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lunes, 15 de enero de 2018

Crónicas Felinas CCXXXVIII: El lado equivocado

Marrameowww!!!

Vengo hoy con un nuevo tutorial para gatos principiantes porque hacía mucho que no daba consejos acerca de cómo desquiciar a un humano.

En este nuestro hogar hay puertas que suelen estar cerradas. La de invitados nos está vetada de forma indefinida porque la bruja dice que arañamos el sofá-cama y, encima, lo llenamos de pelos y que qué va a pasar si pernocta allí algún alérgico. Así que en esa me cuelo siempre que puedo cuando la bruja entra a por la tabla de planchar o la escalera de mano (porque, aparte de cuarto de invitados, es trastero; que sepáis que si algún día os quedáis a dormir en casa de la bruja vais a dormir rodeados de cacharros que la bruja nunca sabe dónde meter).

Después tenemos las que están abiertas constantemente: La cocina, nuestro baño (tenemos baño privado como corresponde a gatos de nuestra alcurnia y si algún felino que me lea no tiene, ya está tardando en exigirlo), el salón porque la bruja ya da por perdido el sofá y el dormitorio principal, aunque este último a veces se cierra para que la bruja pueda dormir a pierna suelta y Munchkin no la despierte pidiendo comida a las tres de la mañana.

Luego hay otras en las que sí nos dejan entrar pero sólo cuando hay vigilancia humana. Estas son: El baño de los humanos y la habitación donde el consorte frikea en el ordenador. Ahí  es donde yo quería llegar. Puedo comprender que estén cerradas cuando no hay nadie (me fastidia, pero bueno, ya me he acostumbrado a este hecho) pero, habiendo gente en casa, no sé por qué a veces se encierran en la habitación del ordenador o en el baño y no me dejan entrar. Dice el consorte no sé qué de que ya he tirado el router al suelo unas cuantas veces pero son puras falacias.

Si se da el caso de que un humano se encierra en una habitación, yo supongo que debe ser porque dentro tiene que estar haciendo algo muy interesante. Así que maúllo para que me dejen entrar. Maúllo mucho. Seguro que hasta los vecinos se enteran de que estoy intentando acceder a algún área de la casa. Así que al rato, hartos de escucharme, me abren y vuelven a cerrar para que no entre también el imberbe, porque dicen que es más fácil controlar a un gato que a dos. Y, según cierran la puerta, yo entonces imagino que Munchkin debe estar disfrutando a solas de una aventura sin igual y, por tanto, empiezo a maullar para salir hasta que me abren.

Este proceso, queridos compañeros felinos, puede repetirse tantas veces como sea necesario hasta que vuestros humanos se desesperen o hasta que os dé sueño y os vayáis a dormir la siesta.

Si entremedias os da hambre, también podéis comenzar a maullar para que os alimenten pero recordando que, sea cual sea el lado de la puerta del que os encontréis, siempre será el lado equivocado.

Prrrrrr.

jueves, 11 de enero de 2018

La media docena

El pasado 9 de enero este blog cumplió seis añitos (tendría que ir planteándome enviarlo ya a primaria). Así que, como estaréis imaginando, hoy me toca ponerme un poco moñas.

El 9 de enero de 2012, fecha inaugural del blog, contaba yo con treinta y tres añitos. La edad de Cristo, dicen. Me sentía yo ya mayor pero ahora, que ando rozando los cuarenta, pienso que quién los pillara. Habrá quien diga que gané en experiencia y en madurez pero me da a mí que ni lo uno ni lo otro. En fin, esta reflexión la dejaremos para mi post cumpleañero. Centrémonos en el blog.

Seis años para un blog son mucha tela. Leí hace tiempo que la esperanza media de vida de un blog son cinco meses, así que, si me paro a calcular un poco, he multiplicado por 14 esa esperanza de vida. Ni tan mal, oye. El mérito no es mío, sin embargo. Bueno, vale, he conseguido vencer mi habitual inconstancia y me he mantenido aquí al pie del cañón, que alguna flor a mí misma también tendré que echarme pero el motivo principal por el que esto siga vivo sois vosotros. Me gusta escribir; eso está claro. Pero, si sólo fuera por el placer de darle a la tecla, guardaría mis divagaciones en el disco duro de mi portátil rosa-divino de la muerte- que me tiene loquita de amor y nadie se enteraría de mis tonterías. Cuando una persona decide abrir un blog es porque quiere abrir una ventanita al mundo. Y si a esa ventanita no se asoma nadie, pues para qué seguir, la verdad. Este no es un blog multitudinario; no me siguen miles de personas ni me paran por la calle para pedirme fotos (¿a algún blogger le pasa eso o es algo reservado exclusivamente a los youtubers?) pero, si de algo me enorgullezco, es de tener un público muy fiel. Estáis ahí siempre. Hay nicks que aparecen en los comentarios desde el principio de los tiempos y nunca (pero nunca, nunca) podré agradecer lo suficiente esa fidelidad. Me encanta responder vuestros comentarios, me encanta pasearme por vuestras casitas y me encanta formar parte de esta comunidad tan chula que se ha ido formando a lo largo de los años. Una comunidad donde siempre ha primado el buen rollo, donde no he tenido problemas de trolls ni de haters ni de nada (supongo que el hecho de tener un perfil bajo ayuda en ese sentido) y que ha pasado a formar parte de mi vida, como una segunda familia virtual (algunos no tan virtuales a estas alturas, que las tardes de cañitas con algunos de vosotros son impagables).

Mil gracias a todos por estar ahí un añito más y, a los que lleguéis este año (si llegan), os doy la bienvenida y espero que aquí os sintáis como en casa porque este es un blog para sacudirnos un poco las tragedias cotidianas y echarnos unas risas, que buena falta nos hacen a veces. 

miércoles, 10 de enero de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXXX: ¿Anfitrión perfecto o inútil redomado?

Vamos hoy con el primer anuncio pesadillesco del año. Realmente lo vi el año pasado pero qué importa. Qué exigentes sois.

Me ha parecido apropiado traer este anuncio tras las fiestas navideñas ya que en muchas casas la gente se embarca en tareas culinarias titánicas que hacen desfallecer al más pintado. No es mi caso, como ya os comentó Forlán el lunes.

Lo primero que vemos es a un hombre haciendo cola en la pescadería, con su numerito en la mano y cantando una versión aggiornada de “Se acabó” de María Jiménez. En ella se queja de tener que hacer cola. Posteriormente, lo vemos ya en su casa, con el pescado crudo colocado sobre un plato. Sujeta el plato con ambas manos y mira al pescado fijamente a los ojos. Desconozco si es porque no sabe muy bien qué hacer con él o si pretende hipnotizarlo para que se cocine solo. Después de haberle mantenido fija la mirada (y sin reírse, lo cual tiene mucho mérito) recorre con su vista toda la anatomía del pescado y pone cara de asquito. En la canción nos explican que eso es porque no es muy fan de limpiar y soportar olores. Sí, es lo que tiene, el pescado huele a pescado. Qué vamos a hacerle.

Después vemos a una mujer con cara de estar sufriendo mogollón (como dato curioso diré que tengo una camiseta igual a la suya pero en turquesa; no viene a cuento pero me gusta contaros mi vida y el contenido de mi armario). En su mano derecha sujeta en alto un pulpo. Con la izquierda, le toca los tentáculos. Una vez más no sé si es porque no sabe cocinarlo o si está preguntándose si ponerle unos bigudíes o hacerle un peinado afro.

Después vemos a otra, muy peripuesta ella, con un vaquerito y una camisa blanca de rayas limpiando mejillones. Es el atuendo ideal para limpiar mejillones o realizar cualquier otra tarea doméstica. Yo para limpiar el baño suelo ponerme un little black dress, porque leí en la Cosmo que es una vestimenta ideal para cualquier evento. Encima, se corta con el cuchillo; va a poner fina la camisa clarita.

Pero el sufrimiento de toda esta gente termina porque, por suerte, ahora venden pescado, cefalópodos y moluscos en una práctica cazuela de plástico que metes al microondas y al poquito ya estás disfrutando. Los vemos sentados a la mesa con cara de estar de lo más contentos. Rico no sé si estará porque, lo que es comer, no veo comer a nadie. Tampoco sé qué ha pasado con la fashion victim de los mejillones porque en la mesa no la veo.

En definitiva, que para las próximas fiestas os planteéis si vale la pena pasar tanta penuria o si preferís ofrecer a vuestros invitados una cazuela de plástico recalentada al microondas. Seguramente perderéis puntos como anfitriones pero ganaréis en salud mental. Y, si no, pues contratáis un catering sin contárselo a nadie y aquí no ha pasado nada. 

lunes, 8 de enero de 2018

Crónicas Felinas CCXXXVII: La No Navidad

Marrameowww!!!

Un año más que me toca estrenar. La bruja es una vaga y bien que le gusta despedirse pero no tiene lo que hay que tener para retomar. Se ve que prefiere recibir los comentarios del estilo “Pásatelo muy bien, disfruta de las vacas”, que tener que andar dando explicaciones por la ausencia. Ya os lo digo yo. No hay explicación que valga. Os dejó abandonados de mala manera; para que luego digáis que le tenéis estima.

Las fiestas pasaron en Bruja’s Manor sin pena ni gloria. Este año no ha habido viaje a Albacete ni hemos recibido visitas, así que el “banquete” navideño fue compartido entre la bruja, el consorte… y ya. La bruja y el consorte. A nosotros nos cayeron apenas dos trocitos de queso y un poco de salmón ahumado. Eso no es banquete ni es nada.

De los petardos ni hablaré porque al final digo lo mismo todos los años. A ver, seres humanos, los animalitos sufrimos mucho con ese ruido insoportable. Demostrad vuestra alegría soltando al aire farolillos chinos o algo y dejad nuestros órganos auditivos en paz. Si es que no aprendéis.

De regalos ni hablamos tampoco porque no nos cayó nada. También hay que decir que la bruja y el consorte tampoco se regalaron nada entre ellos porque son unos sosos y unos vagos a los que les da pereza salir a comprar regalos. Que digo yo que, en la era de Internet, eso ya debería dejar de ser una excusa pero se vuelven de lo más tradicionales cuando les conviene.

Si a todo esto le sumamos que no adornan la casa porque: 1) La bruja tiene el espíritu navideño en el mismo sitio que el instinto maternal y 2) Saben que, gracias a nosotros, poner espumillón, bolas y demás cosas brillantes en este nuestro hogar no  serviría más que para despertarse a las tres de la mañana con un estruendo infernal de adornos haciéndose añicos; pues entonces ya podemos llegar a la conclusión de que las así llamadas “Fiestas Navideñas” en esta casa ni son fiestas ni son navideñas ni son nada más que una simple excusa para inflarse  a comida que nosotros no pudimos ni catar y para comer uvas viendo a un señor con capa en la tele. Bueno, el consorte come uvas. La bruja las va acumulando en los carrillos hasta quedar con cara de hámster e irlas masticando y tragando como buenamente puede después de haber sonado la decimosegunda campanada. Luego se extrañará de por qué no se le cumplen los deseos. Y eso que este año compró uvas sin pepitas pero concluyó que no le gustan. Se ve que el sabor de lo transgénico no es lo que más le gusta en esta vida.

Pues nada, que después de esta “No Navidad” seguimos aquí. Espero que vuestras fiestas hayan estado más entretenidas que las de este par de sosos, que hayáis tenido regalitos y que en vuestro barrio la gente sea civilizada y no haya tirado petardos.

Prrrrrr.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Continuará

Hoy vengo con post corto. Y cuando yo traigo post corto ya sabéis lo que significa. En efecto, me tomo vacaciones. La semana que viene disfrutaré de una reparadora semanita de vagancia extrema. Incluso me quedaré de Rodríguez en casita unos días, así que la desconexión será total. Luego tocará volver a trabajar pero el blog creo que será retomado después del 6 de enero.

¿Qué dices, Álter? ¿Nos vas a tener abandonados todo diciembre?

Sí, soy mala gente, lo admito. Pero es que entre que estas fechas no me molan nada (creo que ya lo habíais vislumbrado a raíz de mi post del jueves pasado) y que en diciembre por aquí suelen quedar cuatro gatos, pues me tomo un descanso, que buena falta me hace.

Pese a que no soy fan de las festividades navideñas, ya sabéis que os deseo lo mejor en estas fechas y siempre, así que espero que terminéis el año como más os apetezca terminarlo y aquí estaremos con un 2018 recién estrenado y un montón de páginas en blanco a rellenar con chorradas varias.

Besitos para todos y portaos bien, que Papá Noel y los Reyes vigilan como acosadores. ¡Se os quiere mogollón!