Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

jueves, 28 de febrero de 2013

Memorias de Uruguay IX: Para que digan que la naturaleza relaja…


Y ya vamos por el 14 de diciembre, día en el que partimos rumbo a… Punta del Este.

Punta del Este es uno de los balnearios más chic de Sudamérica y allí vacaciona toda la jet. Bueno, y nosotros.



Nuestro alojamiento no estaba propiamente en Punta del Este, sino en la Barra de Maldonado, que queda al ladito. Mi mamá, el churri y esta servidora contaron con el privilegio de que nos ofrecieran alojamiento en casa de unos amigos de mi mami, que viven allí todo el año. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando vimos que al churri y a mí nos habían preparado una casita de invitados independiente, con su dormitorio, su baño, su salón enorme con vistas a la parcela... No éramos capaces de expresar nuestro agradecimiento. Se portaron con nosotros de lujo. Ojalá vengan algún día a Madrid para que podamos retribuirles en cierta forma lo bien que nos trataron. 


Yo, en la “parcelita” de cuyo huerto surgieron los calabacines que degustamos ese día.


Una libélula.

El huertecillo.

Tan en contacto con la naturaleza estábamos que, según nos estaban enseñando la casa, el precioso labrador mascota de la casa nos robó en un descuido las esterillas de la playa. (Pinchad aquí  para poner banda sonora a lo que relato a continuación).

Salió corriendo por la parcela llenándolas de babas y mordiscos. Era para habernos grabado, cinco personas persiguiendo a un perro. Para peor, nos vacilaba. Se quedaba quieto y, cuando estábamos a punto de darle alcance, se echaba a correr otra vez. A mí me dio tal ataque de risa que no podía ni correr.

El ladrón canino.


Para colmo, a la tarde llegó un secuaz:

El perro del vecino, que de vez en cuando se escapa y va de visita.

Total, que en nuestra casita estábamos a cuerpo de rey y no sólo eso… sino que el dueño de casa nos hizo de chófer para llevarnos y traernos de la playa y para hacer varios paseos. En un lugar tan insigne como Punta del Este ¿cuál sería nuestro medio de transporte? ¿Un Ferrari? ¿Un Porsche, aunque más no sea?.

Pues no:

¡¡Una Voyager!! A lo hippie total. El churri estaba que daba saltos de alegría porque nunca había subido a una.

La tarde transcurrió en la playa, con total tranquilidad y, a la noche, la parcela se llenó de ranitas diminutas. El churri fue capaz de coger una y la metió en un vaso para que la viéramos. No debía de medir más de dos centímetros, la pobre… No se nos ocurrió sacar foto, sorry…

De lo que sí tenemos foto es de lo que nos encontramos al volver a nuestra casita de invitados:

¡Un señor sapo!


Lo que sucedió a continuación también fue bastante rocambolesco. Estábamos en plena sesión de fotos con el sapo. El sapo ve una ranita. El sapo quiere comerse la ranita. Intentamos impedir que el sapo se coma la ranita. El perro ve al sapo. El perro quiere comerse al sapo. Intentamos impedir que el perro se coma al sapo. Menos mal que no había animales más grandes…

Y más o menos así terminó el día… La semana que viene seguimos por el este, que si no esto se va a hacer eterno.

P.S. Os recuerdo que estoy de sorteo. Para quienes no os hayáis apuntado, podéis hacerlo aquí 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Anuncios Pesadillescos XL: Gladiator


Se abre el telón… No, perdón. Empezamos de nuevo. Se abren las puertas del ascensor de tu ofi. Tú no das los buenos días sino un sonoro estornudo que hace que todo el mundo se gire a verte, incluido un compañero que, con el susto, pega un brinco que provoca que se vuelque el contenido de su humeante taza de café. Tu presencia no ha pasado desapercibida, ahora todos saben que estás ahí y tu nariz moqueante y tus ojos inyectados en sangre denotan que tienes un trancazo de los que hacen historia.

Se acerca tu compañera, o asistente, o la que hace las fotocopias, yo qué sé… no le he pedido la historia laboral. ¿Te ofrece un vaso de leche con miel? ¿Te trae una mantita? ¿Te lleva la mano amorosamente a la frente mientras se compadece del despojo de ser humano en que te has convertido? No. Te mira con cara de asco y te dice “Reunión, ya mismo”. Así da gusto empezar el día.

Recorres el pasillo a las toses, esparciendo bien los virus, que lo bueno de estas cosas es saber ser solidario y compartir. Te acercas a la puerta de la sala de reuniones y la abres.

Dentro, te encuentras en la arena de un circo romano, donde varios gladiadores sedientos de sangre te esperan alrededor de una mesa con gruñidos amenazadores. Presidiendo la mesa, el emperador de turno, que baja el dedo pulgar desaprobatoriamente. Aquí hay que hacer dos incisos: Primero, el emperador nunca estaba entre la chusma de los gladiadores. Se sentaba arribita, en su palco oficial, no fuera cosa que se manchase su capa de pura seda con sangre de algún cristiano indeseable. Segundo: El recurso del emperador romano moviendo el pulgar ya lo usaron para el anuncio de un comparador de seguros. Mal, muy mal…

Seguimos. Miras desesperado a tu derecha buscando una solución y abres un cajón. Dentro, milagrosamente, hay una caja de sobrecitos de antigripal. Mientras los gladiadores claman por tu cabeza, tú echas el contenido de un sobrecito en un vaso, con toda la parsimonia del mundo, lo remueves con una cucharita y te lo tomas.

Milagrosamente, los gladiadores se convierten en la junta directiva y el emperador en el superjefe, que levanta el pulgar impresionado con el proyecto que les has explicado en una pizarrita. Proyecto consistente en un montón de recuadritos con frases en su interior y flechitas inconexas. Aun así, hay un miembro de la junta que te gruñe. Tal vez sí sea un auténtico gladiador, después de todo… O un gañán, sin más.

La que te miraba al principio con cara de asco se ríe y se va. Sí, había estado ahí de pie todo el tiempo con un montón de carpetas en la mano. Siempre he sido de la teoría de que si eres capaz de pasearte ocho horas por la oficina con carpetas en la mano, darás la impresión de ser una persona ocupadísima. Esta muchacha es el claro ejemplo. Ahí ha estado sin hacer nada y, sin embargo, parece la viva imagen de la eficiencia.

Esto nos deja dos moralejas:

1) Cuando tengas alucinaciones visuales, tómate un antigripal.

2) Si quieres impresionar. Cómprate unas cuantas carpetas. Ascenso asegurado.

P.S. Os recuerdo que estoy de sorteo. Para quienes no os hayáis apuntado, podéis hacerlo aquí 

martes, 26 de febrero de 2013

Ustedes Dirán XXVIII: Telegrameándome con la realeza (sugerido por La Alpaca)


Hace un par de semanas publiqué un premio de estos con la consabida penitencia de contar cositas sobre mí. En una de ellas, comentaba que conservo un telegrama que me mandó el Rey cuando yo era pequeña.

Nuestra Alpaca sintió curiosidad sobre este hecho y aquí que vengo, dispuesta a despejar sus dudas. Por cierto, Alpaquilla, ya que estamos en pleno intercambio de historias, recuerda que me debes lo de las patas de pollo…

Debería tenerlo ahora mismo delante para poder ver la fecha y esas cosas pero no sé muy bien dónde está y como que no me voy a poner ahora a desmantelar la casa completa. No obstante, calculo que tendría yo unos ocho o nueve años.

Tenía yo una compañera en el colegio que siempre andaba dándose importancia con todo lo que hacía, tenía, etcétera… Éramos amigas pero tenía eso que me exasperaba. Hay que decir en su favor que, con los años, cambió. Sigue siendo amiga mía y ya no es tan fanfarrona pero de pequeña era otro cantar.

Bueno, a lo que íbamos. Esta compañera vino un día al cole toda chulita mostrando la carta que le había mandado alguien del equipo de gobierno de Felipe González (no recuerdo quién). Según dijo, alguien de su familia trabajaba en el despacho de este hombre y le había hecho llegar una carta de mi compañera, a la que él había respondido gustoso.

El día entero se pasó hablando de la dichosa carta y dándose aires de importancia por lo que yo llegué a casa algo rebotadilla diciéndole a mi madre lo que había pasado y que había tenido que estar todo el día aguantando sus ínfulas de persona que se codea con la high society política. Mi madre, que es muy práctica, me dijo: “Pues escríbele al Rey”. Me pareció una idea fantástica y allí que cogí yo mi papel de cartas con el estampado de una mariquita y le mandé una carta cuyo contenido a día de hoy no recuerdo mucho. Algo le contaba de a qué colegio iba y de que les quería felicitar las fiestas (eran épocas navideñas, supongo, o yo andaba muy desorientada). Y la mandamos.

Un día por la mañana sonó el timbre (supongo que sería sábado porque si no, no me explico por qué no estaba yo en el colegio) y era el cartero, que decía que traía un telegrama.

Mi madre se extrañó pero allí que bajó a recibirlo. Más se extrañó todavía cuando vio que el telegrama era para mí. El papel de dentro se había movido, por lo que no se veía el remitente por la ventanuca de plástico. Total, que lo abro y veo que viene directamente desde el Palacio de la Zarzuela.

Un par de líneas redactadas con toda seguridad por un secretario, agradeciendo mi carta con orgullo y satisfacción, supongo… Y, debajo, rezaba “Con el mayor afecto, Juan Carlos, R.”.

De más está decir que me faltó tiempo para llevar el telegrama al colegio y cerrarle la boca a mi compañera. Al lado de mi telegrama, su carta quedaba a la altura del betún.

A mí con tonterías…

P.S. Esta sección te da la oportunidad de averiguar todo lo que quisiste saber sobre Álter y nunca te atreviste a preguntar… ¿No te pica la curiosidad?

P.S. 2: Os recuerdo que estoy de sorteo. Para quienes no os hayáis apuntado, podéis hacerlo aquí 

lunes, 25 de febrero de 2013

Crónicas Felinas XXXI: Los servicios meteorológicos están en mi contra


Marrameowww!!!

El viernes pasado la bruja y el consorte no trabajaron. Se habían pedido el día porque pretendían pasar el fin de semana en Albacete.

Yo ya lo estaba viendo todo color de rosa, imaginándome con la casa para mí solo, arañando el sofá a placer, dando saltos por doquier y tal vez invitando a los gatos del barrio a una timba ilegal donde nos jugaríamos el pienso y probablemente terminaríamos rompiendo la tele al enzarzarnos en una cruenta pelea.

La cosa prometía y yo ya estaba frotándome las zarpas imaginando el fin de semana estupendo que tenía por delante, de esos que yo llamo FDM (Findes de Destrucción Masiva). Peeeero… se levantaron el viernes y yo allí no veía mucho movimiento. Oí que comentaban algo de que lo mismo se iban el sábado. Yo ya estaba blasfemando en arameo contemplando la posibilidad de tener que soportarlos un día entero en mis dominios.

¿Un día entero? Ojalá. Lo peor estaba por venir.

En una de éstas, la bruja se posicionó delante del ordenador y empezó a comentar que si iba a hacer un frío que pelaba, que si había alerta por nieve, que si vaya birria de fin de semana… Y ahí ya se me vino el mundo encima. Ahí lo supe. Se quedaban. Iban a estar aquí tres días seguidos, sin darme libertad ninguna y achuchándome cada cinco minutos. Un sinvivir.

Y lo peor no es esto. Lo peor, humanos amigos míos, es que no ha caído un solo copo de nieve, ha lucido el sol y ha hecho un fin de semana frío pero fantástico. Me he perdido de hacer mil fechorías y he tenido que soportarlos setenta y dos horazas dando por saco.

Señores de los servicios meteorológicos: A ver si estamos a lo que estamos, que esto no se le hace a un gato de bien como yo, que por su culpa no he podido echar tranquilamente una canita al aire. Me imagino que esto lo hacen porque quieren irse por ahí de fin de semana y, para evitar que los sitios pintorescos se llenen hasta los topes, se inventan que va a hacer un tiempo asqueroso para poder disfrutar de lo lindo mientras el resto de la humanidad (y de los felinos) se quedan en casita lamentando su suerte.

Muy astutos, señores de los servicios meteorológicos.

Prrrrrrr.

P.S. Me dice la bruja que os recuerde que está de sorteo… Bases e inscripciones pinchando aquí 

viernes, 22 de febrero de 2013

De sorteos va la cosa


Pues hoy no vamos a recibir ni a repartir premios. Hoy recibimos y repartimos regalitos, que ya va siendo hora.

La semana pasada me llegaron a mi domicilio estas cositas tan monas:



Me las mandaba mi queridísima CreatiBea, ya que resulté la tercera ganadora de su estupendo concurso, donde había que adivinar una película y esperar que la suerte me sonriera en el sorteo de la Once. Tuve suerte y me hice con mi taza antiresaca para después de liarla parda y mi calendario molón. ¡Muchas gracias CreatiBea! Me han encantado mis regalitos y ando buscándole al calendario un lugar bonito y alejado del alcance destructivo de ese ser peludo llamado Forlán.

Como publicaba hace ya algún tiempo, hemos alcanzado (superado, a estas alturas, y por suerte) los cien seguidores así que… tachaaaaaan:

¡Tenemos supermegasorteo made in Álter!

Para participar sólo hace falta ser seguidor de este ilustre blog y dejarme un comentario en este post manifestando vuestro deseo de participar y dejándome una dirección de correo electrónico para poder ponerme en contacto con el/la ganador/a (si no queréis dejarme aquí la dirección de e-mail me podéis mandar un correíto a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com). Ojo, que si no me seguíais de antes, podéis empezar a seguirme ahora pero os tengo que tener medio vistos… Quiero decir, que por lo menos me hayáis comentado alguna vez. No me gustaría que le tocase el premio a alguien que no me ha leído en su vida. Las cosas como son.

Si aparte me seguís por Facebook, tendréis participación extra (es una vil forma de presionaros pero a estas alturas ya no tengo vergüenza de mendigar seguidores en dicha red social, que reconozco que la descuido un poco pero es que no llego ni al mínimo de seguidores para acceder a las estadísticas). Si me seguís por Facebook, me ponéis también en el comentario el enlace al perfil (o lo mismo, me mandáis un e-milio si no queréis hacerlo tan visible).

El sorteo es a nivel internacional, da igual desde qué punto del globo terráqueo me sigáis. Pensaba hacerlo extensivo también a otros planetas pero me da que los gastos de envío me van a salir por un riñón (Literalmente. Dicen que lo necesitan para examinarlo). Eso sí. No voy a adelantar qué es. Al que le toque, si quiere, que lo publique…

Tenéis tiempo para apuntaros hasta el jueves 7 de marzo a las 23:59 hs. (hora española). Daré la barrila estos quince días en todos mis posts para que nadie diga que no le avisé. El viernes 8 de marzo publicaré la lista de participantes con el número de participaciones que les tocan y os dejo hasta el viernes 15 para comunicar incidencias provocadas por esta cabeza loca. El domingo 17 de marzo publicaré el nombre del ganador del sorteo, que se realizará a través de la web de Sortea2.

Y creo que no me dejo nada en el tintero. Mucha suerte a todos/as y a participar, que me hace mucha ilu…

jueves, 21 de febrero de 2013

Memorias de Uruguay VIII: Una tarde paranormal


Ya vamos por el día 13 de diciembre ¿os dais cuenta de que llevo ocho semanas relatando las memorias y que aún nos quedan casi diez días de relato? Con suerte, para fin de este año terminamos… Pero bueno, como decís que os gustan las memorias, yo aquí sigo dándole a la tecla.

Pues bien, el día 13 de diciembre estuvimos en el MUHAR, que no es otra cosa que el Museo de Historia del Arte. La mayoría de lo que allí tienen expuesto son reproducciones pero resulta interesante porque han ganado bastantes premios y, aparte, tienen una momia auténtica que da bastante yuyu. A la momia no dejan sacarle fotos así que, para que no os enfadéis os dejo con un escriba:



Por la tarde le tenía preparada una sorpresa al churri. Siempre le han gustado los rollos relacionados con la alquimia y esas cosas, así que le llevé a conocer el Castillo Pittamiglio sin decirle a dónde íbamos. De hecho, tuve que que pedirle a mi madre que me averiguase los horarios de las visitas y demás, así que cada vez que hablábamos del tema delante de él nos referíamos al lugar como "Mmmm mmm mmm mmm". En mi familia no somos normales, no. 

El castillo tiene dos entradas. Una que da a la Rambla:



Y otra que da a la calle paralela:

Pongo detalle sólo de la torre porque la entrada en sí misma salió fatal

Os pongo un poco en antecedentes. Umberto Pittamiglio, de origen italiano, recibió su nombre así, sin H, o sea, en italiano. Él le puso la H posteriormente, dicen que por ser ésta la octava letra del alfabeto que tiene una gran significación en alquimia. Porque sí, aparte de ingeniero, arquitecto y político, nos había salido alquimista el muchacho. Dicen las malas lenguas que el 31 de diciembre le daba por subirse a lo más alto de una de las torres con una capa roja.

Compró unos terrenos allá por el año 1910 y allí se hizo su castillito, lleno de simbolismos y cosas raras, como podéis ver por estas fotos:





Yo, junto a unas columnas que dicen que parecen tubos de ensayo. A mí me siguen pareciendo columnas.

¿Habéis visto la Victoria Samotracia que os enseñaba al principio? Esta zona está justo detrás de dicho mascarón de proa.





Dirigiéndonos a sus aposentos privados. Esta zona es como un laberinto y las peculiares formas del techo no contribuyen mucho al sentido de la orientación.


La chimenea en el dormitorio del buen señor. Esto que voy a contar parece de “Cuarto Milenio” pero hubo que sacar varias fotos porque salían un montón de reflejos y cosas raras en lugares inexplicables. No digo que sea nada en concreto pero el hecho es que eso nos pasó.

Ya casi terminando la visita.

El techo de la última sala que vimos. ¿Veis una ventanita estrecha casi en el centro de la imagen? La hizo para que por ahí entrase el primer rayo de sol de la mañana.

Y con eso concluyó nuestra visita al Castillo Pittamiglio. Nuestro protagonista murió en el año 1966 sin dejar hijos tras de sí, por lo que en su testamento dejó el castillo a la ciudad de Montevideo. Eso sí, especificaba que sólo lo dejaba hasta su regreso…

De ahí nos fuimos a tomar un helado y a buscar a mi mami al trabajo para dirigirnos a la feria anual de artesanía “Ideas+” donde compré el imán de ovejita que Forlán ya se ha ocupado de romper y una especie de rebequita monísima que tengo a buen recaudo lejos de las zarpas felinas y que estoy deseando estrenar cuando venga mejor tiempo.

La semana que viene, dejamos Montevideo otra vez para recorrer más departamentos uruguayos. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Anuncios Pesadillescos XXXIX: A veces no se quejan porque sí…


El anuncio pesadillesco de hoy debería publicarlo Forlán pero la semana pasada ya le concedí el privilegio de escribir dos veces, así que tampoco es cuestión de darle alas, que luego se me sube a la chepa y se cree amo y señor del cotarro. Estamos enzarzados en una lucha de poderes que ríome yo de los conflictos políticos.

¿Por qué digo que este anuncio debería destriparlo Forlán? Porque hay que admitir que es un atentado a la dignidad felina.

Vemos a un precioso ejemplar de gato blanco ataviado con la camiseta azul del hijo de la productora y un molinillo amarillo en la cabeza. Se supone que va vestido de Doraemon. Lo primero que hace es tocar un órgano de plástico (me recuerda a aquel otro pobre ser al que tuvieron humillado en Internet hasta que se cansaron de él) y luego se declara fan incondicional de Doraemon. Como dice que es fan muy fan, se ha hecho con unos vasos estampados con el gepeto del interfecto, a los que abraza con pasión. Bueno, no los abraza con pasión, habrá alguien por detrás moviéndole los brazos al pobre animalito mientras él mira a su alrededor con los ojos como el dos de oros preguntándose qué narices está pasando, quién es toda esa gente y por qué tiene que llevar un ventilador en la cabeza y una camiseta.

Luego lo ponen haciendo posturitas. Fingiendo que vuela; recostado en unos cojines en plan marajá…

Lo que más me asombra de los gatos es que, les hagas la putada que les hagas, nunca pierden esa cara de condescendencia. El pobre gato blanco está ahí sufriendo las de Caín pero mira para todos lados como diciendo “Podéis ponerme en cuantas situaciones ridículas se os ocurran. Soy superior y lo sabéis”.

Lo más indignante de todo, es que cuando termina el anuncio sale una rebanada de pan untada con la crema de cacao que ofrece los famosos vasitos como recipiente. ¿A que no sabéis para quién es la rebanada? Para el gato no, efectivamente. Es para un niño pelirrojo que no ha hecho nada en todo el anuncio y que no ha tenido que soportar semejantes vejaciones. Sin embargo, él tiene premio.

Seguro que al gato blanco no le han dado ni las gracias. Una vergüenza. 

martes, 19 de febrero de 2013

Ustedes Dirán XXVII: Erase una radio con parche en el ojo (sugerido por Rocío, Trax, La Alpaca e Inmagina)


Cuando comenté a la pasada que había colaborado en una Radio Pirata en este post, cuatro personitas me pidieron más detalles. En concreto, Rocío de “De lluvias y paraguas”, Trax de “Estrellas en los ojos”, nuestra Alpaca, la Alpaca de todos, de “Siempre positiv@” e Inmagina de “Territorio sin dueño”.

De manera que he considerado incluir esta petición multitudinaria (ejem) en ésta vuestra sección.

Para explicar toda esta historia, tengo que remontarme a mis catorce o quince años. Existía en Montevideo una radio de la que yo era fan muy fan. Digamos que era una radio bastante informal (podía considerarse informal en Sudamérica así que ya podéis irlo imaginando). Debido a lo informal que era, me permitían pasarme allí las tardes dando la brasa y hasta me dejaban decir alguna chorradilla al aire. Creo que fue ahí donde surgió mi amor por los medios de comunicación y, en concreto, por la radio, aunque desde más pequeña ya me daba a mí por grabarme diciendo pavadas en mi radiocassette rosita (lo mío siempre es rosita).

Un buen día la radio se vendió y, al ser los nuevos empresarios más serios y responsables que los anteriores, me dijeron que adiós muy buenas. Que yo ahí no pintaba nada. Me sentó como un tiro, ya no sólo porque dejase atrás una etapa en la que me había divertido muchísimo. Dejaba atrás amigos y un montón de cosas. Pero la vida continuaba y el disgusto inicial se me fue pasando.

Con diecisiete años empecé a estudiar Periodismo (soy técnica, no licenciada, por si las cuentas no salen) y, al terminar el segundo año, uno de mis proyectos de fin de curso fue un estudio sobre la radio en Uruguay. Esto me sirvió para conocer a muchas voces emblemáticas de Montevideo, a quienes entrevisté para el proyecto. Pues bien, hubo una señora que me recibió en su casa, porque estaba de baja médica en esa época (una mujer increíble). Me vio tan enamorada del medio que me dijo que estaba necesitando alguien que le hiciese de co-conductora en su programa de los sábados por la mañana y que si quería probar.

Claro que quería probar. Además, nunca había estado en AM y eso de llegar a nivel nacional tenía su encanto. Me pagaban el autobús, en plan becaria total pero yo estaba que daba palmas con las orejas.

Paralelamente, empecé a colaborar (también gratis, a mí me ven la cara de pringada, pero ése es otro cantar) en una institución que, entre otras cosas, organizaba un encuentro de radios y demás asuntos relacionados con ellas.

El encuentro duraba tres días y, el segundo, se pusieron a hablar conmigo dos chicos que se habían hecho con un stand vacío para poner la publicidad de su radio pirata, que aún no estaba ni montada. Me hizo tanta gracia el asunto que ni me chivé. Hablé un montón con ellos y me cayeron de lujo. Terminó el encuentro y no intercambiamos teléfonos ni nada, así que ahí quedaba la cosa.

Mientras tanto, yo iba presentando proyectos a diferentes radios, para tener algo mío. El problema es que yo soy como soy (ya sabéis como soy, no hace falta que ahondemos en el tema) y la respuesta siempre era que estaba bien pero que era demasiado informal, que no encajaba con el perfil o la política de la radio, que bla bla bla… Vamos, que era una rayada.

Andaba yo un día caminando por la principal avenida de Montevideo cuando, por casualidades de la vida, me encuentro con V., uno de los chicos de la radio pirata (ventajas de vivir en una ciudad pequeña). Nos pusimos al tanto de nuestras vidas y, esta vez sí, intercambiamos teléfonos.

Total, que me llamó un día y me dijo que la radio ya estaba y que si quería colaborar con ellos. Y no me lo pensé dos veces. Obvio que no iba a cobrar un duro tampoco pero me iba a quitar el mono de hacer lo que me saliese de la punta del peroné. Mi propuesta sí encajaba con el perfil y la política de la radio. La habían montado más o menos por los mismos motivos. No les aceptaban el proyecto en ningún sitio e hicieron como Bart Simpson cuando se montó su propio casino. Si Mahoma no va a la montaña…

Así que ahí que me metí. A veces en el estudio y otras por teléfono desde mi casa (la radio no estaba en Montevideo, sino en una ciudad en las proximidades). Mil anécdotas sucedieron. Recuerdo en concreto que, al principio, con el miedo, sólo se subía la antena al techo cuando se iba a emitir (la ciudad donde estaba la radio es de casas bajitas y la antena canteaba mucho) y luego se volvía a bajar. Un buen día, ya hasta las narices de subir y bajar la antena, ahí se quedó. Resulta que al poco tiempo, se puso en circulación un vehículo con luces psicodélicas que se llamaba “El guardián del espectro” o “El policía del espectro” o algún rollo parecido, que lo que hacía, básicamente, era captar señales no autorizadas para desmantelar radios pirata. Pues bien, había dos en esa ciudad y los detectores de espectros lo sabían. La otra cayó y la nuestra, no. Lo que nos reímos pensando que si, en vez de tanto radar futurístico les hubiese dado por mirar un poco para arriba y buscar la antena, seguro que hubiesen dado con nosotros.

En fin, cuando me vine a España terminó mi aventura piratona y ellos, también por diferentes circunstancias, hubo un día en que no emitieron más.

Pero los equipos aún funcionan así que, ¿quién sabe?

lunes, 18 de febrero de 2013

Crónicas Felinas XXX: Dejad mis zarpas en paz


Marrameowww!!!

Dos cosas, dos, hay que llevo muy mal en esta vida felina.

La primera es que me cepillen el pelo. No es que me moleste el hecho en sí pero yo interpreto el momento como una oportunidad para soltarle bocados y zarpazos al cepillo. Quien sea que me esté cepillando, se enfurruña y empieza a decir que me esté quieto de una vez, que no es momento de jugar, que así no se puede, etcétera…

La segunda cosa, que es la que realmente me irrita, es el momento de cortarme las uñas. No hay con qué darle, me da grima, me pone los pelos como escarpias, me ofusca y me indigna a partes iguales.

Luhay, que tenía más carácter que yo, tiraba arañazos a diestro y siniestro hasta que lo dejaban en paz, por lo que el corte de uñas podía durar varios días.

Yo soy más comedido y tengo una forma de ser más tranquilita, por lo que toda mi protesta consiste en retraer las uñas y mover la patita hacia atrás. Y, claro, así no impongo, por lo que estos pérfidos seres con los que cohabito aprovechan mi debilidad y buen talante para cortarme una uña tras otra. Me cogen entre los dos, si ven que me muevo mucho, y asunto solucionado.

Y así quedo, con las uñas romas después de haber empleado tanto tiempo en afilarlas. Así no intimido a mis enemigos; así no destrozo el sofá ni la ropa.

Así soy un gato incompleto.

No hay derecho.

Prrrrrrr. 

viernes, 15 de febrero de 2013

Liebster Award versión rosita pero en gatuno



Marrameowww!!!

Esta semana publico dos veces. La bruja está que trina.

El pasado 21 de noviembre, Eva, de Opiniones Incorrectas le dejó este premio a mi compi Luhay para que se repusiera. Por desgracia, ya no llegamos a tiempo para que él pudiese responderlo pero la bruja prometió que me lo daría a mí. Así que allá vamos. Muchas gracias, Eva. Seguro que a Luhay le hubiese gustado mucho.

Es el primer meme que contesto así que espero estar a la altura…

Hay que contar once cosas sobre uno mismo y responder las once preguntas que plantea Eva (se supone que también hay que crear otras once preguntas y pasarlo a once blogs pero esta parte nos la saltamos, que los gatos somos muy vagos).

Once cosas sobre mí:

1) Si me molestan mientras duermo, cruzo las manos delante de la cara y muevo la cabecita (soy más rico…)

2) En cuanto me rellenan el cuenco del pienso, tengo que ir a comer, aunque anteriormente todavía me quedase comida en el plato.

3) Adoro beber agua según cae del grifo.

4) Prefiero un canónigo a un langostino.

5) A la bruja la busco cuando quiero mimitos y al consorte lo busco cuando quiero jugar.

6) Si me ves con luz normal, parezco negro azabache pero si me da el sol de lleno soy más bien marrón oscuro.

7) Siempre me busco lo que esté más mullidito para tumbarme a descansar. Que les den a los humanos.

8) Cuando yo decido que es hora de levantarse, es que es hora de levantarse.

9) Lo que la bruja entiende por momento de cepillado, yo lo interpreto como momento de tirarle bocados al cepillo.

10) Me encanta el zumo de manzana.

11) Siempre que echan documentales de animales, me quedo hipnotizado frente a la tele.

Y ahora, a responder las preguntas de Eva:

1.- ¿Crees que hay vida en otros planetas?: Mi pobre Luhay, de pequeño, tuvo vida hasta en su interior así que me creo cualquier cosa.

2.- ¿Te has olvidado del libro de Ana Rosa?: ¿Quién es esa señora?

3.- ¿Rosquillas con limón ó con anís?: El limón me da dentera y el anís me lo tienen prohibido. Cuán desgraciado soy…

4.- ¿Qué ventajas tiene ser un angora turco?: Que en invierno el rabo te tiene que abrigar muchísimo la nariz cuando te haces la rosquillita.

5.- ¿Vales más por lo que callas que por lo que hablas?: Valgo más por lo que escribo que por lo que maúllo.

6.- ¿Planeas un cambio de color de pelo a corto plazo?: No. Mi color de serie está bien. Los gatos que se tiñen no están bien vistos en la comunidad.

7.- Cuando seas viejo, ¿te dejarás el pelo blanco?: ¿Voy a ser blanco? ¿Qué dirían mis padres si se enterasen? Seré como el Michael Jackson de los gatos…

8.- ¿Cómo prefieres cocinar La Gula del Norte?: A mí que me la den hecha. Sin ajo. Gracias.

9.- ¿Te gusta la tarta de zanahoria?: Sí, soy muy vegetariano.

10.- ¿Quieres más a tu mejor amig@ que a la mayoría de tus familiares?: Mi mejor amigo era Luhay y sí, le echo mucho de menos. Estos humanos no saben hacer zarpitas.

11.- ¿Cuál es tu pan favorito?: No soy muy de pan. ¿Hay pan de canónigos?

Y esto ha sido todo… Hoy me toca a mí desearos feliz fin de semana.

Prrrrrrr. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Memorias de Uruguay VII: De cómo ir a Colonia del Sacramento buscando paz y casi tener que salir huyendo


Como recordaréis de la semana pasada, nos habíamos quedado en el día 10 de diciembre, por lo que hoy tocaría empezar directamente por el día 11 pero acabo de caer en la cuenta de que quería relataros lo que hicimos el día 9 y se me pasó porque no tenía fotos del momento. Así que… REWIND.. 01 aíd le euf aít im noc ortneucne le euq ,latoT…

El día 9 de diciembre por la noche fuimos a ver una obra de teatro que lleva en cartelera desde las épocas en que yo vivía allí, así que ya podéis imaginaros el éxito que ha tenido la obrita de marras. La obra se llama  “Barro Negro”, escrita por el dramaturgo venezolano José Gabriel Núñez y dirigida por Marecelino Duffau. Se trata de una comedia cuya originalidad consiste en que transcurre a bordo de un autobús urbano. Los actores van sentados entre los pasajeros-espectadores y se suceden todo tipo de acontecimientos. Te dan hasta un ticket de los antiguos (que ahora los sacan de un aparato electrónico y han perdido la gracia. Antes teníamos la costumbre de sumar los dígitos del número del ticket para ver si sumaban 21, que eso daba suerte. Con los tickets nuevos eso no se puede hacer. Pues bien, el ticket antiguo que me dieron en la obra dio la casualidad de que sumaba 21. Cosas de la vida…). Como comentaba, toda la obra transcurre con el autobús en movimiento salvo un momento en que nos hacen bajar para meternos en una especie de antro o lupanar o vete a saber qué que hacen llamar “La Boca del Lobo”. Me tocó bailar pegada con el que hacía de borracho… Fue buenísimo. Podéis visitar su página oficial aquí.

Vale, y ahora sí. FAST FORWARD… 

Aldíasiguiente…Buenooslocuentolasemanaquevienedondesíhabráfotosprometido…

El día 11 de diciembre, por la mañana bien tempranito partimos rumbo a Colonia del Sacramento, antigua colonia portuguesa perteneciente al Departamento de Colonia (se matan con los nombres), situado al suroeste del país.

Dada la tromba de agua que nos había caído el día anterior, íbamos con un poco de miedo pero, como ya teníamos sacados los billetes del bus, optamos por jugárnosla. Y bien que hicimos porque hacía un día precioso.

Como teníamos intenciones de pasar la noche allí porque Colonia es algo imperdible por las noches, lo primero fue asegurarnos el hotel. Teníamos visto uno por Internet que nos había gustado mucho. Se trataba de una posada antigua, muy pintoresca y, en concreto, yo quería la suite del jacuzzi, porque una no es tonta… No habíamos hecho reserva ni nada porque nos pedían el número de tarjeta por Internet y una es muy miedosa para esas cosas así que, como con el tiempo, decidimos jugárnosla también con el hotel. También tuvimos suerte y la habitación del jacuzzi estaba disponible para aquella noche (se ve que el ticket de autobús que sumaba 21 estaba surtiendo efecto). A pesar de que el check-in no se hacía hasta más tarde, nos dejaron ocupar la habitación para dejar nuestros bártulos (que tampoco es que fueran muchos, la verdad). Nos dijeron que, por si acaso, nos avisaban que no encendiéramos el jacuzzi hasta que estuviese totalmente lleno porque, de otra forma, al llegar el agua a los aspersores, empezaría a volar agua para todas partes. Dijimos que sí, que claro, que veníamos de Europa, que por quién nos tomaba… Bueno, no dijimos nada de eso, que tan groseros no somos. No os voy a decir cómo se llamaba el hotel. Luego entenderéis por qué.

Total, que dejamos nuestras cosillas en la habitación y nos fuimos a conocer Colonia del Sacramento. Yo nunca había estado, por increíble que parezca, y puedo asegurar que no me defraudó en lo más mínimo…

Una esquinita


La muralla y la entrada a la ciudad

Un cañón en la muralla

El Río de la Plata, siempre presente

Andando, andando, llegamos a la famosa “Calle de los Suspiros”. Hay varias teorías de por qué se llama así. Los más románticos dicen que es porque ibas andando por la calle y, de repente, cuando te encontrabas con el río, suspirabas. Los pragmáticos, como yo, aceptamos más la teoría de que realmente se llama así porque era donde antiguamente paraban las prostitutas…

No es que esté enfurruñada. Es que me daba el sol en los ojos.


Llegando a lo alto del faro tras un largo ascenso

Las vistas desde el faro

El puerto

El atardecer

Colonia por la noche

Después de una rica cena, fuimos por fin a disfrutar del jacuzzi. Como gente civilizada que somos, esperamos a que se llenase completamente antes de encender los aspersores. Allí que nos metimos y qué paz, qué placer. Aquello era vida… El churri se salió antes porque no es tan fanático de los jacuzzi como yo. Cuando yo ya parecía una octogenaria pasada por agua decidí salir. Pues bien, aquí viene la parte divertida y el motivo por el que no digo cuál era el hotel (no sea cosa que den con mi paradero). El jacuzzi tenía un temporizador por lo que, en una de estas que se apagó, yo le di al botoncito suponiendo que con eso quedaba completamente apagado y procedí a su vaciado. Pues se ve que con eso no quedaba completamente apagado porque, justo cuando el agua iba por la mitad de los aspersores sucedió lo más temido. Se volvió a encender y empezó a volar agua para todas partes. Dos segundos habré tardado en apagarlo pero bastaron para que toda el área circundante quedase llena de agua. Lo secamos con las toallas como pudimos (al ver las toallas ensopadas supongo que habrán pensado que nos va el rollo sado-maso, qué se yo…) y nos dijimos “Vale, aquí no ha pasado nada. Nunca se enterarán. Es el crimen perfecto”. Al poco empezamos a oír “Bzzz, bzzz, bzzz”. “Ostras, ¡¡¡el enchufe!!!” Efectivamente, al enchufe de una lámpara le había entrado agua y por poco tenemos cortocircuito. Lo desenchufó el churri como pudo, sujetándolo con algo de plástico y levantando los pies en el aire. Un cuadro. Casi inundamos e incendiamos el hotel en cuestión de cinco minutos. Todo un récord. Prometo no volver a poner cara de autosuficiencia cuando alguien me dé consejos. Y eso que yo me creía una mujer de mundo. Una paleta es lo que soy.

A la mañana siguiente, entregamos las llaves de la habitación y hasta nos dejaron dejarles ahí el bolso con las cosas hasta que pasáramos a recogerlo porque no teníamos el bus de regreso hasta la tarde. Qué majos.

Nos fuimos a dar un último paseo:

Una callejuela

El gato de una tienda

La publicidad del acuario (sin comentarios)

Un antiguo saladero

Las vistas desde el saladero

Prestad especial atención a esta foto:



¿Veis mi cara de estupor? Se debe al cartelito que han puesto en la chimenea del saladero. Dice lo siguiente: “Chimenea construida en 1880, según indica la fecha grabada en el tope, cuando la Barraca que pertenecía a Juan Irigiray fabricaba productos derivados del saladero: jabón, cola fuerte, gelatina, negro humo, etc. Hoy, su altiva presencia, es un Baluarte de la Soberanía Uruguaya”

¿La chimenea de un saladero es un baluarte de la soberanía uruguaya? Se les ha ido un poco la pinza, ¿no?

Y de ahí nos fuimos a llenar las barriguitas, a recoger nuestro bolso (no nos lo confiscaron, lo que debe significar que nuestro intento de siniestro al hotel pasó desapercibido) y emprendimos el regreso a Montevideo.

La semana que viene, más. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Anuncios Pesadillescos XXXVIII: Un anuncio de altura


Hoy toca anuncio viejuno. Estamos en momento remember total, lo sé, pero andaba con este anuncio en la lista de posibles desde el año pasado y decidí que ya venía siendo hora de darle un poco de caña. Hace tiempo que no lo veo así que espero que no les dé por repetirlo pero como a veces vuelven para quedarse, vamos a darle un repasito para que no nos pille desprevenidos si eso sucede.

Nunca hubiese imaginado que, cuando en una pareja hay problemas de impotencia, la mejor solución es subirse a un árbol y esperar a que vengan a ofrecer ayuda. Vamos, que si la cosa no funciona, te subes con tu pareja a una rama (si puede ser con el pijama de tu abuelo, mejor que mejor) y ves pasar voluntarios de lo más variopintos y pintorescos.

El primero en aparecer será un helicóptero de rescate, de donde cuelga un hombre con camilla y todo. No aceptéis su ayuda. Esperad a ver quién más se aparece por ahí.

Al poco rato, aparecerá un grupo de acróbatas rusos que se subirán unos a hombros de otros hasta alcanzar vuestra rama preguntando si todo va bien. Esto se pone mejor por momentos.

¿Quién podía faltar por aparecer? Pues un tío con una mochila voladora. No sé si alguna vez habéis jugado al Worms. Si sois igual de freakies que yo, sabréis a lo que me refiero. Si no, pues imaginaos una mochila con unos tubos que expulsan “nosequé” comprimido de manera que te elevas en el aire. Lo que cualquiera espera encontrarse por ahí.

Hasta que llega el salvapatrias. Un médico como está mandado, con su estetoscopio y su bata blanca que, en vez de andar dando saltos a lo Tarzán entre los árboles, opta por arrimar una escalera al tronco e invitaros a bajar y dejaros de tonterías.

Diréis que tengo poca sensibilidad artística pero yo no termino de cogerle el punto a la alegoría de subirse a un árbol en caso de disfunciones eréctiles. Llamadme atolondrada, si eso…