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jueves, 16 de febrero de 2017

Dime cómo se inspecciona esto, que ya lo hago yo (Primera parte)

A menudo me pregunto por qué parece que en todas las empresas y comercios se me toma por el pito del sereno. Por ejemplo, si entro a un bar e intento pedir al camarero que le dé al botoncito para la máquina de tabaco, el camarero en cuestión atenderá incluso a gente que ha entrado después que yo antes que a mí.  Sirva esto como ejemplo fútil de situaciones en las que me veo inmersa a diario.

Ahora paso a lo que realmente vengo a contaros. Allá por junio recibí una carta de mi distribuidora de gas donde decían que en septiembre pasarían a hacer la inspección quinquenal. Como tuve todo el follón en el trabajo que ya os conté (y, si no lo leísteis, podéis hacerlo pinchando aquí), en el momento no le di mayor importancia pero como posteriormente terminé pidiendo vacaciones para septiembre, el 21 de agosto llamé  para decirles que yo en septiembre no iba a estar y me dijeron que no había problema, que ya me llamarían más adelante. Pocos días más tarde recibo otra carta diciendo que van a hacer la inspección el día 23 de septiembre, por lo que el 8 de septiembre vuelvo a llamar reiterando que no voy a estar. Me dicen que esas son cartas que ya están programadas y que no me preocupe, que me llamarán más adelante y que sin en seis meses (ahí es nada) no me han llamado, que se lo haga saber.

El 1 de diciembre me  llaman para preguntarme si el día 9 me viene bien. Digo que sí pero que tiene que ser por la tarde. Me dicen que de cuatro a seis de la tarde porque a partir de la seis ya no trabajan. Yo me quedo pensando que ese es un horario ideal para hacer la inspección a gente que trabaje con horario de comercio pero, como no es mi caso, les digo que vale, que en ese horario estaré en casa.

Llega el ansiado 9 de diciembre y, a las 16:18, me llama el técnico diciendo que en diez minutos se presenta en mi domicilio. Le digo que muy bien, que ahí le espero. A las 17:29, como no ha aparecido ya me preocupo pensando si habrá sido abducido o algo, por lo que llamo yo. Le digo que llevo una hora esperando y que si ha tenido algún problema, a lo que responde “Pues claro, como que he estado tocando timbre y no me ha abierto nadie”. Le digo que eso es imposible, que no me he movido de casa y que sorda, de momento, no estoy. Me confirma entonces el domicilio y me dice que le habían apuntado mal la planta. Vaya, pobre hombre… Le indico que eso me parece comprensible pero, que si tenía mi teléfono, por qué no me llamó para preguntarme por qué leches no le abría la puerta, a lo que me contesta…

Lo sabréis en el segundo capítulo, donde continuaremos con esta fascinante historia.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Anuncios Pesadillescos CC: No culpes al ambientador de lo que te pasa por agarrada

Hace poco más de un añito os hablé de este ambientador aquí y diréis, “Qué mala eres, cómo te cebas con ellos; déjalos ya tranquilitos”. Y prometo que lo intento. Hay veces que veo el nuevo anuncio de un producto que ya ha sido destripado y me da hasta penita volver a traerlo a esta sección pero es que lo veo una segunda vez y una tercera y es que no puedoooo.

Así que, aun a riesgo de parecer una desalmada, vamos a darles un poco más de caña. En esta ocasión, hemos pasado de “mini-estudio coquetuelo” a “piso de diseño colorista”. La protagonista rocía ambientador sin piedad en un piso de paredes y muebles blancos con múltiples elementos decorativos de colores vivos. Confieso que, en cierta forma, sería la casa de mis sueños. Una es muy amiga del color y no me da miedo que mi casa termine pareciendo una barraca de circo. Pero, eso sí, intentaría que los complementos cumpliesen con unos mínimos estándares de calidad porque resulta que, cuando la muchacha rocía el ambientador, los jarrones, botellas, relojes y hasta ventiladores vintage que decoran su hogar comienzan a desteñir llenando, a su paso, las paredes y muebles de chorretones de pintura de colorines.

La voz en off nos dice que, ya que pones tanto amor en tu casa ¿por qué la vas a andar manchando con un ambientador tradicional? El plano se abre para mostrarnos la cara de estupor de la protagonista mientras contempla cómo su hasta entonces piso supercuqui se ha convertido en una masa informe de colores sin orden ni concierto. Hasta los cuadros han desteñido.

Por suerte, ellos tienen la solución con un ambientador sin agua para que las cosas no se mojen. Desconocía yo que el agua tuviese esas propiedades disolventes tan poderosas. ¿Quiere esto decir que si me da por lavar un jarrón en el fregadero de la cocina va a perder todo su color? Es que yo creo que ni las cosas compradas en un “Todo a Cien” tienen una pintura tan endeble.

La chica del anuncio, sin embargo, opta por cambiar de ambientador y , oh, sorpresa, con éste los múltiples cacharritos que decoran su piso no pierden ni un ápice de sus pigmentos. Supongo que habrá tenido que comprarlo todo de nuevo o armarse de paciencia y pintarlo todo a mano, si es aficionada al DIY. Desde luego, éste no sería mi caso. Soy torpe y vaga a partes iguales, así que dudo que me diera por ponerme a pintar objetos. Realmente dudo hasta que me diera por ir a comprarlo todo otra vez. De alguna forma intentaría autoconvencerme de que los chorretones, dentro de todo, no quedan tan mal.

Lo mismo no es que este ambientador funcione mejor sino que ha comprado elementos decorativos de mejor calidad, en vista del exitazo que tuvo con los anteriores. Si esto fuera así, la publicidad no nos demostraría absolutamente nada pero, claro está, nunca lo sabremos.

Cómo juegan con nuestras ilusiones. 

lunes, 13 de febrero de 2017

Crónicas Felinas CCIII: Crónica de un sábado

Marrameowww!!!

Está claro que 2017 va a ser el año de Munchkin. Es así, tengo que asumirlo por mucho que me pese no ser el protagonista indiscutible de este blog.

Como ya hemos comentado en esta sección (y lo ha comentado también ella en las suyas, porque vaya que no ha dado la paliza con el temita) desde el verano la bruja cambió su turno de trabajo y ahora le toca levantarse a las 5:15 de la mañana.

Creo que comenté que nosotros esperábamos a que sonase su despertador para empezar a acosarla reclamando nuestro alimento. Los fines de semana, Munchkin se encargaba de despertarla a base de arañazos entre las 8:30 y las 9:00.

Pues bien, el imberbe ha descubierto que es mucho más divertido llamarla antes de que suene el despertador. Los primeros días de la semana pasada empezó a llamarla a las 5:10, después a las 5:00, por ir probando a ver cuántas horas de sueño menos puede soportar la bruja esta. El viernes la llamó a las 4:45 pero ahí la bruja dijo basta y lo mandó al pasillo para disfrutar de la media hora que le faltaba.

Pero hagamos una crónica de lo que sucedió el sábado:

5:17 AM. Munchkin despierta a la bruja. Supongo que quiso dejarla dormir un poco más, por ser  fin de semana. La bruja lo echa al pasillo y el consorte le dice que entonces tiene que sacarme también a mí para que no nos echemos de menos. La bruja (que en el fondo tiene su corazoncito) dice que no, que yo me estoy portando bien y que no me va a castigar a mí también. El consorte se va a dormir al salón para que Munchkin esté acompañado. Sí, los tenemos dominados a estos humanos.

6:00 AM: Empiezo a maullar para que me deje salir del dormitorio. Se levanta para abrirme la puerta y le dice al consorte que vuelva al dormitorio, que ya nos quedamos nosotros en el salón. El consorte le dice que ya se ha tapado con las mantitas y que ya no se mueve. La bruja se enfurruña porque al final la que se ha quedado sola es ella.

10:00 AM: La bruja se despierta sin poder creer su suerte. La hemos dejado dormir hasta esa hora por primera vez en meses. Se levanta alegre y contenta creyendo, la muy ilusa, que el consorte habrá tenido que levantarse del sofá para darnos de comer. Se queda con cara de panoli al comprobar que el consorte duerme plácidamente y nosotros nos abalanzamos a por ella para que nos dé de comer.

12:00 PM: El consorte continúa durmiendo pese a que la bruja lleva un rato en el salón, nos ha dado de comer, ha regañado a Munchkin por intentar comerse mi comida pese a haberse terminado ya la suya y se ha sentado a bloguear. Munchkin y yo dormimos plácidamente acurrucados contra el consorte.

12:30 PM: Creo que la bruja nos está mirando mal a los tres.

Prrrrrr.

jueves, 9 de febrero de 2017

De pescados y clases sociales

El sábado pasado el churri y yo cenamos boquerones fritos. A ver, un momento, no cambiéis de blog tan rápido, que os prometo que esto lo digo por algo  y no es que me haya quedado tan falta de ideas que esto vaya a convertirse ahora en un diario de lo que como. No digo que nunca vaya a suceder pero, de momento, hoy no es el día.

El tema es que el churri y yo siempre hemos tenido una cierta rivalidad en cuanto a esto. Él es muy fanático de los boquerones mientras que yo lo soy de las anchoas. Hasta hace un tiempo no tenía ni idea (llamadme ignorante) de que en realidad se trata del mismo pescado y que se le llama “boquerón” o “anchoa” según cómo esté preparado. Si se prepara con vinagre es boquerón y si se encurte con sal pasa a ser anchoa.

Mi argumento para defender la anchoa era que, aun sin ser conocedora del dato antedicho, siempre había preferido la anchoa al boquerón y que, si el precio se encarece al convertirse de boquerones a anchoas, será porque las anchoas son mejores y esto es claro distintivo de que tengo el paladar fino. No es que los boquerones no me gusten pero donde esté una buena anchoa… El churri decía que eso era porque los mejores boquerones son los que se reservan para anchoa, ya que éstas llevan mucho más elaboración, lo cual no hizo más que reforzar mis argumentos, por lo que exclamé triunfante “¿Ves? Cualquier boquerón con un mínimo de ambición en la vida aspira a llegar a anchoa en un futuro. De hecho, desde que son pequeñitos les inculcan que si estudian mucho, obedecen a sus padres y se esfuerzan, algún día llegarán a anchoa. Yo creo que hasta opositan para anchoas”.

Mientras decía esto, me  imaginaba (mientras tomaba notas para el post) a las abuelas boqueronas, orgullosas, diciendo “pues mi nieto ha conseguido plaza de anchoa. Y del Cantábrico, nada menos”.

Está claro que, ante estos irrefutables argumentos, el churri no tuvo más remedio que reconocer que el estatus de anchoa es mucho más valioso que el de simple boquerón. Una anchoa es un boquerón con rango, no se ha quedado en boquerón raso y eso, claro está, hay que valorarlo.

Y, sí, por si acaso os lo estáis preguntando, en esto consisten las conversaciones que se mantienen en esta casa los sábados por la noche. Debates sesudos que denotan a las claras nuestro elevado nivel intelectual. Hablar de política o del cambio climático ya está muy visto. El debate del momento es boquerón vs anchoa, que os veo muy pasados de moda. El día menos pensado lanzo una encuesta en Twitter, a ver quién gana (aunque si gana el boquerón siempre podré decir que la gente no tiene ni repajolera idea, que es lo que decimos siempre que el resultado de una encuesta no nos convence).

Y tú, ¿aspiras a anchoa o te conformas con ser boquerón?

miércoles, 8 de febrero de 2017

Anuncios Pesadillescos CXCIX: 50 sombras más limpias

Cuando era adolescente era muy friki. Vale, ahora también, lo sé. El caso es que, fuera friki o no, conseguí hacerme con un cd de jingles publicitarios de los años 50 en Estados Unidos. Tal era mi frikismo que hasta me sabía (y me sé) de memoria unos cuantos. Por tanto, para muchos productos tradicionales mi memoria no sólo se remonta a lo que yo misma haya vivido desde que nací son que, en ocasiones, recuerdo cosas que ni siquiera vi en primera persona.

Es así que el primer recuerdo que yo tengo del calvo que lleva limpiando nuestros hogares durante generaciones sea algo como esto:


La cosa fue evolucionando y nuestro calvorota cada vez era más sexy, hasta que tuvimos una review de su vida entera tal y como os relataba en este post.

Pues bien, ha evolucionado tanto, pero tanto, tanto, que ahora, gracias a Stinfalus Avechuchus me entero de que ahora, aparentemente, se ha convertido en todo un icono sexual. Sí, así como lo leéis.

El anuncio no ha llegado a España, al menos de momento pero supongo que todo se andará. Lo primero que vemos es a una mujer rubia con coleta en el pelo limpiando una encimera. De repente,  empieza a sonar una musiquilla que nada tiene que ver con la cancioncilla inocente y pegadiza de los años cincuenta. Se trata de un RnB de lo más sensual. Y, a su ritmo, aparece contoneándose el calvo in person, portando en sus manos un cubo de fregar repleto de productos de limpieza variados.

El calvo estruja una esponja con su mano poderosa, dejando que el líquido jabonoso chorree hasta el suelo y, a continuación, comienza un sensual baile que aprovecha para ir quitando cuanta manchita encuentra por ahí. Se ponen cada uno de un lado de la mampara de la ducha y mueven al unísono sus bayetitas con sensual cadencia hasta que queda eso como los chorros del oro.

El momento estelar es cuando nuestro calvo comienza a pasar la fregona moviendo sus prietas nalgas al son de la música. A estas alturas, la protagonista ya se ha soltado la coleta del pelo y mueve su melena, presa del ardor erótico-festivo al ver semejante especta-culo en medio de su salón.

El calvo la llama por su nombre (creo que es la primera vez en años que lo oigo hablar) y ella, saliendo de su ensimismamiento, se percata de que, quien ha realizado toda la faena no es otro que su maridín, que poco se parece al calvo, la verdad sea dicha. Él le pregunta si así ya está suficientemente limpio y ella, que ya venía “entusiasmada” (por decirlo finamente) con la experiencia anterior, se le tira al cuello como una mantis religiosa dispuesta a devorar a su presa y lo tira sin piedad sobre el sofá.

El anuncio termina con un rótulo donde dice “Tienes que amar a un hombre que limpia”. No entraré a valorar el machismo intrínseco que detecto en esta frase.

Otro día.