Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

lunes, 23 de febrero de 2015

Crónicas Felinas CXXIII: Se temen lo peor

Marrameowww!!!

Recuerdo que Luhay tenía una manía que yo nunca he tenido. Cuando la bruja y el consorte dormían, se tiraba a traición a sus pies con zarpas y todo. A veces, hasta remataba mordiendo el dedo gordo si nos encontrábamos en verano y los pies se hallaban desprotegidos.

Como digo, yo nunca he tenido esa costumbre, por lo que mis humanos se habían acostumbrado a dormir despreocupados hasta que Munchkin llegó a nuestras vidas.

Lo primero que notamos fue que le daba por perseguir pies en movimiento. Al ver actividad bajo el edredón, ahí que se tiraba en plancha pero como es invierno, no le han dado mayor importancia.

El problema es que el otro día, la bruja sacó imprudentemente un pie fuera del edredón y se llevó un zarpazo antológico. Pero no quedó ahí la cosa, no. Un rato más tarde, la bruja volvió a tener otra de sus brillantes ideas y decidió sacar una mano; aquí fue donde me percaté de que Munchkin supera con creces la malicia de Luhay. Habéis adivinado. La bruja también se llevó un zarpazo en la mano.

A riesgo de repetirme, haré hincapié en que ahora es invierno pero bien sé yo que la bruja está temblando sólo de pensar en qué sucederá cuando llegue el verano y, como mucho, sólo pueda protegerse de las uñas del imberbe con una fina sabanita.

Algunos diréis que la opción más lógica, llegado el caso, sería no dejar que Munchkin durmiese en la cama pero ya os digo yo que esto no es viable. Y no lo es porque sé de buena tinta que mis humanos no serían capaces de dejar que pasara la noche solo en el salón. La otra opción posible sería dejarme fuera también a mí para que le haga compañía pero por ahí sí que no paso así que esta segunda idea no puede ni siquiera ser tenida en cuenta.

En cuanto a lo de educarlo, la bruja y el consorte no tienen mucha pinta de estar demasiado capacitados para ellos. Más bien siempre hemos sido los felinos de la casa los que hemos ido educándolos a ellos con el paso del tiempo, utilizando la misma técnica que utiliza la marea con las rocas de la orilla. O sea, lo que viene siendo el desgaste de toda la vida. Llega un momento en que se hartan de intentar que vayamos por el sendero que pretenden marcarnos y terminan permitiendo que hagamos lo que nos dé la real gana con tal de tener un rato de paz. Cuesta gran esfuerzo conseguirlo pero el triunfo nos sabe a gloria.

Así que poco remedio le veo yo a la situación, a menos que la bruja se compre un traje de neopreno y duerma todo el verano como Jacques Cousteau en el Calypso. Otra buena opción podría ser un traje de esgrima o de apicultor. Se admiten sugerencias de todo tipo. Cuanto más ponga en ridículo a la bruja la hipotética situación, más contento me dejaréis.

Prrrrrr.

jueves, 19 de febrero de 2015

He leído: “Ell@s. Quiero vivir”, de Daniel Renau

He tardado la vida en escribir esta reseña. La segunda parte de esta historia que se abría con “Ell@s. No esperéis su piedad” y que reseñé en este post vio la luz allá por noviembre pero entre unas cosas y otras no lo he podido terminar antes. Ahora que me doy cuenta, algo parecido me sucedió con la primera entrega así que se ve que Daniel y yo no estamos bien coordinados.

Si me preguntaba en cuanto al libro anterior hasta qué punto estaríamos dispuestos a llegar por ocupar nuestro lugar en la sociedad, en éste se ve que, al menos nuestros protagonistas, están dispuestos a llegar incluso más allá de los límites. Llega un punto en que la historia se vuelve casi salvaje y alcanza ritmos vertiginosos. Reconozco que los métodos de los Dobles, como dan en llamarse estas personas que cambian de sexo a voluntad, no terminan de parecerme los mejores pero sí puedo alcanzar a comprenderlos y aquí es donde creo que está el logro de Daniel Renau. No es una historia que necesariamente te haga enamorarte de los protagonistas pero sí puedes intentar ver las cosas desde su óptica y entender por qué hacen las cosas de esa manera y no de otra.

Aparte, en esta entrega, y entre momento álgido y momento álgido, tenemos historias de amor (del guay, no del empalagoso) y hasta momentos de misterio y escenas “Pretty Woman” (yo sé lo que me digo). Vamos, que no se priva de nada y estas sub-historias que forman parte del todo, contribuyen a enriquecer la historia general.

Sé que todo esto suena muy críptico pero tampoco quiero contar mucho más. A ver si os voy a estropear la sorpresa.

En resumen, que si leísteis la primera parte, tenéis que haceros con la segunda para que no se os quede la historia trunca y/o inconclusa. Y si no leísteis la primera, pues es una gran oportunidad para adquirir el pack.

“¿Y cómo me hago con ella, Álter?”, tal vez te preguntes tú, querido lector. ¡Pues es mucho más fácil de lo que imaginas! Sólo tienes que pinchar aquí. Si dices que vas de mi parte no te dan nada ni participas en ningún sorteo pero me haces publicidad, que siempre viene bien. Total, ¿qué te cuesta?

miércoles, 18 de febrero de 2015

Anuncios Pesadillescos CXXVII: De pizzas y celebrities

Tuvieron poco tirón, parece, porque los vi un par de veces y luego nunca más volví a saber de ellos. En concreto, vi dos con la misma temática pero estoy segura de que deben de existir más porque a los creativos, cuando les da por hacer honor a su nombre, no hay quien los pare y se lanzan a lo kamikaze. Generalmente investigo en profundidad y me dedico al trabajo de campo, ya me conocéis, pero tengo que confesar que he tenido una semana de locos, así que habrá que conformarse.

Se trata de anuncios de una conocida empresa de envío de pizza a domicilio. A mí en lo personal no me gusta porque son un poco rácanos con los ingredientes y, para colmo, saben a plástico pero son famosísimas así que algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Vamos a lo que nos ocupa. En uno de estos anuncios, suena el timbre de una casa y abre un niño. El niño descubre que quien está llamando a su puerta son los mismísimos Reyes Magos de Oriente y les cierra la puerta en las narices. ¿Por qué? Porque a quien estaba esperando era al repartidor de la pizza y es harto fastidioso que vengan a molestar con oro, incienso y mirra cuando uno está babeando ante la perspectiva de una Cuatro Quesos.

La misma suerte que los Reyes Magos corre un militar con uniforme (el uniforme es importante porque si fuera vestido de paisano no nos daríamos cuenta de que es militar). No tengo ni idea de uniformes ni de rangos así que yo digo que es un coronel y me quedo más ancha que larga. La señora que abre la puerta manda a paseo al coronel porque ella quería su pizza barbacoa con borde relleno de queso; algo ligerito para hacer bien la digestión antes de dormir.

A mí los uniformes tanto me dan que me dan lo mismo y hace rato largo que me explicaron que los Reyes Magos son los padres. Bueno, en realidad no me lo explicaron; más bien comenté algo de los Reyes y mi madre me miró como si yo fuese de otro planeta y me dijo “¿Pero cómo es posible que a estas alturas no te hayas dado cuenta de que los Reyes no existen?”. Ésa es mi madre; siempre ha tenido mucho tacto para destrozar ilusiones infantiles (si me lees, que sepas que tengo trauma).

Pero aunque los uniformes y los Reyes me den igual, si se me presenta en la puerta Johnny Depp (un nombre cualquiera elegido de manera completamente aleatoria), dudo que fuera a mandarlo con viento fresco porque lo que yo en realidad quería era una Cuatro Estaciones con su jamoncito y sus champiñones y su… ¿Johnny Depp? ¿Quién es ése?

Estoy empezando a captar el sentido del anuncio pero luego recuerdo que las de esta empresa en concreto, como digo, saben a plástico así que no me cuesta nada volver a imaginarme nuevamente en brazos de mi Johnny. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Crónicas Felinas CXXII: Adiós, pequeñines

Marrameowww!!!

Cuando yo era cachorro y disfrutaba de toda mi anatomía sin pensar en el mañana, Luhay me miraba con aire condescendiente y me decía una y otra vez “Ya verás, ya”.

Y un día me llevaron a esa cámara de torturas conocida eufemísticamente como “Clínica Veterinaria” donde me drogaron hasta que me quedé roque para, al despertar, comprobar con inmenso horror que dos partes de mí ya no estaban ahí. Y ahí recordé todas las advertencias que me había hecho Luhay, animándome a escapar cuando aún estuviese a tiempo y entero.

A Munchkin no le avisé de nada. ¿Por qué? Pues porque debajo de esta carita de ángel y esta pose de niño bueno se esconde un ser perverso que siente cierto placer ante el sufrimiento ajeno. Así que no podía evitar una risita floja cada vez que lo veía caminar delante de mí con el rabo levantado, luciendo orgulloso sus dotes masculinas. Hasta hacía apuestas para mis adentros intentando calcular cuándo sería el día en que tuviera que decirles adiós para siempre.

Y ese día llegó el jueves pasado, queridos lectores. Cerca del mediodía la bruja sacó el transportín verde (a mí me siguen reservando el rosa para que pase vergüenza ante los gatos del barrio) y embutió en el mismo a Munchkin. Al ver que volvía un rato más tarde pero sin transportín, sospeché lo que sucedía.

Y no me equivocaba. Por la tarde, finalmente, apareció el consorte con el transportín, del que salió un Munchkin caminando como un pato y con cara de adormilado, lo que me hizo confirmar mis sospechas. Para disiparlas del todo, me acerqué a husmear y, efectivamente, lo que otrora había estado ahí, ya no estaba. “¿Qué me han hecho?”, preguntaba en su inocencia; a lo que respondí que acababa de dar el paso al mundo de los gatos eunucos. “Pero es que encima noto algo en el cuello. Me voy a fugar.”, declaró quejumbroso. Ahí sí que me dio un ataque de risa de los que hacen época. “¿Notas algo en el cuello? Pues olvídate de tus planes de fuga porque te han puesto un chip, que viene a ser como un dispositivo de seguimiento de los que les ponen a los delincuentes en libertad bajo vigilancia. No hay escapatoria posible; vayas donde vayas, te encontrarán” Muahahahahaha. Y mi risa maquiavélica retumbó en todo el edificio.

Ahora que lo pienso, creo que me he pasado un poco. Tal vez debería explicarle que esta vida de privaciones tiene sus cosas buenas, como no volverse loco cuando las hormonas acechan y no hay gata a la vista con la que desfogarse pero ya se lo explico en unos días, si eso, que yo ya tuve lo mío y de alguna manera tendré que cobrarle mi reintegro al destino, digo yo. Así que no me juzguéis demasiado mal. La bruja es muy aburrida, por lo que tengo que buscar fuentes de diversión alternativas, cosa para la que el imberbe parece mandado a hacer de encargo.

Prrrrrr.

jueves, 12 de febrero de 2015

Ande yo caliente

Hoy vengo a hablar de ropa. Sí, otra vez. Me estoy convirtiendo en una fashion-blogger sin darme ni cuenta de este extraño proceso de metamorfosis que estoy sufriendo a pasos agigantados.

No sé si os habéis dado cuenta o si estáis inmersos en vuestro mundo de luz y color pero, para vuestra información (o PVI, que gusta ahora de decir la gente extremadamente corporativa cuyo tiempo es tan valioso que no puede ser malgastado escribiendo con todas las letras), ha estado haciendo mucho frío. Pero mucho, mucho de verdad. Yo estoy que no vivo.

¿Y a qué viene esto? Pues a que el 99% de pantalones en mi armario son vaqueros. Y me gustan los vaqueros. Sientan bien, combinan con todo, pueden usarse en looks formales e informales y molan, así en general.

Pero el tejido es una reverenda porquería y aquí es donde quería yo llegar. Podía haber llegado desde el principio, lo sé, pero me encanta divagar. Es una tela que en verano da un calor insoportable y se te va pegando a las carnes de tal manera que luego necesitas Dios y ayuda para quitártelos y, en invierno, se convierten en un témpano de hielo adherido a las piernas en modo lapa y, por más que  lleve el mejor abrigo del mundo (el día que mi plumas pase a mejor vida lloraré lágrimas de sangre), de cintura para abajo voy congelada. Me pueden amputar ambas piernas en ese mismo instante y sólo me percataría por la considerable merma de estatura.

Por esta causa, ante la ola de frío siberiano que nos ha estado atacando sin piedad, he debido ponerme unas mallas térmicas debajo de los vaqueros. No negaré que la diferencia se nota mucho y mis extremidades inferiores van mucho más calentitas con su uso. El problema es que yo soy de usar vaqueros más bien ceñiditos y entre el pantalón, la malla y las botas que me llegan casi hasta la rodilla, voy embutida cual chorizo de cantimpalo y claro, no es plan tampoco porque ante la falta de riego sanguíneo al final sí que me van a tener que amputar las piernas debido a la gangrena y ahora que están calentitas sí que me voy a enterar y es todo una tragedia y una cosa que da muchas ganas de tirarse de los pelos de pura frustración.

En definitiva, que estoy más que harta de invierno y que para el próximo me compro un saco de dormir que valga para hacer acampada en el Polo y con él me desplazaré en mi día a día, aunque sea dando saltitos como si estuviera en una ginkana de campamento infantil. Y me mirarán, claro. Y se reirán, por supuesto. Seguramente me convierta en la sensación de Tú Tubo en la temporada 2015-2016 pero no temo al ridículo si la recompensa es ir calentita a la par que no comprimida.

Iba a decir “cómoda” pero hay que ser realistas; me conformo con que mis extremidades estén correctamente irrigadas.