Marrameowww!!!
Recuerdo que Luhay tenía una manía que yo nunca he tenido.
Cuando la bruja y el consorte dormían, se tiraba a traición a sus pies con
zarpas y todo. A veces, hasta remataba mordiendo el dedo gordo si nos
encontrábamos en verano y los pies se hallaban desprotegidos.
Como digo, yo nunca he tenido esa costumbre, por lo que mis
humanos se habían acostumbrado a dormir despreocupados hasta que Munchkin llegó
a nuestras vidas.
Lo primero que notamos fue que le daba por perseguir pies en
movimiento. Al ver actividad bajo el edredón, ahí que se tiraba en plancha pero
como es invierno, no le han dado mayor importancia.
El problema es que el otro día, la bruja sacó
imprudentemente un pie fuera del edredón y se llevó un zarpazo antológico. Pero
no quedó ahí la cosa, no. Un rato más tarde, la bruja volvió a tener otra de
sus brillantes ideas y decidió sacar una mano; aquí fue donde me percaté de que
Munchkin supera con creces la malicia de Luhay. Habéis adivinado. La bruja
también se llevó un zarpazo en la mano.
A riesgo de repetirme, haré hincapié en que ahora es
invierno pero bien sé yo que la bruja está temblando sólo de pensar en qué
sucederá cuando llegue el verano y, como mucho, sólo pueda protegerse de las
uñas del imberbe con una fina sabanita.
Algunos diréis que la opción más lógica, llegado el caso,
sería no dejar que Munchkin durmiese en la cama pero ya os digo yo que esto no
es viable. Y no lo es porque sé de buena tinta que mis humanos no serían
capaces de dejar que pasara la noche solo en el salón. La otra opción posible
sería dejarme fuera también a mí para que le haga compañía pero por ahí sí que
no paso así que esta segunda idea no puede ni siquiera ser tenida en cuenta.
En cuanto a lo de educarlo, la bruja y el consorte no tienen
mucha pinta de estar demasiado capacitados para ellos. Más bien siempre hemos
sido los felinos de la casa los que hemos ido educándolos a ellos con el paso
del tiempo, utilizando la misma técnica que utiliza la marea con las rocas de
la orilla. O sea, lo que viene siendo el desgaste de toda la vida. Llega un
momento en que se hartan de intentar que vayamos por el sendero que pretenden
marcarnos y terminan permitiendo que hagamos lo que nos dé la real gana con tal
de tener un rato de paz. Cuesta gran esfuerzo conseguirlo pero el triunfo nos
sabe a gloria.
Así que poco remedio le veo yo a la situación, a menos que
la bruja se compre un traje de neopreno y duerma todo el verano como Jacques
Cousteau en el Calypso. Otra buena opción podría ser un traje de esgrima o de
apicultor. Se admiten sugerencias de todo tipo. Cuanto más ponga en ridículo a
la bruja la hipotética situación, más contento me dejaréis.
Prrrrrr.
