujo” o de skay, tiene que ser una experiencia extraña, cuando menos.

Anoche yo te fui a ver, y tu te estabas bañando
Lo que yo quería ver te lo estabas jabonando

Se estaba lavando el pelo, que sois unos malpensados. El chaval muere de amor con la melena de la muchachita. Todo romanticismo.

Luego da unos consejos sobre la conveniencia de las madres de cuidar a sus hijas. El argumento es el siguiente:

Todas las mamitas creen, que sus hijas son doncellas
¿Cuántas veces habrán visto boca arriba las estrellas?

A ver si ser aficionada a la Astronomía va  a estar ahora reñido con la decencia… Faltaría más.

Volvemos con lo del xucu xucu y el sillón misterioso y la siguiente estrofa dice así:

Anoche te lo pedí, no me lo quisiste dar
Ojalá que se te oxide y no lo puedas usar

Claramente él le está pidiendo a su amada el candado para evitar que le roben la bicicleta pero ella, que es una egoísta, no se lo prestó y él desea que ahora ella tenga que dejar su vehículo abandonado a su suerte para siempre.

Como ya parece que ellos mismos se están dando cuenta de que se les está yendo la mano con dar tanta caña a las mujeres, intentan equilibrar la balanza con lo siguiente que, según dicen, es para dejar mal al sexo contrario:

Cuchillo ¿por qué te doblas? Si eres de muy buen acero
Así se doblan los hombres cuando ven un buen trasero

Pues no veo yo que se hayan cebado tanto, la verdad. Sobre todo, a juzgar por una conversación que tienen después, donde dicen que el cuñado de uno de ellos tiene unas hermanas guapísimas pero a las que llamaban “La Gripe” porque todo el mundo la había tenido. También recibían el apodo de “Foto de carnet” porque era chiquitita, cuadradita y se entregaba a los cinco minutos. El cuñado tiene que estar muy contento con ellos.

Y siguen con las estrofitas:

Dicen que cristo murió con 3 clavos solamente
Por qué no muere tu hermana si la clava tanta gente

Vamos, que vaya donde vaya, le cobran de más. Si es que le ven la cara de buena…

Xucu xucu, sillón de vejujo y más estrofas (esto es más largo que un día sin pan):

Todas las mujeres tienen en el pecho dos penachos
Y dos cuartas más abajo la fábrica de muchachos

No he logrado entender lo de los penachos. De verdad que no…

Todos los hombres tenemos en el pecho la alegría
Y dos cuartas más abajo el cañón de artillería

Ya será menos. Mira que les gusta presumir, a algunos.

Y culminan con más xucu xucu y el sillón que sigo sin saber cómo es y hala, cada cual para su casa.

Que sí, que os enlazo el vídeo, que no tiene desperdicio. A bailarrrrrr.

P.S. A pedir sin miedo, si ya estoy curada de espanto... 

lunes, 20 de octubre de 2014

Crónicas Felinas CIX: La lactancia

Marrameowww!!!

Seguramente recordaréis cuando os conté que, cuando yo era un cachorrito aún más adorable de lo que soy ahora, me daba por meterme en la boca la oreja de Luhay cual si de un chupete se tratase y pasarme las horas muertas succionando y llenándola de babas hasta que Luhay sacudía la cabeza bañando a la bruja con mis secreciones salivales.

Pensé que tal vez Munchkin fuese a tener una afición parecida y sí, la tiene, pero es bastante inquietante, tengo que decirlo. No sé si se cree que soy su nueva madre pero le da por buscarme las tetillas y puede pasarse horas chupando y apretando con las zarpas. Yo intento explicarle que soy un macho (aunque, por culpa de quien ya sabemos, carezca de ciertos elementos con los que debería contar) y que de ahí no va a sacar absolutamente nada pero el tío como quien oye llover. Ahí que se prende y no para hasta que se cansa.

Al principio yo me lo quitaba de encima como podía pero ahora ya lo he dado por imposible y me resigno a esperar a que termine. De hecho, hasta le estoy pillando el gustillo y, de vez en cuando, me quedo frito mientras él sigue ahí, absorbiendo no se sabe bien qué.

La madre de la bruja dice que eso es normal (ella sabrá, que para algo es bióloga, aunque hay que matizar que se especializó en entomología y no me parezco yo demasiado a un escarabajo, así que tampoco pondría las manos en el fuego por la supuesta “normalidad”). El caso es que yo no lo hice y, por lo que cuenta la bruja, ningún otro gato que haya tenido lo hizo nunca tampoco, por lo que los humanos de esta residencia han acogido la novedad con sorpresa y algarabía, lanzando grititos de emoción cada vez que ven al imberbe perpetrando sus actos deleznables y diciendo cosas como “Mira, mira, ahí está otra vez”. “Qué curioso”. “Es más ricoooo”.  Esto último es lo que más a menudo se escucha últimamente en esta santa casa y me dan ganas de decir “¿Y yo qué?” “¿No soy rico?”. Tendré que recordarle a la bruja que, por lo menos, yo no me dedico a dejarle los muslos como si acabara de atravesar a rastras un zarzal.

Así que, en vista y considerando que la manía no parece ir a quitársele en los próximos días, aprovecharía que este blog lo leen tantas madres para hacer un llamamiento y pedir, por un lado, si alguien tiene algún biberón que ya no use. A ver si así le da por chupar eso y me deja a mí un poco en paz. De no ser posible el envío de un biberón por correo, me conformaría con alguna crema reparadora de las grietas de los pezones, que me los va a dejar en carne viva.

Quién me iba a decir a mí que a estas alturas de la vida iba a andar yo pidiendo estas cosas.

Prrrrrr. 

jueves, 16 de octubre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso XI: Oremos

Entrando a la misión
Advertí la semana pasada que teníais que venir rezaditos, confesados y comulgados para el post de hoy, ya que en esta entrada toca visitar la Misión de San Juan Capistrano, que es una de las misiones católicas más conocidas en California, fundada en el año 1776 por Fray Junípero Serra, originario de Mallorca y que fundó, o colaboró en la fundación, de nueve misiones. Ahí es nada.

Según lo que cuentan en el audio que te ponen al recorrer el recinto (te dan como un teléfono para que vayas pulsando el número del punto en el que te encuentras y así una voz grabada te cuenta cosas para desasnarte), en la misión convivían en perfecta armonía los misioneros y los "juaneños", como llamaban a los nativos conversos. La Historia nos da pruebas de que la armonía no era tanta pero quedémonos con el lado romántico.
Un barracón (o como los llamasen ellos)
Tampoco voy a ahondar mucho en la historia del lugar porque es una asignatura que nunca se me ha dado demasiado bien y "en habiendo" Wikipedia, para qué vamos a andarnos con chorradas.

Independientemente de que las misiones nos parezcan buenas, malas o regulares, es un sitio que merece la pena visitar. Podemos recorrer las habitaciones donde descansaban los misioneros. Por ahí te ponen también un horario donde se puede apreciar que a las dos de la mañana les tocaba levantarse a rezar (y vosotros seguro que andábais de juerga o durmiendo a pierna suelta, impíos). 
¿Soy la única a la que esta imagen le da mal rollo?
Luego parece que se acostaban de nuevo pero a las cinco ya se levantaban definitivamente, rezaban otro poco y ya seguían con sus tareas; artilugios que usaban para las misas; la prensa de vino, que era muy grande, así que dudo que sólo la usasen para el vino de la misa (estos curas beodos...) y de tecnología digital. Vamos, que las uvas se prensaban con los dedos de los pies, básicamente; la capilla y las ruinas de la iglesia, que quedó casi destruida por completo tras un terremoto, a seis años de su inauguración y habiendo estado diez años para construirla. Ya es mala pata... También podemos ver el campanario, donde te dan ejemplos auditivos de cómo sonaban según si moría un anciano, un hombre adulto, una mujer, o un niño. Cuando morían niños el tañido era más alegre porque la criatura ya iba a reunirse con su padre celestial. Sends eggs.
Las "alegres" campanas
La vimos en una mañana y todavía tuvimos tiempo de dar una vuelta contemplando paisajes y de llegar a casa de mis tíos a comer. Por la tarde, fuimos a ver un partido de softball que jugaba el equipo de mi primo R., mi prima S. (su esposa) y sus hijos. Estuvo entretenido.


Nos fuimos a la cama tempranito porque tocaba levantarse a las cuatro de la mañana para irnos con mi prima S. (la hermana de mi primo R.) y su novio P. lejos, muy lejos. Os dejo con la intriga hasta la semana que viene. Venga, tomad más fotitos de San Juan Capistrano mientras esperáis. 


Una puerta. Sin más. Pero la foto quedó artística, ¿que no?

El jardincillo para hacer barbacoas

La fuente con nenúfares y carpas y de tó

La prensa "digital"

La capilla. Sencillita

Lo que va quedando de la iglesia

miércoles, 15 de octubre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXIII: ¿Surrealismo o sinsentido?

Gracias a Desafectos tuve la oportunidad de conocer esta maravilla que aún no había tenido oportunidad de visionar y que hubiera sido un delito no destripar convenientemente en esta sección.

Vemos un pisito muy moderno, de estos con cocina americana que tienes que tener siempre impecable porque no hay manera de esconder el caos en caso de una visita inesperada (esas cocinas son el mal, en serio. Donde esté una cocina con puerta de las de toda la vida, que se quiten estas moderneces). Tras la encimera, la joven esposa (o novia) se sirve un vaso de agua y vemos que en el sofá descansa un espécimen masculino luciendo camiseta rosa homenaje a los distintos tipos de bigotes mientras ve algo en la televisión.

Según nos cuenta el locutor, cuando alguien te dice “¿Por qué no pedimos comida?” (en este caso es la mujercita, que se ve que ha quedado agotada de servir agua con la jarra) la reacción del interlocutor, en lugar de ser el insípido “ah, pues vale” que suelo decir yo cuando el churri me propone pedir algo para librarse del martirio de la cocina, es, más o menos, la siguiente: Hacer un gesto de triunfo con el puño cerrado, agitándolo una vez (sólo una pues la repetición del gesto podría ser considerado como una amenaza, lo que puede desembocar en que todo el plan se vaya al garete) y que tu cerebro, en lugar de escuchar la frase antedicha, escuche la palabra “Unicornio”. Vemos el nombre del mitológico ser en letras de lo que parece ser neón de club de carretera y, a continuación, observamos un unicornio de peluche bailando bajo unas luces de color rosa mientras un pianista, mezcla de Richard Clayderman con Liberace, toca con meneo de melena incluido. En cierto momento, mira al unicornio con cara de psicópata y da mucho miedo. Bueno, da miedo todo el anuncio en general. Vuelven a enfocar al unicornio y constatamos que se ha puesto un bigote postizo y dice “Bigote”. Esta parte claramente está enfocada a sumergirnos en el subconsciente del hombre de sofá. Está claro que nos hemos metido dentro de su camiseta. ¿Veis como no doy los datos por darlos? Estoy atenta a todas las señales para entender el simbolismo de la pieza publicitaria en toda su magnitud. Es un anuncio claramente freudiano, lleno de matices que sólo un ojo entrenado como el mío es capaz de ver.

La imagen del unicornio bailarín se desvanece tan rápido como vino y nos vuelven a mostrar a la parejita, que toquetean un móvil sentados en el sofá, paseándose entre las distintas ofertas de una aplicación de entrega de comida a domicilio.  

Mientras tanto, nosotros, inocentes espectadores, nos hemos quedado con cara de WTF sin entender ni papa pero con unas inexplicables ganas de comernos al unicornio con una guarnición de salsa de pianista y patatas a lo pobre.

Eso sí, el unicornio poco hecho, gracias. Si se queja al pincharlo con el tenedor, mejor que mejor. 

martes, 14 de octubre de 2014

He leído: “El año de la hortaliza”, de Jorge Urreta

Sí, el año de la hortaliza, como suena. Reconozco que a mí también se me puso un poco cara de salvapantallas cuando Jorge se puso en contacto conmigo para consultarme si estaría dispuesta a recibir su libro para, posteriormente, reseñarlo.

Como no me cuesta nada y siempre está muy bien eso de poder colaborar en dar a conocer a nuevos escritores, pues le dije que sí  (que una es así, altruista) y reconozco que esperaba encontrarme con una obra de humor, más que nada por el título pero no. Lo que me encontré fue con una novela de tintes paranormales (sin pasarse, no os penséis que es como una entrega de Cuarto Milenio) y altas dosis de tensión, intriga, dolor de barriga (bueno, no, de esto último no hay).

A grandes rasgos, sin querer ahondar mucho en la historia porque no me gusta destripar, un padre de familia trabajador y honrado recibe inesperadamente una herencia. Una gran herencia. Una pasta gansa, vamos. Como nuevo rico, se compra una mansión de agárrate y no te menees en una localidad perdida de la mano de Dios y se va a vivir allí con su familia. Deciden plantar una huerta y obtienen unas hortalizas que, aparte de las propiedades vitamínicas que podríamos atribuir a las verduras ecológicas, tienen otras propiedades un poco menos comunes. Esto está muy bien pero, cuando hay algo fuera de lo común, todo el mundo quiere su porción de pastel… y hasta aquí puedo contar.

Tengo que admitir que me ha gustado mucho. Está escrito con un lenguaje muy directo, sencillo, sin caer en el exceso de florituras y eso a mí me agrada mucho. Me tiran un poco para atrás los autores que van un poco del rollo “mira qué culto soy y qué vocabulario tan extenso y refinado tengo”. No quiero decir con esto que sea un libro simplón. La historia está bien planteada y tiene un ritmo muy dinámico que hace que te lo termines casi sin darte cuenta. Si tuviera que definirlo en una palabra, diría que es ameno así que, si queréis saber si os lo recomiendo, la Álter-respuesta es que sí.

Así que, ya sabéis, si queréis conseguir “El año de la hortaliza” de Jorge Urreta, no tenéis más que pinchar aquí  y enteraros de todo.