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jueves, 21 de junio de 2018

Dando explicaciones


Quizás os estéis preguntando (o no, porque dudo que me deis tanta importancia) que qué pasa últimamente conmigo, que a veces publico, a veces no publico, a veces comento blogs, a veces no comento… Hace un par de semanas, sinceramente, me habían abandonado las musas. Creo que se debió a tanta lluvia y tanto frío y tan hasta las narices que estaba ya.

Ahora ha venido el verano. Así, sin avisar ni nada. Que estoy yo muy contenta porque ya sabéis que, si por mí fuera, no bajaríamos de los 25 grados nunca pero digo yo que podría avisar, en plan “eh, que voy, soy el verano” porque esto de estar con paraguas, chaqueta y camiseta de manga larga a poder dejarse los calcetines en casa y andar luciendo brazos (piernas, de momento, no he lucido; primero porque estoy muy blanca y segundo porque, si bien tengo vestiditos nuevos que estrenar, quiero esperar a que sea julio o agosto, que si no quemo todos los cartuchos en la primera semana) termina volviendo loco a cualquiera. Sobre todo porque cuando estuve de vacaciones allá por mayo, tenía yo intenciones de aprovechar un día para hacer el cambio de armario pero, en vista del panorama invernal que aún estábamos viviendo, no tenía sentido hacerlo. Ahora, por culpa del cambio brusco, he tenido que hacerlo un sábado por la mañana, con lo que me gusta a mí hacer el vago los sábados por la mañana. Y, encima, este año me he esmerado porque me he probado un montón de ropa de esa que hacía lustros que no usaba y, bajo la premisa “si parezco una butifarra, lo aparto para donar”, terminé llenando dos bolsas de ropa que ya no volveré a usar en la vida. Y no me digáis que podía haber intentado adelgazar para poder volver a entrar en ella porque ese planteamiento fue el que me hizo llegar a esta situación de Diógenes profundo en la que me encontraba.

Vale, y ahora diréis “pero el calor empezó ya hace una semana, ¿por qué motivo sigues haciendo apariciones intermitentes, pues?

Pues porque hay Mundial, que todo hay que explicarlo. Mi vida es un caos desde que se pitó el comienzo del primer partido. Con lo organizadita que soy yo y ahora tengo que andar haciendo múltiples cambios de planes para cuadrar mi cotidianeidad con los partidos. Al punto que había pedido cita en la peluquería para ayer miércoles pero en cuanto colgué con mi peluquero me di cuenta de que a esa hora jugaba Uruguay y cambié la cita para el martes, sin importarme pagar más (los miércoles es más barato; se ve que, aparte del día del espectador, es el día del peinado). He tenido que buscar hueco para colgar la bandera uruguaya en la ventana (dos veces, porque la primera la pegamos mal y se cayó, por lo que terminé viendo el partido contra Egipto con la bandera en el suelo) y hasta vi el partido Rusia-Egipto porque están en el grupo de Uruguay y hay que hacer cábalas con los puntos. Por suerte, ya estamos en octavos tras un tediosísimo partido con Arabia Saudí en el que confieso que me costó no dormirme.

Y, por supuesto, también veo los partidos de España que, casualmente, coinciden siempre en día con los de Uruguay así que, cuando me toca fútbol, sé que ya tengo la tarde echada con la tontería.

En fin, que intentaré prodigarme más por aquí si el esférico lo permite. La entrada me ha quedado más larga de lo habitual pero, ¿quién sabe cuándo habrá otra?

miércoles, 20 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLVIII: La vida sana le va a costar cara


Ya los había traído alguna que otra vez pero es que no dejan de sorprenderme , así que lo publico fielmente.

Este anuncio tiene un solo escenario y un solo protagonista, por lo que no voy a liaros intentando explicar los cambios de secuencia como me sucede a veces.

Comenzaré describiendo el escenario. Es un salón en semi-penumbra que no está especialmente desordenado pero que, por obra de la escasa iluminación y porque los muebles son del año de la polka, tenemos la sensación de que el sitio en cuestión hasta debe de oler mal.

En cuanto al protagonista, es un señor más o menos de mi quinta (o algo mayor que yo, porque yo soy una jovenzuela), que está sentado en el sofá viendo la tele mientras se llena la boca de patatas fritas. Me recuerda a mí un domingo por la tarde cualquiera con la salvedad de que yo no bajo la vista para contemplar mi barriga con cara de asco. No porque no  tenga barriga sino porque yo no me siento en el sofá; soy más bien de tumbarme cuan larga soy, por lo que no me hace falta bajar la vista para mirarme la barriga.

Lo dicho, el señor se mira la barriga, que no es lo mismo que mirarse el ombligo, y una voz en off anuncia que hoy es el día en que vas a dejar atrás la vida sedentaria. El hombre, con el pecho lleno de migas de patata (desconozco por qué hay gente que se llena de migas cuando come patatas fritas), desvía la vista de su barriga a unos plátanos de Canarias que tiene en una mesita junto al televisor. ¿Alguien tiene fruta junto a la tele? No conozco absolutamente a nadie que tenga esa costumbre.

Por alguna extraña razón, de repente al protagonista empieza a salirle humo de la nariz y las orejas, como si se hubiese convertido en dragón. La cara se le pone roja mientras sigue echando humo y la voz en off le dice que ha llegado el momento de levantarse del sofá y dirigirse a un lugar donde comerá más sano. Sus pies, de repente, pierden contacto con el suelo y, durante la levitación, las llaves de su bolsillo caen entre los cojines del sofá. Vemos cómo se pone completamente de pie gracias al empuje que le dan los chorros de humo expelidos por su nariz. A continuación coge un plátano de la mesita antedicha y sale de su casa, supongo que a comerse el plátano y a hacer un poco de footing con la ropa llena de migas de patata.

Yo en su lugar me hubiese adecentado un poco antes. Más que nada para que el cerrajero me viese presentable cuando lo tuviera que llamar a la vuelta, debido a que las llaves, como he dicho, se han quedado entre los cojines del sofá.

Por cierto, lo que se anuncia son los plátanos. Porque si no lo digo, no hay quien llegue a esa conclusión.

lunes, 18 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLVIII: Fracaso en las negociaciones


Marrameowww!!!

Pensaréis que, si hoy estoy publicando, es porque finalmente me han cambiado el platito y, por tanto, se ha desconvocado la huelga. Pero no. No tengo platito. Mejor dicho, sí tengo platito pero el mismo platito desportillado de siempre.

A juzgar por vuestros comentarios de la semana pasada, donde casi todos me instabais a declararme en huelga y sólo unos pocos estaban dispuestos a financiar la adquisición de un nuevo platito para vuestro gato preferido, he llegado a la conclusión de que sois unos agarrados que preferís quedaros sin leer mis entradas a soltar un par de eurillos para evitar el conflicto. No tengo palabras para expresar cuán decepcionado me hallo con vuestra actitud tan deleznable.

Así que, en vista y considerando que daba la sensación de que no os importaba en absoluto deshaceros de mí, por aquí me quedo y seguiré publicando al mismo ritmo, sólo por fastidiar. Había pensado hacer una huelga a la japonesa y hacerme con el control absoluto del blog, publicando tres o cinco o incluso siete entradas semanales pero, entre que la bruja no me lo iba a permitir porque quiere espacio para sus porquerías y que, a lo mejor, terminabais tan fascinados de tenerme a diario que al final me ibais a pedir que mantuviera esa actitud para siempre, he decidido no ir por ese camino. Bueno, por los motivos antedichos y porque me da una pereza infinita escribir tantas entradas; que en algún momento del día tengo que echarme mis diecisiete siestas reglamentarias. Que al final, todo hay que explicarlo. 

Así que mis esfuerzos de presión  a la patronal han caído en saco roto y tendré que seguir comiendo en mi plato de indigente hasta que la bruja y el consorte se dignen a comprarme uno nuevo. Ya informaré del avance de la situación.

En otro orden de cosas (y para rellenar un poco porque si levanto la huelga tendré que levantarla en condiciones y trabajar a tiempo completo), os cuento que el imberbe cada vez se comporta de forma más antigatuna. Ya os conté alguna vez que duerme tapándose los ojos con la pata para que la luz no lo moleste. Si viviera en un entorno con depredadores sería la presa ideal. Pues a esto le tenemos que sumar que, dado que, como todos los años, los aviones han anidado sobre nuestra terraza (los aviones de tipo pajarraco, claro está; no tenemos un Boeing en la terraza), pasamos las horas muertas pegados a la ventana viéndolos pasar. Pero resulta que, el otro día, uno de ellos tal vez no vio el cristal y por poco se esmoña contra el mismo (debía estar muy ciego porque la bruja no es que tenga los cristales precisamente limpios). Pues bien; el imberbe, en lugar de relamerse creyendo que la presa se acercaba directamente a sus fauces, se bajó del mueble y se escondió debajo de la ventana, con la esperanza de que el bicho alado no lo encontrara.

Es la vergüenza de la especie.

Prrrrrr.

miércoles, 13 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLVII: La trilogía de la limpieza (parte 3)


Pues vamos hoy con el tercer anuncio de los que conforman esta trilogía. Para mí es el más surrealista de todos, aunque cada uno juzgará una vez que cuente con todos los elementos. Yo os los traigo todos (o todos los que encontré) y cada cual que saque sus propias conclusiones.

Lo que vemos es a un señor que se sube a una estructura metálica de la que desconocemos su propósito. El hombre se arrastra por la parte superior de la estructura, sujetando con la boca algo que, de momento, no alcanzamos a ver muy bien qué es (de hecho, una vez que se pone de pie sobre la estructura, yo pensaba que era un boomerang, pero es que yo hago asociaciones muy extrañas, así que no me hagáis mucho caso).

El plano se abre y vemos a nuestro protagonista saltando acrobáticamente al suelo. Es en este momento cuando sabemos que la famosa estructura metálica sobre la que él reptaba como una lagartija al sol, no era otra cosa que un remolque que, a su vez está enganchado a un coche. Comprendemos también que el extraño objeto que portaba en sus fauces era la boquilla de una aspiradora, con la que se dispone a limpiar el vehículo.

El buen hombre aspira con fruición desde el maletero hasta los asientos, aspirando incluso manchas húmedas cuya procedencia me niego a intentar adivinar. Cuando culmina su tarea, sopla la boquilla de la aspiradora como si la máquina fuese una Mágnum y acabase de abatir a todo un ejército enemigo, posando finalmente frente al coche con las piernas semiabiertas porque esa es la posición de cualquier machote de pro.

Supongo que ya os habréis dado cuenta de por qué éste me parece el más surrealista pero, por si acaso no ha quedado claro únicamente con el análisis, yo os lo explico: Puedo llegar a entender (medianamente) que la gente se cuelgue del techo para limpiar cristales porque de alguna manera hay que llegar a las partes altas (digo “medianamente” porque, desde que existen las escaleras, la vida es mucho más fácil), aunque luego se dediquen a pisotear lo que acaban de limpiar. De alguna manera hay que meter la alusión a Misión Imposible. Pero ya que una persona repte por un remolque para llegar al coche que lo sujeta escapa completamente a mi comprensión. El coche no está bloqueado con nada. Está aparcado enfrente de la casa y nuestro protagonista tiene muchísimo espacio para llegar al vehículo caminando tranquilamente. Es decir, no hay ninguna razón que justifique que este hombre tenga que trepar por la caravana y dar saltos como una vulgar cabra montesa.

Vamos, que si los anteriores me  parecieron traídos de los pelos, este ya se lleva la palma pero, repito, tal vez en los comentarios me sorprendáis y me digáis que os pareció peor alguno de los anteriores, porque con los gustos y las opiniones de la gente nunca se sabe.

Y si hablamos de lectores de este blog, todavía menos.

lunes, 11 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLVII: El ultimátum


Marrameowww!!!

Hoy pensaba declararme en huelga y no escribir nada hasta ver satisfechas las reivindicaciones pertinentes que considero justas como resarcimiento por el daño causado a mi propiedad por ciertos hechos ocurridos recientemente. Pero después pensé que estos humanos inútiles con los que me ha tocado convivir no son capaces de entender el idioma gatuno y no iban a saber el motivo por el que he contemplado la posibilidad de declararme “on strike” (para que veáis que yo domino no uno, sino varios idiomas humanos).

Así que voy a tener que dejar aquí plasmados los hechos, a fin de que la bruja y el consorte los lean y sepan que, a partir de la semana que viene, si en este blog no aparece una sola línea escrita de mi zarpa y letra, será porque no he tenido más remedio que pasar a la acción.

Iré al grano, que es lo que nos caracteriza a todos los que escribimos en este blog: El consorte ha roto mi platito de la comida. Se le cayó un día y ahora tiene unos agujeros en la parte superior que no le restan funcionalidad ni suponen peligro para mis fauces por no tener bordes angulosos pero sí lo hacen de lo más antiestético. Y no os penséis que esto sucedió hace un par de días y ellos, pobres seres sufrientes, no han tenido tiempo de ir a comprarme otro, no. Esto pasó hace semanas y, sin embargo, ahí sigo yo como un indigente comiendo en un plato desportillado. Semejante falta de respeto por la propiedad privada me parece digna de comunistas y yo, claro está, me considero más bien monárquico, que para algo soy el rey de la casa y, en cuanto os descuidéis, lo seré también del mundo. Así que, como comprenderéis, un plato con agujeros no me parece para nada el utensilio que pudiera utilizar un monarca. Ni siquiera un alcalde de pueblucho, ya puestos.

Por tanto, supongo que entenderéis mi indignación y voy a hacer recaer la responsabilidad en vosotros porque es lo que hacemos los monarcas. Ya estáis tardando en presionar a la bruja para que me compre un plato nuevo o me declararé en huelga de patas caídas hasta que se vean satisfechas mis demandas. Os quedaréis sin mis entradas semanales y no tendréis más remedio que leer otros blogs para combatir el tedio o, lo que es peor, tal vez terminéis leyendo las entradas de la bruja.

En vuestras manos está que esta sección tenga continuidad o caigamos en época de sequía hasta que se cumplan mis requerimientos. También me vale si decidís hacer un crowdfunding de esos y comprarme un plato entre todos. Aunque, con todos los que sois, a ver si os estiráis un poco y me regaláis como poco, un plato de cerámica de Talavera, que ya os estoy viendo comprando otra porquería de plástico.

Vosotros veréis cómo lo apañáis pero apañadlo, que uno tiene un caché y no puede andar por la vida como un pordiosero.

Prrrrrr (y ronroneo porque es mi costumbre pero que sepáis que lo hago sin ganas)