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jueves, 15 de febrero de 2018

No gané pero gané

Como muchos de vosotros sabéis, entro a trabajar a las siete de la mañana. Una hora muy agradable para entrar a trabajar, sobre todo ahora en invierno, con lo a gusto que se estaría en la camita bajo el edredón nórdico.

A eso de las nueve hago un break con un grupito de compañeras para tomarnos un café. Como en ese grupito hay fumadoras y no fumadoras y yo pertenezco a las primeras, me suelo quedar fuera un ratito (sí, con toda la rasca porque el vicio no entiende de estaciones) y las que no fuman y son más sensatas se suelen subir antes para no pelarse de frío en la calle.

El caso es que, una mañana de estas, cuando ya iba subiendo, recibo una llamada de una de las compañeras no fumadoras. Me sorprende que algo sea tan urgente como para que no pueda esperar a verme arriba, así que atiendo con cierta preocupación y me suelta “¿Cuándo es tu cumple?”. Me quedo un poco sorprendida con el hecho de que esto requiera una llamada telefónica pero respondo “El 14 de mayo”. Se vuelve loca con mi respuesta y me dice “Pues sube rápido, que en la radio sacan cada día una fecha al azar y si has nacido ese día y tu llamada es la número 100, ganas 10.000 euros; y hoy ha salido el 14 de mayo”. Uyyyyy, creo que nunca llegué tan rápido a mi puesto de trabajo.

Llego, móvil en mano, me dan el número de teléfono y empiezo a llamar hasta que se cumple el plazo. No, no gané nada. Ganó una de A Coruña que no sé quién la manda nacer un 14 de mayo.

Y diréis, “pues vaya porquería de anécdota” pero no. Ahora viene la parte interesante. No sólo estaba llamando yo. En un momento tenía como a diez compañeros llamando desde sus móviles a ver si sonaba la flauta. Vamos, que espontáneamente se montó allí un call center. Y, en ese sentido creo que gané mucho aunque el precio no fuera dinerito. Me pareció algo muy bonito que la gente, desinteresadamente y sin que yo les hubiese pedido nada, haya puesto su granito de arena para intentar que yo ganara. Gente así vale un potosí así que, en lugar de frustrarme por no ganar, terminé el día muy contenta.

Una compañera, presa de los nervios, marcó mal y, cuando nos dijo “el mío da tono”, a mí casi me da un ataque. Luego constatamos que del otro lado de la línea su interlocutor no entendía nada de lo que le decía ella acerca de un premio de 10.000 euros.

Por la tarde le comenté al churri “Pues hoy podía haber ganado 10.000 euros”, a lo que me respondió “¿Y no ganaste?”. A ver, alma de cántaro, ¿tú te crees que si hubiera ganado no te hubiese llamado un minuto más tarde con un ataque de histeria considerable gritando “¡He ganado 10.000 eurooooooos!”. 

Qué poco me conoce después de diez años. 

miércoles, 14 de febrero de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXXXV: ¿Este es nuestro futuro?

La cámara hace zoom sobre la fachada de un edificio de soluciones auditivas. A continuación, nos encontramos en el interior, donde dos señores rememoran sus años mozos.

Uno de ellos indica que son amigos desde niños y que, cuando cumplieron 16 años, ambos se compraron la misma moto. El otro acota que la historia es cierta pero que la suya era más rápida. Noto aquí una gran inexactitud o, al menos, un uso no adecuado del lenguaje. Si se compraron la misma moto significa que sólo había una moto y la compartían, por lo que la moto del Señor 2 no podría ser más rápida que la del Señor 1.

Supongo que la imprecisión lingüística hace en realidad referencia a que se compraron el mismo modelo de moto. Y si era el mismo modelo tampoco me entra mucho en la cabeza que una de ellas pueda ser más rápida. Tal vez la moto del Señor 2 estuviera trucada porque el Señor 2 era un malote (no tiene mucha pinta de malote pero vete a saber cómo era este hombre a los 16 años; habría que investigar su pasado).

En fin, seguimos. El Señor 1 dice que, cuando descubrió que el Señor 2 también tenía un problema de audición, lo acompañó al centro este, por lo que ahora ambos llevan una solución auditiva. Ojo, que usa el verbo “descubrir”, lo que quiere decir que hasta el momento nadie había dado aviso de que el pobre Señor 2 no se enteraba de nada cuando le hablaban. Vamos, que sus hijos y nietos andarían muertos de risa diciéndole tonterías para comentar entre ellos “¿Ves cómo no se entera?”. Por ese motivo es que yo conservo a mis amigas de la infancia. No se puede confiar en nadie más.

Bueno, pues el caso es que el Señor 2 vuelve a confirmar la historia de Señor 1 pero matizando que la suya es más moderna y se conecta al móvil. Vamos, que puede escuchar el  Carrusel Deportivo directamente con el aparatejo ese. Desconozco si, al cumplir años, volvemos a esa costumbre que tienen los niños de competir por todo o que estos siempre han sido así de cansinos toda la vida.

¿Vamos a acabar así todos? ¿Me acordaré de una muñeca que tenía a los ocho años y les restregaré a mis amigas que la mía hacía popó? Porque tenerla, la tenía, así que tendré que reservarme esa baza, por si acaso.

Ante el nuevo ataque de “Puesyomasismo”, su amigo le palmea la espalda y, acto seguido, interviene una doctora (o no sé si es doctora; una que se supone que trabaja ahí), diciendo que esta es la nueva generación, que elige seguir disfrutando de su vida y ya nos cuenta las bondades de estos centros auditivos y todas esas cosas que ya no tienen gracia.

Creo que los ha interrumpido antes de que se den de leches y terminen montando ahí la de San Quintín, con lo feo que queda eso en un anuncio. 

lunes, 12 de febrero de 2018

Crónicas Felinas CCXLII: Un pasito más a la dominación mundial

Marrameowww!!!

Ya sabéis de sobra que los gatos somos muy maniáticos. O tal vez no seamos realmente maniáticos y sea simplemente que disfrutamos inventándonos manías para sacar de quicio a nuestros humanos. Festejan entre risas algo que catalogan como “divertidas manías” pero realmente son planes maquiavélicamente elaborados.

El caso es que hemos encontrado una nueva gracia para poner en práctica a la hora de la comida y quiero compartirla con los compañeros felinos que me leen, porque ya se sabe que yo, de a poco, me estoy convirtiendo en una especie de coach para el fastidio humano.

Ya os he contado varias veces que nos encanta levantar tempranito a los humanos el fin de semana para que nos sirvan la comida. Empezamos arañando o dando cabezazos (Munchkin araña y yo doy cabezazos porque es sabido que el éxito de una empresa radica en el reparto de tareas y en aprender a delegar responsabilidades). Cuando nos echan del dormitorio yo saco a relucir mi maullido barítono hasta que finalmente se cansan y alguno de ellos (o ambos, como sucedió el sábado pasado en lo que podríamos calificar como un éxito rotundo de la misión) sale ojeroso a servirnos el alimento.

A partir de aquí, el truco consiste en abalanzarnos sobre el plato como si no hubiera un mañana. Munchkin en la cocina y yo en el salón con la puerta convenientemente cerrada para que no nos robemos comida (aunque yo aprovecho mientras Munchkin, que siempre es el primero en ser servido, come, para ir robándole granitos de pienso con la pata mientras me sirven a mí, dilatando el proceso ya que deben parar a regañarme). Pues bien, cualquiera diría que nos vamos a comer el plato de una sentada pero nada más lejos de la realidad. La gracia está en comer un poco y pasar del tema para que el humano de turno nos retire los platos.

Una vez que ambos platos están a buen recaudo, comenzaremos a maullar mirando hacia el sitio donde han sido depositados, a fin de que el humano los saque nuevamente pero esta vez, Munchkin pedirá la comida en el salón y yo en el pasillo porque nos gusta tener diferentes escenarios a la hora de comer.

Esto, como hábilmente habéis podido discernir, no sirve absolutamente para nada. Es decir, la comida no cambia de forma ni de sabor ni de nada pero tiene la ventaja de que es un elemento más para contribuir a la ya de por sí frágil estabilidad de la mente humana.

Y  así, queridos felinos, iremos haciéndonos poco a poco con el control mundial porque, ante todo, debemos tener siempre presente que esta es nuestra meta. Nunca perdamos de vista nuestro objetivo.

Si se os ocurren más métodos para hacer trastabillar la cordura humana y lograr que caigan rendidos a nuestros pies y nos adoren como los seres sagrados que fuimos en tiempo de los faraones (esos sí que sabían) podéis proponérmelos, que ya sabéis que yo siempre estoy abierto a sugerencias.

Prrrrrr.

jueves, 8 de febrero de 2018

Tarde 2.0

Hace unas tres semanas (sí, lo sé, sólo soy comparable a EFE o Reuters en cuanto a los cables informativos) Remorada y el Sr. Torres tuvieron a bien poner sus piececillos en los Madriles para asistir a la Expo de Harry Potter.

Por tanto, aprovechando la coyuntura, quedamos el día anterior a la Expo para comer juntos (porque yo en el fondo soy como ellos y siempre disfruto más de cualquier encuentro si tengo un buen plato de comida delante).

Ni qué decir tiene que disfruté muchísimo del encuentro. Hablamos, nos reímos, contamos anécdotas (Remorada tiene anécdotas para dar y tomar) y nos pusimos al día de nuestras vidas, ya que no la veía desde  hacía mogollón (creo que casi cuatro años, si las cuentas no me fallan).

Fuimos a una cadena de restaurantes que elegí porque me gusta, porque no está lejos del centro y porque llego rápido desde el trabajo. Pensé que les iba a parecer una cutrez que les propusiese comer ahí pero aceptaron el plan gustosamente y Remorada tuvo ocasión de comer un croissant a la plancha muy rico que hacen allí, con sus fresas y su plátano y, de postre, unas patatas gajo con salsas (no, no me he equivocado; el orden fue ése). Diréis que soy una cabrona por ventilar de esta manera las rarezas culinarias de Remorada pero ya le advertí que esto iba a ser relatado porque era demasiado jugoso como para no pasar a formar parte de mi blog.

Pena que, según leí en su página, al final la Expo no le gustó tanto como esperaba y pena también que les hablé de la exposición de Star Wars del Edificio Telefónica, fueron hasta allá y resultó que ya la habían quitado. Debo de haberles parecido una anfitriona horrible. Espero que no me hayan odiado mucho por ello. De momento parece que me siguen hablando.

Me hubiera gustado acompañarlos a una Escape Room porque ellos ya tienen un amplio recorrido en estas cosas y yo muero por ir a alguna pero el churri no podía venir por motivos laborales y no quería traicionarlo de semejante manera, disfrutando de la primera vez con alguien que no sea él… Aprovecho para hacerles publicidad y os cuento que han abierto una página maravillosa donde hablan de Escape Rooms y de comida ¿Qué más se puede pedir? Echadle un ojo pinchando aquí.

Y ya, como colofón, os cuento que tuve el inmenso privilegio de aparecer en una viñeta de su cuenta de Instagram, Brickcelona. Jamás pensé que fuese a verme alguna vez inmortalizada como un Lego pero aquí me veis (y hasta a Munchkin y Forlán también).

Brickcelona con Mi Álter Ego
Yo soy la del centro ¿A que salgo guapa?
Fuente: https://www.instagram.com/brickcelona/

El gorrito de Remorada se debe a que ese día era su cumple y, de entre todas las opciones del mundo, lo pasó conmigo. Sufrid, mortales.

Pues nada, que un placer inmenso y que estoy deseando verlos de nuevo en cuanto haya oportunidad. Que, desde que existe el AVE, Barcelona y Madrid están a la vuelta de la esquina. 

miércoles, 7 de febrero de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXXXIV: Tan corto que apenas hablo de él

El que traigo hoy es muy corto. Pero muy, muy corto. No obstante, creo que pese a su longitud ha hecho méritos más que suficientes para pasar a formar parte de este recopilatorio que, según pasen los años, se terminará convirtiendo en un documento histórico que dejará constancia de la historia de la publicidad de las últimas décadas. Vale, no creo que eso suceda.

El caso es que, en esta ocasión, la cosa  va de una aplicación para encontrar pareja por Internet. Creo que a mí nunca me daría por buscar pareja por Internet pero oye, quien lo haga, todos mis respetos tiene. Lo que ya me parece más raro es que, en el anuncio, la chica le manda una canción a su candidato a través de la aplicación y le dice que, para hacerse merecedor de su amor, le da de tiempo hasta que termine la composición musical para encontrarla.

El chico sale corriendo por la calle, esquivando una marea de gente que, casualmente camina justamente en sentido opuesto. Corre y corre hasta que nuestro caballero de brillante armadura consigue llegar a la terracita donde se encuentra sentada tan tranquila su sádica doncella.  Y ahí termina el anuncio, ya os dije que era cortito como patada de chancho (que dicen en mi tierra).

Desconozco qué dimensiones tendrá la ciudad imaginaria donde se ambienta el anuncio pero, en una ciudad como la mía, el tiempo medio de tres minutos que dura una canción creo que no me alcanza ni para llegar al bar de la esquina. Sólo esperar el ascensor y bajar ya me consumiría unos dos minutos de tiempo. Ni que hablar si la terracita de marras queda en la otra punta de la ciudad y para llegar tienes que vértelas con metros, autobuses o trenes de cercanías. Creo que no lo conseguiría ni aunque la canción elegida fuese “Zwei Jahre in”, del grupo Phrasenmäher la cual, al parecer, ostenta el título Guinness a la canción más larga de la historia y dura la friolera de 90 minutos. Por si os lo estáis preguntando, no, no soy tan culta; me he documentado para la ocasión. De todas formas, la he estado escuchando y tiene algo pegadizo, aunque tengo que admitir que no he tenido paciencia para escucharla entera porque es repetitiva a más no dar. Eso sí, si podéis echadle un ojo al videoclip. Creo que aprovecharon a grabarlo un día que tenían que montar los muebles del Ikea.

Al final me he ido por las ramas y he dedicado más tiempo a hablar de los alemanes estos aficionados al bricolaje que a hablar del anuncio pero es que no hay más que contar, la verdad. Eso sí, como anécdota curiosa, os cuento que la primera vez que lo vi, echaron justo después un anuncio de preservativos donde nos decían que tuviésemos cuidadito con ése al que acabábamos de conocer porque podía tener clamidia.

Es lo que yo llamo una combinación desafortunada, aunque ambos anuncios casen bien entre sí. 

lunes, 5 de febrero de 2018

Crónicas Felinas CCXLI: De cuajadas y marmotas

Marrameowww!!!

En Madrid ha nevado. Copos como puños, decía la bruja, porque a exagerada no le gana nadie y le va mogollón hacer un drama de cualquier cosa. A mí es un tema que me da más o menos igual pero al imberbe le gusta que nieve porque, como ya os he contado en alguna ocasión, es la vieja del visillo oficial de esta casa y se pasa las horas muertas mirando por la ventana, así que cualquier cambio le viene bien para alterar en algo la monotonía del paisaje que suele contemplar. Esto es: los edificios de enfrente y la ropa tendida de los vecinos; supongo que soñará con enganchar con las uñas toda esa ropa tan fuera de su alcance.

Como decía, a mí el tema me da exactamente igual porque no soy tan cotilla y porque sé que mi vida va a seguir igual, calentito en casa, con mi pienso y mi cajón de arena. Sin tener necesidad de salir a la calle para nada. Pero tiene una ventaja y es que la bruja se pone de los nervios. Sois de sobra conocedores que es todavía más friolera que nosotros, así que ayer se pasó todo el domingo mirando por la ventana y diciendo “mira la que cae; ya verás mañana para ir a trabajar; espero que no cuaje”. Decía eso, “que no cuaje” como si la nieve fuera un postre. Confieso que no me enteré mucho de eso pero a ella le preocupaba sobremanera el tema de la nieve cuajada. Luego siguió diciendo cosas muy raras acerca de una marmota que había predicho seis semanas más de invierno y que qué depresión, que a ver si pasa pronto esta tortura y volvemos a disfrutar del solecillo y del buen tiempo porque encima así no se me seca la ropa y pone en la página de Meteorología que vamos a tener máximas de tres grados ¡De tres grados! ¿Cómo voy a sobrevivir yo a eso?

Siguió despotricando un rato largo pero llegó un punto en el que yo ya sólo oía blablablabla… porque, cuando se pone intensa con un tema, se pone MUY intensa y llega un punto en el que tienes que desconectar por el bien de tu salud mental. Creo sinceramente que eligió mal al churri. Tendría que haberse emparejado con el hombre del tiempo para darle la barrila constantemente preguntándole qué tiempo va a hacer. Ya me imagino a la bruja diciéndole “Susúrrame al oído cosas bonitas” y el meteorólogo de turno le diría “Se prevé un anticiclón y una subida generalizada de las temperaturas en el centro de la península”.

Ya sabéis que ella tiene de romántica lo que yo de cánido pero me da que una conversación así sería para ella música celestial en sus oídos. Cuando le preguntasen qué tal es su pareja ella respondería “Me dice cosas preciosas”, mirando al cielo sin dar importancia a los nubarrones negros que se cernirían sobre su cabeza.

Ya sabéis que el amor es ciego.

Prrrrrr.

P.S. Hoy lunes ha nevado y llovido a partes iguales durante todo el día. No digo ná y lo digo tó.

jueves, 1 de febrero de 2018

Rattus norvegicus

Con mi entrada del miércoles pasado pude constatar que, efectivamente, sois malas personas y me queréis hacer pasar vergüenza, ya que muchos me pedisteis que contara la anécdota del metro. Y, como soy una pava, os voy a dar el gusto y os lo voy a contar, aun a riesgo de que, una vez terminéis de leer, podáis pensar que tengo un desequilibrio mental importante y decidáis que es mejor no seguir leyéndome, no sea cosa que se os pegue algo u os juzguen mal por relacionaros conmigo.

Si me seguís desde hace tiempo (o desde hace poco, porque en realidad esto se nota casi al primer contacto), sabréis que yo soy muy fan de hacer el chorra. El problema es que no tengo filtro. Es decir, hago el chorra tanto en mi casa como en lugares públicos, corriendo el riesgo de que un día aparezca una ambulancia y me traslade al centro de salud mental más cercano (o al más lejano, porque considerarán que es mejor perderme de vista).

Venga, ya lo cuento, que estoy dando vueltas para retrasar el momento y no tener que pasar por este trance.

El caso es que un día iba en el metro con el churri. Yo iba sentada con un chico a mi lado y, frente a mí, iba el churri de pie. No recuerdo ya a estas alturas (de esto hace muchos años y mi avanzada edad hace que me empiece a perder con los detalles) cómo surgió la historia pero el caso es que el churri me conminó a imitar a una rata.

Como a mí no se me puede retar a nada porque siempre me pico, me puse a la tarea con extrema dedicación. Puse las manitas dobladas delante de mi cuerpo, fruncí la naricita (bueno, vale, en mi caso decir “naricita” es un eufemismo) y empecé a mover los dientes en clara actitud de roedor.  Mientras tanto, miraba de reojillo al chaval sentado a mi lado, para conseguir una mirada de rata más creíble. El chico iba a su bola escuchando música con los auriculares y pasaba de mí pero, en una de estas, le dio por mirar a su derecha y se encontró con una loca de la pradera (o de alcantarilla, en este caso), que lo miraba por el rabillo del ojo y hacía cosas raras, guardando cierta similitud con Hannibal Lecter.

Dio tal respingo el pobre muchacho que casi abolla el techo del metro con la cabeza. Yo miré en dirección opuesta, intentando disimular, muerta de la vergüenza pero, al mismo tiempo, con un ataque de risa floja imposible de controlar. Miré al churri con clara intención de acusación porque convengamos en que la culpa de todo esto fue suya y sólo suya.  ¿En qué cabeza cabe ponerme retos?

Se supone que debería haber aprendido de esta experiencia y haber empezado a comportarme en público pero, como es mi naturaleza, tengo que confesaros que sigo haciendo el pavo en cualquier parte.

Como me reten, más.