Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXX: Si Freddie levantara la cabeza…

Vemos a una familia en una mañana invernal, abrigados hasta las orejas mientras cargan el coche con mil bártulos para irse a la nieve (o eso me hace pensar el trineo sobre la baca), como si en su lugar de origen no tuviesen ya suficiente frío. Da fe de ello la capa de escarcha sobre el parabrisas. Quiero creer que es escarcha porque, de lo contrario, tendré que instarles a darle un agüita al vehículo.

El padre tose. Empezamos bien. En el momento de cargar la última maleta, estornuda. Su mujer pone una cara de preocupación que cualquiera diría que el hombre acaba de ser atacado por un Tiranosaurio Rex. Tanta alharaca por un estornudo. El hombre no se queda atrás en lo que a reacciones sobredimensionadas se refiere y, con sus ojos llorosos propios del constipado (o quizás porque la pena lo embarga) mira hacia arriba y comienza a cantar “Don´t stop me now” de Queen. Los niños se asoman desde el asiento trasero entonando a dúo “´Cause we´re having a good time”. La hija jovencilla, que se dispone a darse un besito con su ligue de turno en el dormitorio, preparando el terreno para el fin de semana sola en casa que se le avecina, mira por la ventana y, ante el terrible pensamiento de “Ay, madre, que éstos al final no se van y me chafan todo el plan”, se une a la cantinela con voz digna de musical de Broadway.

Pero el hombre, que es de lo más previsor, vuelca el contenido de un sobrecito en un vaso con agua que no sabemos si ha sacado de dentro de la casa o si ya lo tenía ahí preparado dentro del coche porque a él a previsor no le gana nadie y, un segundo más tarde, se dirige a la cámara dando saltitos, sobre en mano y con los pelos de punta (desconozco si a causa del viento o si se trata de un efecto secundario del medicamento) al grito de “I don´t wanna stop at all”.

Y allí que se van, tan contentos  con sus gorritos de lana. La madre conduce, los niños se dan collejas en el asiento de atrás pero todos sonríen muertecitos de felicidad. A ver cómo iban a perderse ellos ese viaje tan idílico donde todo apunta a que va a ser paz y armonía. Llamadme agorera pero me da a mí que ahí la única que se lo va a pasar bien es la hija jovencilla, a quien ya no vemos más durante el anuncio pero a la que me imagino viendo alejarse el coche mientras se frota las manos de satisfacción.

Diréis que soy una sosa, que lo soy, pero yo hubiese aprovechado la coyuntura para quedarme en casita tapada con una manta y el medicamento me lo hubiese tomado una vez que ya todos se hubiesen ido con viento fresco (como las propias condiciones climáticas exigen) para emular a Tom Cruise en Risky Business.

Esta gente no sabe divertirse. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Crónicas Felinas CXV: Más difícil todavía

Marrameowww!!!

Tengo que confesaros que Munchkin cada día me desconcierta más. Ya os había comentado alguna vez que lo veía bastante torpón, al punto de saltar a la mesita de centro, que no sé si llega a los cincuenta centímetros de alto, y caerse perdiendo toda la dignidad.

Pero luego hace cosas dignas de Circo del Sol que no he podido hacer yo ni en mis años mozos y me pregunto si realmente es tan torpe o si lo hace para despistar. También puede ser que tenga mucha suerte y, cuando realmente pone en peligro su integridad física, consigue no esmoñarse.

Os pongo en antecedentes. En la cocina de mi casa hay un baño. No preguntéis por qué. Se ve que cuando vivían aquí los dueños del piso decidieron que era una idea estupenda convertir la típica terracita que suele usarse para la lavadora o algo así en un bañito. La bruja y el consorte hubieran preferido una alacena pero, como no es su  piso, se fastidian sin poder hacer obra y ahí tienen el baño, que no se usa para otra cosa que para albergar nuestro cajón de arena. Tenemos baño privado, ¿cómo lo veis?

Pues bien, el baño tiene una puerta (sólo faltaba que no) que, cuando está abierta de par en par queda justo al lado de la encimera. El otro día estaba la bruja perdiendo el tiempo en vuestros blogs cuando, de repente, escucha un ruido de alguien rascando. El alguien evidentemente, era Munchkin.

Cuando la bruja entró a la cocina, se encuentra al imberbe subido a la puerta, haciendo equilibrios cual funambulista y, como no podía cogerlo, empezó a dar saltitos nerviosos alternando un pie y otro y diciendo “pero baja de ahí, insensato”. No conforme con esto, Munchkin decidió seguir dando muestras de sus habilidades circenses y se subió encima de la caldera del gas, a la que accedió haciendo equilibrios sobre las tuberías finitas que están pegadas a la pared.

Bajar ya le resultó más complicado pero lo consiguió sin mayores incidentes y la bruja se puso de un ñoño inaguantable y le daba besitos y le decía “Ay, no me des estos sustos, que cualquier día vas  a matarme de un disgusto”. Cuando la bruja quiere, es la mayor madre agonías del universo; de ésas que te quitan manchitas con un pañuelo mojado en saliva. Desde entonces, la bruja deja la puerta entornada para evitar tentaciones, por lo que tenemos que entrar a hacer nuestras necesidades haciendo la víbora, con un sinuoso arqueamiento de lomo primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda. Pero debo reconocer que ahora tenemos mucha más intimidad.

Os preguntaréis si hay fotos pero no. La bruja estaba en tal estado de nervios que ni se acordó de la cámara. Ya veis; la que se planteó en cierto momento de su existencia ser reportera de guerra. Es lo menos profesional que he visto en mi vida.

Así no le van a dar el Pullitzer jamás de los jamases.

Prrrrrr.

jueves, 4 de diciembre de 2014

He fracasado mil veces. ¡¡Ole yo!!

Como ya hemos terminado con las crónicas de mi viaje y la economía no está para dirigirme a un nuevo destino con el que saciar vuestras ansias de cotilleo, toca volver a divagar sobre chorradas varias.

Hace tiempo que le estaba dando vueltas a esto así que, allá vamos, aunque tal vez se abra un foro de debate a raíz de este post. Vaya por delante que, como sabéis, no soy madre ni tengo a mi cargo la educación de ningún ser humano así que voy a dar mi opinión como vulgar ciudadana, que para eso tengo blog y escribo lo que me sale de la punta del peroné. Hoy me voy a poner un poquito seria, para que veáis que a veces también pienso.

Noto últimamente una tendencia generalizada a fomentar la autoestima en formas que no alcanzo a comprender. He sabido de colegios, centros deportivos y demás instituciones encargadas de tratar con cachorros humanos que, cuando las criaturitas participan en una actividad, se les da un premio a todos y cada uno de ellos porque todos han participado y, por ende, todos son ganadores. Así nadie se frustra por perder (cachis, que no debo decir “perder”, eso es muy negativo. Corrijo: Nadie se frustra por… ¿no ganar?, ¿quedar en un puesto diferente al primero? ¿Cuál es la correcta?).

Y a mí que me perdonen pero ni comulgo con esta idea ni la entiendo demasiado. Me da un poco de miedo pensar qué puede suceder con estos niños cuando ya no sean tan niños; cuando se presenten a una entrevista de trabajo y vean que, no sólo no le dan el puesto a todos los que se presentan sino que el gerente no le pone un pin en la solapa con la frase “Tu visita nos ha hecho felices. ¡Enhorabuena!”. ¿Qué pasará cuando vean que la señora que tienen delante en la panadería se lleva la última baguette y nadie le da una bolsita de colines por haber participado?

Dudo que la autoestima se fomente dándote a entender que el fracaso no existe. El fracaso existe. Y fastidia; vaya que si fastidia pero, tal como yo lo veo, nuestra autoestima crece cuando comprendemos que, a pesar de los fracasos, somos lo suficientemente fuertes como para no dejar de luchar por lo que queremos, para intentar mejorar cada día con el fin de alcanzar nuestro objetivo. Y podrán caernos encima, uno, dos, mil fracasos. Tal vez nunca consigamos algo que nos hemos propuesto pero lo importante es mantener la cabeza alta y tirar para adelante porque nosotros lo valemos y no vamos a permitir que un contratiempo (o cuatro millones) nos arruine el día.

Soy muy optimista. Tan optimista que a veces rozo lo naif pero creo que hay que tener los pies en el suelo. No todos somos iguales y eso es lo que hace que la vida mole tanto.

Me está cansando eso de pretender que somos una masa informe donde nadie destaca en nada sobre los demás. 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXIX: Técnicas de venta

En un salón, un niño se frota los bracitos en una genial interpretación del frío tremendo que está pasando mientras su madre le coloca un gorrito. Llamadme loca pero, si se frota los brazos, tal vez el problema no sea que tiene frío en la cocorota sino que la chaquetilla que lleva puesta en insuficiente. Pero una no es madre así que estoy dispuesta a escuchar opiniones expertas.

Sentaditos en el sofá, el padre de familia y otro que no sé si es un amigo de la familia porque no nos explican qué pinta ahí. Yo apostaría a que es el cuñado, porque todos sabemos que los cuñados son expertos en cualquier materia. Hombres del mundo: Si vuestra hermana no está emparejada no tenéis autoridad para opinar de nada. Curiosamente, a las cuñadas se las suele ver como unas arpías metomentodo…

El supuesto cuñado se dispone a aleccionar al padre de familia preguntándole si tiene pensado instalar un determinado sistema de calefacción (que no desvelaremos pero es el que estáis pensando)  en su casa este invierno. El padre, con cara de niño cabezota, contesta con un rotundo “No”, desviando hacia abajo la mirada, probablemente porque se imagina la que se le viene encima.

El cuñado, que debe de ser comercial de la compañía, comienza con sus argumentos y le dice que es algo muy económico. El padre, por toda respuesta, se encoge de hombros y arquea la boca hacia abajo, dando a entender que ni lo sabe, ni le importa. Como venganza de la naturaleza, al padre le empieza a nevar encima. Habría que revisar el techo de esa casa.

El cansino de turno sigue con su speech y le dice que instalarlo es rápido y fácil. El padre asiente con la cabeza, a ver si el cuñado se calla de una buena vez, y vemos que la montaña de nieve ya llega a las rodillas de la víctima.

“Y no sólo cuesta menos de lo que piensas”, arguye el cuñado (¿Es impresión mía o la baza del precio ya había sido jugada?). Vuelve a cambiar el plano y vemos que los brazos del padre han sido sustituidos por sendas ramas con forma de tridente.

El cuñado concluye aduciendo que la instalación le puede salir gratis (¿Le puede salir gratis? ¿Esto va a sorteo o qué?) A estas alturas, nuestro pobre hombre ya  tiene una bola de nieve en las piernas y otra cubriéndole el torso.

“Gratis”, recalca el muy pesado mientras coloca una zanahoria en la bola de nieve que ahora tiene por cabeza el marido de su hermana. (Sí, se ha convertido en muñeco de nieve; sabía que lo ibais a pillar). Para completar la humillación, un pajarito entra volando por la ventana y se posa en la cabeza del muñeco de nieve.

Al final, el pobre hombre se deja convencer, por no escuchar al cuñado y su mujer se acerca rauda con el teléfono para que su hermano se lleve su comisión.

Este hombre es un blando. 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Crónicas Felinas CXIV: No pasarán

Marrameowww!!!

Con la tontería, Munchkin ya lleva dos meses bajo el mismo techo que un servidor. El balance viene siendo positivo, si dejamos de lado sus ansias por que lo amamante (esto ya se le va pasando un poco, por suerte) y que venga a morderme la oreja cuando estoy en brazos de Morfeo.

Tiene una gran tendencia a acaparar los juguetes y no dejar que juegue con ninguno. También tengo que reconocer que ahora, de repente, me ha dado por juguetes a los que antes no hacía ni caso pero, al ver lo bien que se lo pasa el infante, he decidido probar a ver cuál es la gracia hasta que viene él y me los roba. Normalmente le dejo hacer porque soy de poco discutir y, para qué negarlo, también bastante vago por lo que casi que prefiero dejar que se salga con la suya antes que ponerme a montar la gresca por un quítame allá esa pelotita con cascabel incorporado. Habrá quien opine que me dejo expropiar mis bienes pero la verdad es que me da bastante igual. Soy feliz teniendo mi rinconcito mullido en el sofá donde pasarme las horas muertas echando interminables siestas y esto suele respetarlo bastante porque, por norma general, anda por ahí haciendo el cabra o se va a dormir él solo a la cama, en un alarde de independencia y rebeldía adolescente.

Pero… siempre hay un pero. Y en este caso serían los ratoncitos de juguete. No cualquier ratoncito. Unos pequeñitos que siempre me han encantado y que no me dejan usar mucho porque me da por metérmelos enteros en la boca y a estos humanos exagerados les da por imaginarse que me voy a terminar atragantando y no sé cuántas paranoias más.

Pues bien, podré soportar que Munchkin se haga con el control de cualquier juguete pero los ratoncitos… ayyyy, los ratoncitos. En las raras ocasiones en que logro hacerme con uno bajo el férreo control de mis humanos, no lo suelto ni a sol ni a sombra. Con deciros que el otro día, sin ir más lejos, cogí el ratoncito con mis fauces y, cuando vi que el canijo venía a intentar arrebatármelo, le tiré un zarpazo y hasta le gruñí, cosa que no hago ni con los veterinarios más infames. Los ratoncitos son mi último reducto de independencia; el estandarte que representa el gato único que otrora fui; la última propiedad privada que me va quedando y, aunque el derecho de usufructo me sea administrado con cuentagotas, bien vale la pena esperar lo que haga falta para luego disfrutar de ellos, así que en esto no pienso ceder ni un poquito. Ya puede quedarse con todos los otros juguetes, que no me importa. Ni siquiera le echo la bronca cuando viene a meter el hocico en mi platito para robarme granos de pienso cuando estoy comiendo pero mis ratoncitos son sagrados y por ellos me convierto en un felino coraje dispuesto a darlo todo por sus roedores de plástico.

Prrrrrr.