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miércoles, 30 de marzo de 2016

Anuncios Pesadillescos CLXXIII: Cómo vender a través del asco

Desconozco si de este anuncio había visto una versión más reducida o si no le presté demasiada atención cuando lo vi pero no fue hasta que Chema me pasó el enlace vía Facebook que me di cuenta de cuán pesadillesco era el spot que hoy procedemos a destripar.

Se trata del anuncio de un stick para pasarse por las uñas y así evitar morderlas (supongo que tiene que saber a rayos aunque recuerdo que, en mi adolescencia, cuando tenía yo esa mala costumbre probé un producto similar y, por mal que supiera, yo me las mordía igual y allá películas). Bueno, el caso es que el producto es ese y podrían haberse valido de argumentos tales como que es una costumbre fea que nos hace parecer un poco atolondrados y que encima nos dejamos las manos hechas un cristo, han decidido conquistarnos por la vía de la repugnancia. A los hechos me remito:

Lo primero que vemos es una mano masculina rascándose o acomodándose sus partes íntimas antes de lanzar una bola en un partido de tenis. En primer plano, porque para qué vamos a andarnos con sutilezas.

A continuación, un perro rebusca entre la basura para recuperar la pelota de tenis que el anterior jugador de “rasca y gana” ha lanzado ahí demostrando que, aparte de ser un guarro, es nulo jugando al tenis.

Una mano lucha con el perro para quitarle la pelota de la boca y, una vez  que lo ha conseguido, se sacude para eliminar las babas chorreantes que han ensopado dicha extremidad (en serio ¿tanta baba puede dejar un perro en un momento?).

El propietario de la mano babeada se dirige a casa de su amada. Mientras toca el timbre, aprovecha para rascarse el trasero con la misma mano que fue babeada por el perro husmeador de basura que portaba la pelota previamente tocada por el de los picores íntimos. Vais siguiendo la historia, ¿no?

Ya en el salón de la casa, este pobre chico que debe tener lombrices le da la mano a su querida novia, quien, acto seguido, se muerde una uña de la mano con la que ha tocado la mano llena de gérmenes de su adorado partenaire.

Y ya rematan diciendo que, cuando te comes las uñas, no sabes lo que te estás comiendo. Muy agradable todo.

Supongo que todo esto podría evitarse con dos sencillos pasos. Uno, que la gente no sea tan guarra y deje de rascarse según qué partes y de tirar basura en mitad de la calle. Dos, que se laven las manos al llegar de la calle. Mi suegra es muy fan de esto último y podría darles una lección a todos ellos.

Y así la chica se puede morder las uñas todo lo que quiera. Seguirá llevando las manos hechas un desastre pero al menos no morirá de alguna enfermedad infecto-contagiosa. Creo que el problema no es de la chica por morderse las uñas, sino de todos los demás por ser unos cerdos.

He dicho.

Actualización mayo de 2016: Este anuncio ha resultado uno de los ganadores del PAPA (Premio al Anuncio Pesadillesco del Año) edición 2016. Le entregamos su premio para que disfrute:


lunes, 28 de marzo de 2016

Crónicas Felinas CLXXI: ¿Altruismo o egoísmo?

Marrameowww!!!

Un día de estas pasadas vacaciones, la bruja y el consorte llegaron a casa con un nuevo artilugio. Era como una gran caja de plástico con puerta abatible y dibujitos de gatos que plantaron en mitad del salón.

Como soy de naturaleza intrépida, luego de husmearlo un poco decidí abrir la puertecita y meterme dentro. No tenía cojincito ni nada y, la verdad, me pareció un poco cutre para ser una nueva camita. Tenemos una especie de sofá y una casita con su tejado y hasta una bolita dentro para jugar, aparte de nuestro castillito de tres plantas y, por descontado, la cama de nuestros humanos, que es ideal para estirarse a placer y robarles espacio vital en el proceso, por lo que esto me parecía demasiado duro e incómodo pero, por no hacer el feo y no despertar las iras de la bruja, que es capaz de darme pienso de marca blanca en venganza, me eché una siesta dentro mientras Munchkin miraba con desconfianza.

Cuál no sería mi sorpresa cuando, al día siguiente, veo que llenan de arena la misteriosa casita y la colocan en sustitución de nuestro querido y archiconocido arenero. Me quedé un tanto desconcertado preguntándome “¿en serio pretenden que hagamos nuestras cosas ahí?”. Es decir, no tengo nada en contra de la intimidad (de hecho, yo soy el primero que es incapaz de cumplir con la llamada de la naturaleza si hay alguien mirando) pero con este invento tengo que agachar la cabeza para satisfacer mis necesidades fisiológicas y por todos es sabido que un gato no agacha la cabeza ante ninguna circunstancia. La dignidad está ante todo.

Además de esto, se nos complica la tarea de arañar y romper la bolsita que pone la bruja para vaciar el cajón con comodidad y limpieza. Nosotros éramos unos maestros en dejarla hecha un pingajo para que al final aquello fuera como un colador y no cumpliera en modo alguno su cometido.

Tiene un inconveniente añadido y no es otro que el hecho de que con esto no podemos convertir el baño pequeño en una playa pataleando fuera todo el contenido de arena del cajón (igual nos las apañamos y algo conseguimos expulsar fuera pero hay que reconocer que se necesitan ímprobos esfuerzos para una tarea que antes realizábamos sin sudar ni un poquito). No sé si la idea es que hagamos más ejercicio porque me resisto a creer que lo han comprado pensando justamente en que no pataleemos la arena, con lo divertido que es (tanto el hecho de patalearla en sí mismo como verlos después barriendo). No, no pueden ser tan crueles de querer vernos privados de semejante rato de divertimento, ¿o sí?

Total, que no sé muy bien qué pensar de esto. Si lo han comprado por nuestro confort e intimidad pues me parece bien, aun sacrificando algo de diversión en el proceso pero si lo han adquirido por su propia comodidad para no tener que andar barriendo tanto, me parece un acto tremendamente egoísta. 

Prrrrrr.

jueves, 17 de marzo de 2016

No es más que un “hasta luego”

Hoy vengo con una entrada cortita. Muy cortita. Este cuerpecito serrano se va a disfrutar de una semanita de vacaciones y, ante la perspectiva, hasta escribir un post largo me está dando vagancia. Bueno, lo de que el cuerpito serrano se va es un decir porque en realidad pienso quedarme en mi casa haciendo el vago a placer y tal vez salga de vez en cuando por algún plan improvisado (o a comprar comestibles para no morir de inanición).

No sé si comentaré blogs o no, aunque supongo que lo leeré todo pero yo cuando desconecto, desconecto de todo.

Sed buenecitos y secaos esas lagrimillas. Esto no es un adiós; sólo un “hasta luego”.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Anuncios Pesadillescos CLXXII: El lago de los pavos

Para los que no lo sepáis, os informo que me gusta mucho la danza, por lo que este anuncio se supone que debería gustarme. O tal vez me horripile justamente el hecho de que tan noble arte se banalice de semejante manera. Mis procesos mentales son incomprensibles hasta para mí.

El caso es que vemos un bailarín en medio de un escenario sosteniendo con delicadeza en su mano una rebanada de pan cubierta con jamón curado de pavo. Mira la rebanada con veneración y vemos aparecer tres bailarinas con más rodajas de pan en sus manos. Al ver al chico, se quedan estáticas, víctimas del shock más profundo ante lo que tienen delante de sí. Una de ellas se acerca al maromo en forma desafiante y comprobamos que la rebanada de pan de ella está cubierta por tristes lonchas de pavo del de toda la vida que, en comparación con la suculenta rebanada del bailarín, no tienen nada que hacer.

Y aquí comienza lo que podríamos llamar la representación del Lago de los Pavos. Él la sujeta por la cintura y dan unas cuantas vueltas consiguiendo mantener las lonchas de jamón de pavo en perfecto equilibrio. No se le cae ni una, por suerte para el resto de bailarinas que así no terminan resbalando y descalabrándose. Todas bailotean alrededor de su nuevo objeto de deseo, queriendo hacerse con el delicioso jamón de pavo.

Él sostiene su rebanada en alto y hasta da un salto para alejarla de las garras avariciosas de estas mujeres consumidas por la gula (la del norte y la del sur).

Pero con lo que él no contaba era con la astucia de una de las bailarinas que, dando un grácil y majestuoso salto (o “jeté” para que veáis que de algo me acuerdo de las épocas en que yo también daba saltitos) se apodera sin piedad de la codiciada tapa, ya pensando en lo bien que le vendría una cervecita para acompañar y que no se le haga bola.

El bailarín cae  de rodillas al suelo, frustrado, quebrado de dolor. Extendiendo sus brazos hacia la ladronzuela, no sé si suplicando que le devuelva su rebanada o que, al menos, no sea rata y le permita darle al menos un mordisquito para probarlo. Pero ella se aleja y vemos cómo le hinca el diente con ojos de evidente placer. Qué mala pécora.

Y ahí la voz en off nos informa que ha llegado la sofisticación al mundo del pavo. ¿La sofisticación al mundo del pavo? Eso me suena a ponerle un logotipo de Chanel a una camiseta de los chinos. No tengo yo muy claro que comer jamón curado de pavo sea algo muy sofisticado pero qué sabré yo, una humilde chica de clase trabajadora. Lo mismo lo más cool del momento es comer tapas de jamón de pavo y yo aquí, como una tonta, soñando con caviar o, al menos, con anchoas del Cantábrico.

Debe ser que soy una pava y no me entero de nada. 

Actualización mayo de 2016: Este anuncio ha resultado uno de los ganadores del PAPA (Premio al Anuncio Pesadillesco del Año) edición 2016. Le entregamos su premio para que disfrute:


lunes, 14 de marzo de 2016

Crónicas Felinas CLXX: Esa píldora que os dan…

Marrameowww!!!

Hace como una semana llevaron a Munchkin al veterinario a desparasitar. A mí no me llevan porque me tomo la pastillita en casa estupendamente ya que sé de buena tinta que, después de la pastilla, hay latita de premio así que la ganancia es doble: Como algo rico y, como bonus track, me ahorro la visita al veterinario.

Pero Munchkin es otro cantar. No hay forma humana (ni felina) de que se tome la pastilla. Cierra la boca como si se la hubiera pegado con superglue y tira unos zarpazos que harían temblar a cualquiera. Por si alguien pretende sugerir que se incluya la pastilla machacada en algo que le guste mucho ya os voy diciendo que os podéis ahorrar el consejo. Está probado y descartado; el imberbe no parece muy listo a simple vista pero para la comida tiene un auténtico don. La vez que intentaron camuflarle la pastilla en una latita se quedó mirando a los humanos con cara de “eso os lo vais a comer vosotros”. Me consta que la bruja ha dado pastillas a muchos gatos en esta vida y ninguno se le ha resistido tanto como él así que, hartos de luchar, nuestros humanos decidieron llevarlo al veterinario cada tres meses a que le pinchen en el culete porque ni siquiera el más avezado de los profesionales fue capaz de conseguir que el imberbe se tragara la pastilla.

Y si la cosa se quedara ahí, pues bueno, estrés y pinchazo que se ha llevado habiéndolo podido evitar pero no, el tema va más allá porque el hecho de ir al veterinario implica que éste, para demostrar su profesionalidad, te eche un vistacillo general para comprobar tu estado de salud y que lo tienes todo en su sitio (a mí, siempre que voy, me miran los ojos y las orejas como si les sorprendiera encontrarlos emplazados ahí) y, en esto que estaba el veterinario revisando, y va y se topa con su chichota colgante. Se supone que todos los gatos debemos tener un poco de barriguilla que, según parece, se llama “bolsa primordial” pero el problema es que Munchkin la tiene primordial y secundaria. Es una barbaridad lo que se menea eso cuando corre. Parece que llevara una riñonera rellena de flan.

En conclusión, que lo han puesto a dieta. No es que tenga que comer pienso especial pero sí les han dicho a los humanos que le bajen la ración de comida y yo me troncho, claro está. Si se hubiera tomado la pastilla sin hacer tanto escándalo no tendría ahora que andar pasando hambre porque le seguirían dando la ración de siempre. Al menos, hasta que le hubiese tocado la vacuna, que de esa visita sí que no se libra nadie.

Por suerte yo tengo un cuerpo envidiable y sé que nadie me va a recortar la manduca. Mi bolsa primordial está en un tamaño ideal y seguro que podría desfilar en la próxima pasarela gatuna o salir en la portada de “Cat´s Health”.

Prrrrrr.