Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

miércoles, 14 de agosto de 2013

Anuncios Pesadillescos LXIII: La mano libre

Hace un tiempito, nuestra querida Inmagina me propuso escribir de este anuncio pero, dado que La Guerra de las Galaxias se me alargó a límites insospechados y que tengo unas cuantitas peticiones pendientes, lo cuelo aquí y así vamos cumpliendo con todo.

Éste seguro que lo habéis visto. Es el anuncio de una cerveza con limón que no es la cerveza con limón cuyos anuncios me molan (aquellos pingüinos intentando volar, la puerta giratoria que gira, gira pero nunca toria… en fin, ésos anuncios que a otros sí les han parecido absolutamente pesadillescos pero que llevan años haciendo mis delicias). Pues ésta es la otra, la que se le quiere parecer, al menos en materia publicitaria (como no me gusta la cerveza no podría decir cuál de las dos está más rica, así que en esos temas no me meto).

Bueno, una vez hecha esta introducción absolutamente prescindible, vamos a los hechos.

La idea del anuncio es muy simple. Más simple que el mecanismo de un botijo, para que nos entendamos. Según dicen, al sostener en la mano una botella de este líquido elemento, te queda una mano libre para hacer cuantas payasadas se te ocurran. Y entre las payasadas se incluyen cosas tales como hacer el robot, imitar un limpiaparabrisas delantero y trasero, engañar a un perro, saludar (tanto si eres famoso como si no), hacer sombras chinescas o de cualquier otra nacionalidad, ver si llueve, correr medio sprint, bailar medio break dance, mirar de lejos haciendo la viserita con la mano, señalarse a sí mismo y a otros en plan acusatorio y cosas que no dicen pero que seguro que vosotros, mentes perversas, estáis pensando. Vemos en el anuncio hasta a una famosa cantante haciendo sus propias tontunadas.

Lamento, sin embargo, informar que si bebes agua también te queda una mano libre. De hecho, no conozco prácticamente ninguna bebida que requiera de las dos manos para su consumo. Únicamente se me ocurre una taza de café o chocolate en invierno porque aprovechamos el calorcito del recipiente para calentarnos los deditos ateridos y entumecidos por el frío. Por lo demás, bebas lo que bebas siempre tendrás una mano libre y, por ende, siempre habrá oportunidad de hacer cuantas payasadas se os ocurran sin tener que preocuparos por si habréis elegido la bebida correcta para el payaseo de rigor. Todas son válidas. ¿Que queréis un payaseo sano? A payasear con un zumito. ¿Que queréis un payaseo fiestero? A payasear con un cubata. Y así con todo. Lo importante es que el payaseo no decaiga y que siempre haya tiempo para hacer el tonto con tus colegas. Si podéis grabarlo y subirlo al Tú Tubo, mejor aún. Raro es que no se les haya ocurrido organizar un concurso donde la gente mande sus vídeos demostrando las actividades que puedan desarrollar con su mano libre. Supongo que porque tienen miedo ante la perspectiva de los posibles vídeos que pueden llegar a recibir. A mí también me aterraría la idea, para qué nos vamos a engañar a estas alturas. 

martes, 13 de agosto de 2013

Ustedes Dirán LI: Más series de nuestra infancia (sugerido por Mamá de una Monita)

Mi querida Mamá de una Monita, a la que tuve la suerte de desvirtualizar con el resto de su familia allá por mayo de este año, me pidió, a raíz de este post que analizase una serie de series (valga la redundancia) que ella me proponía.

Me proponía como que muchas, así que me quedo con tres:

ALF

ALF, en realidad, se llamaba Gordon pero como en Estados Unidos son tan dados al uso de siglas para todo, el padre de familia le bautizó como ALF (Alien Life Form) y así se quedó ya. Se trataba de un bicho peludo del planeta Melmac que se estrelló en el patio de la familia protagonista, los Tanner, ya que se había visto obligado a huir de su planeta porque iba a explotar debido a que todos habían enchufado los secadores de pelo al mismo tiempo. Gustaba de comer gatos, aunque creo que el gato de la familia consiguió llegar entero al último episodio y de hacer el gamberro así en general. Era en realidad la típica comedia situacional de familia media americana pero le dieron un giro introduciendo en ella un extraterrestre para que tuviera más gracia. La verdad es que es una serie que recuerdo con mucho cariño pero viéndola en retrospectiva es muy poco creíble. No porque un extraterrestre se estrelle en tu patio, que eso, a quien más a quien menos, a todos nos ha pasado alguna vez, sino por el hecho de que deciden mantener al alien en secreto y todos cumplen, oye. Nadie se va de la lengua. Ninguno de los hijos quiere fardar en el colegio diciendo que tiene en su casa un ser venido de las estrellas. A la madre no le da por decir el consabido “no se lo digas a nadie pero…”. No. Allí son todos un dechado de discreción. Eso no hay quien se lo crea, hombre ya.

EMBRUJADA

Para cuando yo nací, esta serie ya ni la rodaban (lo cual me llena de orgullo porque significa que existen cosas más viejas que yo en este mundo) pero la han repuesto tantas veces que recuerdo haberla visto de pequeña y de no tan pequeña. Otra comedia situacional, donde un hombre común y corriente estaba casado con una chica a la que en un principio parecía que le daba alergia y le picaba la nariz pero luego sabíamos que ese meneo de fosas nasales se producía cuando ella lanzaba un hechizo ya que era bruja, como su madre (que tenía una cara de bruja que tiraba para atrás, la verdad). Digo yo que habrá formas más discretas de lanzar hechizos pero se ve que la muchacha había puesto en su lista de talentos del currículum que sabía mover la nariz a velocidades de vértigo y a los del cásting les hizo gracia la tontería, que se yo…

LUZ DE LUNA

De pequeña me encantaba esta serie. Mi madre la sufría por darme a mí el gusto porque ella no la soportaba y siempre tuvo el firme convencimiento de que Bruce Willis tenía la boca más parecida al culo de un pollo que había visto jamás. Yo tampoco lo entiendo mucho, por si estáis poniendo cara de extrañeza. Mi madre es “asín”.

Se trataba de una pareja de detectives (chico-chica) donde ellos siempre estaban discutiendo y siempre parecía que se iban a liar pero no se liaban y uno ahí, esperando a que se liasen y así capítulos y capítulos (era la forma de tener enganchado al público, se ve). Resolvían misterios y cosas de esas, que para algo eran detectives pero, siendo honestos, eso nos traía al pairo a todos. Lo que queríamos saber era si se liaban o no se liaban. Y ya.  


P.S. Recordad que podéis mandarme vuestras peticiones y estaré encantada de escribirlas…

lunes, 12 de agosto de 2013

Crónicas Felinas LV: Eres tú mi peluchito

Marameowww!!!

Aparte de las pajitas, la valeriana y el lanzamiento de pienso, que ya os relaté en capítulos anteriores de mi trepidante vida, tengo una especial afición por los peluches. Seguro estoy de que, en este momento, más de uno estáis diciendo “Ohhhh” pero habrá que lidiar con ello, que de vez en cuando conviene dar una imagen tierna, si eso sirve para conseguir ulteriores propósitos.

Pues sí, me encantan los peluches; tienen múltiples utilidades. La primera, y más obvia, sería jugar con ellos lanzándolos por el pasillo y corriendo en pos de ellos hasta que termino lengua afuera y, generalmente, hasta que el peluche en cuestión termina con parte de su esponjoso relleno saliéndosele por algún tajo que yo haya tenido a bien hacerle con las uñas.

Pero proporcionan, además, otras diversiones menos obvias. Me encanta llevármelos al comedero cuando quiero comer yo y meto la cabeza del animalito peluchoso de turno dentro del platito, que uno será lo que será pero ante todo hay que compartir y que no se diga por ahí que yo dejo a mis compañeros de aventuras que se mueran de hambre. El tema es que a veces termino de comer y me olvido de ellos, que se quedan ahí las horas muertas con la cabeza incrustada en la comida. Este hecho causa especial hilaridad en la bruja y el consorte porque les parece de lo más tierno que me lleve a mis animalitos blanditos a comer.

Y ya por último, pero no menos importante, la hora de la siesta. Cualquier gato que se precie sabe valorar una buena siesta como el que más pero si a esta siesta le sumas el placer de poder reposar la cabecita en un ser blandito y mullido, eso ya es el súmmum de la comodidad y el bienestar. Aquí, nuevamente, casi puedo oír los “Ohhhh”, sobre todo provenientes del público femenino.

Pues sí. Lo admito. Me gusta dormir con peluches porque en el fondo soy un ser muy tierno. A ver si os vais a pensar que lo mío es estar todo el día de morros protestando por todo. No, señor. Yo tengo mis momentos de acurrucarme, dejar que me hagan mimitos, ronronear a gusto y, cómo no, jugar con mis peluchitos. ¿O me vais a decir que no estaríais más a gusto en casita abrazados a un peluchito, con casa, comida y mimitos gratis, que en vuestros respectivos trabajos? Pues eso, amigos míos, aunque no lo parezca también hay que currárselo y nada mejor que ganarse el favor de los humanos haciendo esta clase de monerías porque entre “ohhh” y “ohhh” los días van pasando y yo cada vez me voy acomodando más pero, como digo, esto es fruto de un arduo trabajo de lavado cerebral que lleva horas de dedicación. No es cuestión de llegar y besar el santo. Si queréis ser como yo, también hay que currárselo y, como me caéis bien, doy consejos gratis a todos los que podáis estar interesados en conseguirlo.


 Prrrrrr.

viernes, 9 de agosto de 2013

Octogésimo quinto premio: El Premio Primavera


El pasado 22 de julio, Irene del blog “Mis Tortuguitas” me pasó el premio Primavera. Y, como voy con retraso en esto de la publicación, "Máma de una Monita" repitió el 6 de agosto. Un poco tarde para celebrar la primavera pero como nunca es tarde si la dicha es buena, vamos al lío. ¡Muchas gracias, guapetonas!

Primero a contestar las preguntitas, que son las siguientes:

Premio que más te ha gustado recibir.... Las comparaciones son odiosas. Todos los premios son bien recibidos porque se entregan con cariño (o porque no han sabido a quién más pasárselo) así que yo los agradezco todos, pero he de confesar que les tengo especial cariño a aquellos que han sido creados directamente por el blogger que lo entrega y, en especial, uno que creó Cintia del blog “Trestrillistigres” y que publiqué aquí porque ése es mío, sólo míoooo.

Regla de los premios que siempre falta... ¿Una regla que falte? Lo que hay son demasiadas…

Inventa un nuevo nombre para tu flor favorita... Vaya preguntita. A mí es que me gustan las violetas porque son como timidillas pero tienen un perfume riquísimo (vale, es perfume de abuela pero a mí me encanta). Podríamos llamarla “Flor de la Yaya”.

Mineral que te asombra.... Lo que se dice asombrarme, pues nunca he mirado un pedrusco y me he quedado con la boca abierta pero diría que el ágata. Supongo que porque en mi tierra abunda y me trae buenos recuerdos al verla (tenemos en casa una grandota que trajimos del viaje que hicimos en diciembre)

Argumento perfecto para un libro.... Si se me ocurre escribo el libro yo y me forro, no te digo… No voy a estar aquí desvelando genialidades.

Valores que faltan al mundo... Honestidad y justicia, ante todo.

Erradicarías.... La desigualdad social. El concepto de tercer mundo que nos inculcan desde pequeños para que los que estamos en el supuesto primer mundo seamos cómplices en mantener ese status quo.

Razones por las que pasar el premio... Pues porque me lo mandan. Yo soy muy obediente.

Amistad bloguera lleva el nombre de... Mucha gente. Sobre todo las personas que he desvirtualizado pero hay otras que sé que desvirtualizaré en algún momento y, si no, ya me han dado mucho apoyo vía mail en momentos en que he estado de bajón o me han hecho reír con cadenas interminables de correos un sábado por la tarde, en plan chat caserillo.

Y dicen las normas que hay que pasarlo a diez blogs. Irene lo ha pasado a cuatro con la excusa de que hay mucha gente de vacaciones, sabe más que los ratones coloraos… Máma de una Monita lo pasó a seis, sin dar mayores explicaciones (si es que hacemos lo que nos da la gana). Yo confieso que con la última pregunta he pensado en tanta gente que prefiero dejarlo aquí para que lo recojáis a voluntad porque sois muchos a los que considero amistades blogueras y me da miedo dejarme a alguien en el tintero. Así que, quien lo quiera, ahí lo tiene con mi beneplácito.

¡¡Muy buen fin de semana, amiguitos!!

jueves, 8 de agosto de 2013

Si es que no hay comparación

Cuando yo era soltera (bueno, sigo siéndolo pero ya me entendéis) compraba leche de una marca asturiana porque Asturias mola mil (de nada, Eva). Eso sí, la compraba semidesnatada, porque la entera estaba pensada para que crezcamos sanotes y fuertotes cual auténticos chicarrones del norte y tenía unos enormes grumos de nata que de repente saltaban de la botella al vaso o taza provocando terribles salpicaduras. Pero, como digo, comprando semidesnatada tenía una leche igual que la entera de cualquier otra marca y de una calidad estupenda. Si me leen me contratan para hacer el próximo anuncio, oye.

El problema es que un día me fui a vivir con el churri. Ya se sabe que cuando una se ha acostumbrado a sus manías de chica single, sabe que va a tener que transigir en numerosos aspectos cuando decide compartir el camino de la vida con otra persona (qué poético me ha quedado esto). Y el churri compraba otra marca de leche. No es que la leche que compraba él fuera mala pero tenía una gran diferencia que para mí era vital con respecto a la marca que yo solía comprar: No venía en botella, venía en tetrabrik. Y no en el tetrabrik normalito y simétrico de toda la vida, no. Se trataba de un tetrabrik con una especie de tejadito a dos aguas en su parte superior que levantaba mis iras y me hacía blasfemar en arameo. “Pues vaya tontería. Qué más dará”, diréis vosotros. Pues no, no da lo mismo y paso a explicar por qué, que os veo perdidillos.

Cuando la leche viene en botella cae cual cascada ininterrumpida, sin provocar ningún tipo de conflicto (salvo si tiene demasiada nata, como ya he explicado al principio de este post), es como una catarata láctea que viaja sin interrupciones hasta el recipiente donde queramos volcarla. En un tetrabrik con tejadito a dos aguas la leche cae en capítulos. Tú la vas vertiendo en el vaso, taza, cacerola o donde sea que te dé por verterla y mientras tanto escuchas “Blup, blup, blup” y sabes (porque lo sabes) que uno de esos “blup” va a preceder a un chorro traicionero que salpique cuanto pille a su alrededor y, a su alrededor, suele estar el ser humano que vierte la leche. Ese ser, en este caso, era la otrora chica single que se había acostumbrado a su catarata láctea y no estaba dispuesta a transigir en eso. En otra cosa, sí; pero en eso, ni hablar.

Es por eso que, cada vez que me servía leche con el tetrabrik a dos aguas me temía lo peor. Y lo peor se cumplía. Y yo protestaba. Y el churri se hartaba cada vez más de escuchar lo importante que era la forma del continente lácteo.

Y fue así como, tras un trabajo fino de manipulación psicológica y, por qué no decirlo, de chantaje emocional, conseguí que en aquél mi nuevo hogar se empezase a comprar la marca de leche que compraba yo en mis épocas de soltería. Y todo fue felicidad.