Mi querida Inmagina,
que es un poco diablilla, me propuso hace un tiempo que os hablase de este
anuncio. Es de esos a los que he dado mil vueltas sin saber por dónde pillarlos
por lo desagradable del asunto, así que lo he ido dejando pasar.
Pero como a vosotros no puedo negarme porque soy una
pusilánime, hoy me atrevo y os lo describo para vuestro deleite.
Hay una madre sentada en la cama limándose tan
tranquilamente las uñas cuando llega su hija adolescente, se tumba a su lado y
le pregunta con vocecilla inocente : “Mamá, ¿tú con mi edad tenías picores? Ya
sabes… Ahí”.
Eso, eso. ¿Para qué vamos a hablar claramente si molan mucho
más los eufemismos? Yo soy su madre y le digo “¿Ahí, dónde?” o directamente le
doy un bote de piojicida y, ante sus protestas, me haría la loca y respondería “Ah,
yo qué sé… Si hablas en clave…”.
La madre, sin embargo, la entiende a la primera, con ese
sexto sentido que sólo tienen las madres y le dice “A tu edad y a la mía” y le
da un tubito de crema que no saca del botiquín como la gente normal. Ella lo
guarda en la mesita de noche, que es donde se supone que deben estar los
medicamentos. Así que le da el tubito con la promesa de que eso le aliviará sus
picores “ahí”. A mí lo que me sorprende es que, si esta señora lleva toda la
vida con picores “ahí” tal vez debería hacérselo mirar. Que una cosa es un
hecho puntual y otra estar embadurnándote “ahí” con la cremita de marras día sí
y día también. Vamos, digo yo…
Al rato, la chiquilla asoma la cabeza desde la puerta y
comenta sonriente “notas cómo desaparece”. Espero que se refiera al picor porque
con lo dada que es esta muchacha a andarse por las ramas lo mismo es que le ha
desaparecido… lo de ahí.
P.S.1: Ya sabéis que podéis mandarme vuestras sugerencias
para ser protagonistas en esta sección.
P.S.2: Si no os
habéis apuntado a la lluvia de regalos, tenéis tiempo hasta mañana pinchando
aquí (que no "ahí").

