Escríbeme!!!
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jueves, 10 de mayo de 2012
Nano post: Por fin!!!!
Para los que no sepáis a qué viene esta tontería, pinchad aquí para la tontería explicativa.
FELIZ PRIMAVERA!!!
miércoles, 9 de mayo de 2012
Cuando toca, toca
Hablando hoy con un amigo le pregunté, reconozco que en plan
maruja total, si no se había fijado que otra conocida nuestra últimamente tenía
el pelo como muy apagado, fosco y sin vida. Me dijo que sí, que se había fijado
pero que pensó que sería que no había ido a la peluquería. Yo contesté que no
podía ser eso, que una cosa es que se te noten las raíces y otra cosa muy
distinta es que tengas el pelo muerto.
Dijo mi amigo que a lo mejor le había dado por usar espuma.
Pensé que, entonces, mejor que deje de usarla porque no le favorece nada. Tengo
que aclarar que la chica me cae muy bien, que parece que hablo así porque la
detesto y nada más lejos de mi intención.
El caso es que comencé a comentar que el pelo es un claro
indicador de salud. Las pocas veces que mi Gordi ha estado malito (la última me
dio un susto tremendo pero eso lo dejo para otra ocasión) en lo primero que se
lo notaba era en el pelo porque se pone hirsuto y sin brillo. Forlancete aún no ha pasado por ese trance, por suerte.
Todo esto me recordó una anécdota que, si bien es un poco
vergonzosa, creo que merece la pena reflejar en este insigne blog.
Hace muchos, muchos años, me lavaba el pelo todos los días.
Como lo tengo muy finito y no es graso, se me resecaba mucho, así que pasé a
lavarlo cada dos días. Tras una bronca tremenda de mi peluquera opté por lavarlo
cada tres. Al principio, el pelo se te engrasa que es un horror pero luego es
como que el cuero cabelludo se acostumbra y, como no tiene necesidad de
segregar tanta grasa porque se siente, digamos, protegido, empieza a segregar
menos y al final se lleva muy bien la cosa.
Pues bien, hete aquí que un día, hace ya varios años, me
tocaba lavarme el pelo pero estaba vaga. Estos días perezosos que tenemos a
veces. Me miré al espejo y dije “hombre, un pelín sucio sí está pero yo creo
que por hoy aguanta”. Total, que me fui tan pancha a trabajar sin lavarme el
pelo.
La jornada transcurrió con total normalidad y no notaba yo
que la gente se alejase de mí poniendo cara de asco así que me reafirmé en mi
idea de que mi pelo iba tirando. Al terminar el día me fui, como siempre en el
autobús con un compañero que era muy
majo y muy parlanchín. Fuimos hablando todo el camino y de lo más bien todo. En
aquellas épocas yo vivía en Guadarrama (para los que no sois de Madrid, queda a
cincuenta kilómetros de la capital) así que tenía un buen viaje hasta mi casa.
Cuando llego, enciendo el ordenador y me encuentro con un correo de mi
compañero diciendo que me había notado el pelo apagado y que en nosotras las
mujeres, seres delicados y sensibles por naturaleza (prometo que estas son las
palabras que él usó), eso podía ser signo de una depresión, que a su mujer le
había pasado y que tenía que ser fuerte y lidiar con lo que fuera que me estaba
pasando.
Yo, ojiplática mientras leía el correo, sentía una mezcla de
ternura y vergüenza según leía muy difícil de describir con palabras
(¿tergüenza? ¿vernura?).
Huelga decir que tuve que responderle el mail diciéndole que
no se preocupara. Que era sólo que estaba en un día vago y no me había lavado
el pelo y que ya vería cómo al día siguiente se me habría ido la depresión por
el sumidero (nunca mejor dicho).
Desde ese día, cuando toca lavarse el pelo, no hay excusas que
valgan. El pelo se lava, que no quiero volver a arriesgarme a que la gente se
monte estas películas.
martes, 8 de mayo de 2012
¿Tengo lectores videntes?
Hoy voy a hablar de algo que me tiene un poquito
desconcertada. Si alguien sabe cómo se soluciona esto agradecería colaboración.
A estas alturas, no es novedad para nadie que yo publico mis
entradas a las 21:30, ni un minuto más ni un minuto menos (salvo que a Blo se
le ponga en las narices hacer caso omiso de mis programaciones, en cuyo caso
publico cuando buenamente puedo).
Pues bien, la zona horaria de las entradas la tengo
perfectamente configurada pero no doy en la tecla (nunca mejor dicho) a la hora
de configurar el horario para los comentarios. Es de esta manera que, viendo a
veces mis entradas, me da la sensación de que vosotros, oh, fieles lectores,
sois la rencarnación de Nostradamus.
Pongamos un ejemplo: Entrada publicada a las 21:30 del 7 de
mayo (o sea, 9:30 PM de toda la vida). Pues los comentarios son, de la misma
fecha, publicados a las 3:40 PM, 4:50 PM, etcétera. De verdad, me alucina esa
capacidad de predecir el futuro que tenéis. Os imagino frente a vuestros
ordenadores con una bola de cristal al lado, leyendo la entrada en la esfera
(la de cristal, no la blogosfera, que entonces pierde la gracia) y diciendo “Voy
a ir comentando ya, que luego el tiempo se me echa encima”.
Le he dado vueltas y más vueltas, he cambiado el formato de
la hora de los comentarios veinte veces y no consigo que exista coherencia
entre la hora de publicación y la de los comentarios. Para una cosa que podría
tener coherencia en mi blog y ni eso consigo.
No es que el tema me quite el sueño. Me molestaba más que no
me publicase las entradas a su hora pero el caso es que Blo y yo estamos
teniendo serios problemas comunicacionales que están haciendo tambalear nuestra
relación y, sería una pena, ahora que hemos llegado a este grado de confianza,
que acabemos de morros y enfurruñados, sin mirarnos a la cara (bueno, él me
mira a la cara, yo le miro a la pantalla pero no soy prejuiciosa así que no hay
problema en ese sentido. Abogo por el amor mixto). Estamos entrando en crisis y
los dos vamos a terminar saliendo heridos. Un día le diré: “No soy yo, eres tú. Pongo todo de mi parte para que lo nuestro
funcione pero tú no haces más que ponerme trabas. Se supone que deberíamos ser
un equipo”. A lo que Blo contestaría “¿Pero
qué he hecho? Lo hago todo lo mejor que puedo para hacerte feliz”. Ahí yo
utilizaría todas mis armas de mujer y le respondería con un cáustico “Tú sabrás. ¿No tienes nada que contarme?”.
Así que sería de gran ayuda, por el bien de mi relación con
Blo, si alguien ha tenido este problema que me ayude a desvelar el misterio o,
caso contrario, que me paséis la fórmula para leer el porvenir. A ver si vais a
ser todos videntes y yo aquí como una tonta, esperando a que las cosas sucedan
para obrar en consecuencia, en plan tradicional. Siempre la última en todo, yo.
lunes, 7 de mayo de 2012
Habemus billetes
Estoy que no quepo en mí de gozo. Ya tenemos billetes para mi nuestro tan ansiado viaje a Montevideo.
Como era de esperar, el proceso no fue un camino de rosas.
Yo no debería pedir que me pongan las cosas difíciles, ya se me complican
solitas de por sí.
El sábado nos levantamos e invité al churri a desayunar en el bar
de la esquina de casa. Yo estaba que me mordía los codos. Me movía tanto en el
asiento que cualquiera diría que, en lugar de un desayuno en una cafetería, era
un pic-nic y que yo me había sentado encima de un hormiguero.
Al terminar de desayunar, fuimos a la agencia de viajes.
Andando porque está a la vuelta de mi casa. Espero que, cuando me mude, tenga
todo tan cerca como lo tengo ahora. Mi barrio es una gozada (bueno, con un poco
de suerte, lo mismo hasta encontramos algo en el mismo barrio, que ahora que me
he acostumbrado a andar sola de noche por aquí…). Llegamos a la agencia. Montamos el número
para abrir la puerta porque le daban al timbre y aquello no abría. Resultó que
el churri estaba siendo demasiado delicado y había que abrir a lo bruto. Esperamos
sentaditos como personas civilizadas a que nos atiendan. Nos atienden. Una
chica majísima, por cierto. Le decimos la fecha en que queremos viajar (ya lo
traíamos visto) y nos da el precio. El precio es setenta euros por billete más
caro que el que vimos en Internet por los gastos de gestión. Como el churri es
muy reacio a meter datos en Internet, dice que, por setenta euros más, prefiere
hacerlo todo en la agencia. Accedo porque yo tampoco soy muy amiga de eso.
Somos unos tradicionales. La chica nos rellena los datos y nos pregunta cómo lo
vamos a pagar. Le decimos que por separado para no dar un palo tan grande a una
tarjeta sola. La chica pasa las tarjetas y le deniegan las dos. Nosotros,
alucinando, diciendo “pero si hay dinero en las dos”. La chica que, repito, era
muy maja nos dice que llamemos al banco, que a lo mejor tenemos en la tarjeta
un límite de compra diario inferior al precio del billete. El churri se ha
dejado el móvil en casa. Yo también. Somos así de listos. Como vivimos a la
vuelta (por suerte) dice el churri que va a buscar los móviles. Yo me vuelvo a
sentar para que atiendan mientras tanto a otra gente. Intento ver algún
catálogo de viajes para entretenerme mientras tanto pero oye, que no puedo, que
estoy histérica pensando “A ver si ahora no los vamos a poder sacar, madre mía,
con la ilusión que yo tenía, qué nervios, me va a dar algo”.
En este estado de nervios me pilló el churri a su vuelta.
Llama primero él. Efectivamente, tenía un límite inferior. Le piden como mil
datos y le dicen que le amplían el límite. Todo un éxito. Yo doy palmas con las
orejas. Me dice el churri que llame, que le ha atendido una chica muy maja
(vaya, dos chicas muy majas en el mismo día, esto es de traca). Me toca a mí.
Llamo, me atiende la misma chica muy maja (sería la única que estaba de guardia
un sábado por la mañana). Supe que era la misma porque la historia le sonaba de
la llamada anterior, casi terminaba ella mis frases… Se debe haber partido
cuando me pidió la dirección y le di la misma que el churri. Me amplía también
a mí el límite. Respiro más tranquila.
Volvemos a entrar a la agencia. La chica maja está
atendiendo a una pareja que quiere ir a Tanzania. Esperamos. Esperamos. Se van
los de Tanzania y nos dice que ya podemos pasar. Ahora sí aceptan las
tarjetas!!!
Así que, ya es oficial. En la madrugada del jueves 29 al
viernes 30 de noviembre pondremos rumbo a Montevideo. Diez años hace que no
voy, desde que volví a Madrid. Ya os iré contando sobre los preparativos del
viaje y demás pero, si me pongo muy cansina con el temita (porque falta
bastante y yo ya estoy nerviosita perdida) me lo decís sin reparos, ¿eh?, que
hay confianza.
domingo, 6 de mayo de 2012
Anuncios pesadillescos V: Dormitorio con show en vivo
Una semana más, vengo a relataros un anuncio que me ha
dejado boquiabierta. La miel en los labios me la puso Lady Kitty, mediante un
mensaje en el Facebook (aquí a la derecha, que os veo despistados), donde me
preguntaba si había visto el horror que describo hoy.
No lo había visto, no, pero me estaba muriendo de ganas. Por
suerte, la providencia estuvo de mi lado y he podido verlo un par de veces esta
semana.
La escena se desarrolla de la siguiente manera. Parejita en
la cama donde ella recrimina a su cónyuge, novio o lo que narices sea (no he
podido reunir más información, lo siento si este detalle no os deja vivir) que
cómo puede contratar un seguro sin comparar. A saber qué contrató el alma
cándida.
Dicho esto, se encienden unas lucecitas en el suelo del
pasillo (creo que es un pasillo porque es muy largo para ser el armario y, si
es un vestidor, declaro mi absoluto odio hacia la parejita) y de ahí emerge un
cantante estilo años cuarenta luciendo traje naranja con pajarita a juego más
grande que su cuello. En el medio del dormitorio aparece, por arte de magia,
una orquesta completa, con batería y todo y comienzan a interpretar una canción
acerca del buscador de seguros que se publicita, que me recuerda
sospechosamente al Ma Baker de Boney M pero no tan discotequera (sino con rollo
años cuarenta, ante todo coherencia y seriedad, como claramente vienen
demostrando hasta ahora).
La damisela no puede resistir el ritmillo endiablado del
soniquete y comienza a mover un hombro con mirada lujuriosa. Su pareja que,
repito, vete a saber qué contrató, le propina un codazo en el costillar y ella
se hace la despistada y pone cara de “Yo no fui”.
La escena final es la más apoteósica. El cantante se mete en
la cama entre los dos. La chica se acurruca entre sus brazos, tan feliz y el
chico mira a cámara como diciendo “Encima de que a saber qué narices he
contratado, mi pareja está a punto de ponerme los cuernos en mi cara con un
cantante que acaba de salir del pasillo (o del armario, no lo tengo muy claro)”.
Muy fuerte todo. Es para decirle a la damisela (que, a estas alturas, de damisela tiene más bien poco): "Tu chico no sabrá contratar un seguro pero tú eres un poco golfilla, maja".
Doy gracias mil a Lady Kitty por haberme hecho estar atenta
a esta perla de sabiduría, a este derroche de talento a este paradigma de la
creatividad.
Mi vida, sin duda, es otra desde que vi este anuncio,
inspirador donde los haya.
He de dar las gracias también a los creativos publicitarios
sin cuya inestimable labor este espacio no existiría. Gracias. De corazón.
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