Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

lunes, 5 de junio de 2017

Crónicas Felinas CCXV: Odio mal dirigido

Marrameowww!!

Luego de que la bruja haya dejado esto abandonado como viene siendo su costumbre últimamente, paso hoy a relatar lo que aconteció un buen día (o malo, según se mire), hará cosa de una semana.

Estaba la bruja dándonos de comer. Yo esperaba pacientemente en la puerta de la cocina porque eso de parecer desesperado por la comida es algo de muy mal gusto, mientras Munchkin, que entiende poco de modales, saltaba a su alrededor cual mariposa loca porque piensa que así la presiona para obtener más rápidamente su alimento. Hete aquí que, una vez le hubo servido el pienso en su platito, procedió a cerrar la bolsa y guardarla en el armarito de metal como de costumbre. Hasta aquí nada escapaba a nuestra rutina; el matiz viene dado por el hecho de que, una vez cerrado el armarito, la bruja se dispuso a abandonar la cocina pasando junto al jovenzuelo, quien comía despreocupado sin imaginar la desgracia que se cernía sobre su cabeza, cual espada de Damocles.

Porque pasó algo terrible (para él; mi vida siguió como si nada). Dado que es de naturaleza torpe, la bruja pisó el rabo de Munchkin, quien maulló desesperado como si… como si… Bueno, como si le hubiesen pisado el rabo.

La bruja, que nunca ha tenido lo que se dice unos nervios de acero,  también profirió un alarido, lo cual provocó una situación de caos mayor que la habitual en esta casa. El imberbe se ofendió mucho y no quería saber nada de la bruja, que lo perseguía por la casa con voz melosa repitiendo que había sido un accidente y que no tuviera miedo porque “mami” (sí, se refiere a sí misma como “mami” para nuestra absoluta vergüenza) lo hizo sin querer. Pero Munchkin, que no es que sea muy listo pero hasta ahí llega, prefirió no jugársela y mantener una prudencial distancia para salvaguardar sus apéndices.

Sé que en el párrafo anterior he dicho que el jovenzuelo no es muy listo y lo que voy a decir va a parecer una reiteración innecesaria pero tengo que contaros que el miedo le duró varios días. Y vosotros pensaréis que tenía miedo de la bruja pero no. Tenía miedo del armarito.

Cada vez que le servían la comida se ponía a deglutir como siempre hasta que escuchaba el armarito cerrándose. En ese momento, salía como alma que lleva el diablo a esconderse detrás de la puerta de la cocina porque el muy pavo no se había dado cuenta de que la causa de sus males no había sido el armario sino la bruja. Sí, lo sé, es muy triste y bastante bochornoso para el género felino, pero real como la vida misma. Yo que pensaba que esto iba a servir para que el imberbe le cogiera aún más tirria a la bruja y ahora resulta que guarda un odio visceral al mobiliario.

Tal vez por eso sea que se pasa el día arañando el sofá. Debe de haberle hecho algo que desconozco.

Prrrrrr.

jueves, 18 de mayo de 2017

Y otra vez

Hoy escribo poco nuevamente para anunciaros que me vuelvo a ir. Sí, estoy este año que no me quedo quieta pero, como ya os adelantaba, me voy a tomar otras dos semanitas de vacaciones blogueras porque tendré visitas en casa, que ya relataré exhaustivamente a la vuelta.

Como ya sabéis, mi modus operandi últimamente consiste en tomarme una semana de vacaciones en el trabajo y dos semanas de vacaciones blogueras para poder retomar convenientemente la rutina, debido a estos horarios maravillosos que tengo. Por tanto, estaremos de vuelta por aquí el lunes 5 de junio.

En julio me tomaré las de verano pero eso ya es otro cantar. De momento, esperadme en junio que por aquí andaremos. No me vayáis a abandonar, que a la vuelta pasaré lista.

¡¡¡Besotes!!!

miércoles, 17 de mayo de 2017

Anuncios Pesadillescos CCVII: Siendo un ogro asustaba menos

Pues una vez pasada la resaca de los PAPA 2017, ponemos el contador a cero y empezamos a coleccionar nuevas maravillas para la edición 2018.

Vemos una sala de juntas donde un jefe echa la bronca a sus empleados frente a  un gráfico que muestra el claro descenso de beneficios de la empresa. No escuchamos lo que dice pero no debe ser nada bonito a juzgar por las caras de terror de los asistentes a la reunión. Que digo yo que si tu empresa va como va, parte de la culpa la tendrás tú, no sólo tus empleados. Seguro que éste es de los típicos que luego, si la cosa va bien, pensará que es porque es un genio de la administración empresarial.

Bueno, a lo que iba, que el hombre les echa la bronca mientras una voz en off nos cuenta que el mundo está lleno de intolerantes “de la leche” (nótese el sutil juego de palabras). De repente, aparece una secretaria con gafitas que seguro que tiene carrera, un master y habla siete idiomas pero cuya función consiste en llevarle una botellita de bebida de soja a su jefe en una bandeja.

El ogro que tienen todos por empleador se lo bebe y, al final, lo vemos en la sala de juntas bailando con la botellita en la mano. Da vueltas, se retuerce como una serpiente, da saltitos con un solo pie mientras con los brazos hace como que toca la guitarra y rememora los pasos de baile de su juventud. Nos dicen que esta bebida da “subidón”. Yo creo que la secretaria, harta de tanta tiranía, le ha puesto algo en la bebida para que pierda el norte y así hacerse con el control total de la empresa. Seguro que ella lo haría mejor y, si no, pues siempre vendrá otro dispuesto a darle algún brebaje.

Lo que voy a contar a continuación no es crucial para el desarrollo del anuncio pero me ha llamado poderosamente la atención (detallista que es una). Junto al gráfico de los beneficios hay un mapamundi con chinchetitas clavadas, como si hubiésemos pillado a la plantilla en plena partida de Risk. Supongo que las chinchetas marcarán los emplazamientos de la empresa o, en su defecto, los mercados objetivos. Pues bien, a la derecha del todo (más o menos entre Rusia y Canadá) hay una chincheta que, salvo error u omisión por mi parte, está pinchada en mitad del agua. Soy muy exhaustiva y, por tanto, lo he comparado en Google Earth y todo y juraría que ahí no hay absolutamente nada. ¿Esta gente habrá dado con la Atlántida?

Por cierto, no me extraña que la sala de juntas se haya quedado vacía. Es mejor estar en el mismo espacio de un ogro predecible que con un loco irreconocible que no sabes por dónde te va a salir o si va a invitarte a salir a bailar en medio de la reunión.

Bien dicen que más vale malo conocido que bueno por conocer. 

lunes, 15 de mayo de 2017

Crónicas Felinas CCXIV: El paluego

Marrameowww!!

En alguna ocasión os he comentado que Munchkin y yo somos aficionados a pastar una hierba que el consorte y la bruja plantan en una especie de macetita de plástico y que se supone que trae beneficios para nuestra salud. A nosotros eso nos da igual pero está rica y nos entretiene. Aparte, si dejamos de pedirla dejarán de comprarla y eso sería conseguir que nuestros humanos ahorren en algo, cosa que no se puede consentir. Uno de nuestros principales objetivos en esta vida es conseguir que inviertan en nosotros lo máximo posible. Si conseguimos dejarlos sin vacaciones o sin comprar ropa para que tengan que ir por la vida estresados y cubiertos de harapos, mejor que mejor. Por tanto, no sólo es el entretenimiento lo que nos motiva sino la consecución de objetivos mucho más elevados. Sería lo que comúnmente se conoce como “no dar puntada sin hilo”.

Eso sí, siendo francos, Munchkin es mucho más adicto a la planta (pese a que yo soy el vegetariano de la familia) y, en cuanto termina de comer, reclama ansioso su ración de hierba (supongo que será porque se queda con hambre), no dudando en clavar ansioso las uñas en las piernas de la bruja mientras ella intenta alcanzar la maceta, que está siempre encima de un mueble para que no podamos atacarla a todas horas.

Nuestra forma de comer es bien distinta. Mientras yo doy un par de mordisquitos  sutiles como “podando” la planta y practicando con ella el arte del paisajismo, Munchkin mete unos bocados tremendos, arrancando de cuajo los tallos, sin importarle para nada la sostenibilidad. Es como Atila, que donde pisaba no volvía a crecer la hierba.

A esto hay que sumarle que, todo lo que tiene de bruto, lo tiene de torpe. Tanto es así que el otro día, tras meterse un atracón de “postre verde”, se le quedó una brizna entre los dientes. Bueno, digo una “brizna” por ser sutil y no decir que se le había quedado ahí algo semejante a una secuoya. Juzgad vosotros mismos:

Gato con hierba


Y, como es torpe, no paraba de sacudir la cabeza intentando librarse del objeto intruso que tenía en las fauces, a lo que la bruja (que es un ser perverso) se liaba a sacar fotos muerta de risa al tiempo que preguntaba “¿Pero para qué tienes patas? Porque para arañarme por las mañanas y no dejarme dormir bien que te acuerdas de que las tienes pero para servirte de ellas en tu propio beneficio parece que te olvidas de su existencia”. Munchkin la miraba y sacudía la cabeza. De repente se olvidaba de que la tenía ahí y se quedaba un rato mirando por la ventana con el “paluego” colgando entre los dientes. Por fin, la bruja se apiadó de él (o se aburrió de sacar fotos) y se la quitó.

Por si acaso os lo estáis preguntando, la respuesta es no, no se lo agradeció y supo usar convenientemente su pata a la mañana siguiente para despertarla.

Prrrrrr.

jueves, 11 de mayo de 2017

De limpiezas y broncas maternas

Como ya os adelantaba Forlán el pasado lunes, en este puente de mayo aprovechamos para limpiar ventanas.

Bueno, lo de que “aprovechamos el puente” es un decir. En realidad limpiamos las ventanas del salón el martes a última hora por acallar un poco nuestras conciencias, ya que la idea era haber limpiado todas las ventanas de la casa durante los cuatro días de descanso pero ya sabéis cómo son estas cosas. Que si un día te da pereza, que si otro día te surge un acontecimiento inesperado (esto es: que te habías levantado con energía pero, inesperadamente, te da pereza)… Os hacéis una idea, ¿no?

Y, aunque Forlán dijo que soy una guarra que no limpia nunca las ventanas tengo que decir en mi defensa que… vale, no puedo decir nada en mi defensa. Jamás limpio las ventanas. Me parece una tarea de lo más desagradecida. Nunca consigo que me queden sin marcas y, por norma general, un día o dos después de limpiarlas, llueve como si no hubiese un mañana y mi trabajo se va al garete.

Pero había que limpiarlas porque venían visitas de allende los mares (ya vinieron y planean volver; ya contaré porque esto se va a hacer muy largo) y resulta que las visitas son amistades de mi madre y, claro, no es cuestión de que le vayan luego con el chisme a mi madre de que vivo como una pordiosera o que en España es costumbre tener ventanas opacas. Ya sé que una bronca por Skype no es lo mismo que una bronca materna en vivo y en directo pero, aun así, prefería ahorrarme el trago, que una andará ya más cerca de los cuarenta que de la treintena pero una madre sigue siendo una madre y aún no olvido las broncas de “limpia tu habitación, que seguro que ahí estás criando bichos”. Sí, por increíble que parezca, cuando yo era adolescente vivía en un caos permanente y, por lo que recuerdo, no me importaba en absoluto. Hay que ver lo que cambia la gente.

Así que, despacito (suave, suavecito), hemos ido limpiando el resto de ventanas de a una por día. Lo que peor llevo, en realidad, son los rieles. Ahí se acumula polvo y guarrería de la calle que, con la contribución de las lluvias, termina convirtiéndose en un pegote imposible de quitar.

Comenté en el trabajo que andaba en la campaña “limpieza de ventanas” y una compañera comentó que ella también tenía que hacerlo pero que iba a pedir prestada una aspiradora para limpiar los rieles. No os puedo explicar el disgusto que se llevó cuando le dijimos que la roña de los rieles no se quita con la simple acción de una aspiradora; que ahí hay que usar cepillito o bayeta y paciencia humana. Las técnicas de limpieza de ventanas se convirtieron en la conversación estrella de la mañana.

Por cierto, las del salón ya tienen huellas de las patitas de Munchkin. No haré comentarios al respecto. Sólo quiero llorar.