Parece que últimamente les ha dado por fabricar
electrodomésticos que están más pensados para que los compremos por su diseño
que por su funcionalidad pero esto ya es pasarse. De hecho, si de algo me ha
convencido el anuncio, es de no comprar un cacharro de éstos en mi vida.
Me explico. En el anuncio de una cafetera de éstas de
cápsulas (no la del madurito interesante, otra) nos sitúan en una galería de
arte. En la misma, una escultura de Venus y una especie de máscara africana con
pendientes infinitos presencian con asombro la llegada de una nueva pieza. Es
como un huevo con cabeza de pingüino, o un pingüino aovado o vete tú a saber a
qué pretende parecerse. Yo es que soy muy poco entendida en arte.
La máscara africana contempla intrigada la nueva adquisición
de la galería y pregunta “¿Esto es lo que llaman Pop Art?”. La Venus, que es
más carnal y se tira más por el erotismo latente en la cafetera, comenta “Qué
curvas, qué colores”, con lo que otra máscara que sólo tiene nariz y boca se
queja de que ella no ve nada (pobre, ella que quería alegrarse la vista y
resulta que no tiene. Los escultores son unos sádicos). De más está decir que
la máscara sin ojos no tiene más parlamento en todo el anuncio. Podríamos
considerarla como la “Camarera Número 2” del anuncio.
Alguien coge una cápsula de café y pone el cacharro a
funcionar. La Venus, que a estas alturas ya está loquita de amor queda prendada
de la posibilidad de que el curvilíneo aparatejo sepa hacer expresos. La máscara africana parece ser más fan del
latte macchiato y sentencia que están ante una obra maestra. La Venus afirma
haberse quedado de piedra (toma chiste fácil) y propone probarlo pero la
máscara africana, que quiere llegar antes, intenta saltar desde su estantería
hacia la cafetera al grito de “Primero los… ¿kebabs?” (He sido incapaz de
descifrar lo que dice pero tengo la impresión de que tanto da). El caso es que
calcula mal el salto y se estampa contra el suelo, perdiendo los pendientes en
el intento y teniendo que soportar que la Venus se burle de ella diciéndole
“Creo que se te ha ido la cabeza”. La Venus es una maestra del humor; no le conocía
yo esa faceta, tan seriecita que parecía.
Y es por esto por lo que no compro una máquina de hacer
café, pese a las súplicas agonizantes del churri. No sea cosa que incluyamos
una en nuestro núcleo familiar y las múltiples obras de arte que pueden
disfrutarse en mi casa (arte sueco del mundo de la decoración) se me vayan a
poner celosas y se me declaren en huelga o, aún peor, se me enamoren como en el
anuncio y tenga que andar reparándolas tras los accidentes sufridos por culpa
de sus vanos intentos de acceder a ella, que es muy diva y no le entrega su
latte macchiato a cualquiera.
