Con frecuencia escucho en el trabajo un programa de radio
donde la gente llama para pedir sus canciones, aprovechando de paso para contar
una historieta acerca de los recuerdos que les trae esa canción o por qué es
importante en sus vidas.
En paralelo a esto, también hay gente que tal vez recuerda
una melodía pero no tiene ni idea de cómo se llama la canción o quién la canta
o de qué va la letra. Vamos, esto que nos ha pasado a todos alguna vez de tener
un soniquete todo el día en la cabeza y no conseguir dilucidar cuál era la
canción en cuestión. Pues bien, éstos que no tienen ni idea llaman y la tararean
o la silban y confían en que con eso sea suficiente para que los propios
miembros del programa o el ilustre público desvelen el misterio.
Cuando escucho a esta gente siempre me viene a la cabeza una
persona. Mi hermana. Esa hermana de la que casi nunca hablo y que hace que
luego haya gente en Twitter que se muestre sorprendida cuando descubre que
tengo una.
Pues sí, tengo una. Es bastante menor que yo pero ha
heredado de mí el gustillo por la música de los años 80 y 90, cosa por demás
admirable ya que si a mí ya me miran raro por ser así de anticuada en lo que a
materia musical se refiere, imaginaos ella que en los ochenta ni había nacido.
El caso es que a veces le pasa eso. Que ha escuchado por ahí
una cancioncilla de esas y no tiene ni una sola pista acerca de la canción.
Pero ella no llama a la radio (por suerte para los de la radio) sino que tira
de su hermana la viejuna a ver si la saca de la duda.
Generalmente se graba en el móvil tarareándola y se dedica
cuando me ve a reproducirme sus aullidos ininteligibles hasta que en una de
esas acierta de casualidad una nota y yo siento que he ganado algo en un
concurso pero el caso más memorable fue cuando me intentó tararear una canción
por el Messenger (¿Os acordáis del Messenger? ¿Qué habrá sido de él?) Y no, no
me he vuelto loca. Me tarareó una canción por Messenger. “Con el micrófono”,
diréis. Pues no. A tecla pura y dura. La conversación, lamentablemente, no la
conservo pero fue más o menos así:
Álter-hermana: Oye, ¿cómo se llamaba una canción que
escuchamos un día en la radio, que me dijiste que era muy vieja y que empezaba
con un sonido como de radio antigua y luego voces como de negritos?
Álter: Qué se yo, hija. La canción del Cola-Cao. ¿Cómo voy a
saber eso con esas pistas?
Álter-hermana: Que sí, que sí. Que empezaba como con una
radio y luego decía “Ninonino down, down, down”.
En este punto no sé ya si contesté algo coherente porque me
dio tal ataque de risa que las lágrimas me impedían ver el teclado. Vamos, que
la mandé a paseo y le dije que cómo pretendía que pudiera sacar un tarareo por
Messenger.
Lo curioso del caso es que, meses después, me hallaba
escuchando la radio cuando escuché el sonido, no tanto de radio antigua sino más
bien de disco de vinilo y una voz que decía: “Ain´t that just the way that life goes down, down, down, down…”. El misterio había quedado resuelto.
