Marrameowww!!!
Llevaba yo unos días que no comía bien. La bruja y el
consorte se preguntaban por qué motivo sería que, cuando les veía aparecer con
el plato de pienso, me ponía a maullar para que me dieran de comer cuanto antes
y luego, tras comer seis gramos con ansia, fuera perdiendo fuelle hasta
alejarme del plato y volver a comer algún granito suelto de vez en cuando.
Total, que una ración que suele durarme diez minutos me terminaba durando tres
horas. La bruja era de la teoría de que a lo mejor andaba acalorado e
inapetente porque justo habían subido repentinamente las temperaturas y me
habían pillado con pelaje de invierno. Recordemos que yo pedía comida, por lo
que no era inapetencia. La bruja nunca ha sido muy lista, no.
Una mañana que el consorte se levantó inspirado, en lugar de
pienso me dio una latita para dolencias estomacales, que siempre tienen
guardadas por si alguno anda un poco fastidiado. No es que estén muy buenas
porque es comida de enfermo pero yo la devoré con placer y deleite, pese a que
nunca me han gustado mucho.
Ahí el consorte empezó a pensar y le dijo a la bruja “¿Y si
le duele algo en la boca?”. Por fiiiiin, alguien que piensa en esta casa. Así
que esa tarde me llevó el consorte al veterinario (qué tirria le estoy cogiendo
a ese hombre) quien, tras escuchar las explicaciones del consorte en cuanto a
que se me veía con hambre pero remoloneaba un montón con la comida y que había
comido mucho mejor lo blando que lo duro, enseguida se puso a mirarme las
fauces. El diagnóstico: Gingivitis. De esto la bruja entiende mucho, que
siempre ha sufrido mucho de las encías y cualquier día acabará desdentada.
Total, que tuve que estar seis días comiendo un poco de
latita y otro poquito de pienso (lo cual me fastidiaba sobremanera pero el
veterinario, que es un sádico, dijo que no me malacostumbraran a estar comiendo
latita todo el día) y, encima, durante esos días tuve que aguantar medio
pastillujo de antibiótico que me daba la bruja porque es un ser perverso.
Ahora ya voy mejor y estoy comiendo bien sin marear tanto la
comida pero he oído por ahí que me van a hacer una limpieza de boca así que,
por lo visto, mis sufrimientos no terminan aquí y voy a tener que soportar que
hagan vete a saber qué en mis dientecitos; si es que no hay derecho. Y me da
igual que me digan que es por mi bien. Por mi bien sería que me dejen comer
latita todas las veces que se me antoje para que mi preciosa boquita no sufra.
A ver qué necesidad hay de torturarme cuando todo podría resolverse
preparándome un puré. Ganas de complicarme la vida, es lo que tienen. Espero
que la famosa limpieza de boca les salga por un ojo de la cara.
Si he de sufrir, que su bolsillo lo note, ¿no?
Prrrrrr.
