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miércoles, 27 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLIX: El fantasma traidor


Ya había traído en una oportunidad un anuncio de una casa de apuestas. No recuerdo si era la misma porque a la abuelita ludópata no la he vuelto a ver (por suerte, porque la cosa tenía tela marinera) pero, con esto del Mundial de fútbol, las casas de apuestas están haciendo su agosto, aunque estemos en junio, y por tanto no paran de anunciar todas las posibles combinaciones de acontecimientos estrambóticos por los que se puede apostar. Me apuesto lo que sea, valga la redundancia, a que se puede apostar cuál será el próximo peinado de Neymar.

Pues bien, este es muy cortito pero digo yo que se lo podían haber currado un poco más. Vemos a un montón de aficionados sentados a la barra de un bar, con sus bufandas de la Roja, gritando desaforados ante una jugada de  peligro. A juzgar por la reacción de los asistentes, o bien el equipo contrario ha marcado gol o bien el equipo de sus amores ha fallado una posibilidad de gol. Todos ponen cara de fastidio y hacen el típico sonido de “Ohhhhh” que todos (o casi todos) hemos hecho  durante un partido.

Salvo uno.

El “uno” en cuestión, se desliza tumbado de lado sobre la barra, apoyando la cabeza en un brazo y con el móvil en la mano que no sujeta su cabeza canturreando “Gané, gané, gané…” (la letra de la canción sólo consiste en ese palabra; no creo que el protagonista del anuncio haya tenido que invertir demasiado tiempo en aprenderla… o sí, quizás la hicieron así de simple porque ya veían que no iban a obtener buenos resultados con algo más complejo) con la musiquilla de “Power of Love” de Huey Lewis and the News, cuya letra no tiene nada que ver con el fútbol en concreto ni con el deporte en general pero habrá sido la primera que les ocurrió o alguna para la que no tenían que pagar derechos de autor.

Un letrero sobreimpreso en la pantalla nos informa que lo mejor de ganar es contarlo. O sea, que no sólo eres un traidor que apuesta contra su propio equipo sino que, encima, te recochineas delante de la afición porque te has llevado unos eurillos a cambio de tu deslealtad.

Le desearía que se piñe al llegar al otro extremo de la barra y no haya nadie para sujetarlo pero creo que no me va a hacer ni falta porque, a juzgar por las caras de los concurrentes en el bar, tiene pinta de que no le va a quedar un solo hueso sano al acabar la jornada. Oye, apuesta lo que te dé la gana pero no te mofes delante de los sufridos espectadores del partido, que son unos soñadores que aún piensan que su mayor recompensa es ver los colores de su equipo alzarse con la Copa tras ganar la final.

No es que esté a favor de la violencia en los deportes pero es que tampoco estoy a favor de los fantasmones.

lunes, 25 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLIX: La curiosidad purificó al gato


Marrameowww!!!

El consorte ha estado de vacaciones esta semana  pasada. Y, por si acaso os lo estáis preguntando, la respuesta es no. No ha aprovechado los días de ocio para comprarme un platito nuevo. Creo que voy a tener que aceptar la realidad con madurez y entereza y asumir que voy a seguir comiendo en un plato desportillado por el resto de mis días. Cuando un gato se queja de la vagancia de un ser de otra especie es porque el caso es grave y seguramente digno de estudio.

Lo malo de que haya algún humano de vacaciones (a la bruja le tocó currar como la pringada que siempre ha sido) es que tenemos vigilancia constante y así, claro está, no hay oportunidad de hacer maldades ni de trazar planes para la dominación mundial.

Para colmo de males, también decidió que el fin de semana era un momento ideal para ir a casa de sus padres, dejándonos cuarenta y ocho horas, con todos sus minutos y todos sus segundos (ciento setenta y dos mil ochocientos, para ser exactos; lo pongo en letra porque se ve mucho más impactante) y, como os podréis imaginar, soportar a la bruja en exclusividad durante dos días seguidos es toda una tortura. Máxime cuando es una vaga y no sale a la calle ni para que le dé un poco el aire.

Pero la cosa no termina aquí; esperad que os cuento más. Ha estado por medio la noche de San Juan, así que el consorte tuvo a bien recordarle a la bruja que dejara una botella con agua en la ventana para lavarse con ella la mañana del domingo 24. Ya veis qué vergüenza de bruja está hecha, que hay que andar recordándole los conjuros a realizar, dando muestras de una falta de profesionalidad proverbial. Pues bien, la bruja siguió las indicaciones del consorte y, según se levantó el domingo por la mañana (tempranito porque, aunque por el día no comemos debido al calor, a partir de las siete de la mañana nos entra un hambre terrible) se metió en la bañera y empezó a echarse agua de esa por encima.

Y bien dicen que la curiosidad mató al gato porque, por andar cotilleando asomado a la bañera a ver qué hacía la loca esta, también me pasó un poco de agua por el lomo y acto seguido, se fue a buscar al imberbe para repetir el proceso con él. Hay que decir que él no recibió el agua de tan buen grado como un servidor (yo es que ya opto por dejarla hacer porque sé que, si se le mete una idea en la cabeza, no va  a parar hasta ver satisfecho su objetivo) y se retorció un poco al sentir que la bruja lo acariciaba con la mano mojada en líquido elemento (en una actitud, a mi juicio, claramente pasivo-agresiva; te acaricio pero te fastidio al mismo tiempo).

Estaría expulsando algún demonio o algo y a eso se debería el retorcimiento, digo yo.

Prrrrrr.

jueves, 21 de junio de 2018

Dando explicaciones


Quizás os estéis preguntando (o no, porque dudo que me deis tanta importancia) que qué pasa últimamente conmigo, que a veces publico, a veces no publico, a veces comento blogs, a veces no comento… Hace un par de semanas, sinceramente, me habían abandonado las musas. Creo que se debió a tanta lluvia y tanto frío y tan hasta las narices que estaba ya.

Ahora ha venido el verano. Así, sin avisar ni nada. Que estoy yo muy contenta porque ya sabéis que, si por mí fuera, no bajaríamos de los 25 grados nunca pero digo yo que podría avisar, en plan “eh, que voy, soy el verano” porque esto de estar con paraguas, chaqueta y camiseta de manga larga a poder dejarse los calcetines en casa y andar luciendo brazos (piernas, de momento, no he lucido; primero porque estoy muy blanca y segundo porque, si bien tengo vestiditos nuevos que estrenar, quiero esperar a que sea julio o agosto, que si no quemo todos los cartuchos en la primera semana) termina volviendo loco a cualquiera. Sobre todo porque cuando estuve de vacaciones allá por mayo, tenía yo intenciones de aprovechar un día para hacer el cambio de armario pero, en vista del panorama invernal que aún estábamos viviendo, no tenía sentido hacerlo. Ahora, por culpa del cambio brusco, he tenido que hacerlo un sábado por la mañana, con lo que me gusta a mí hacer el vago los sábados por la mañana. Y, encima, este año me he esmerado porque me he probado un montón de ropa de esa que hacía lustros que no usaba y, bajo la premisa “si parezco una butifarra, lo aparto para donar”, terminé llenando dos bolsas de ropa que ya no volveré a usar en la vida. Y no me digáis que podía haber intentado adelgazar para poder volver a entrar en ella porque ese planteamiento fue el que me hizo llegar a esta situación de Diógenes profundo en la que me encontraba.

Vale, y ahora diréis “pero el calor empezó ya hace una semana, ¿por qué motivo sigues haciendo apariciones intermitentes, pues?

Pues porque hay Mundial, que todo hay que explicarlo. Mi vida es un caos desde que se pitó el comienzo del primer partido. Con lo organizadita que soy yo y ahora tengo que andar haciendo múltiples cambios de planes para cuadrar mi cotidianeidad con los partidos. Al punto que había pedido cita en la peluquería para ayer miércoles pero en cuanto colgué con mi peluquero me di cuenta de que a esa hora jugaba Uruguay y cambié la cita para el martes, sin importarme pagar más (los miércoles es más barato; se ve que, aparte del día del espectador, es el día del peinado). He tenido que buscar hueco para colgar la bandera uruguaya en la ventana (dos veces, porque la primera la pegamos mal y se cayó, por lo que terminé viendo el partido contra Egipto con la bandera en el suelo) y hasta vi el partido Rusia-Egipto porque están en el grupo de Uruguay y hay que hacer cábalas con los puntos. Por suerte, ya estamos en octavos tras un tediosísimo partido con Arabia Saudí en el que confieso que me costó no dormirme.

Y, por supuesto, también veo los partidos de España que, casualmente, coinciden siempre en día con los de Uruguay así que, cuando me toca fútbol, sé que ya tengo la tarde echada con la tontería.

En fin, que intentaré prodigarme más por aquí si el esférico lo permite. La entrada me ha quedado más larga de lo habitual pero, ¿quién sabe cuándo habrá otra?

miércoles, 20 de junio de 2018

Anuncios Pesadillescos CCXLVIII: La vida sana le va a costar cara


Ya los había traído alguna que otra vez pero es que no dejan de sorprenderme , así que lo publico fielmente.

Este anuncio tiene un solo escenario y un solo protagonista, por lo que no voy a liaros intentando explicar los cambios de secuencia como me sucede a veces.

Comenzaré describiendo el escenario. Es un salón en semi-penumbra que no está especialmente desordenado pero que, por obra de la escasa iluminación y porque los muebles son del año de la polka, tenemos la sensación de que el sitio en cuestión hasta debe de oler mal.

En cuanto al protagonista, es un señor más o menos de mi quinta (o algo mayor que yo, porque yo soy una jovenzuela), que está sentado en el sofá viendo la tele mientras se llena la boca de patatas fritas. Me recuerda a mí un domingo por la tarde cualquiera con la salvedad de que yo no bajo la vista para contemplar mi barriga con cara de asco. No porque no  tenga barriga sino porque yo no me siento en el sofá; soy más bien de tumbarme cuan larga soy, por lo que no me hace falta bajar la vista para mirarme la barriga.

Lo dicho, el señor se mira la barriga, que no es lo mismo que mirarse el ombligo, y una voz en off anuncia que hoy es el día en que vas a dejar atrás la vida sedentaria. El hombre, con el pecho lleno de migas de patata (desconozco por qué hay gente que se llena de migas cuando come patatas fritas), desvía la vista de su barriga a unos plátanos de Canarias que tiene en una mesita junto al televisor. ¿Alguien tiene fruta junto a la tele? No conozco absolutamente a nadie que tenga esa costumbre.

Por alguna extraña razón, de repente al protagonista empieza a salirle humo de la nariz y las orejas, como si se hubiese convertido en dragón. La cara se le pone roja mientras sigue echando humo y la voz en off le dice que ha llegado el momento de levantarse del sofá y dirigirse a un lugar donde comerá más sano. Sus pies, de repente, pierden contacto con el suelo y, durante la levitación, las llaves de su bolsillo caen entre los cojines del sofá. Vemos cómo se pone completamente de pie gracias al empuje que le dan los chorros de humo expelidos por su nariz. A continuación coge un plátano de la mesita antedicha y sale de su casa, supongo que a comerse el plátano y a hacer un poco de footing con la ropa llena de migas de patata.

Yo en su lugar me hubiese adecentado un poco antes. Más que nada para que el cerrajero me viese presentable cuando lo tuviera que llamar a la vuelta, debido a que las llaves, como he dicho, se han quedado entre los cojines del sofá.

Por cierto, lo que se anuncia son los plátanos. Porque si no lo digo, no hay quien llegue a esa conclusión.

lunes, 18 de junio de 2018

Crónicas Felinas CCLVIII: Fracaso en las negociaciones


Marrameowww!!!

Pensaréis que, si hoy estoy publicando, es porque finalmente me han cambiado el platito y, por tanto, se ha desconvocado la huelga. Pero no. No tengo platito. Mejor dicho, sí tengo platito pero el mismo platito desportillado de siempre.

A juzgar por vuestros comentarios de la semana pasada, donde casi todos me instabais a declararme en huelga y sólo unos pocos estaban dispuestos a financiar la adquisición de un nuevo platito para vuestro gato preferido, he llegado a la conclusión de que sois unos agarrados que preferís quedaros sin leer mis entradas a soltar un par de eurillos para evitar el conflicto. No tengo palabras para expresar cuán decepcionado me hallo con vuestra actitud tan deleznable.

Así que, en vista y considerando que daba la sensación de que no os importaba en absoluto deshaceros de mí, por aquí me quedo y seguiré publicando al mismo ritmo, sólo por fastidiar. Había pensado hacer una huelga a la japonesa y hacerme con el control absoluto del blog, publicando tres o cinco o incluso siete entradas semanales pero, entre que la bruja no me lo iba a permitir porque quiere espacio para sus porquerías y que, a lo mejor, terminabais tan fascinados de tenerme a diario que al final me ibais a pedir que mantuviera esa actitud para siempre, he decidido no ir por ese camino. Bueno, por los motivos antedichos y porque me da una pereza infinita escribir tantas entradas; que en algún momento del día tengo que echarme mis diecisiete siestas reglamentarias. Que al final, todo hay que explicarlo. 

Así que mis esfuerzos de presión  a la patronal han caído en saco roto y tendré que seguir comiendo en mi plato de indigente hasta que la bruja y el consorte se dignen a comprarme uno nuevo. Ya informaré del avance de la situación.

En otro orden de cosas (y para rellenar un poco porque si levanto la huelga tendré que levantarla en condiciones y trabajar a tiempo completo), os cuento que el imberbe cada vez se comporta de forma más antigatuna. Ya os conté alguna vez que duerme tapándose los ojos con la pata para que la luz no lo moleste. Si viviera en un entorno con depredadores sería la presa ideal. Pues a esto le tenemos que sumar que, dado que, como todos los años, los aviones han anidado sobre nuestra terraza (los aviones de tipo pajarraco, claro está; no tenemos un Boeing en la terraza), pasamos las horas muertas pegados a la ventana viéndolos pasar. Pero resulta que, el otro día, uno de ellos tal vez no vio el cristal y por poco se esmoña contra el mismo (debía estar muy ciego porque la bruja no es que tenga los cristales precisamente limpios). Pues bien; el imberbe, en lugar de relamerse creyendo que la presa se acercaba directamente a sus fauces, se bajó del mueble y se escondió debajo de la ventana, con la esperanza de que el bicho alado no lo encontrara.

Es la vergüenza de la especie.

Prrrrrr.