Hoy vamos con otro “largometraje”. Había visto algún anuncio
cortito de esto y ya de por sí me había quedado alucinada pero, trasteando en
TúTubo, he visto para mi alegría que existe versión extendida y, como buena
freaky que soy, vengo a compartirla con vosotros porque yo soy así, generosa y
altruista.
Voy a empezar hablando del producto porque es algo así como
intangible. Se trata de un sistema de pagos por el móvil, tanto en locales
comerciales como entre amigos y conocidos. A esta intangibilidad se le suma que
todo el anuncio es una versión de la canción “Say you, say me” de Lionel
Richie, que han modificado ingeniosamente por “Pay you, pay me”. Y diréis
“¿Pero no hay subtítulos?”. Haberlos, haylos, pero en inglés, así que si no
sabes inglés y ves este anuncio pues no te enteras mucho de qué narices
anuncian. Muy útil, el spot, sin duda.
Primero medio te lo explica un tío sentado en una butaca
dentro de un despacho maravillosamente decorado con una bola del mundo ¿Aún
queda gente que tenga algo así en su casa o su despacho? Por suerte, lo explica
en español, para que no nos quedemos tan colgados, pero enseguida amenaza con
que lo va a cantar (en inglés).
Paso de transcribir la letra, así que os voy contando la
secuencia de imágenes. El pibe este
empieza a cantar y un hombre bigotudo pintado en un cuadro le hace los coros.
Luego canta a dúo con una chica. A él lo vemos dentro de una tele ochentera y,
a ella, de otra. Las teles se mueven arriba y abajo y, entre las dos, rebota un
móvil que va y viene en un claro homenaje al Pong, que tanto furor causó en los
70´s. Ya voy entendiendo lo del mapamundi.
Después sale una abuelilla duplicada por ordenador portando
en su mano un vaso con una dentadura postiza que canta la canción. ¿Por qué?
Pues ni idea pero ahí está. A la abuelilla le sigue el hombre del principio flotando
sobre una nube en la posición del loto. Luego vemos una especie de presentación
de oficina donde se proyecta sobre una pantalla el funcionamiento del sistema
pero explicado de aquella manera, así que seguimos sin enterarnos de mucho.
Él y la anterior chica de la tele recorren los pasillos de
la oficina sentados en unas sillas con rueditas mientras a su alrededor bailan
billetes, monederos y moneditas creados por ordenador.
Y llega el momento del solo de batería, donde la abuelilla
(que, al parecer, ya se ha puesto la dentadura) aporrea sin piedad unos
tupperwares. No tengo muy claro si lo hace con baquetas o con agujas de tejer
pero, ya a estas alturas, ¿qué más da ese detalle sin importancia? Y ya, por
fin, se reúnen todos los personajes en la oficina cantando a coro y acompañados
por un mono de juguete que toca los platillos sobre la fotocopiadora.
Cae una lluvia de confeti y desaparecen todos.
Salvo el mono.