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jueves, 30 de octubre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso XIII: Sin flores en el pelo. Parte 2.

Desayunando entre la neblina
Ahora que me acuerdo, os dejo algunos consejitos si os da por ir a San Francisco. En primer lugar, hace un frío que pela. Yo fui con una camiseta de manga corta y una sudadera finita y por la tarde tuve que ir a comprarme una camiseta de manga larga y una sudadera gorda porque no aguantaba (y aún así por la noche pasé frío). En segundo lugar, cuando estéis esperando el Cable Car, dado que las colas son larguísimas, irremediablemente va a aparecer gente ofreciendo limusinas, excursiones y todo tipo de cosas. Exageran hasta el tiempo de espera que hay en la cola para que te vayas con ellos pero mejor no hacer ni caso. La mayoría son unos timadores y, en caso de que no lo sean, ¿qué hay más típico que recorrer las calles de San Francisco en un Cable Car? Ya que uno va una vez en la vida, pues tampoco vamos a ir con prisas y no es lo mismo ver San Francisco desde el Cable Car que en un autobús mondo y lirondo o en una limusina horrorosa.

Una Painted Lady
Por la tarde-noche, nos dirigimos a la emblemática esquina de Haight and Ashbury , donde nació el movimiento hippie en San Francisco, ya que mi madre me había rogado encarecidamente que le consiguiera cosillas que hicieran alusión al Flower Power (ella es así). En la misma esquina encontré una tiendecita donde le compré unas cuantas cosas que todavía no le he mandado (ya me vale). No hay fotos de la zona porque tengo que reconocer que no es muy buena y no era cuestión de andarse parando mucho a sacar fotos, no fuera cosa que encima tuviéramos un disgusto.

Luego de dar un paseíto, fuimos tardísimo a cenar, lo que nos hizo andar suplicando que alguien nos hiciera el favor de darnos de comer. Una vez que alguien atendió nuestras súplicas, nos fuimos a dormir porque ya llevábamos casi veinticuatro horas sin dormir y el cansancio golpeaba fuerte.

Por la mañana nos despertamos inmersos en la neblina (parece que allí siempre es así) y, luego de desayunar un café y unos bollitos que nos subimos del Starbcucks más cercano, abandonamos el hotel, previa ducha, y nos fuimos a ver las Painted Ladies, que son unas casitas que se hicieron famosas gracias a la serie “Full House” (conocida como “Padres Forzosos” en España). 
Lombard Street desde abajo
De ahí nos fuimos a Lombard Street, que es una calle famosa por estar realizada en zigzag en una pronunciada cuesta, por lo que el viaje en coche desde lo alto hasta abajo es muy divertido.

Volvimos al Muelle 39 a comer algo y de ahí ya partimos a comprar los últimos recuerdos y cogimos el coche para emprender el viaje de vuelta. Salimos de San Francisco, cómo no, por el famoso Golden Gate. Era como estar dentro de mi mesa del salón.


Llegando al Golden Gate
Cansados, pero felices por haber realizado una escapada tan bonita, emprendimos las siete horas de viaje de vuelta que nos esperaban. 















Otra Painted Lady

Más Painted Ladies

Bajando Lombard Street

A punto de cruzar el puente

En el puente

miércoles, 29 de octubre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXV: Asquito supremo

El de hoy lo relato un poco de memoria porque no he sido capaz de encontrarlo (aunque no hay mucho que ver, la verdad). Sí he encontrado otros del mismo producto que también son un horror pero éste en concreto, que es el que me impide dormir correctamente por las noches, brilla por su ausencia.

Lo que no brilla es el pelo de los protagonistas. Me explico, que estoy empezando la casa por el tejado. En pantalla vemos un hipster de estos que están tan de moda al que una voz le dice algo como “Oiga, señor…”. El hombre se preocupa visiblemente y expresa algo parecido a que seguro que le dicen “señor” porque se le cae el pelo.

Y yo, a estas alturas del anuncio, me atrevería a aventurar cuál es el motivo de la alopecia galopante de este chico-señor: Los litros de grasa que lleva adheridos a la pelambrera. En serio, muero de asco; en la cabeza de este hombre se podría montar tranquilamente una refinería para abastecer a un pueblo con una densidad de población tirando a alta.

De repente, irrumpe en escena una mujer que también se queja de que pierde estrepitosamente el pelo y resulta que, por lo que veo, ella también tiene el mismo problema de falta de higiene que su partenaire masculino. En un momento dado, se rasca la cabeza, queriendo dar a entender que es víctima de la más profunda de las desesperaciones pero yo no puedo dejar de pensar en los piojos paseándose tan campantes por la melena de la mujer y empiezo a sudar frío.

La voz en off nos presenta el producto, que son unas ampollas o unas pastillitas. Sabréis disculpar que no sepa ni lo que es porque a esas alturas del visionado ya estoy haciendo un esfuerzo ímprobo para controlar las náuseas. Yo sólo atino a pensar si no podrían hacer un shampoo, en lugar de pastillitas, ampollitas o lo que leches sean, a ver si en una de ésas nuestros protagonistas se animan a ponerse un poquito debajo del agua y, con un poco de suerte, hasta le pillan el gustillo para ocasiones venideras y comienzan a lavarse el pelo con asiduidad.

Pero como no les han dado shampoo, no tenemos suerte y, hacia el final del anuncio, salen los dos juntos intentando dar la típica imagen del “después” pero yo sigo viendo la misma roña que veía al principio del spot, por lo que no sabría decir si finalmente tienen más volumen capilar o no. Tal vez porque la mugre les aplaste la cabellera y por ello sigue pareciendo que son más bien de pelo escaso (y sucio).

Realmente, pocos anuncios he visto que me causen mayor repulsión que éste. Creo que en mi ranking de porquerías publicitarias iría éste en primer lugar y le seguiría el bicharraco de los cereales que se dedica a tirarle ventosidades a la cara a un gato porque este último es un dibujo animado y puedo hacer un esfuerzo. 

martes, 28 de octubre de 2014

Ustedes Dirán C: Ampliando vocabulario (sugerido por Mientras Leo)

Mientras Leo, a cuyo blog debéis dirigiros sin dudar si estáis buscando ideas sobre qué leer, me ha sugerido que escriba acerca de las nuevas incorporaciones de palabras a nuestro querido Diccionario de la Real Academia y, como vuestros deseos son órdenes, vamos a ello.

Como es de esperar, no vamos a comentarlas todas, pero sí algunas de las que más han llamado la atención y así os cuento lo que me parecen a mí (que os dará igual pero éste es mi blog y opino de lo que quiero).

A mucha gente le ha sorprendido “Amigovio”. A mí no, porque en Uruguay (y otros países de Latinoamérica) se utiliza mucho así que no me extraña escucharla pero entiendo el descontento de algunas personas por incluir este americanismo y no el españolísimo “Follamigo”, que sí es cierto que no suena tan tierno como “Amigovio” pero ahí está y, si se usa, ¿por qué no incluirla? Se ve que, para contentar a ambos lados del charco, han incluido también “Cagaprisas”, “Culamen” y “Pechamen”.

Hay dos palabras que me han hecho trasladarme a mi más tierna infancia: “Bíper” (estos aparatejos, precursores de los móviles, que vibraban o pitaban y te daban un mensajito de texto) y “Chupi”. Venga ya; de los bípers ya no se acuerdan ni en los museos. A este paso, para le edición del año 2.052 incluirán “Esmarfon” (se me ocurre que lo escribirán así). Y con lo de “chupi”, no tengo palabras. Llegan un pelín tarde, me parece a mí. De hecho, a día de hoy considero que decir que algo es “chupi” ya está hasta desfasado y, si la usas, te miran con cara de preguntarte de qué máquina del tiempo te has escapado (a menos que seas Soraya, la de la serie “Aída”). Ahora que lo pienso, en esta categoría de Palabras para el Recuerdo, hay que incluir también “birra”, que por fin se ha ganado su lugar en el diccionario.

Han incluido “Tuit” (como suena), “Tuitear” y “Tuitero” pero, hasta donde sé, no se menciona Twitter (ni “Tuiter”, que así dicho suena a versión Made in China) por ningún lado, por lo que las explicaciones son un poco de pescadilla que se muerde la cola:

Tuit. m. Acción y efecto de tuitear.

Tuitear. intr. 1. Comunicarse por medio de tuits. tr. 2. Enviar algo por medio de un tuit.

Tuitero, ra. adj. 1. Perteneciente o relativo al tuit o al tuiteo. m. y f. 2. Persona que tuitea.

Vamos, que si no conoces Twitter, las explicaciones no te valen de nada. Y si lo conoces, no te hace falta buscar las definiciones. Se podían haber ahorrado esto.

También han incluido un montón de anglicismos sin españolizar ni nada, que sinceramente no entiendo qué pintan ahí. Sobre todo me soprenden “backstage” y “coach”. ¿Qué ha pasado con nuestras bambalinas y nuestros entrenadores de toda la vida? ¿Ya no son chupis?

Y hay algunas que me gustan mucho, pero hablar de lo que me gusta pierde gracia.


P.S. Proponed cosillas por cualquier vía (menos por Bíper).

lunes, 27 de octubre de 2014

Crónicas Felinas CX: Sesión doble

Marrameowww!!!

Hoy me enrollo poco porque vengo con documentos gráficos y como vale más una imagen que mil palabras y, en concreto, traigo dos vídeos, podría decirse que ya estoy gastando palabras de más.

El primer vídeo es para satisfacer la curiosidad de Irene, la madre adoptiva de Umpa Lumpa (y ahora también de Charlie), que quería pruebas del amamantamiento por mi parte hacia Munchkin. Atención a mi cara de paciencia infinita.





 En el segundo, él es el único protagonista. Así de bien se lo pasó el jueves pasado por la tarde viendo “La Bella Durmiente”. Según dice el Consorte, estuvo en este estado durante cuarenta y cinco minutos. La factoría Disney encandila a niños de todas las especies.



Eso es to, eso es to, eso es todo, amigos.


Prrrrrr.

jueves, 23 de octubre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso XII: Sin flores en el pelo. Parte 1.

Vista de San Francisco desde el hotel
El sábado 19 de julio nos levantamos nada más y nada menos que a las cuatro de la mañana para poner rumbo a San Francisco con mi prima S. y su novio, P. Nos esperaban siete horas de viaje en coche. La idea inicial había sido ir en avión pero cuando nos habíamos decidido a sacar los billetes, estaban ya al doble de lo que habíamos visto en un principio, por lo que mi prima dijo que ponía a su novio a conducir y santas pascuas.

Teníamos dos opciones: ir por el Freeway 1 , que es más bonito porque es el que va por toda la costa o ir por el 5, que es menos bonito pero nos ahorrábamos más de una hora de viaje. Nos tiramos por lo práctico. Contrariamente a lo que pudiera parecer, el viaje al final no se nos hizo tan pesado. Fuimos tomando bebidas energéticas (he descubierto una que no me sabe a jarabe para la tos y que, oh, sorpresa, aquí en España no existe) y de chachareta. Luego, a mi prima y a mí nos dio por cantar cuanta canción íbamos escuchando. Creo que ahí los chicos lo pasaron peor, al tener que soportarnos con “Love is a Battlefield” de Pat Benatar y los grandes éxitos de Erasure a voz en grito. Que se chinchen, yo me lo pasé genial.

En la cola para el Cable Car. ¿Veis esa plataforma redonda de
madera? Ahí dan la vuelta al bicho. A mano. Con un par.
Y por fin llegamos a San Francisco. Quería hacer la gracia de ponerme una coronita de flores para sacarme una foto como en la canción esa que dice que si vas a San Francisco no olvides ponerte flores en el pelo pero no conseguí coronitas ni nada similar así que os quedáis sin el documento gráfico.

Una vez depositadas las maletas en nuestras habitaciones del hotel, nos fuimos raudos y veloces a coger el Cable Car que partía de Powell y Market, que son los típicos tranvías que todos hemos visto en las películas de San Francisco. La cola es interminable así que recomiendo paciencia si lo hacéis. Fuimos al puerto y teníamos idea de pillar entradas para ir a visitar la cárcel de Alcatraz por la noche, que hacen un tour especial con efectos de sonido y demás. 
Esto es lo más cerca que estuvimos de Alcatraz.
Pero nada, ni de noche ni de día. Nos dijeron que estaba todo vendido hasta mediados de agosto pero no por ello nos íbamos a desanimar. San Francisco tiene mucho que ofrecer, como una riquísima crema de almejas que te sirven dentro de un cuenco hecho de pan amargo. Yo pedí sólo la sopa en un bol normal. Tanto pan me cansa. La degustamos en el Muelle 39, que es donde está todo el movimiento de restaurantes y tiendecitas en el puerto. El churri se pidió un fish and chips que también estaba muy rico.




El Muelle 39. "Abarrotao".
Luego de la comida, dimos un paseo por el puerto viendo a los leones marinos y unas gaviotas enormes y cogimos el Cable Car otra vez hacia el centro.


La semana que viene os cuento la segunda parte.









Yo en el Cable Car. No tuve valor para colgarme por la parte de fuera.

Una calle.

El puerto.

Gaviota King Size.

Un león marino al solete.

Foto sacada por el churri desde la parte de fuera del Cable Car. Es un valiente.

¿Mola o no mola?

San Francisco por la noche.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXIV: Suegrator

Hay algunos anuncios que, en un principio, no me dan ni frío ni calor y es luego, al realizar un análisis más exhaustivo, cuando capto lo pesadillesco de la situación. Sin embargo, éste que traigo hoy a la sección no entra en esa categoría. Es más bien de los que te parecen pesadillescos desde el primer segundo.

Vemos a través de la mirilla de una puerta a una señora llamando al timbre (digo yo que cómo puedes ver a alguien por la mirilla en el preciso momento en que toca el timbre. Eso es que uno está ahí todo el día espiando, en plan vieja del visillo). El plano se abre y nos percatamos de que la vieja del visillo no era otro que el padre de familia que, al comprobar horrorizado que la persona al otro lado del umbral no es ni más ni menos que su señora suegra, se vuelve hacia su amantísima esposa anunciándole que es su madre y que se dé prisa en coger los guantes y la lejía. La amantísima esposa, que es un rato moderna, le dice que pasando de la lejía, que ahora lo que se lleva es un desinfectante en spray que es una maravilla.

Ni corta ni perezosa, se pone a enchufarle chutes del producto al váter, al lavabo, a la encimera de la cocina donde un chupete descansaba tranquilamente sobre un manchurrón de puré… No sé cuánto tiempo habrán tenido a la señora esperando en la puerta hasta que por fin le abren y aquí empieza lo mejor.

La mujer entra en modo Terminator. Parece que más que caminar se deslizase sobre unas ruedas y comprobamos con terror que los ojos se le iluminan (me recuerdan a la Nancy Selene que tuve de pequeña). El perro se asusta (normal, por otra parte) y la señora comienza a escanear toda la casa con su visión de rayos, en busca de muestras de falta de brillo y presencia de gérmenes. Su ordenador de a bordo le va informando del resultado de cada análisis. En el baño, gira la cabeza 360 grados en plan niña del exorcista para poder notar el olor del mismo, concluyendo que se trata de un aroma fresco.

Una vez realizado el profundo análisis, la cabeza se le coloca en su sitio y, con apariencia de persona normal, sentencia extrañada “pero no huele a lejía”. No sé si esto es bueno o malo porque lo dice con un poco de cara de asco. La pareja se mira de reojillo, en plan cómplice, y ya nos muestran el bote de producto junto con un brazo con resorte, que me recuerda al inspector Gadget, que levanta el dedito dando su clara aprobación.

Miedo me da que mi suegra un día se convierta en algo parecido. Como curiosidad, añadiré que podemos ver también a la suegra Terminator hablando de las maravillas que hace un yogur para las defensas y demostrándonos sus dotes de baile. Es de lo más polifacética la buena señora. 

martes, 21 de octubre de 2014

Ustedes Dirán XCIX: El xucu xucu (sugerido por Naar)

Venga, ahora en serio, ¿de dónde os sacáis estas cosas? Yo estoy que no doy crédito. No voy a hacer ni introducción ni nada. Pasamos directamente a analizar la canción que mi querida Naar ha tenido a bien sugerirme:

“El Guararey”

Guararey, guararey, guararey:
la tierra del xucu xucu (Bis)

¿Suena  a eufemismo? Lo es.

En un sillón de vejujo yo de ti me enamoré
En un sillón de vejujo yo de ti me enamoré

No me preguntéis qué es el “vejujo”. No está en la RAE y no he sido capaz de averiguar de ninguna manera su significado pero así venía en la letra y así lo dejo. Que se enamoren de ti en un sillón, sea de “vejujo” o de skay, tiene que ser una experiencia extraña, cuando menos.

Anoche yo te fui a ver, y tu te estabas bañando
Lo que yo quería ver te lo estabas jabonando

Se estaba lavando el pelo, que sois unos malpensados. El chaval muere de amor con la melena de la muchachita. Todo romanticismo.

Luego da unos consejos sobre la conveniencia de las madres de cuidar a sus hijas. El argumento es el siguiente:

Todas las mamitas creen, que sus hijas son doncellas
¿Cuántas veces habrán visto boca arriba las estrellas?

A ver si ser aficionada a la Astronomía va  a estar ahora reñido con la decencia… Faltaría más.

Volvemos con lo del xucu xucu y el sillón misterioso y la siguiente estrofa dice así:

Anoche te lo pedí, no me lo quisiste dar
Ojalá que se te oxide y no lo puedas usar

Claramente él le está pidiendo a su amada el candado para evitar que le roben la bicicleta pero ella, que es una egoísta, no se lo prestó y él desea que ahora ella tenga que dejar su vehículo abandonado a su suerte para siempre.

Como ya parece que ellos mismos se están dando cuenta de que se les está yendo la mano con dar tanta caña a las mujeres, intentan equilibrar la balanza con lo siguiente que, según dicen, es para dejar mal al sexo contrario:

Cuchillo ¿por qué te doblas? Si eres de muy buen acero
Así se doblan los hombres cuando ven un buen trasero

Pues no veo yo que se hayan cebado tanto, la verdad. Sobre todo, a juzgar por una conversación que tienen después, donde dicen que el cuñado de uno de ellos tiene unas hermanas guapísimas pero a las que llamaban “La Gripe” porque todo el mundo la había tenido. También recibían el apodo de “Foto de carnet” porque era chiquitita, cuadradita y se entregaba a los cinco minutos. El cuñado tiene que estar muy contento con ellos.

Y siguen con las estrofitas:

Dicen que cristo murió con 3 clavos solamente
Por qué no muere tu hermana si la clava tanta gente

Vamos, que vaya donde vaya, le cobran de más. Si es que le ven la cara de buena…

Xucu xucu, sillón de vejujo y más estrofas (esto es más largo que un día sin pan):

Todas las mujeres tienen en el pecho dos penachos
Y dos cuartas más abajo la fábrica de muchachos

No he logrado entender lo de los penachos. De verdad que no…

Todos los hombres tenemos en el pecho la alegría
Y dos cuartas más abajo el cañón de artillería

Ya será menos. Mira que les gusta presumir, a algunos.

Y culminan con más xucu xucu y el sillón que sigo sin saber cómo es y hala, cada cual para su casa.

Que sí, que os enlazo el vídeo, que no tiene desperdicio. A bailarrrrrr.

P.S. A pedir sin miedo, si ya estoy curada de espanto... 

lunes, 20 de octubre de 2014

Crónicas Felinas CIX: La lactancia

Marrameowww!!!

Seguramente recordaréis cuando os conté que, cuando yo era un cachorrito aún más adorable de lo que soy ahora, me daba por meterme en la boca la oreja de Luhay cual si de un chupete se tratase y pasarme las horas muertas succionando y llenándola de babas hasta que Luhay sacudía la cabeza bañando a la bruja con mis secreciones salivales.

Pensé que tal vez Munchkin fuese a tener una afición parecida y sí, la tiene, pero es bastante inquietante, tengo que decirlo. No sé si se cree que soy su nueva madre pero le da por buscarme las tetillas y puede pasarse horas chupando y apretando con las zarpas. Yo intento explicarle que soy un macho (aunque, por culpa de quien ya sabemos, carezca de ciertos elementos con los que debería contar) y que de ahí no va a sacar absolutamente nada pero el tío como quien oye llover. Ahí que se prende y no para hasta que se cansa.

Al principio yo me lo quitaba de encima como podía pero ahora ya lo he dado por imposible y me resigno a esperar a que termine. De hecho, hasta le estoy pillando el gustillo y, de vez en cuando, me quedo frito mientras él sigue ahí, absorbiendo no se sabe bien qué.

La madre de la bruja dice que eso es normal (ella sabrá, que para algo es bióloga, aunque hay que matizar que se especializó en entomología y no me parezco yo demasiado a un escarabajo, así que tampoco pondría las manos en el fuego por la supuesta “normalidad”). El caso es que yo no lo hice y, por lo que cuenta la bruja, ningún otro gato que haya tenido lo hizo nunca tampoco, por lo que los humanos de esta residencia han acogido la novedad con sorpresa y algarabía, lanzando grititos de emoción cada vez que ven al imberbe perpetrando sus actos deleznables y diciendo cosas como “Mira, mira, ahí está otra vez”. “Qué curioso”. “Es más ricoooo”.  Esto último es lo que más a menudo se escucha últimamente en esta santa casa y me dan ganas de decir “¿Y yo qué?” “¿No soy rico?”. Tendré que recordarle a la bruja que, por lo menos, yo no me dedico a dejarle los muslos como si acabara de atravesar a rastras un zarzal.

Así que, en vista y considerando que la manía no parece ir a quitársele en los próximos días, aprovecharía que este blog lo leen tantas madres para hacer un llamamiento y pedir, por un lado, si alguien tiene algún biberón que ya no use. A ver si así le da por chupar eso y me deja a mí un poco en paz. De no ser posible el envío de un biberón por correo, me conformaría con alguna crema reparadora de las grietas de los pezones, que me los va a dejar en carne viva.

Quién me iba a decir a mí que a estas alturas de la vida iba a andar yo pidiendo estas cosas.

Prrrrrr. 

jueves, 16 de octubre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso XI: Oremos

Entrando a la misión
Advertí la semana pasada que teníais que venir rezaditos, confesados y comulgados para el post de hoy, ya que en esta entrada toca visitar la Misión de San Juan Capistrano, que es una de las misiones católicas más conocidas en California, fundada en el año 1776 por Fray Junípero Serra, originario de Mallorca y que fundó, o colaboró en la fundación, de nueve misiones. Ahí es nada.

Según lo que cuentan en el audio que te ponen al recorrer el recinto (te dan como un teléfono para que vayas pulsando el número del punto en el que te encuentras y así una voz grabada te cuenta cosas para desasnarte), en la misión convivían en perfecta armonía los misioneros y los "juaneños", como llamaban a los nativos conversos. La Historia nos da pruebas de que la armonía no era tanta pero quedémonos con el lado romántico.
Un barracón (o como los llamasen ellos)
Tampoco voy a ahondar mucho en la historia del lugar porque es una asignatura que nunca se me ha dado demasiado bien y "en habiendo" Wikipedia, para qué vamos a andarnos con chorradas.

Independientemente de que las misiones nos parezcan buenas, malas o regulares, es un sitio que merece la pena visitar. Podemos recorrer las habitaciones donde descansaban los misioneros. Por ahí te ponen también un horario donde se puede apreciar que a las dos de la mañana les tocaba levantarse a rezar (y vosotros seguro que andábais de juerga o durmiendo a pierna suelta, impíos). 
¿Soy la única a la que esta imagen le da mal rollo?
Luego parece que se acostaban de nuevo pero a las cinco ya se levantaban definitivamente, rezaban otro poco y ya seguían con sus tareas; artilugios que usaban para las misas; la prensa de vino, que era muy grande, así que dudo que sólo la usasen para el vino de la misa (estos curas beodos...) y de tecnología digital. Vamos, que las uvas se prensaban con los dedos de los pies, básicamente; la capilla y las ruinas de la iglesia, que quedó casi destruida por completo tras un terremoto, a seis años de su inauguración y habiendo estado diez años para construirla. Ya es mala pata... También podemos ver el campanario, donde te dan ejemplos auditivos de cómo sonaban según si moría un anciano, un hombre adulto, una mujer, o un niño. Cuando morían niños el tañido era más alegre porque la criatura ya iba a reunirse con su padre celestial. Sends eggs.
Las "alegres" campanas
La vimos en una mañana y todavía tuvimos tiempo de dar una vuelta contemplando paisajes y de llegar a casa de mis tíos a comer. Por la tarde, fuimos a ver un partido de softball que jugaba el equipo de mi primo R., mi prima S. (su esposa) y sus hijos. Estuvo entretenido.


Nos fuimos a la cama tempranito porque tocaba levantarse a las cuatro de la mañana para irnos con mi prima S. (la hermana de mi primo R.) y su novio P. lejos, muy lejos. Os dejo con la intriga hasta la semana que viene. Venga, tomad más fotitos de San Juan Capistrano mientras esperáis. 


Una puerta. Sin más. Pero la foto quedó artística, ¿que no?

El jardincillo para hacer barbacoas

La fuente con nenúfares y carpas y de tó

La prensa "digital"

La capilla. Sencillita

Lo que va quedando de la iglesia

miércoles, 15 de octubre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXIII: ¿Surrealismo o sinsentido?

Gracias a Desafectos tuve la oportunidad de conocer esta maravilla que aún no había tenido oportunidad de visionar y que hubiera sido un delito no destripar convenientemente en esta sección.

Vemos un pisito muy moderno, de estos con cocina americana que tienes que tener siempre impecable porque no hay manera de esconder el caos en caso de una visita inesperada (esas cocinas son el mal, en serio. Donde esté una cocina con puerta de las de toda la vida, que se quiten estas moderneces). Tras la encimera, la joven esposa (o novia) se sirve un vaso de agua y vemos que en el sofá descansa un espécimen masculino luciendo camiseta rosa homenaje a los distintos tipos de bigotes mientras ve algo en la televisión.

Según nos cuenta el locutor, cuando alguien te dice “¿Por qué no pedimos comida?” (en este caso es la mujercita, que se ve que ha quedado agotada de servir agua con la jarra) la reacción del interlocutor, en lugar de ser el insípido “ah, pues vale” que suelo decir yo cuando el churri me propone pedir algo para librarse del martirio de la cocina, es, más o menos, la siguiente: Hacer un gesto de triunfo con el puño cerrado, agitándolo una vez (sólo una pues la repetición del gesto podría ser considerado como una amenaza, lo que puede desembocar en que todo el plan se vaya al garete) y que tu cerebro, en lugar de escuchar la frase antedicha, escuche la palabra “Unicornio”. Vemos el nombre del mitológico ser en letras de lo que parece ser neón de club de carretera y, a continuación, observamos un unicornio de peluche bailando bajo unas luces de color rosa mientras un pianista, mezcla de Richard Clayderman con Liberace, toca con meneo de melena incluido. En cierto momento, mira al unicornio con cara de psicópata y da mucho miedo. Bueno, da miedo todo el anuncio en general. Vuelven a enfocar al unicornio y constatamos que se ha puesto un bigote postizo y dice “Bigote”. Esta parte claramente está enfocada a sumergirnos en el subconsciente del hombre de sofá. Está claro que nos hemos metido dentro de su camiseta. ¿Veis como no doy los datos por darlos? Estoy atenta a todas las señales para entender el simbolismo de la pieza publicitaria en toda su magnitud. Es un anuncio claramente freudiano, lleno de matices que sólo un ojo entrenado como el mío es capaz de ver.

La imagen del unicornio bailarín se desvanece tan rápido como vino y nos vuelven a mostrar a la parejita, que toquetean un móvil sentados en el sofá, paseándose entre las distintas ofertas de una aplicación de entrega de comida a domicilio.  

Mientras tanto, nosotros, inocentes espectadores, nos hemos quedado con cara de WTF sin entender ni papa pero con unas inexplicables ganas de comernos al unicornio con una guarnición de salsa de pianista y patatas a lo pobre.

Eso sí, el unicornio poco hecho, gracias. Si se queja al pincharlo con el tenedor, mejor que mejor. 

martes, 14 de octubre de 2014

He leído: “El año de la hortaliza”, de Jorge Urreta

Sí, el año de la hortaliza, como suena. Reconozco que a mí también se me puso un poco cara de salvapantallas cuando Jorge se puso en contacto conmigo para consultarme si estaría dispuesta a recibir su libro para, posteriormente, reseñarlo.

Como no me cuesta nada y siempre está muy bien eso de poder colaborar en dar a conocer a nuevos escritores, pues le dije que sí  (que una es así, altruista) y reconozco que esperaba encontrarme con una obra de humor, más que nada por el título pero no. Lo que me encontré fue con una novela de tintes paranormales (sin pasarse, no os penséis que es como una entrega de Cuarto Milenio) y altas dosis de tensión, intriga, dolor de barriga (bueno, no, de esto último no hay).

A grandes rasgos, sin querer ahondar mucho en la historia porque no me gusta destripar, un padre de familia trabajador y honrado recibe inesperadamente una herencia. Una gran herencia. Una pasta gansa, vamos. Como nuevo rico, se compra una mansión de agárrate y no te menees en una localidad perdida de la mano de Dios y se va a vivir allí con su familia. Deciden plantar una huerta y obtienen unas hortalizas que, aparte de las propiedades vitamínicas que podríamos atribuir a las verduras ecológicas, tienen otras propiedades un poco menos comunes. Esto está muy bien pero, cuando hay algo fuera de lo común, todo el mundo quiere su porción de pastel… y hasta aquí puedo contar.

Tengo que admitir que me ha gustado mucho. Está escrito con un lenguaje muy directo, sencillo, sin caer en el exceso de florituras y eso a mí me agrada mucho. Me tiran un poco para atrás los autores que van un poco del rollo “mira qué culto soy y qué vocabulario tan extenso y refinado tengo”. No quiero decir con esto que sea un libro simplón. La historia está bien planteada y tiene un ritmo muy dinámico que hace que te lo termines casi sin darte cuenta. Si tuviera que definirlo en una palabra, diría que es ameno así que, si queréis saber si os lo recomiendo, la Álter-respuesta es que sí.

Así que, ya sabéis, si queréis conseguir “El año de la hortaliza” de Jorge Urreta, no tenéis más que pinchar aquí  y enteraros de todo. 

lunes, 13 de octubre de 2014

Crónicas Felinas CVIII: Que vivan las cooperativas

Marrameowww!!!

La bruja ha estado mala. Gastroenteritis, dijo el médico. Cansinez absoluta, decimos nosotros. Se puso mala (a la par que cansina) el miércoles por la noche lo que significó que el jueves la tuvimos en casa todo el santo día dando por saco, con carita lastimera y dormitando en el sofá, lo cual impidió que Munchkin y yo hiciésemos el trasto todo lo que nos hubiese gustado. Parecerá que no pero nosotros también tenemos nuestro corazoncito y verla tan pachucha nos da un poco de apuro a la hora de hacer maldades; no tanto por respeto hacia su enfermedad sino porque creo que en esas condiciones podríamos haber tirado abajo la casa y ésta no hubiese tenido fuerzas ni para correr por su vida. Y, claro, si no chilla, patalea, y se acuerda de nuestras respectivas madres, la cosa pierde bastante gracia.

He de decir en honor de Munchkin que está despertando en mí una gran admiración. Ataca sin piedad las cajas de kleenex, el rollo de papel higiénico y las piernas de la bruja saltando sin previo aviso y aferrándose con las uñas y quedándose colgado de ella. Esto último no se me había ocurrido nunca y estoy yo pensando que si consigue arrancar de la bruja esos gemidos de dolor con ese kilo escaso que gasta, qué no lograré yo con mis cuatro kilos de gato hermosote. Habrá que ponerlo en práctica algún día. Ya sé que dije que se suponía que yo tenía que enseñarle todas las maldades de esta vida pero se ve que ya venía bastante bien enseñadito de casa y nadie dijo que esto no pueda ser un intercambio cultural. El abanico de posibilidades puede llegar a ampliarse a límites insospechados y ahí sí que podríamos llegar a ser imparables. No hay nada como la cooperación y el trabajo en equipo en esta vida.

Otra cosa que tiene de bueno es que, dada su juventud, es incansable. Esto quiere decir que, en cuanto le están echando la bronca por sacar los kleenex de la cajita, tira un mechero de encima de la mesa y se pone a jugar con él. En cuanto le quitan el mechero, se va a tirar un móvil o a meter la pata en un vaso de agua o a morder el bolso más caro de la bruja… Es una fuente inagotable de posibilidades. Yo me troncho, claro está. Y más me troncho cuando, en una de ésas viene la bruja y me dice cosas como “Ay, mi Peque, que no sabía yo valorar lo bueno que eres”. Ja, si tú supieras que no es por bondad sino porque uno ya tiene una edad y no está para tanto trote pero que, en el fondo, está disfrutando cosa mala viéndola correr desquiciada detrás del enano ése. Es como revivir mis mejores momentos de infancia como la vez en que robé una paraguaya

Creo que la bruja se ha puesto mala porque le han bajado las defensas con tanto estrés. Muahahahaha.

Prrrrrr.

jueves, 9 de octubre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso X: De la presa a la mina

La presa
Aprovechando que estábamos en Las Vegas, antes de volver a la soleada California decidimos ir a conocer la presa Hoover, que no es que sea muy bonita de ver pero tiene la particularidad de que impresiona por el tamaño, sobre todo si tenemos en cuenta que no se construyó con máquinas sino a base de fuerza muscular de aguerridos obreros. Según tengo entendido, Las Vegas es hoy en día lo que es gracias a esta presa, ya que los obrerotes necesitaban algún lugar de esparcimiento luego de sus duras jornadas laborales y ahí que empezaron a montar casinos y demás locales para el sano entretenimiento de la concurrencia. Se encuentra en la frontera de Nevada y Arizona, en pleno desierto, y nosotros no tuvimos mejor idea que ir a la una de la tarde con toda la solana. Quienes me conocéis un poquito sabéis que yo no me quejo nunca de calor pero os puedo asegurar que en esta ocasión lo pasé mal por primera vez en mi vida.
Más presa (es que no hay mucho que decir)
La visita debe de haber durado una media hora (porque la cosa tampoco da para mucho más) pero no veía yo la hora de meterme en el coche y, por primera vez, suplicar por el aire acondicionado. Estábamos a unos 46 grados con el sol cayendo a plomo. Una delicia.









Yo, en Calico.
Una vez convenientemente rehidratados y refrescados, emprendimos el viaje de vuelta, haciendo un alto en el camino para visitar Cálico. Cálico es un pueblito minero de cuando la fiebre del oro. Prácticamente todo lo que se ve fue reconstruido puesto que el pueblito fue destruido casi por completo en un incendio pero es muy interesante de ver. Nos gustó mucho el puesto de Correos, el camión de bomberos de la época y el coche del doctor del pueblo. También hay tiendecitas con dulces tradicionales y antiguallas varias que vale la pena visitar, aunque en algunas de ellas vimos pegatinas de éstas para poner en la parte trasera de los coches cuyos mensajes, en algunos casos, nos sorprendieron de una forma un tanto perturbadora (defensa de la posesión de armas y algunas perlitas racistas que no pienso ni repetir)
La estación de bomberos (que no sirvió de mucho, visto lo visto)
Desconozco si venden eso porque comulgan con las ideas allí plasmadas o simplemente porque se venden bien o por poder presumir de que tienen ofertas para todos los gustos pero bueno, con tal de no comprar pegatinas con leyendas de ese estilo el asunto queda solucionado y no pensaba yo permitir que eso me arruinase la visita. El pueblo es pequeñito y se ve en un rato. No obstante, no nos dio tiempo a bajar a la mina propiamente dicha porque llegamos a las cinco y cerraban a las seis. Pero no hay dolor. Gracias a eso, nos libramos de pagar la entrada. Moraleja: Si queréis conocer sitios gratis en Estados Unidos, llegad tarde a todas partes. Veréis algo menos pero ahorraréis dolaritos.


Os dejo con más fotitos. La semana que viene venid rezaditos y confesados porque nos pondremos de lo más religiosos.  

¿A que no sabéis qué es?

Daban ganas de tirarse con el calor que hacía.

Ahí estoy en Nevada. Si diera un paso a la derecha estaría en Arizona.

El camioncito de bomberos que no los salvó de nada.

Una vista general del pueblito.

El coche del doctor ¿No es una monada?

miércoles, 8 de octubre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXII: Operación Tormenta del Desierto

Imaginaos que estáis en una oficina trabajando tan a gusto. De repente, empieza a salir arena de los lugares más insospechados. Sale arena de la taza de café, vas a coger un archivador (¿todavía se usan esas cosas en las oficinas?) y del hueco que deja sale más arena, arena que cae del techo y de cuanto resquicio podáis imaginar.

Lo lógico sería poner pies en polvorosa ante el aparente riesgo de derrumbe inminente del edificio pero en esta oficina se lo toman con la mayor naturalidad del mundo y continúan atendiendo sus llamadas, llevándose carpetitas unos a otros y tecleando cosas en sus ordenadores. Todo con una sonrisa y sin preocuparse lo más mínimo.

De repente, un teléfono suena y el oficinista que lo atiende habla con nuestro aventurero más conocido y le dice que va para allá en menos de lo que canta un gallo.

Vemos al famoso aventurero luchando por desatascar el jeep que se le ha quedado atrapado en una duna. Vamos, lo que a todos nos ha pasado en algún momento de nuestras vidas, para qué vamos a engañarnos, y la voz en off nos informa que, para la compañía de seguros anunciante, cuando a alguien le pasa algo en el coche es como si les pasara a ellos mismos, por lo que vemos aparecer un camioncito de la compañía cruzando a toda mecha las arenas del desierto. No me digáis que no hubiera molado mucho más que el oficinista se presentara en camello, como si fuera Lawrence de Arabia. Al oficinista lo acompaña el león emblema de la compañía, que viene corriendo delante del camioncito. A mí los animales me gustan pero confieso que si llamo a la aseguradora por lo que sea que NUNCA me va a pasar, me daría un poco de miedo que se me presentasen con el melenas pretendiendo que le rasque entre las orejas. ¿Lo tienen en la oficina y lo sacan cada vez que hay un inconveniente?  ¿Y qué pasa si hay más de un inconveniente a la vez? ¿Tienen leones de repuesto para que nadie se quede sin la presencia tranquilizadora de la fiera salvaje? Muchas incógnitas sin resolver.

El anuncio culmina con un emotivo abrazo entre el aventurero y el oficinista, que se ha puesto una chaqueta de abrigo roja encima del traje. No sé si será porque en el desierto tiene frío o porque no quiere que el traje se le manche de arena, aunque vista la avalancha de la oficina, a estas alturas ya debería darle igual.

Espero que al aventurero nunca le roben en su casa, porque no me quiero imaginar la cara de los empleados de la aseguradora cuando vean que todo el mobiliario de oficina va desapareciendo ante sus ojos como por arte de magia. Tiene que dar mucho miedo y acabarían pidiendo todos la baja por estrés. Al final sólo iba a quedar el león y no sé si con esas zarpas puede sujetar el boli  para rellenar los formularios. 

martes, 7 de octubre de 2014

Ustedes Dirán XCVIII: La fiera que hay en mí (sugerido por Dibujos de Nube)

La gran madre y mejor persona “Dibujos de Nube” me solicitó hace un tiempo que escribiera un post en base a la siguiente pregunta: “¿Qué me haría explotar de rabia?”.

La verdad es que, en mi caso, la pregunta se las trae. En primer lugar porque, a pesar de ser Tauro, creo que no he explotado de rabia nunca. Bueno, salvo cuando era adolescente pero eso no cuenta porque, como cualquier adolescente, no era dueña de mis actos. De hecho, creo que estuve poseída por un espíritu encabronado durante esos años. Aun basándome en esos años, no podría decir qué situaciones eran las que me hacían explotar de rabia porque eran básicamente todas. Eso sí, en mi casa (he tenido por madre a la paciencia personificada) porque mis amigas eran lo mejor de lo mejor y las únicas que me entendían en este mundo cruel.

Hay cosas que me enfadan como a todo el mundo, claro está, pero como ya comenté alguna vez, no soy de montar escándalos ni dar gritos ni portazos ni romper cosas… así que no sé si esa situación podría llegar a darse en algún momento. Supongo que si alguien le hiciese algo malo a mis gatitos o a mis seres queridos, la cosa me daría mucha rabia pero no sé si llegaría a tener una pataleta en toda regla. Probablemente me sentiría triste o decepcionada (y enfadada también, pero es que cuando me enfado se me quitan las ganas de hablar así que no me veo yo liando la de San Quintín en ese momento).

Las injusticias también me dan mucha rabia pero, cuando me veo víctima de una, más bien me da por llorar de impotencia. Sí, soy una pavota, qué vamos a hacerle. Parece que no soy capaz de cantarle las cuarenta a nadie ni de convertirme en basilisco por una vez en la vida. Ya he hablado más de una vez en el blog de mi total incapacidad para levantar la voz o enzarzarme en una acalorada discusión aunque tal vez sea porque nunca me ha pasado nada que a mis ojos sea merecedor de perder completamente los papeles. De ser así, pues qué suerte para mí, ¿no?

Sea como fuere, tampoco pondría las manos en el fuego por el hecho de que nunca me vaya a pasar. Por lo que he podido conocerme en estos treinta y seis años de vida, diría que no me veo en la situación pero bien dicen por ahí que uno nunca termina de conocerse así que vete a saber si dentro de unos años no me dé por montar un pollo de órdago si me ceban un mate frío o me dan un yogur de fresa cuando lo había pedido de piña; vete a saber. A lo mejor cuando me venga la menopausia vivo una segunda adolescencia y me enfado nuevamente con el mundo. Si para cuando llegue ese momento sigo teniendo blog, ya me encargaré de contároslo.

Ya veréis, ya. Va a arder Troya.


P.S. Recordad que podéis mandarme vuestras sugerencias por cuanta red social existe.

lunes, 6 de octubre de 2014

Crónicas Felinas CVII: Socializando

Marrameowww!!!

Tengo que admitirlo; estoy contento. El pasado jueves por fin la bruja y el consorte permitieron que Munchkin y yo jugáramos juntos. Reconozco que, según habían ido pasando los días, yo cada vez bufaba menos y espiaba más. A veces lo veía por la ventana de la terraza y cada vez tenía más ganas de ir a saludarlo porque me estaba cayendo simpático. En alguna ocasión la bruja nos había abierto un poquito la rendija de la ventana para que nos oliésemos por ahí y he de decir que hasta nos chocamos las patas en plan coleguis. También en algún momento el consorte me lo había acercado para que lo oliera pero sin soltarlo, no fuera cosa que se desatase la fiera salvaje que habita en mí y la liásemos así que, cuando finalmente el  jueves abrieron la puerta de los aposentos de Munchkin y  lo dejaron salir con total libertad para conocerme, fui corriendo a olisquearlo y estuvimos un rato largo jugando al pilla-pilla, no sin antes dedicarnos un rato a olernos los cuartos traseros y nuestros respectivos cajones de arena ¿Por qué ponéis esa cara? ¿Vosotros no hacéis eso cuando os presentan a alguien? Para dormir por la noche nos separaron, que se ve que éstos aún no se fían.

Al día siguiente, cuando ya volvíamos a tener vigilancia humana, tuvimos otra sesión de pilla-pilla. Tengo que decir que, por más que me conserve estupendamente y sea un bellezón, ya no soy un cachorrito, por lo que tanto pilla-pilla me dejaba un poco agotado y tenía que parar para descansar. Mis momentos de descanso los aprovechaba el canijo para jugar con pelotitas o con cuanto juguete se encontrase por el suelo. No para quieto. Cómo se nota que es un jovenzuelo irresponsable.

De todas formas, yo le veía a la bruja en los ojitos que andaba deseosa de ver alguna muestra de cariño entre nosotros, aparte de las carreras pasillo arriba y abajo. Sabiendo que estaba muertita de ganas de verme lamer al recién llegado, aproveché para hacerlo cuando ella se encontraba trabajando. Se enteró mediante un mensaje que le mandó el consorte porque, claro, si lo hubiera hecho cuando no mira nadie pues hubiera perdido la gracia. Lo bueno es que se lo cuenten para que se retuerza de rabia por no haber sido testigo presencial del momento. Ya se me irán ocurriendo más maldades según vayan pasando los días.

En definitiva, que estoy contento. Pensé que el mini leopardo iba a ser una competencia terrible pero la verdad es que es un juguete divertido, de lo más interactivo y al que parecen no acabársele las pilas nunca. Creo que al final acabaré pillándole el gustillo y todo.

Y, como lo prometido es deuda, aquí os dejo a Munchkin para que lo conozcáis, aunque tengo que decir que no todos me hicisteis la pelota como merecía pero en fin, por respeto a aquéllos que sí respetasteis las reglas del juego, aquí os van algunas imágenes del infante.

No sé qué mira.

Aquí tampoco. Es que todo le llama la atención.

La bruja interrumpiendo nuestra siesta.
Prrrrrr.