Sí, lo sé. El Mundial terminó hace un rato largo y yo sigo a
trompicones con el blog. Al final, voy a tener que dejarme de excusas y asumir
la triste realidad. Esto es: en mi vida no pasa absolutamente nada interesante
y el surrealismo me ha abandonado.
Desconozco si esto me sucede todos los veranos. Por norma
general, a estas alturas del año yo debería haber colgado el cartelito de
“Cerrado por vacaciones” en el blog y estar disfrutando del dolce far niente hasta que se me
ocurriera regresar, en esa actitud anárquica que me caracteriza para los
regresos (es que os quiero pillar desprevenidos por si acaso estáis hablando de
mí).
Pero este año, por motivos que ya contaré, una servidora no
disfrutará de su descanso hasta septiembre, lo que hace que tenga que
enfrentarme semana a semana a una página en blanco y un cursor que parpadea,
arrogante, desafiándome a llenar el espacio con palabras.
Y en esas ando. No me culparé yo sola, no obstante. Porque,
si decimos las cosas como son, tampoco es que pueda afirmarse que el resto de
blogs sea a día de hoy un hervidero de producción. Estamos todos como de capa
caída. No sé si será el calor aunque, al menos por los Madriles, hay que
reconocer que este verano está siendo bastante light en lo que a temperaturas
extremas se refiere. No hemos llegado a los cuarenta grados ni un día, y eso es
algo que en Madrid debería preocuparnos. Tal vez se deba a que, como este año
el verano ha tardado tanto en decidirse a aparecer, quizás en noviembre todavía
estemos tomando “relaxing glasses of
granizado” en la Plaza Mayor. Qué sé yo. El caso es que nunca se me ocurre
de qué escribir y, cuando alguna idea se atreve a revolotear por mi cabecilla,
resulta ser una idea como blandurria; inconsistente. Algo que no se puede asir
con facilidad y, mucho menos, darle forma. Esto sí debe ser por el calor, que
los materiales se reblandecen y no hay manera de que queden como uno quiere.
Tengo apuntadas en mi “lista de ideas para el blog” (porque estaré más seca que
el Sahara pero sigo siendo organizada) un par de cosas que, en un principio,
creo que podrían funcionar pero luego pienso ¿y cómo saco yo quinientas
palabras de esta tontada? Y me da un perezónnnnn. Pensar en verano es mucho
esfuerzo. Ahora voy entendiendo por qué prefiero cerrar el blog en julio.
Y, claro, liarme a escribir para hacer una mini-entradita de
nada, pues me da como cosilla, para qué os voy a mentir. Al final sentiría que
os estoy estafando. Como cuando llega un día en que te percatas de que las
patatas fritas que siempre comprabas cada vez traen menos cantidad por el mismo
precio, y como que paso de que me denunciéis a alguna asociación de
consumidores.
Más que nada porque tendría que redactar una carta de
alegaciones y, adivinad. Me da pereza.