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lunes, 30 de marzo de 2015

Crónicas Felinas CXXVIII: Mentiras peligrosas

Marrameowww!!!

Por si acaso os estabais preguntando por el estado de mis fauces, he de anunciaros que ya estoy comiendo estupendamente y, por consiguiente he vuelto a mi buen humor habitual, que es todo el posible dada la condena que supone vivir con la bruja y verle el careto casi las 24 horas del día.

Del consorte no digo nada porque, gracias a él, de momento me he librado de pasar por la tortura de la famosa limpieza de boca que me quieren hacer. El hombre se apiadó de mí y dijo que le daba penita llevarme tantas veces seguidas al veterinario y que, en vista de que ya como sin hacer mucho aspaviento, me iba a dejar hasta principios de abril (que ya está comenzando, sí, soy consciente de ello; no me lo recordéis).

No sé si lo sabéis pero mi fecha de cumpleaños impuesta (porque nadie me vio nacer y, por tanto, nadie conoce la fecha exacta) es el 1 de abril. Así que ya veis qué regalo de cumpleaños tan estupendo quieren hacerme: Sedarme, meterme un tubo y rasparme los dientes. ¿A que os morís de envidia? Pues esa es mi vida, ya veis.

No conformes con esto, ahora que viene el puente de Semana Santa, el consorte ha decidido que se va un par de días a Albacete (dice que a ver a su familia pero a mí no me la da; seguro estoy de que lo que quiere es huir de este infierno y del Can Cerbero, A.K.A “La Bruja”).

Esto significa que, como la bruja no quiere liar el pifostio padre movilizando gatos para dos días (una vez más, eso dice ella porque lo que pasa en realidad es que es una vaga redomada y fantasea en su fuero interno con poder quedarse en casa con un pijama de pelotillas en de estar intentando dar una buena imagen frente a sus suegros), ha decidido de forma unilateral que se queda en casa y así cuida de nosotros. Ja!

Así que podréis imaginar el cumpleaños más fantástico que voy a pasar, con la limpieza de boca pendiendo sobre mi cabeza como la espada de Damocles y soportando a la bruja sin que el consorte pueda mediar en los momentos de conflicto, como cuando suplicamos desesperados por un mísero grano más de pienso. En esas ocasiones, el consorte cede y nos da un poco más. La bruja dice que no, que ya nos ha echado la ración que nos toca y que hay que vigilar nuestro peso para que no acabemos como bolitas ambulantes. Nuevamente, mentira cochina. Lo único que vigila la agarrada esta es su propio bolsillo, no vaya a ser cosa que le toque comprar pienso más veces que las que tenía programadas en el presupuesto del año y se vaya a quedar sin comprarse un bolso nuevo para la colección.

Me estoy empezando a dar cuenta de que vosotros, los humanos, sois muy mentirosos. Os va a crecer la nariz.

Como a la bruja.

Prrrrrr.

jueves, 26 de marzo de 2015

Hoy toca tag (y premio)

La semana pasada comentaba que no había cerrado el chiringuito con respecto a recibir premios, memes y similares porque parecía que ahora estábamos tranquilitos… Ja. Ilusa de mí, si antes lo digo, antes me manda Ph, del blog “¿He oído Flor?” este cuestionario. A ver si nos estamos quietecitos ya… Bueeeeno, vaaaale, en el fondo reconozco que siempre hace ilusión que se acuerden de una.

Las reglas son de lo más sencillas. Responder las preguntas y nominar a 10 blogs, avisándoles sobre la nominación.

Desde ya aviso que voy a pasar olímpicamente de nominar a nadie. A quien le apetezca responder a las preguntas, puede responderlas con total libertad.

Vamos al lío:

¿Cuándo empezaste con el blog?

El 9 de enero de 2012. Hace tres añitos ya, quién lo diría…

¿Por qué decidiste hacerte blogger?

Pues porque hacía mucho tiempo que no escribía nada aparte de la lista de la compra, lo cual limita bastante mi creatividad. Llegó un día en que noté una necesidad casi física de retomar la palabra escrita y hasta hoy.

¿Qué nos enseñas en tu blog?

¿Que qué os enseño? Pues más bien nada. No enseño nada ni el sentido de transmisión de valores ni en el de exhibicionismo. Con que os riáis un poco conmigo (o de mí, da igual), me conformo.

¿Te costó decidir el nombre del blog?

La verdad es que salió casi solo cuando escribí en mi cabeza el primer post. Así me pasa, que me dejé llevar por la impulsividad y ahora nadie lo entiende.

¿El diseño de tu blog es autodidacta o contratado?

Pues es una plantilla de las que vienen preestablecidas. ¿Eso en qué categoría entra?

¿Cada cuánto publicas un post? ¿Tienes un día concreto para publicar o cuando te apetece?

Pues publico tres semanales. Bueno, siendo sincera, yo publico dos: los miércoles y los jueves. Los lunes publica mi gato.

¿Compartes tus publicaciones en redes sociales? De ser así, ¿dónde te podemos encontrar?

Podéis encontrarme en Google+, Facebook y Twitter. Tenéis todos los enlaces aquí a la derecha, así que no hay excusa para decir que no me encontráis. ¡¡A seguirme, hombre ya!!

Tienes diferentes secciones en tu blog?

Pues sí, porque soy muy organizada. Tenemos las fijas, que serían Crónicas Felinas y Anuncios Pesadillescos. Los jueves toca entrada aleatoria pero es aleatoriamente fija y luego están las que van y vienen como el Guadiana (Ustedes Dirán y los premios, que se niegan a abandonarme).

¿Qué nos recomiendas de tu blog?

El blog-roll que tengo ahí a la derecha. Leo a una gente estupenda, oye.

¿Cuánto de tu tiempo lo dedicas a bloguear?

Uffff. No quiero ni pensarlo…

¿Crees que serías capaz ahora mismo de dar carpetazo a la vida virtual?

Capaz, lo que se dice capaz, claro que sería. Pero no me apetece, ea.

¿Qué cosas positivas y negativas te ha aportado bloguear?

Positivas: Grandes risas que me he echado, gente estupenda a la que he desvirtualizado y gente a la que no he desvirtualizado pero aun así se las siente muy cerca, libros firmados, regalitos, recuerdos… y la satisfacción de hacer algo que me gusta mucho.

Negativas: Pues de momento, ninguna. Esperemos que la cosa siga así.


¿Qué es lo primero en que te fijas cuando visitas un blog?

En la temática y en el estilo de escritura, supongo. Nunca me había dado por pensarlo, la verdad.

¿Te gusta que los blogs que visitas a diario desde hace tiempo se conviertan en negocios?

Pues depende. Ver banners de publicidad o algún post patrocinado de vez en cuando no me molesta. Está bien que los bloggers se puedan ganar unos eurillos, oye. Ahora bien, si ya la cosa se sale de madre y van a estar todo el día vendiéndome cosas, pues ya dejaría de interesarme. Por suerte, esto no ha sucedido con ninguno de mis habituales.

¿Te gustaría que tu blog fuese tu forma de ganarte la vida?

Pues por una parte, sí, claro. Pero por otra también pienso que a lo mejor perdería fuelle si termino escribiendo por obligación en lugar de por gusto. Soy así de rara.

¿Te preocupa no tener visitas?

¿Ninguna? Ya es difícil, aunque más no sea por las cosas raras que busca la gente en Internet. A Google le encanta mandármelos a mí.

Y, por si fuera poco, Kristalle y Guille me han dado este premio. El Premio “Parabatais”, que ya me gustaría a mí saber qué significa. Las normas son únicamente publicar la imagen del premio:



Y nominar a quince blogs, que me parece un poco abusivo así que aquí lo dejo para quien quiera hacerse con él.

Y se acabó lo que se daba. ¡Muy buen fin de semana a todos!

miércoles, 25 de marzo de 2015

Anuncios Pesadillescos CXXXII: Por pelotas

Los anuncios de estos grandes almacenes siempre me llaman la atención porque me da la impresión de que se han quedado estancados en los años 80 y de ahí no se mueven. Pero este detalle es lo único que hace que me fije en ellos; por lo general, no me provocan ni frío ni calor.

Pero este año han venido a anunciarnos, como siempre, que ya es primavera (pese a que las temperaturas han vuelto a caer estrepitosamente luego de habernos engañado de forma sibilina) y lo han hecho de una forma un tanto surrealista.

Vemos una especie de pelota de Pilates que tira un jarrón con pinta de caro. Ya empezamos mal. En el otro extremo del salón dieciochesco, hay una mujer con expresión inescrutable vestida a juego con la pelota que mira sin demostrar ningún tipo de emoción.

Vemos más pelotas que se arrastran por el techo la pared de otro salón. Una puerta se cierra sola y la mujer de rostro inescrutable ya parece que se va mosqueando un poco.

Luego, con otro modelito, se levanta de una silla en otro salón mientras cientos de pelotas de Pilates caen del techo sin que ella se despeine siquiera.

Después la vemos con otro outfit diferente caminando hacia atrás por el patio. No sé si presa del pánico por si la persiguen las pelotas o porque el creativo pensó que eso quedaba muy cool. Opto más bien por lo segundo; la chica no parece propensa a tener emociones o, al menos, a demostrarlas. Luego aparece apoyada en una pared con la cara tapada por otro balón y juraría que aquí la veo más expresiva.

Miles de balones se desplazan por las calles desiertas y comienzan a perseguir a la chica, que apenas mira hacia atrás como si aquello fuese lo más normal del mundo. No saca el móvil para subir el vídeo a las redes sociales, ni nada.

Más modelitos en diferentes escenarios. Y balones. Balones de todos los colores y tamaños. Balones para todos los gustos. Balones everywhere. De repente, parece que la chica pone cara de algo parecido al miedo (o al estreñimiento, no lo tengo muy claro) y la escena cambia a un torbellino de balones en mitad de la calle.  Ella corre entre los balones voladores y, de repente, vemos que sólo se le ven las piernas y está cubierta de pelotas de cintura para arriba, cual disfraz DIY de racimo de uvas.

Los balones salen volando y, mientras vemos que del caserón donde estaba al principio están rebosando las esferas, nos anuncian que ya es primavera y se quedan tan anchos.

Confieso que me ha dado un poco de miedito. No sé si porque ya me veo invadida por un montón de bolas gigantes o porque me están tirando indirectas para que me vaya poniendo con la operación bikini. Sea como fuere, me causa desconfianza, por lo que intentaré demostrar mi profundo terror con cara anodina, que está visto que es la última moda. 

lunes, 23 de marzo de 2015

Crónicas Felinas CXXVII: Soy un sufridor

Marrameowww!!!

Llevaba yo unos días que no comía bien. La bruja y el consorte se preguntaban por qué motivo sería que, cuando les veía aparecer con el plato de pienso, me ponía a maullar para que me dieran de comer cuanto antes y luego, tras comer seis gramos con ansia, fuera perdiendo fuelle hasta alejarme del plato y volver a comer algún granito suelto de vez en cuando. Total, que una ración que suele durarme diez minutos me terminaba durando tres horas. La bruja era de la teoría de que a lo mejor andaba acalorado e inapetente porque justo habían subido repentinamente las temperaturas y me habían pillado con pelaje de invierno. Recordemos que yo pedía comida, por lo que no era inapetencia. La bruja nunca ha sido muy lista, no.

Una mañana que el consorte se levantó inspirado, en lugar de pienso me dio una latita para dolencias estomacales, que siempre tienen guardadas por si alguno anda un poco fastidiado. No es que estén muy buenas porque es comida de enfermo pero yo la devoré con placer y deleite, pese a que nunca me han gustado mucho.

Ahí el consorte empezó a pensar y le dijo a la bruja “¿Y si le duele algo en la boca?”. Por fiiiiin, alguien que piensa en esta casa. Así que esa tarde me llevó el consorte al veterinario (qué tirria le estoy cogiendo a ese hombre) quien, tras escuchar las explicaciones del consorte en cuanto a que se me veía con hambre pero remoloneaba un montón con la comida y que había comido mucho mejor lo blando que lo duro, enseguida se puso a mirarme las fauces. El diagnóstico: Gingivitis. De esto la bruja entiende mucho, que siempre ha sufrido mucho de las encías y cualquier día acabará desdentada.

Total, que tuve que estar seis días comiendo un poco de latita y otro poquito de pienso (lo cual me fastidiaba sobremanera pero el veterinario, que es un sádico, dijo que no me malacostumbraran a estar comiendo latita todo el día) y, encima, durante esos días tuve que aguantar medio pastillujo de antibiótico que me daba la bruja porque es un ser perverso.

Ahora ya voy mejor y estoy comiendo bien sin marear tanto la comida pero he oído por ahí que me van a hacer una limpieza de boca así que, por lo visto, mis sufrimientos no terminan aquí y voy a tener que soportar que hagan vete a saber qué en mis dientecitos; si es que no hay derecho. Y me da igual que me digan que es por mi bien. Por mi bien sería que me dejen comer latita todas las veces que se me antoje para que mi preciosa boquita no sufra. A ver qué necesidad hay de torturarme cuando todo podría resolverse preparándome un puré. Ganas de complicarme la vida, es lo que tienen. Espero que la famosa limpieza de boca les salga por un ojo de la cara.

Si he de sufrir, que su bolsillo lo note, ¿no?

Prrrrrr.

jueves, 19 de marzo de 2015

Experimentando

Dibujos de Nube me hizo llegar el otro día este artículo donde nos informan, como podéis leer, que un grupo de científicos ha compuesto una serie de canciones para gatos, utilizando bases rítmicas basadas en el ronroneo y la succión, para que estén tranquilitos. Yo me imagino a esta gente recibiendo una subvención para investigar y diciendo “¿en qué la usamos?” y concluyendo “pues en componer música sedante para gatos, que seguro que nos dan el Ig Nobel”. Ahí, con un par.

No obstante, como no podía ser de otra manera, el tema me picó la curiosidad, por lo que quise experimentar en carne de mis propios felinos si realmente estos soniquetes surten algún efecto en el comportamiento de los gatos. He aquí los resultados de mi investigación, donde hemos utilizado tanto la “melodía” de aproximadamente un minuto que acompaña al artículo como las tres muestras de unos treinta segundos que encontramos pinchando en el enlace que apreciamos en el mismo.

Sujeto 1

Nombre: Munchkin.

Edad: 9 meses

Estado natural: Inquieto. Mucho.

¿Qué lo tranquiliza normalmente?: La música para dormir que ponen en Baby TV.

Condiciones del experimento: El sujeto estaba haciendo el vago en el sofá.

 Conclusiones: Pues pocas. El sujeto del experimento levantó repentinamente la cabeza al escuchar los acordes de la primera melodía (la más larga de las cuatro) abriendo los ojos como platos y volviendo a su estado de semi-letargo a los pocos segundos. Repitió esta misma operación con las tres melodías restantes, por lo que no puede concluirse que alguna de ellas tenga efectos mejores o diferentes a las otras. Los ojos como platos hacen sospechar que, más que tranquilizador, el efecto fue algo inquietante.

Sujeto 2

Nombre: Forlán.

Edad:  5 años (casi).

Estado natural: Generalmente tranquilote.

¿Qué lo tranquiliza normalmente?: La vida misma. Acabaríamos antes diciendo qué lo pone nervioso. Es el rey de la pachorra.

Condiciones del experimento: El sujeto estaba paseando por el salón sin rumbo fijo.

 Conclusiones: Algo más reveladoras que con el Sujeto 1, pero tampoco para echar cohetes. Con la primera melodía detuvo su paseo, me miró, emitió un maullido corto y se fue a afilarse las uñas al sofá. A continuación empezó a lavarse una pata, tarea que no abandonó durante el resto del experimento, salvo para abrir, al igual que el Sujeto 1, los ojos como platos al comenzar el segundo soniquete. Vamos, que no se lo veía más relajado de lo habitual.

En definitiva, que no he sacado demasiado en claro de esta observación científica pero me ha servido para estar un rato entretenida haciendo el ganso, que siempre es de agradecer. Os insto a probar con vuestros felinos y a compartir los resultados, a ver si llegamos a alguna conclusión medianamente coherente, más allá del consabido “los gatos hacen lo que les da la gana y no hay fórmulas mágicas”.

Por mi parte, creo que voy a seguir poniéndole Baby TV a Munchkin y dejando a Forlán a su bola, que me da mejores resultados.