El día 15 de diciembre seguíamos por el este. Por la mañana, tocó playita, como está
mandado y por la tarde pusimos rumbo a Punta Ballena, una localidad situada a
unos treinta kilómetros de Punta del Este, para visitar Casapueblo.
Casapueblo es la casa del artista Carlos Páez Vilaró, que no
sólo es conocido por sus obras sino también, más tristemente, por ser padre de
uno de los chicos que sufrieron el accidente aéreo que conoceréis por “Viven!”
(tanto en libro como en película).
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| Aproximándonos al lugar. |
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| Ya más cerca. |
La casa fue diseñada por el propio artista y construida junto
con sus amigos para casa de veraneo. Hasta donde sé, carece de ángulos rectos y
su idea original era hacerla sin ventanas, sólo con los huecos pero las
corrientes de aire que se formaban por estar construida en la playa le hicieron
desistir de esa idea y puso cristalitos como está mandado.
En la casa, aparte de su vivienda, funciona un hotel y el
museo propiamente dicho. Es muy bonita, como podéis apreciar en estas fotos:
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| La entrada, con gato incluído. |
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| Con obras del artista. |
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| Cotilleando. |
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| Las vistas desde una terraza. |
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| Yo, en clara actitud contemplativa, oteando el horizonte. |
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| Yo, ya cansada de meditar. |
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| Lo que pudimos atisbar del hotel. |
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| Qué gran frase… |
Ahora, mi opinión. La casa es una chulada y dan ganas de
mudarse a vivir ahí. Entiendo que cobren entrada porque es un museo privado.
Hasta ahí, bien. Peeeero, desde mi punto de vista, me sentí un poco estafada.
Que te cobren, vale pero que te cobren por ver dos salas de exposición, tres
tiendas (a precios prohibitivos), un par de terracitas y una cafetería donde ni
me atreví a preguntar lo que cobraban por un refresco, me parece un poco
abusivo. Es decir, recomiendo visitarlo porque vale la pena pero no creo que
repita experiencia una vez que ya lo he visto.
Cuando salimos de allí fuimos a un mercadillo de artesanía
porque el churri andaba como loco por encontrar un ágata para sumarlo a su
inmensa colección de piedras. Dimos con un muchacho simpatiquísimo que no sólo
le vendió al churri un ágata preciosa sino que nos regaló al churri, a mí, a mi
madre y a la amiga de mi madre una piedrita verde para que nos diese suerte. Yo
llevo la mía en el bolso, junto con el cuarzo del que nunca me desprendo. Me
quedé con rabia de no habernos sacado una foto con el chico. Era de lo más
majo.
Luego tocó paseíto por Punta del Este al atardecer. Me callo
y os dejo disfrutar de las vistas….
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| Luna creciente (No olvidemos que estamos en el hemisferio sur) |
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| Un lobo de mar descansando en el puertito. |
P.S. Tenéis hasta las 23:59 de hoy para apuntaros al sorteo
si no lo habéis hecho ya. Pinchad aquí