Estamos en épocas navideñas y, por ello, es inevitable que
nos bombardeen con tres tipos fundamentales de anuncios. Turrones, perfumes y
juguetes.
Los turrones, de momento, los salvamos. Los hay más ñoños y
menos ñoños pero creo que aún no he visto un anuncio de turrones que me haga
abrir los ojos como el dos de oros. A los perfumes ya les he dado bastante caña
en esta sección, así que vamos hoy con el anuncio de una conocida cadena de jugueterías
que me dejó bastante loca cuando lo vi por primera vez.
Uno de los empleados de la juguetería atraviesa una puerta
y, tras ella, vemos que ha llegad al “Departamento de Felicidad” de la empresa.
Aquí otros empleados, ataviados con batas blancas de científico, se dedican a
jugar con robots, montar en cochecitos a batería y demás cucamonerías.
Vemos en primer plano a un empleado que, con sombrerito de
cowboy y todo, monta un caballito de madera al grito de “Yihaaa”. El supervisor
del Departamento de Felicidad rellena un complejo formulario donde, junto a un
dibujito del juguete en cuestión, hay que marcar la casilla de “Apto” o la de
“No apto”. Eso es lo que yo llamo un exhaustivo control de calidad. Se nota que
este hombre tiene que haber estudiado carrera. Cualquier otra persona tendría
una implosión cerebral intentando analizar todas esas variables.
El testeo continúa con otros dos científicos jugando con
sables láser (de verdad, qué perreta tenemos todos con Star Wars), otros dos
tomando el té en una mesita, otro que se asusta con un dinosaurio de plástico
que lucha con otro de menor tamaño y en clara inferioridad de condiciones y, por último, uno que achucha con amor un
blando osito de peluche. Cabe destacar que, aunque me refiero a varios científicos
y un supervisor, en realidad todos están interpretados por un mismo actor, por
lo que debe de tratarse de una tribu encontrada en mitad de la jungla, como los
Umpa Lumpas de Charlie en la fábrica de chocolate.
Y, a estas alturas, podréis decir que se trata de un anuncio
para niños y que está muy bien que se juegue con la fantasía y se le dé este
tono festivo y todo lo demás pero el problema es que el anuncio, en realidad,
está dirigido a los padres, a los que se dirigen diciendo que en esta juguetería
se toman muy en serio la felicidad de sus hijos. Y esto ya me da como cosita.
Vamos, que podría salvar el anuncio si el destinatario del mensaje fuese el
público infantil pero tanta imaginación para hablar con adultos, como que no lo
veo, la verdad. No sé si un adusto padre
va a terminar convencido de la conveniencia de adquirir los juguetes para sus
churumbeles en esta juguetería sólo por el hecho de ver a un hombre de más de
treinta años montado en un balancín, con cara de estar viviendo la juerga de su
vida.
No le veo yo la estrategia.