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jueves, 29 de noviembre de 2012

Esto es un “Hasta pronto”


Y llegó el gran día. Para cuando leáis esto yo probablemente ya estaré en el aeropuerto rogando para que no me multen por sobrepeso en la maleta.

Me voy con una mezcla de sentimientos encontrados. Triste por mi recientemente desaparecido Luhay pero emocionada por reencontrarme con mi mami y tanta gente querida.

No creo que pueda actualizar mucho desde allí ya que no tendré lo que se dice un acceso “fácil” a Internet. Me llevo el portátil, de todas formas, para poder ir escribiendo en el momento en que vengan a visitarme las musas, que si les das de lado luego se enfurruñan y a saber cuándo vuelven a visitarte.

Así que, por si acaso, me despido hasta la vuelta, que ya será casi para Nochebuena. Dejo abiertos los comentarios porque un blog sin comentarios es como un jardín sin flores. Espero que los trolls no me la líen (Sed buenecitos que hasta ahora os habéis portado muy bien conmigo).

Pues poco más tengo que decir. Estoy que me salgo. Cruzad los dedos para que nos haga bueno y podamos tirarnos al sol como lagartijas en la playa, para que podamos montar a caballo en el campo, para que podamos hacer un asado al aire libre… y para que no nos pierdan ninguna maleta, por Diosssss.

No os olvidéis de mí en mi ausencia. Aunque ande trotando por el mundo os tendré en el pensamiento y me tomaré unos mates a vuestra salud. Ah, y tenedme paciencia a la vuelta, que seguramente estaré más cansina de lo habitual. 

¡Hasta la vuelta!

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Anuncios Pesadillescos XXXI: Pues mi dentista no me hace carantoñas


Se abre el telón y vemos un dentista octogenario que ya debía haberse jubilado hace tres lustros indicando a su paciente que, si le duele algo, levante la mano. Está rodeado de tornos, ganchos y demás elementos de tortura medieval que debieron ser el último alarido cuando él terminó la carrera y recibió el título de la mano de Aristóteles.

El joven paciente levanta la mano sin dar siquiera tiempo a que el experto dentista (tiene que ser experto, aunque más no sea por cansancio) le ponga un dedo encima de sus piezas dentales.

El abuelete se muestra extrañado y le pregunta al muchacho qué le pasa ahora (se ve que es un poco quejica por naturaleza). Él le da excusas peregrinas diciendo que no se trata del dentista, que es él, que van a tener que dejar de verse por un tiempo pero que pueden seguir siendo amigos (sí, debes tener tú mucho tema de conversación con ese señor. Esto es un abandono en toda regla).

Este ser desalmado e infiel sale corriendo a una cadena de clínicas y se abraza a una chica morena, joven, que seguro que le da muchas más satisfacciones que el octogenario. Por lo menos le dará satisfacciones visuales, supongo. La chica le devuelve el abrazo pero sin mucho entusiasmo, poniendo los ojillos en blanco y como diciendo “la que me ha caído encima”.

Pues te chinchas, mona. Que por tu culpa el pobre abuelico se ha quedado triste y ojeroso. Le van a forzar a jubilarse. Va a tener que aguantar a sus nietos chillando y a la parienta viendo “Sálvame”. Su clínica era su refugio y por tus curvas mortales, mala pécora, este buen señor ya no va a tener excusa para ausentarse de casa. Cambiará la bata blanca por un chándal de táctel y dedicará sus tardes a jugar a la petanca o al mus. Se dará al chinchón o al anisete y todo será por tu inoportuna intervención.

Que sepas que mi dentista no me hace carantoñas. No me mima nada. Me echa la bronca y yo soporto estoicamente porque no me vendo por unos ojitos negros. Mi dentista tendrá sus problemas como cualquier hijo de vecino y no seré yo quien venga a sumar una tragedia más. Quiero darle una alegría cuando hinque en mis encías sus armas de destrucción masiva. Seré una mártir por la causa.

Que vivan los dentistas de toda la vida, con su sofá floreado en la salita de espera y sus revistas pasadas de moda. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Ustedes Dirán XIX: Que la loza no sea menos (sugerido por Rachel)


En esta vorágine de manuales de instrucciones que llevamos últimamente, Rachel, del blog “Cómo ser mamá y no morir en el intento” me comunica que ha adquirido un nuevo lavavajillas con las instrucciones en alemán por lo que me ha implorado (bueno, esto es un poco exageración mía pero me gusta sentirme imprescindible) que le explique las instrucciones del mío.

Tengo que aclarar que el piso nos lo entregaron con lavavajillas pero no lo hemos usado nunca porque para dos que somos terminamos antes lavando a mano. Nunca antes he tenido lavavajillas por lo que vamos a descubrir juntos los maravillosos secretos de este electrodoméstico.

La parte de las recomendaciones previas y los mensajes apocalípticos referentes a la instalación nos los saltamos, que son un rollo, aunque nos recuerdan que no dejemos abierta la puerta porque podríamos tropezar con ella. Esto también puede aplicarse a la puerta del horno. Por tanto, vamos directamente a la chicha. ¿Cómo lavamos?

El dispensador de detergente y el dosificador de abrillantador están situados en la parte interna de la puerta: a la izquierda se encuentra el dispensador y a la derecha el dosificador: Recordadlo, amiguitos. A la izquierda, dispensamos. A la derecha, dosificamos. No  podíamos hacerlo todo junto, no.

Excluyendo el programa de REMOJO, ants de cada lavado se deberá colocar en el dispensador la dosis adecuada de detergente. El abrillantador para la operación de aclarado se deberá añadir únicamente según las exigencias de la máquina: ¿Ya empezamos con exigencias? El lavavajillas y yo vamos a acabar mal, ya os lo digo yo.

El abrillantador acelera el secado de la vajilla y previene la formación de manchas y depósitos calcáreos; la máquina añade el producto de forma automática durante el último ciclo de aclarado, tomándolo desde el depósito correspondiente, situado en la parte interna de la puerta.: ¿Lo hace solito? Qué listo es mi niño…

Para agregar el abrillantador:

*Abra la puerta: Sí, si el depósito está en la parte interior de la puerta me parece un sabio consejo, a no ser que vayamos a abrillantar con algo tan corrosivo que podamos atravesar la puerta directamente pero no creo que sea el caso.

*Gire el tapón del depósito efectuando ¼ de vuelta hacia la izquierda y retírelo de su lugar: Lo que viene siendo “quite el tapón” ¿Que pa´un lado no te va? Pues pa´l otro sin hacer el borrico.

*Vuelque el abrillantador hasta llenar el compartimento. El indicador óptico situado al lado del tapón se debe oscurecer completamente: Pero ¿el tapón no lo tengo en la mano? El indicador estará al lado del agujerico, digo yo…

*Vuelva a colocar el tapón girándolo hacia la derecha: O sea, pa´l otro lao.

*Elimine con un paño eventuales residuos de abrillantador que podrían provocar espuma durante el funcionamiento: Yo lo dejo así, a ver si me puedo dar un baño relajante en la cocina.

El lavavajillas se suele suministrar con una regulación media efectuada en la planta de producción: Se suele suministrar. No significa que en tu caso lo hayan hecho. Prueba a ver.

De todas formas, Ud. estará en condiciones de regular la dosificación girando el selector presente en el dosificador, hasta alcanzar la posición necesaria: ¿Estaré en condiciones? ¿Estás seguro? Mira que yo soy muy torpona…

La dosis será proporcional a la posición del selector: Pero ¿directa o inversamente proporcional? No me explicáis nada…

Aquí nos cuentan que para modificar eso hay que volver a abrir el taponcito de marras (pa´l lao que fuera) y lograr la posición deseada (que no sabemos cuál es) con un destornillador.

Para abrir la tapa del dispensador de detergente pulse levemente el pulsador. Coloque el detergente y vuelva a cerrar la tapa con cuidado. Durante la fase de lavado, la tapa se abrirá de forma automática: Qué cosa más lista de aparato, oye… Sobre todo porque hay que pulsar el pulsador, quién lo hubiera dicho. 

Y luego ya vienen los tipos de lavado y los botoncitos pero es un cuadrito muy largo y muy aburrido. De momento ya sabemos poner el abrillantador y el detergente. Ya aprenderemos a lavar otro día. 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Crónicas Felinas XXII: Carta a mi Gordito




Querido Gordi:

Hoy puedo volver a llamarte Gordi, ya sin temor a las represalias judiciales. Porque siempre fuiste y serás mi Gordi, aunque la última vez que te pesaron te me habías quedado en algo más de tres kilos.

Me diste nueve años inolvidables. Nueve años en los que te quise día sí y día también. Te quise cada minuto y espero que te hayas ido sabiendo eso.

Te quise cuando me arañabas el sofá, te quise cuando me tirabas  el cubo de la basura y te quise cuando me robaste cincuenta euros de encima de la mesa y estuviste a punto de rompérmelos.  Te quise.  Todos en esta casa te quisimos.

El pasado miércoles por la noche nos dejaste. Ha quedado un vacío que no va a volver a llenar nadie. Estamos tristes, desorientados. Forlán reclama más atención que de costumbre porque no te tiene para acurrucarse junto a ti. Yo me quedo esperando que vengas a la puerta cuando llego a casa y tardo unos segundos en ser consciente de que no vas a venir.

Son tantas las cosas que te diría si te tuviera aquí que no sé ni qué decirte. Me cuesta un esfuerzo sobrehumano escribirte esta carta y, al mismo tiempo, necesito escribirla tanto como respirar.

Es tu homenaje. Te lo mereces. Te echamos de menos, cosita peluda. Espero que, allá donde estés, te estés poniendo ciego a langostinos y aceitunas, que estés destrozando todo lo que pilles y que seas muy, muy feliz. Casi tan feliz como nos hiciste a nosotros.

Descansa en paz, mi Gordito y vigila desde allí a Forlán para que no nos haga la vida muy imposible. Dile que abrir el grifo del fregadero no es buena idea y perdona por esta carta tan caótica, con una estructura tan nefasta. Tú la hubieses escrito mejor pero yo soy una simple humana.

Con mucho cariño,

Tu Bruja, el Consorte y Forlán.

P.S.1: Forlán me ha pedido permiso para continuar la sección. Al principio no me ha parecido buena idea pero luego pensé que tú hubieses querido seguir dando voz a los felinos en este humilde blog así que le daremos el gusto al imberbe…

P.S.2: Me han llegado un montón de mails y comentarios de gente interesándose por ti. Para que veas que no sólo te quería yo. Estoy segura de que tú también los agradeces tanto como los he agradecido yo. 

viernes, 23 de noviembre de 2012

Cuadragésimo noveno y quincuagésimo premio: Por fin cumplo con la Alpaca


Bueno, y ya hoy, por fin, toca publicar los dos últimos premios de los seis que me entregó La Alpaca en ese ya tan, tan, lejano 20 de octubre.

El quinto premio que me entregó fue este:



Ya lo tenía, por lo que no lo voy a pasar pero, como he hecho con los anteriores, cumplo a rajatabla la penitencia, que es la siguiente:

El blog premiado deberá reflejar el último comentario que le han escrito y decir 3 cosas que le gustan y 3 cosas que no.

Pues el último comentario recibido en este humilde blog (al menos al momento de editar esta entrada) vino de la mano de  Berlín 30, en este post   y dice así:

"Yo con ver los anuncios ya tengo bastante. Si Geordie Shore, o como se escriba, ya era patético, esto ya no tiene nombre. En fin, supongo que hay gustos para todos y si lo emiten es porque hay gente a la que le gusta".

Tres cosas que me gustan:

- El color turquesa.

- Los atardeceres.

- El Malibú con piña. (Sí, ya sé que está de moda el Gin-Tonic pero yo soy así de hortera).

Tres cosas que no me gustan:

- El color coral.

- El arte Rococó.

- La cerveza. (No, no me gusta).

Y vamos con su sexto premio:



Ha dado en llamarse “Blogueras a lo loco”. Este  no lo tenía y no tiene más penitencia que pasarlo a cinco blogs.

Pues mira, como éste no lo tenía, sí lo voy a pasar. And the winners are…

- Valeria, de “All about Valeria” para agradecerle su calaverita, que me hizo mucha ilusión.

- Nuria, de “Nurinotas” porque siempre se ríe con mis chorradas y me infla el ego cosa mala.

- Matt, de ”Blogueando de mi vida” para que sus niños sigan con esas frases tan ingeniosas y dibujen muchas brujas que pierden la ropa interior en pleno vuelo.

- Estrella, de “En nuestro nido” para que pase a tope de las opiniones de la gente.

- Bionda, de “La Número Nueve” porque me da a mí la gana.

Y esto ha sido todo por la semana. Portaos bien el finde y nos leemos el lunes.