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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Anuncios Pesadillescos CXLVIII: Qué fue de…

Lo que me ha pasado con este anuncio es un misterio. Lo vi en la tele, lo busqué en Tú Tubo, lo encontré y, ahora que lo he vuelto a buscar para presentároslo, ha desaparecido. Pero bueno, confiemos en que mi prodigiosa memoria no me permita saltarme ningún dato importante. No es que haya mucho que recordar, tampoco; para qué vamos a engañarnos.

Una mujer con un vestido blanco entra en una tienda que no sé si se supone que es una perfumería. No va sola. La acompaña un osito de peluche semoviente. El  mismo osito de peluche semoviente que hemos estado viendo durante generaciones dando saltos sobre la ropa recién planchada o hablándonos de lo suavecita y bien oliente que queda la ropa usando su suavizante. Sí, ese osito de peluche que era más gordo durante nuestra infancia pero luego fue sometido a la dieta Dukan o vete a saber a qué y ahora está más estilizado para adaptarse mejor a los cánones actuales.

El caso es que la mujer y el osito entran en la, digamos, perfumería. Allí no les recibe un ser humano sino un hombre que en realidad es un dibujo animado. Lleva gafas para parecer más creativo. El hombrecillo se pone a adicionar mejunjes en una botella con cara de estar creando el mejor perfume del universo mientras explica el proceso con un acento que  pretende ser francés pero que más bien suena a alemán del extrarradio. Creo que tiene complejo de Jean-Baptiste Grenouille. Sólo espero que no le termine dando por descuartizar a la mujer para hacerse con su esencia. Termina el hombre de preparar su poción mágica y de la botella salen montones de flores que, al volar por el aire,  se posan delicadamente sobre el vestido de la mujer, que ahora luce unos floripondios azules de lo más horteras. Ella, no obstante, está encantada con su nuevo look y, sobre todo, con la fragancia que ahora se desprende de su ropa. Me da a mí que va a ir por la calle apestando al personal parisino (sí, la escena se desarrolla en París, como no podía ser de otra manera).

Y os preguntaréis qué pinta el osito semoviente en todo esto. Pues parece que sus días de gloria han pasado a la historia y, tras haber dilapidado la fortuna que hizo en sus días de fama saltando sobre la ropa, ahora tiene que malvenderse ejerciendo de oso de los recados para la parisina tirana, quien lo utiliza para que le lleve los paquetes.

Siento ser yo quien os dé estas terribles noticias pero considero que teníais derecho a saber qué había sucedido con la vida de este oso que fue todo un símbolo en nuestra infancia. Nadie escapa al afán destructor de la fama: Le pasó a Lindsay Lohan, le pasó a Macaulay Culkin y el osito ha sido la última víctima de la fama despiadada.

Se rumorea que fue visto en fiestas salvajes con la oveja del jabón para prendas delicadas. 

lunes, 31 de agosto de 2015

Crónicas Felinas CXLVI: Yo sólo quiero descansar

Marrameowww!!!

Parece mentira que vaya a hacer lo que estoy a punto de hacer. Nunca me hubiera imaginado que un día iba a terminar yo defendiendo a la bruja pero sí, lo voy a hacer. Será un momento histórico en esta sección.

Hay que aclarar antes que nada, en pro de mantener mi buen nombre y no quedar como un blandengue, que realmente la defiendo porque esta situación también me afecta a mí, así que en realidad lo que estoy haciendo es luchar por mis intereses y si la bruja sale beneficiada en el proceso, sólo serán beneficios colaterales.

El asunto es el siguiente. Munchkin es un obseso de los pies. Casi se lo podría tildar de fetichista. Durante el día no les presta mucha atención pero, en cuanto la bruja se duerme, comienza a desatarse la pasión desmesurada de Munchkin por esas extremidades tan feas. En cuanto tiene oportunidad, le clava las uñas en la planta o en el empeine o en el dedo gordo del pie. Confieso que a mí lo que más me gusta es el arañazo en la planta porque luego la bruja camina raro todo el día.

Cuando digo que le clava la uña quiero decir literalmente que le clava la uña. No es un arañazo normal de saco mi garra y la deslizo con más o menos presión por la parte elegida, generando un surco. No. Él saca la uña y la deposita en un punto concreto, comenzando a hacer fuerza sin realizar ningún tipo de movimiento en horizontal ni en vertical, lo que provoca que la bruja de repente se despierte con la sensación de que alguien le está clavando una aguja. Imagino que no debe de ser una forma agradable de despertarse para nadie pero la bruja lo hace saber a base de bien. Empieza  a dar unas voces y unos quejidos insoportables pero, a pesar de ello, tiene que incorporarse en la cama para coger la uña de Munchkin y “desclavarla”. Efectivamente, hasta que no intervienen manos humanas, la uña de Munchkin puede seguir ahí ad aeternum. El consorte le había dicho a la bruja que eso era porque el “pobre gatito” veía algo que se movía bajo la sábana y como es un “ser inocente” sólo quería jugar pero no, ya está comprobado que, aunque la bruja deje los pies al aire, no hay noche que se vea libre de su correspondiente ataque.

Una vez que la bruja ha conseguido liberarse del instrumento de tortura, pensaréis que ahí queda la cosa pero no, porque ahí empieza a echarle la bronca, a chillar, a gimotear y a lamentar su suerte. Todo este proceso puede durar unos diez minutos y, claro, comprenderéis que así no hay quién duerma ni quién se relaje, así que voy a tener una seria charla con Munchkin a ver si consigo que desista de sus actividades para que los demás  podamos tener un poco de paz.

O, al menos, que sólo torture a la bruja durante el día.

Prrrrrr.

jueves, 27 de agosto de 2015

Mi aventura norteña II: La preboda

La semana pasada nos quedamos en que acabábamos de llegar al hotel de lejano pueblo asturiano después de un largo periplo que nos mantenía en movimiento desde hacía unas catorce horas.

Cualquiera diría que lo suyo hubiese sido echarse a dormir hasta el día siguiente o, como mínimo, echarse una siestecilla reparadora pero nooooo, la fiesta acababa de empezar. Muchos ya sabéis a quién andaba yo buscando y, para quien no lo sepa, la persona en cuestión era Eva, del blog Opiniones Incorrectasque nos había concedido el honor de invitarnos a su boda. Sí, morid de envidia. Asistí al evento blogueril del año.

Pero no adelantemos acontecimientos. La boda fue un sábado y el relato aún va por el viernes. Pues eso, que llegué y llamé a Eva porque tenía que coordinar con ella para ir a la preboda, consistente en barbacoa regada con sidra “de la güeña”. Y me daba apagado (en serio, no sé qué pasa con los móviles en Asturias). A los dos minutos me llama y me dice “Álter, ¿dónde estáis?” (es incapaz de llamarme por mi nombre y debo admitir que el apodo me está gustando). Le digo que en el hotel y me dice “uy, pero si estamos aquí mismo. Venid para la entrada y ya os venís al pueblo con nosotros, a menos que queráis ducharos o algo y os vais luego en taxi”. Pensé en el infierno que podía suponer ponerse a buscar otro taxi y decidí que la ducha ya nos la daríamos en otro momento. En ocasiones hay que establecer prioridades, por lo que le dije que en un minuto estaba ahí. Creí que con “nosotros” se refería a ella y su casi-marido pero resultó que también estaban María la Solterona y Poti-Poti (de quienes habréis leído si seguís a Eva y sus aventuras), junto con más amigos.

En el "prau". Sintiéndome un elfo de los bosques
Y para el pueblo nos fuimos, donde se abrió la veda para empezar a comer y no parar en el plazo de una semana. El estómago se hace a todo, oye. Todo es acostumbrarlo a la ingesta permanente de alimentos. La carne hubo que esperarla porque su casi-marido se la había olvidado y tuvieron que ir a comprar más.

Comiendo y bebiendo se socializa que da gusto, así que para la una de la mañana ya éramos tan amigos de todos y así sabíamos que en la boda no íbamos a estar perdidos cual pulpos en garaje (había más bloggers invitadas pero fui la única valiente). Lo malo, el frío. Yo no me separaba del fuego ni a la de tres. Me decían que iba a coger olor a humo en el pelo pero mi teoría es que es más fácil lavar el pelo que deshacerse de una hipotermia. Vale, también se reían de mí de lo lindo pero ande yo caliente…
Yo, al fueguito para hacer frente a la hipotermia.

El infaltable momento surrealista lo tuve cuando me sonó el móvil y pensé “como sea el taxista, me parto”. Pero no, era Eva que acababa de ver mi llamada perdida de hacía como tres horas. Nos pusimos a contarnos nuestras vidas por teléfono hasta que el churri nos dijo que por qué hacíamos el menso de semejante manera si estábamos ahí mismo.


Es la costumbre de no vernos…

P.S. Os dejo un par de fotitos más, para que no os quejéis hasta la semana que viene. 

MLS enseñándonos a Eva y a mí cómo poner marcas de agua directamente desde el móvil. Los bloggers nunca descansamos.

Poti-Poti asando carne y yo arrimándome al fuego como quien no quiere la cosa.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Anuncios Pesadillescos CXLVII: Who´s that girl?

Hoy vamos a destripar en plan histórico porque si yo puedo ponerme a investigar sin que me paguen, cuánto más deberían hacerlo quienes se lucran con su trabajo.

En la primera escena nos hacen saber que estamos en 1612. Una mujer que no sé si llegará a los treinta años, sube una escalera de lo más sonriente porque Galileo le ha agujereado todo el techo. Deberíamos suponer, por ende, que se trata de la mujer de Galileo. Bueno, no exactamente la mujer porque la tal Marina Gamba y él nunca llegaron a casarse y sus hijos jamás fueron reconocidos como hijos de este señor que tanto ha hecho por la ciencia. El tema es que, si nos fijamos en la fecha y hacemos números, para 1612 Marina Gamba debería tener 42 años (o no tener nada, porque parece que murió en agosto de 1612) y, para rizar el rizo, dicen que Galileo se piró en 1610, abandonando a Marina y a su prole, así que ¿quién es? ¿Una querida? ¿La empleada doméstica? (aunque a una empleada doméstica se la debería traer al pairo lo que hagan sus jefes con su casa)  ¿O acaso los publicistas han pasado de informarse?

Total, que la mujer sonriente cuya relación con Galileo es un misterio y a quien no parece importarle en absoluto que ahora puedan contemplarse las estrellas a través del techo de su casa, sube al taller de Galileo y, mientras revisa con él sus últimas deducciones, contempla cómo sobre la mesa cae agua proveniente de los hoyos que Galileo ha realizado vete a saber haciendo qué.

Pero Marina (o quien sea) no se inmuta por semejante nimiedad y, ni corta ni perezosa, pasa una toallita de papel sobre la superficie de la mesa, dejándola seca de una sola pasada y demostrando de forma patente el tremendo poder de absorción de las famosas toallitas.

Y el anuncio termina más o menos por ahí. Ya veis que no hace falta que un anuncio sea extenso para incurrir en garrafales errores históricos. Si hubieran optado por la manida imagen del niño tirando un batido de chocolate en medio del salón, tal vez hubiera sido menos efectista pero sí más ajustado a la realidad.

Averiguar estos datos me ha llevado cinco minutos, más o menos. No sé yo qué les hubiese costado leer la Wiki un poquito antes de escribir el guión. Después yo los pillo, los dejo en evidencia y… la vida sigue igual porque me falta un largo camino por recorrer antes de ser una de estos bloggers a los que la gente les teme. Ya llegará el día, ya. Sus vais a enterar.

Aunque no venga a cuento, si no lo digo, reviento. Mientras hacía mis averiguaciones fui a parar al Yahoo Answers, porque no hay manera de buscar algo en Internet sin que te aparezca un enlace al Yahoo Answers, y había uno preguntando cómo podía conseguir una foto de la mujer de Galileo.

Una foto, claro. Y a todo color. 

lunes, 24 de agosto de 2015

Crónicas Felinas CXLV: Voy aprendiendo

Marrameowww!!!

Como ya os había comentado en alguna ocasión, Munchkin me roba terreno siempre que puede y me arrebata mis sitios preferidos.

Pero, desde que tenemos el castillito que os enseñé en alguna entrada anterior, ya no soy tan pusilánime y he aprendido a defender mi territorio con uñas y dientes. Esto es debido a que he descubierto las beldades de encaramarme en lo más alto y contemplar el mundo desde las alturas, menospreciando a los seres inferiores que quedan debajo de mí. Y, claro, esa sensación engancha y no estoy yo dispuesto a renunciar a ella simplemente porque al niñato este se le emperejile que quiere ponerse justo donde estoy yo; que hubiera espabilado más y se hubiera puesto ahí antes de que yo llegara. Aquí no impera la ley del más fuerte, sino la del más rápido.

Y no, no siento ningún remordimiento cuando lo veo un piso más abajo del castillito, mirando mi atalaya con ojitos golosones, expectante, pendiente de si en algún momento me despisto y me voy por ahí, dejando el fuerte abandonado a su suerte. Yo lo miro desde las alturas y me río (para mis adentros, que el imberbe tiene un poco de mala leche y tampoco es cuestión de jugársela tontamente), sabiendo de antemano que no pienso moverme de ahí hasta que me canse (o hasta que llegue la hora de comer; lo que suceda antes).

Así que, ya veis, me he empoderado. Más de cinco años de mi existencia han tenido que pasar para darme cuenta de que ser un abusón, de vez en cuando, tiene sus ventajas. Por una vez le he hecho caso a mis humanos cuando me decían “pero defiende tus derechos, Forlán”, al ver que Munchkin se hacía con algún espacio o juguete previamente conquistado por mí. Quién diría que en algún momento de mi vida iba a obedecer en algo a los humanos pero, la verdad, he comprobado que esto sí era un buen consejo y tampoco va a estar uno negándose a escuchar por mera cabezonería, que eso es cosa más bien de mulas y ya sabemos que los felinos estamos en una escala evolutiva bastante más avanzada que las acémilas y sus parientes.

A partir de ahora, pienso contemplarlo todo desde un plano superior, como si la cosa no fuese conmigo. Me dará un aire mucho más de divo, que es lo que he sido siempre. No en vano yo soy el encargado de escribir esta sección y Munchkin no es más que un simple actor de reparto en las historias que cuento. Que no se queje. A mí ya me tocó pasar por eso en épocas de Luhay. La antigüedad tiene que ser un punto a favor en estos menesteres, que aguantar a la bruja y el consorte durante más tiempo tiene que tener alguna recompensa, aunque más no sea recibir vuestros elogios, que son muchos y variados, ensalzando mi talento natural para la escritura.

Superior al de la bruja, mal que le pese.

Prrrrrr.