Hoy vamos con anuncio internacional. Hacía tiempo que nadie
me proponía ninguno pero Nefer me trajo uno desde su México natal. El anuncio, realmente, no es mexicano pero
como aquí no lo echan, pues tanto nos da, que nos da lo mismo. A efectos del
destripamiento no vamos a andar discriminando.
El spot comienza con imágenes de lo que parece ser un
encantador pueblecito italiano. En una casa, una señora llama seductoramente a
su marido desde la cama. Él, ya entradito en años y enfundado en una bata de
leopardo (bien que os reís de mi batapanda pero ya veis que hay cosas peores en
esta vida), va corriendo al baño para buscar en el armarito. Dentro de un bote,
encuentra una última pastillita azul, olvidada en el fondo del frasco. Intenta
lanzarla a su boca para pillarla al vuelo pero ya se sabe que estas cosas nunca
acaban bien. Es mejor asegurarse y depositarla en la cavidad bucal como está
mandado, que luego pasa lo que pasa.
Y, lo que pasa, es que la pastilla sale volando por la
ventana. El hombre, al grito de “Noooooo” ve cómo su poción de amor hecha
fármaco rueda irremisiblemente por una tubería. Rebota en un tejado, donde pasa
al lado de un gato quien, por suerte no la caza y se la come (bastante fogosos
son ya los gatos en estado natural como para estar incentivados por las
drogas).
La pastillita sigue su viaje. Rebota en la campana de la
iglesia produciendo un simpático repiqueteo allegro
ma non troppo, va chocando con cuanta pared se encuentra, tira un jarrón
metálico que no sé qué pinta en la calle (será parte del ornato público en esos
pueblecitos), asustando, de paso, a un cura que no sabe si es que hay alguien
disparando o qué es lo que viene a perturbar la legendaria tranquilidad de la
villa.
Choca contra unas flores que eran transportadas en un
camión, da tres saltitos sobre el agua de una fuente, rebota en una copa de
champán con más simpático repiqueteo y, finalmente, se precipita hacia el
depósito de combustible de un coche que esperaba pacientemente ser rellenado en
una estación de servicio.
Una vez que la pastillita está en el interior del vehículo,
éste tiene una especie de reacción alérgica y se hincha, se hace fuerte y más
machote (suponemos). Las féminas que pasan por allí, al verlo, hacen sonidos
guturales bastante primitivos como “uhhh”, “mmmm” y “grrrr”. Según nos cuenta
la voz en off, es un nuevo modelo de otro modelo ya existente pero más grande,
más poderoso y listo para la acción.
Quién me iba a decir a mí que, con sólo introducir una
pastillita azul en una máquina, ésta va a tener un diseño más varonil. Mañana
mismo pruebo con la nevera, que la veo demasiado afeminada. Seguro que así
termina teniendo más capacidad y enfría que da gusto.
Y si el ascensor va despacio, le daré una pastillita.
Y usaré casco, por las dudas.