Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

lunes, 7 de julio de 2014

Cerrado por descanso del personal

Os preguntaréis que dónde está Forlán, que hoy le toca el turno a él. Pues sí, tal y como sospecháis, le he usurpado de mala manera el protagonismo.

Hoy publico sólo una breves líneas para informaros que este cuerpecito serrano (y el del churri también) se dispone a disfrutar de sus muy merecidas vacaciones. Y si no las he merecido me da bastante igual, la verdad, porque las pienso disfrutar lo mismo sin cargos de conciencia, ni vergüenza ni nada de nada, ea.

Oficialmente nos vamos a finales de esta semana pero como voy a estar liadilla con los últimos preparativos y no me quiero agobiar, pues doy por inauguradas mis vacaciones blogueras desde hoy. Tal vez me conecte algún día a publicar y responder comentarios o tal vez no. Tal vez os lea y tal vez no. Ya veremos cuál es mi estado de vagancia llegado el momento. Por si acaso, no me pongáis a caer de un burro en vuestros blogs, que luego todo se sabe.

Nos veremos como en tres o cuatro semanitas, más o menos. No es que no sepa cuándo vuelvo (qué más quisiera yo; eso significaría que me ha tocado el Euromillón y no tengo obligaciones esperándome a la vuelta), sino que no me arriesgo a decir una fecha y que luego la depresión post-vacacional me pille desprevenida y sentirme mal por haber dicho que me ponía a ello y no ponerme. Vamos, que el día menos pensado volveré. No sufráis (pero tampoco me olvidéis, que sois muy extremistas).

Lo dicho, que nos vemos a la vuelta. El post de hoy es más corto que lo que suele ser habitual en mí pero es que mi neurona escritora ha escuchado “vacaciones” y ha empezado a apag…

jueves, 3 de julio de 2014

El aceite consagrado

Una compañera de trabajo me comentó hace unos días que por la calle le habían entregado una revistita que estaba segura que iba a constituir buen material para este humilde blog. Ni corta ni perezosa le pregunté que a qué esperaba para traérmela.

Esperó poco. Al otro día sin falta me la trajo. Es la publicación de una iglesia alternativa de estas que han causado furor en Latinoamérica y que desde hace unos años están comenzando a dejar huella también dentro de las fronteras españolas. No voy a entrar a dar explicaciones de si comulgo o no con tales creencias, que cada cual es muy libre de creer en lo que quiera pero me llamó poderosamente la atención el anuncio de una reunión que parece ser que se celebró la semana pasada (lamento no haber informado antes para que pudierais asistir) en el que tenías que reservar con antelación un frasquito de aceite consagrado (en el propio anuncio especifica que es un frasquito, supongo que para que nadie pueda hacerse la ilusión de que va a poder aliñar las ensaladas con eso, a fin de comer lechuga divina). El aceite en cuestión, por lo que se ve, no tiene fines alimentarios sino que sirve para ser ungido con él y, según dicen, solucionar cuanta movida chunga tengas en tu vida. Y en las movidas chungas en cuestión entra todo: Temas de dinero, de salud, de pareja, de familia, de trabajo, de espíritu… Vamos, que yo no sé lo que tendrá el frasquito en cuestión pero parece ser que hace unos milagros de los de agárrate y no te menees. En el propio anuncio viene el testimonio de una señora que asegura que tenía unos problemas respiratorios tremendos y tenía que vivir yendo al médico y tomando medicación por un tubo. Pues bien, fue ungida con el aceite y, albricias, no ha vuelto a ir al médico ni a medicarse desde entonces porque está como una rosa.

Repito que cada quien es libre de creer en lo que le dé la realísima gana pero llevo media vida leyendo y escuchando testimonios de gente que se ha curado de terribles enfermedades con aceites, cremas, jaboncitos, amuletos, trabajos de santería y hasta bailando la Macarena con un pescado en la cabeza y, digo yo, ¿si existieran estas curas milagrosas no habría habido ya algún listillo que se hubiera dedicado a producirlo en masa? Vamos, es una idea.

Decía al principio que no me iba a mojar pero sí, me mojo. Jugar con la desesperación de la gente ante los problemas que puedan estar sufriendo para ganar feligreses me parece jugar muy sucio. Y me da igual que hablemos de una iglesia o de un adivino de los que salen por la tele. Si te estafan vendiéndote un reloj de marca del que luego te enteras que es Made in China pues oye, has perdido dinero y te fastidias pero la salud de la gente sí es sagrada, no como el aceite de marras. 

miércoles, 2 de julio de 2014

Anuncios Pesadillescos CIII: A veces son mejores los dolores

Una mujer nos relata que, esa misma mañana, su marido no podía levantarse ni moverse ni agacharse a causa de un terrible dolor de espalda que lo aquejaba. Vamos, que le falta decirnos que ha estado a un tris de que lo tuvieran que llevar en parihuela al hospital más cercano o directamente a que lo viera un chamán de éstos que mandan a sus secuaces a entregar octavillas a las salida del Metro.  

Pero resulta que algo debe de haber sucedido que ha dado la vuelta a los acontecimientos porque la cámara nos muestra a su sufridor señor marido, que se contonea como un gusano con severos retortijones en medio de la pista de baile de un salón de bodas. Al parecer, ha tomado una pastilla milagrosa que, de golpe y porrazo, le ha convertido en una versión trasnochada de John Travolta en sus mejores épocas de “Fiebre de Sábado Noche”. No sé qué tendrá la pastillita en cuestión pero el caso es que el personajillo se dedica a dar saltos, piruetas y pataditas como si no hubiera un mañana o como si hubiese sido poseído por el espíritu de Michael Jackson (pero borracho o con ganas de cachondeíto). Si yo fuera la mujer de este hombre, primero le preguntaría si tiene el mal de San Vito y, en caso de respuesta negativa,  tomaría buena nota para no permitir bajo ningún concepto, sean cuales sean las circunstancias, que mi marido volviese a probar ese medicamento en los días que le resten de existencia. Que sí, que el invento le mejorará los dolores de espalda pero si el precio que tengo que pagar a cambio de ver a mi querido esposo recuperado de sus dolencias es morir de vergüenza ajena y tener que salir de la fiesta camuflándome tras las plantas, casi que paso. Prefiero soportar sus quejas durante todo el día o, mejor aún, prefiero ir sola.

Pero esta mujer, evidentemente, no es como yo. Ella parece anteponer el bienestar de su marido a cualquier tipo de escarnio al que puedan verse sometidos para los restos. Bien dicen que el amor es ciego porque ella no da muestras de percatarse del ridículo espantoso que está haciendo este hombre ni de la amenaza de convertirse en parias sociales que se cierne sobre sus cabezas cual espada de Damocles. Muy por el contrario, la historia nos la cuenta rebosante de felicidad; casi con orgullo de que su marido pueda lucir sus dotes como bailarín ante tan selecto público. Eso es amor y lo demás, tonterías.

De todas formas, he de confesar (y, de hecho, confieso) que el asunto de preferir ir sola al bodorrio en cuestión ya no sería tanto por la vergüenza espantosa que me pudiera dar sino porque, puestos a hacer el ridículo, va ser que prefiero hacerlo yo misma, que se me da fenomenal y así, al menos, nadie me roba protagonismo. Hasta para hacer el indio tengo que ser el centro de atención.

Así somos las divas.

martes, 1 de julio de 2014

Ustedes Dirán XCII: La ñoñez tecnológica (sugerido por El Churri)

Pues sí, señores. El churri se estrena en esta sección. No es que me haya pedido expresamente aparecer como protagonista pero, a raíz de una conversación que mantuvimos hace poco, me insistió en que tenía que tratar este tópico y, como sus deseos son órdenes (a veces) acudo rauda a atender su solicitud.

El tema que me proponía tratar era un exhaustivo análisis de cómo ha ido evolucionando la ñoñería según se han ido desarrollado nuevas tecnologías. Ya sabemos que yo, lo de “exhaustivo análisis” lo interpreto como “vamos a desvariar un rato” así que aquí va mi historia de momentos pastelosos en diferentes etapas de mi vida.

Cuando era pequeña, de más está decir que no tenía novietes ni nadie que me arrastrase el ala (me encanta esa expresión, a pesar de ser más vieja que la tos) pero eso no impedía que tuviese juguetes electrónicos que no podían ser más moñas. Sobre todo los que compraba en USA cuando iba a visitar a mi familia y que consistían la envidia de mis amigas, ya que aquí no existían esas moderneces. Sin ir más lejos, recuerdo con una mezcla de cariño y terror un gato blanco enorme que decía diferentes frases según donde le apretases. Por ejemplo, si le apretabas las orejas o el rabo, se quejaba porque le dolía y si le abrazabas te decía que te quería. También hay que decir que si le apretabas la espalda, eructaba, pero luego pedía disculpas así que el nivel de ñoñez se mantenía casi intacto.

Ya de adolescente, cuando lo único que tenía era el teléfono, llegamos al típico momento bochornoso, patético y edulcorado de “cuelga tú” que todos hemos vivido. Para qué añadir más.

Pero hubo un día en que llegaron los móviles con posibilidad de mensaje de texto y aquello ya fue abrir la caja de Pandora para la cursilería. Tuve un novio que me mandaba ositos y corazones en código ASCI. El Pequeño Pony era un terrorista al lado de este chaval. Y, para colmo, al menos en mi caso, los móviles llegaron más o menos a la par que el uso del correo electrónico y sólo puedo decir al respecto que perdí la cuenta de la cantidad de Powerpoints que llegué a recibir con paisajes del Nepal sobre los que se superponían frases de Jesucristo, del Dalai Lama, de Paulo Coelho o de la Bruja Lola, tanto daba. El asunto es que tenían que ser frases empalagosas y con aspecto de estar dándote una imprescindible lección de vida. Todo ello, cómo no, musicalizado con la versión instrumental de algún tema de Celine Dion (aquí se lleva la palma la canción de “Titanic”). Maravilloso todo.

Y luego llegó Facebook, donde podías adoptar una mascota virtual a la que tenías que bañar y amueblarle una casa que ya la quisiera yo para mí, con vestidor y jardín con árboles frutales. Mi gata “Judy Garland” (porque yo también pequé) tenía hasta jacuzzi, la muy asquerosa.

Así que la abandoné.

P.S. A proponer cosas. No os quedéis con las ganas....

lunes, 30 de junio de 2014

Crónicas Felinas XCVII: Actividades veraniegas

Marrameowww!!!

Por fin ha venido el buen tiempo y, aunque en principio no lo paso demasiado bien porque el exceso de pelaje me lleva a estar todo el día arrastrándome por los suelos cual vulgar reptil, he de reconocer que esto también conlleva una ventaja. La ropa se seca antes.

Diréis vosotros que por qué me importa a mí tanto el secado de la ropa si yo voy por la vida como mi madre felina me trajo al mundo pero la explicación es sencilla. A la bruja no le gusta demasiado que yo salga a la terraza cuando hay ropa tendida porque tiene la idea loca de que me pongo a hacer agujeritos con las uñas en sus prendas. No sé de dónde se sacará esas cosas. Yo no “hago agujeritos”; simplemente soy muy fan de los tejidos calados y quiero que la bruja salga a la calle luciendo mis creaciones, a ver si consigo convertirme en un diseñador famoso aunque, para lograr tal objetivo, probablemente debería buscarme otra modelo.

A lo que iba, que la ropa se seca antes y, por ende, tengo más días a la semana para salir libremente a la terraza. Y esto en verano es especialmente agradable ya que puedo tener controlados los nidos (por desgracia, una ventana maldita me impide alcanzarlos) y, para completar la diversión, tengo otra cosa súper estupenda: Bichitos.

Los bichitos, en invierno, están como alelados (eso, si hay alguno, porque por lo general ni aparecen cuando el frío aprieta) y no mola nada cazarlos porque apenas se mueven y así se arruina la juerga. Pero en verano están en plena posesión de sus facultades y es una gozada dar maullidos y correr en pos de moscas, mosquitos, arañas, polillas y, mis preferidos, los avispones. La bruja se pone de los nervios cuando me ve intentando zamparme un bicho y, si está en su mano, siempre intenta impedirlo. Aunque lo intenta de una manera bastante torpe, la verdad, porque le da mucha impresión y así es como todo su intento se reduce a dar saltitos y grititos histéricos diciendo “Peque, suelta eso, qué asco, ayyyy, quéascoquéascoquéasco”. Ya hablaremos de lo de “Peque” algún día, que uno ya tiene una edad y esto ya empieza a ser un poco vergonzoso. El caso, que para cuando termina de montar el número y de hacer el indio, yo ya tengo el insecto digerido por lo que, en realidad, si me ve o no me ve no me preocupa en lo más mínimo.

Pero con los avispones ya es la fiesta. No sólo porque sean grandes y, por tanto, hacen que el esfuerzo valga más la pena sino también porque dan mucho juego a la hora de dejar a la bruja al borde de un infarto. Porque los avispones no son como las arañas (vale, ya sé que es una obviedad). Los avispones zumban.

Y no sabéis lo divertido que es mirar a la bruja con algo moviéndoseme en el hocico mientras emito un sospechoso zumbido.

Prrrrrr.