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jueves, 4 de julio de 2013

“Ninonino down, down, down”

Con frecuencia escucho en el trabajo un programa de radio donde la gente llama para pedir sus canciones, aprovechando de paso para contar una historieta acerca de los recuerdos que les trae esa canción o por qué es importante en sus vidas.

En paralelo a esto, también hay gente que tal vez recuerda una melodía pero no tiene ni idea de cómo se llama la canción o quién la canta o de qué va la letra. Vamos, esto que nos ha pasado a todos alguna vez de tener un soniquete todo el día en la cabeza y no conseguir dilucidar cuál era la canción en cuestión. Pues bien, éstos que no tienen ni idea llaman y la tararean o la silban y confían en que con eso sea suficiente para que los propios miembros del programa o el ilustre público desvelen el misterio.  

Cuando escucho a esta gente siempre me viene a la cabeza una persona. Mi hermana. Esa hermana de la que casi nunca hablo y que hace que luego haya gente en Twitter que se muestre sorprendida cuando descubre que tengo una.  

Pues sí, tengo una. Es bastante menor que yo pero ha heredado de mí el gustillo por la música de los años 80 y 90, cosa por demás admirable ya que si a mí ya me miran raro por ser así de anticuada en lo que a materia musical se refiere, imaginaos ella que en los ochenta ni había nacido.

El caso es que a veces le pasa eso. Que ha escuchado por ahí una cancioncilla de esas y no tiene ni una sola pista acerca de la canción. Pero ella no llama a la radio (por suerte para los de la radio) sino que tira de su hermana la viejuna a ver si la saca de la duda.  

Generalmente se graba en el móvil tarareándola y se dedica cuando me ve a reproducirme sus aullidos ininteligibles hasta que en una de esas acierta de casualidad una nota y yo siento que he ganado algo en un concurso pero el caso más memorable fue cuando me intentó tararear una canción por el Messenger (¿Os acordáis del Messenger? ¿Qué habrá sido de él?) Y no, no me he vuelto loca. Me tarareó una canción por Messenger. “Con el micrófono”, diréis. Pues no. A tecla pura y dura. La conversación, lamentablemente, no la conservo pero fue más o menos así:

Álter-hermana: Oye, ¿cómo se llamaba una canción que escuchamos un día en la radio, que me dijiste que era muy vieja y que empezaba con un sonido como de radio antigua y luego voces como de negritos?

Álter: Qué se yo, hija. La canción del Cola-Cao. ¿Cómo voy a saber eso con esas pistas?

Álter-hermana: Que sí, que sí. Que empezaba como con una radio y luego decía “Ninonino down, down, down”.  

En este punto no sé ya si contesté algo coherente porque me dio tal ataque de risa que las lágrimas me impedían ver el teclado. Vamos, que la mandé a paseo y le dije que cómo pretendía que pudiera sacar un tarareo por Messenger.  


Lo curioso del caso es que, meses después, me hallaba escuchando la radio cuando escuché el sonido, no tanto de radio antigua sino más bien de disco de vinilo y una voz que decía: “Ain´t that just the way that life goes down, down, down, down…”. El misterio había quedado resuelto.

miércoles, 3 de julio de 2013

Anuncios Pesadillescos LVII: Qué tiempos aquellos

Dado que con el post de ayer me quedé con el regustillo nostálgico de mi (no tan) lejana infancia, ¿qué os parece si hoy tenemos un momento remember en materia publicitaria?

En primer lugar vamos a recordar uno cortito pero no por ello menos pesadillesco. En pantalla aparecía un señor trajeado con pinta de serio pero esto era pura apariencia ya que en cuanto empezaba su speech aquello perdía toda la posible seriedad que podría haber tenido en un primer momento. La cosa iba de huevos (de gallina) y de que en el paquete siempre ponían la fecha de puesta de los mismos. El argumento, como podéis ver, es bastante soso, así que había que darle un empujoncito para que resultase divertido, ameno y que todos lo repitiésemos como loros. Es por ello, que el hombre imitaba a una gallina clueca cada vez que nombraba la marca. Dado que la misma comenzaba por la sílaba “Co” pues os podéis imaginar el resultado. Sí, un hombre calvo con traje cacareando. Maravilloso.

Desconozco si la marca de huevos continúa existiendo pero lo que sí existe es un ave de corral que siempre ha sido el terror de los gérmenes. A finales de los años 80 este ave irrumpía en el baño ataviado con un casco de infantería y montado en un tanque hecho a partir de la botella de líquido limpiador. Los gérmenes que asomaban maliciosamente por el borde del WC eran una especie de masa verde gelatinosa con ojos que se derretían al contacto con el temido producto químico.

Había también un anuncio de un desodorante en roll-on donde la pobre mujer que padecía de olor corporal provocaba una estampida en su oficina cada vez que levantaba el brazo para colocar los archivadores en una estantería. Una vez probado el desodorante milagroso, al levantar el brazo sus compañeros celebraban arrojando al aire miles de folios, en señal de algarabía.

¿Y cómo olvidar a aquella mujer que ponía los ojitos en blanco pidiendo clemencia y aduciendo que estaba harta de tanta frotar? Ya sabéis quién os digo. La de la niña karateka que tenía el kimono sucio, KIA!


Ayyy, qué recuerdos… Aunque no me aventuraría yo a decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. 

martes, 2 de julio de 2013

Ustedes Dirán XLV: La hora de los dibujos no sugerido por nadie en especial)

En septiembre del año pasado (cómo pasa el tiempo) publiqué esta parida a solicitud de Porfinyomisma. En esa ocasión recibí varios comentarios pidiendo segunda parte pero como en su momento ya le saqué el jugo a las canciones populares que más gracia me hacían, he recordado las cancioncejas de dibujos animados. Vamos, que el Ustedes Dirán de esta semana me lo he sacado un poco de la manga pero es que tengo por ahí otra solicitud para la que voy a tener que documentarme a fondo. Esperaré a estar de vacaciones para dedicarme a esa tarea…

En fin, que hoy toca ranking de canciones de dibujos animados porque sé que en vuestro fuero interno lo estabais deseando y no hay nada como adelantarse a vuestros deseos.

Heidi

“Abuelito dime tú qué sonidos son los que oigo yo”: Empezamos bien. La niña tiene alucinaciones auditivas.

“Abuelito dime tú por qué yo en la nube voy”: Y encima se droga

“Dime por qué huele el aire así”: ¿Así cómo? ¿A excrementos animales? No sabemos si la pregunta es una crítica o no…

“Dime por qué yo soy tan feliz”: Si vas en una nube no me extraña, nena…

“Abuelito, nunca yo de ti me alejaré”: Al escuchar esta frase, el abuelito ha mirado de reojillo el teléfono, pensando en llamar a la Srta. Rottenmeier para que se la lleve para siempre.

“Abuelito dime tú lo que dice el viento en su canción”: Que se acerca un tornado. Sal a esperarlo a ver si con un poco de suerte te lleva consigo.

“Abuelito dime tú, por qué llovió, por qué nevó”: No, si ahora el abuelito es meteorólogo.

“Dime por qué todo es blanco, dime por qué yo soy tan feliz”: Porque eres muy cansina pero no lo sabes. La ignorancia es la clave de la felicidad.

“Abuelito, nunca yo de ti me alejaré”: Y sigue amenazando, la chiquilla.

“Abuelito dime tú si el abeto a mí me puede hablar”: Si eres druida, sí. Aunque si vas en una nube lo mismo no te hace ni falta.

“Abuelito dime tú por qué la luna ya se va”: Porque tiene miedo de que le preguntes algo.

“Dime por qué hasta aquí subí”: Porque eres tonta. Mira a ver ahora cómo bajas.

“Dime por qué yo soy tan feliz”: Tú serás feliz pero el camino a la felicidad es cada vez más tortuoso para aquellos que te rodean. Medita sobre ello.

“Abuelito, nunca yo de ti me alejaré”: El abuelito ya se está planteando el suicidio.

Alfred J. Kwak (Ending)

La cosa empieza muy bien, en un estado de euforia comparable a pocas cosas en esta vida, es por ello que el patito nos informa de lo siguiente:

“Me siento muy feliz, feliz, muy feliz. Me siento tan feliz que no hay penas en mí.

Nunca estuve tan feliz, feliz, tan feliz. Tan feliz voy a ser cuan largo el día es”.

Pero luego parece que la cosa se trunca o que no es oro todo lo que reluce. La procesión va por dentro, señores, tal y como se aprecia en los siguientes versos:

“A veces es infeliz, infeliz, infeliz. Tiene miedo a sufrir y de miseria morir”

Y luego se sorprenden de que los de nuestra generación hayamos salido medio zumbados. Cómo para no, con estas tragedias que nos metían en la cabeza. Un pobre pato que tiene miedo a morir de miseria. Ahí es nada…

Pero él es un optimista nato así que, a pesar de sus temores, nos regala esta última reflexión:

“Qué alegría que me dieron. Fue emocionante hablarles. Ya digo adiós. Hasta la próxima vez”.

Pues no sé qué decirte, patito. Si vas a dedicarte a contarme otra vez tus penas y tus traumas más ocultos casi mejor que lo vamos dejando.

Marco

“En un pueblo italiano, al pie de las montañas, vive nuestro amigo Marco en una humilde morada”: Regla número uno para que unos dibujos animados se conviertan en un culebrón infantil. Crea un entorno de pobreza para empezar dando penita.

“Se levanta muy temprano para ayudar a su buena mamá”: Encima explotada la pobre criatura.

“Pero un día la tristeza llega hasta su corazón. Mamá tiene que partir cruzando el mar a otro país”: Un día la tristeza llega hasta su corazón. Esto quiere decir que a pesar de ser pobre y tener que trabajar como un burro desde que sale el sol antes era feliz. Agüita.

“No te vayas, mamá, no te alejes de mí. Adiós mamá. Pensaré mucho en ti. No te olvides, mamá, que aquí tienes tu hogar”: A ver si es que se ha ido por no aguantarte… Que pareces igual de cansinito que Heidi.

“Si no vuelves, pronto iré a buscarte donde estés. No me importa donde vayas. Te encontraré”: Sacado de contexto esto puede parecer la amenaza de un sicario.

Y bueno, la serie era de lo más lacrimógena y allá que se iba a las Américas a buscar a su madre con un mono que vete a saber de dónde había salido y si estaba vacunado…

Esto es to, esto es to, esto es todo, amigos…


P.S. Quedo  a la espera de vuestras sugerencias. Ya sabéis que me encanta recibirlas. 

lunes, 1 de julio de 2013

Crónicas Felinas XLIX: Consejos prácticos

Marrameowww!!!

Dada la cantidad de felinos que leen mis aventuras he decidido retribuir de alguna manera esta fidelidad bloguera, por lo que me dispongo hoy a compartir con vosotros, compañeros peludos, los trucos que mejor me funcionan a la hora de cometer actos vandálicos.

Consejo número 1: Eludiendo el control fronterizo.

 Si tenéis prohibido el acceso a alguna estancia de la casa, por el motivo que sea, esto no debe ser óbice para que podáis visitarla en cuanto tengáis oportunidad.

El humano en cuestión accederá a la mencionada estancia en algún momento, cerrando la puerta tras de sí. Aprovechad este momento para acechar tras la puerta y, en cuanto la abra para salir, activad el óxido nitroso que traemos incorporado de serie y colaos dentro, escondiéndoos en el lugar más pequeño e inaccesible. Si encima el humano lleva las manos ocupadas, éxito asegurado.

Consejo número 2: Pasión por el estilismo

Si vuestra afición es atacar las prendas del tendedero, prestad especial atención a aquellos ropajes que vuestra humana doble, planche o mire con especial respeto. Sin lugar a dudas, ésa será la prenda más cara, más bonita o que mejor le quede del armario, por lo que deberá convertirse en vuestro objetivo. Localizadla en el tendedero y colgaos de ella con las uñas sin ningún tipo de piedad.

Consejo número 3: Bon appétit

Cuando los humanos comen, seguramente no os dejarán subiros a la mesa, convirtiéndose el momento en una lucha constante contigo intentando subir y ellos intentando hacerte bajar. No os preocupéis por este detalle sin importancia. En algún momento beberán algo de líquido. Aprovechad entonces para meter el hocico en el plato y haceros con vuestro objeto de deseo.

Consejo número 4: Bed time

A la hora de dormir, no os preocupéis por los humanos que ocupan el lecho. Dirigíos sin miedo al sitio que os parezca más cómodo y mullidito. Son tan pavos que serán ellos quienes adopten posturas de contorsionista a fin de no molestaros.

Para el éxito de esta estrategia es absolutamente imprescindible que estéis monos. Cuanto más monísimos estéis y mayor carita de estar a gusto pongáis, menos se moverán. Si luego os arrepentís del lugar escogido en un principio, tranquilos: siempre se puede recomenzar el proceso.


Prrrrrrr.

viernes, 28 de junio de 2013

Septuagésimo noveno premio: Las milongas de mamá



El día 10 de mayo, Madre Desesperada me pasó este premio creado por Merengaza. Quisieron unirse a la fiesta Eva, de Opiniones Incorrectas y nuestra recién casada Drew (¡Felicidades, guapa!) Muchas gracias a todas.

La cosa consiste en contar tres “milongas” que nos hubiese contado nuestra madre en nuestra infancia para conseguir un objetivo o sortear una pregunta espinosa. Vamos, algo así como que te convenciera de que las lentejas tenían poderes mágicos para que te las comieras de una buena vez. Aparejado a esto, se suponía que había que mandar un vídeo a quien te lo entregaba saltando a la pata coja durante un minuto. Esta última parte, según tengo entendido, no la ha cumplido nadie.

Pues bien, tiré de memoria y luego de mi propia madre porque no era capaz de recordar una sola milonguita. El resultado fue nulo. Mi madre no recuerda haberme contado ninguna jamás. Y yo, pues menos, claro.

Así que, ya que no puedo cumplir con la primera parte, cumpliremos públicamente con la segunda (ya he perdido la poca dignidad que me queda). Ésta soy yo saltando en tacones, que ya que hago el ridículo, al menos que sea con estilo:



Hay que pasar el premio a cinco blogs, que serán:







Pues hala, ya os he dado material para reíros de mí todo el fin de semana. A disfrutar…